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Estudio del psicoanálisis y psicología

Crítica de la razón pura, Primera parte: La estética transcendental


Crítica de la razón pura, Primera parte: La estética transcendental

 

Primera parte de la Doctrina elemental transcendental

La estética transcendental

- § 1 -

Sean cualesquiera el modo y los medios con que un conocimiento se
refiera a sus objetos, la referencia inmediata -que todo pensar busca
como medio- se llama intuición. Pero ésta no se verifica sino en cuanto
el objeto nos es dado.

Mas esto, a su vez, no es
posible [para nosotros hombres por lo menos] , sino mediante que el
objeto afecte al espíritu de cierta manera. La capacidad (receptividad)
de recibir representaciones por el modo como somos afectados por
objetos, llámase sensibilidad. Así, pues, por medio de la sensibilidad
nos son dados objetos y ella sola nos proporciona intuiciones; por
medio del entendimiento empero son ellos pensados y en él se originan
conceptos. Pero todo pensar tiene que referirse ya directa, ya
indirectamente [mediante ciertas características] 33 en último término
a intuiciones, por lo tanto, en nosotros a la sensibilidad, porque
ningún objeto puede sernos dado de otra manera.

El efecto de un objeto sobre la capacidad de representación, en cuanto somos afectados por él, es sensación. Aquella intuición que se refiere al objeto por medio de la sensación, llámase empírica. El objeto indeterminado de una intuición empírica, llámase fenómeno.

En el fenómeno, llamo materia a
lo que corresponde a la sensación; pero lo que hace que lo múltiple del
fenómeno pueda ser ordenado en ciertas relaciones, llámolo la forma del
fenómeno. Como aquello en donde las sensaciones pueden ordenarse y
ponerse en una cierta forma, no puede, a su vez, ser ello mismo
sensación, resulta que si bien la materia de todos los fenómenos no nos
puede ser dada más que a posteriori, la forma de los mismos, en cambio, tiene que estar toda ella ya a priori en el espíritu y, por tanto, tiene que poder ser considerada aparte de toda sensación.

Llamo puras (en
sentido transcendental) todas las representaciones en las que no se
encuentre nada que pertenezca a la sensación. Según esto, la pura forma
de las intuiciones sensibles en general, en donde todo lo múltiple de
los fenómenos es intuido en ciertas relaciones, se hallará a priori en el espíritu.

Esta forma pura de la sensibilidad se llamará también ella misma intuición pura. Así,
cuando de la representación de un cuerpo separo lo que el entendimiento
piensa en ella, como substancia, fuerza, divisibilidad, etc..., y
separo también lo que hay en ella perteneciente a la sensación, como
impenetrabilidad, dureza, color, etc., entonces réstame de esa
intuición empírica todavía algo, a saber, extensión y figura. Éstas
pertenecen a la intuición pura, la cual se halla en el espíritu a priori y sin un objeto real de los sentidos o sensación, como una mera forma de la sensibilidad.

A la ciencia de todos los principios a priori de la sensibilidad, llamo yo Estética transcendental 35 .
Tiene que haber, por tanto, una ciencia semejante, que constituya la
primera parte de la doctrina elemental transcendental, en oposición a
aquella otra que encierra los principios del pensar puro y se llama
lógica transcendental.

Los alemanes son los únicos que emplean ahora la palabra estética, para
designar, por medio de ella, la que otros llaman crítica del gusto.
Fúndase esta denominación en una esperanza fallida, que el excelente
analítico Baumgarten concibió: la de traer el juicio
crítico sobre la belleza a principios racionales y elevar a ciencia las
reglas del mismo. Mas el empeño es vano, pues las citadas reglas o
criterios son, en sus [principales]* fuentes meramente empíricos y no
pueden servir nunca, por lo tanto, de leyes a priori [determinadas]*,
según las cuales tuviera que regirse nuestro juicio de gusto; más bien
constituye éste la piedra de toque propia para la exactitud de
aquellas. Por eso es de aconsejar [o bien]* dejar de nuevo caer esa
denominación y reservarla para aquella doctrina, que es una verdadera
ciencia (con lo cual nos acercaríamos más al lenguaje y al sentido de
los antiguos, entre los cuales era muy famosa la división del
conocimiento en ), [o bien compartir la denominación con la filosofía
especulativa y tomar la estética parte en sentido transcendental, parte
en sentido psicológico].

Así, pues, en la estética
transcendental aislaremos primeramente la sensibilidad, separando de
ella todo lo que el entendimiento, con sus conceptos, piensa en ella,
para que no nos quede nada más que la intuición empírica. En segundo
término, separaremos aún de ésta todo cuanto pertenece a la sensación,
para que no nos quede nada más que la intuición pura y la mera forma de
los fenómenos, que es lo único que la sensibilidad a priori puede proporcionar. En esta investigación se hallará que hay, como principios del conocimiento a priori, dos puras formas de la intuición sensible, a saber, espacio y tiempo, con cuya consideración vamos ahora a ocuparnos.