RENÉ DESCARTES
Tratado de LAS PASIONES DEL ALMA (1649)
PRIMERA PARTE
DE LAS PASIONES EN GENERAL Y ACCIDENTALMENTE DE TODA LA NATURALEZA DEL HOMBRE
Art. 1. Lo que es la pasión respecto a un sujeto es siempre acción en algún otro aspecto.
Nada
pone tan bien de manifiesto cuán defectuosas son las ciencias que
recibimos de los antiguos como lo que éstos han escrito de las
pasiones; pues, por más que se trate de una materia que siempre se puso
gran empeño en conocer y que no parece ser de las más difíciles, ya
que, sintiéndolas cada cual en sí mismo, no es menester recurrir a
ninguna observación ajena para descubrir su naturaleza, lo que los
antiguos han enseñado de ellas es tan poco, y tan poco creíble en
general, que sólo alejándome de los caminos seguidos por ellos puedo
abrigar alguna esperanza de aproximarme a la verdad. Por esta razón me
veré obligado a escribir aquí como si se tratara de una materia que
nadie, antes que yo, hubiera tocado; y para comenzar, considero que
todo lo que se hace u ocurre de nuevo es generalmente llamado por los
filósofos una pasión respecto al sujeto a quien ello ocurre, y una
acción respecto a aquel que hace que ocurra; de suerte que, aunque el
agente y el paciente sean con frecuencia muy diferentes, la acción y la
pasión no dejan de ser siempre una misma cosa que tiene estos dos
nombres, por causa de los dos diversos sujetos a los cuales puede
referirse.