Diccionario de Psicología, letra D Depresiva (posición)
Concepto creado por Melanie Klein desde sus primeros trabajos, «la
posición depresiva infantil es la posición central del desarrollo. El
desarrollo normal de un niño y su aptitud para amar parecen depender,
en gran medida, de la elaboración de esta posición decisiva» (1935).
Durante los primeros meses, una parte esencial de la vida emocional del
bebé está determinada por la lactancia. Sea cual fuere la calidad de
los cuidados, ella se caracteriza por la sucesión y repetición de
experiencias de pérdida y reencuentro. Así nace en el niño el
sentimiento de que existe un objeto «bueno» (pecho, madre) que
gratifica y es amado, y un objeto «malo », perseguidor, que frustra y
es odiado. Paralelamente a estas experiencias que implican factores
externos, los procesos intrapsíquicos (sobre todo la proyección y la
introyección) contribuyen a reforzar el clivaje del objeto primitivo:
«El bebé proyecta sus mociones amorosas y las atribuye al pecho
gratificador ("bueno"), así como proyecta al exterior sus mociones
destructivas y las atribuye al pecho frustrante ("malo"). Al mismo
tiempo, por introyección, se constituyen en su interior un pecho
"bueno" y un pecho "malo"» (1943). Este clivaje es un mecanismo de
defensa característico de la posición esquizo-paranoide: consiste en
mantener al objeto perseguidor y terrorífico separado del objeto amado
y protector, posibilitando así al yo una relativa seguridad; en este
sentido, es la « ... condición previa a la instauración de un objeto
bueno» interno (1957), a la cual llegará el yo una vez elaborada la
posición depresiva. Si bien Klein modificó un poco la ubicación
cronológica de esta posición, siempre tuvo la preocupación de hacerla
comenzar más precozmente (en los primerísimos meses), y sostuvo al
mismo tiempo que ella representa un proceso con respecto a la posición
esquizo-paranoide. «Inmediatamente antes, durante y después del
destete» (1940), « ... llevado a comprender que el objeto de amor es el
mismo que el objeto de odio» (1934), el yo comienza a efectuar la
síntesis entre esos sentimientos de amor y sus mociones destructivas.
Entonces surge la angustia depresiva. Su aparición significa que el yo
está accediendo a la posición depresiva, proceso que se inscribe en una
duración ligada a la complejidad y a la diversidad de los mecanismos en
juego: conciliación de los aspectos bueno y malo de un mismo objeto
conciliación del amor y el odio, introyección progresiva de la madre
como objeto total, etcétera. La introyección de la madre como objeto
total genera « ... inquietud y dolor ante la destrucción posible de ese
objeto» (1940). En adelante, el pequeño experimenta el sentimiento de
una «pérdida del objeto del amor», a la vez temor de perder el objeto
amado y de no ser capaz de proteger su objeto bueno interno. Se alcanza
la posición depresiva cuando la angustia por la posible pérdida del
objeto amado toma el relevo (sin reemplazarla nunca totalmente) de la
angustia de ser perseguido por el objeto terrorífico. Pero, mientras
que la angustia de persecución de la posición esquizo-paranoide se
relacionaba con los peligros que amenazaban aniquilar al yo, «la
angustia depresiva se relaciona con los peligros que son experimentados
como amenazando al objeto amado interno, y esto principalmente por la
agresividad del sujeto» (1949). Temiendo que el objeto amado sea dañado
o destruido por su odio, el niño experimenta «.. un sentimiento de
culpa y la necesidad imperiosa de reparar» (1957). La «tendencia a la
reparación» característica de la posición depresiva, es la consecuencia
de ese sentimiento de culpa. Para tratar de huir de los sentimientos
ligados a las angustias específicas de la posición depresiva, el yo
puede utilizar tanto defensas maníacas (idealización, negación) como
obsesivas, o regresar a la posición esquizo-paranoide, reactivando los
procesos de clivaje. La posición depresiva se considera «elaborada»
cuando el pequeño se ha identificado con su objeto de amor. Esta
elaboración implica que « ... se atenúa el temor de haber destruido al
objeto en el pasado y de que pueda ser destruido en el futuro» (1957).
Implica también « ... una confianza más grande en el objeto bueno
interno», la cual genera un sentimiento de seguridad interior. Por ello
aparece como « ... una de las condiciones previas a la existencia de un
yo estable e integrado y de buenas relaciones de objeto» (1955). No
obstante, nunca es posible la integración completa y definitiva del yo;
«ese duelo precoz es revivido cada vez que, más tarde, se experimenta
una pena» (1940): entonces se reactiva la posición depresiva, pero si
ella ha sido elaborada en el curso del desarrollo precoz, el sujeto
puede hacer frente a esa resurgencia y reconstruir su mundo interior.
La comparación así planteada entre la elaboración de la posición
depresiva y el trabajo del duelo tiene una implicación triple. -Por una
parte, la evolución de un duelo y su salida, normal o patológica, están
determinadas en el adulto por la manera en que el recién nacido ha
superado la pérdida de su primer objeto de amor, es decir, en que ha
elaborado o no su posición depresiva: «el duelo incluye la repetición
de la situación emocional que el bebé experimenta en el curso de la
posición depresiva». Confrontado a un duelo, el adulto se vuelve a
encontrar frente a una tarea semejante a la que enfrentó en el curso de
su desarrollo precoz. Para cumplirla, utilizará mecanismos idénticos,
por su naturaleza y eficacia, a los que puso en obra en aquel momento.
Dicho de otro modo, el trabajo consecutivo a las pérdidas ulteriores se
realizará, tanto en su éxito como en su fracaso, siguiendo el modelo de
la primera elaboración. -Por otro lado, y como consecuencia, «la
posición depresiva comprende los puntos de fijación de los trastornos
maníaco-depresivos» (1959). El fracaso en la elaboración de la posición
depresiva, vinculado sobre todo al predominio de la defensa maníaca, es
una causa determinante de la instauración de esos trastornos: el
enfermo maníaco-depresivo nunca «ha superado verdaderamente la posición
depresiva infantil» (1940). -Finalmente, esta comparación pone en
perspectiva las razones por las cuales para la comprensión de la
problemática depresiva es indispensable tomar en cuenta el concepto de
posición depresiva. Esta triple implicación justifica por sí misma el
lugar central otorgado por Klein a la posición depresiva en el
desarrollo del funcionamiento psíquico. Ella aclara además la elección
del término «posición», destinado a indicar que las angustias y las
defensas que aparecen desde los primeros meses pueden reaparecer a lo
largo de toda la vida, en función de las circunstancias ( 1943).