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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra E Enunciación, enunciado


Diccionario de Psicología, letra E Enunciación, enunciado

Par de términos opuestos, con los que Lacan retorna, en el nivel del
discurso, la distinción entre inconciente y conciente, renovando así la
teoría del sujeto. El psicoanálisis no va a buscar en otro lado que no
sea en la palabra misma del «analizante» los índices de un deseo que
busca decirse y que se trasparenta a través del discurso efectivo. Esto
supone una distinción entre dos niveles del discurso: el que tiene ante
todo un valor informativo, el nivel del enunciado, y el que revela, más
allá de los enunciados, la presencia de un sujeto, que llamaremos
sujeto de la enunciación. La distinción entre enunciado y enunciación
ha sido parcialmente elaborada por los lingüistas, aun cuando no esté
en el centro de sus preocupaciones. Toda producción lingüística, en
efecto, puede ser considerada o como «una secuencia de frases
identificadas sin referencia a tal o cual aparición particular de esas
frases» o como «un acto en el curso del cual esas frases se actualizan
por el hecho de ser asumidas por un locutor particular, en
circunstancias temporales y espaciales precisas». Los lingüistas se han
empeñado siempre en destacar, dentro del código de la lengua, aquellos
elementos «cuyo sentido depende de factores que varían de una
enunciación a otra», como por ejemplo yo, tú, aquí, ahora, etc. (O. Ducrot y T. Todorov, Dictionnaire encyclopédique des sciences du langage, Seufl,1972).
Cuando J. Lacan retorna esta cuestión, lo hace ante todo a través de la
experiencia analítica y de la manera en que esta nos lleva a distinguir
diferentes tipos de discurso. Se podría, por ejemplo, oponer el nivel
de la demanda, en tanto esta traduciría una necesidad y tendería así a
presentarse en forma monolítica, inagotable («¡pan!»), y otro nivel,
que aparecería claramente en la interpretación del sueño. Este segundo
nivel, el de la enunciación, se evidencia en la posibilidad de
fragmentar el enunciado, y de interrogar, a través de las asociaciones
que le llegan al soñante respecto de cada uno de los fragmentos, el
deseo que busca hacerse oír. Ambos niveles corresponden, en Lacan, a
los dos «pisos» del «grafo» (véase matema).
Observemos, por otra parte, que también en el «piso superior» podemos
concebir que hay una demanda, aquella por la cual el sujeto se
interroga sobre su ser, pero es una demanda tal que el sujeto que la
articula «no sabe con qué habla», y es necesario «revelarle los
elementos propiamente significantes de su discurso». El sujeto de la
enunciación. Como se ve, a través de este problema de la enunciación se
plantea aquí directamente toda la cuestión del sujeto. ¿Se confunde el
sujeto de la enunciación con el «Yo», el término que designa, en el
nivel del enunciado, al que habla actualmente? De hecho, en el sentido
de los lingüistas, este «yo» sólo es un «embragador», un «shifter».
Designa al sujeto de la enunciación, pero no lo significa. En
contrapartida, Lacan va a encontrar un ejemplo de algo que ilustra
mejor lo que ocurre con el sujeto en lo que Damourette y Pichon (Des
mots á la pensée) llaman el discordancial. En una frase como Je crains
qu'il ne vienne» [temo que [no] venga], el no [ne], cuya presencia no
es fácilmente explicable, es interpretado por estos gramáticos como el
índice de una discordancia entre lo que dice la proposición principal y
lo que dice la subordinada. El sujeto desea que no venga aquel de quien
habla, pero le parece sin embargo probable que vaya a venir. Aquí
podemos simplemente, con Lacan, ir un poco más lejos y señalar que la
«discordancia» o, mejor aún, la ambivalencia, es la del deseo mismo (J.
Lacan, «La dirección de la cura», en Escritos, 1966). Como se sabe, el
sujeto, entendido ahora como sujeto del inconciente, puede desear a la
vez dos cosas contradictorias: que el otro venga y que no venga. Para
el psicoanálisis, en ninguna parte se dice mejor el sujeto que en estos
elementos aparentemente poco esenciales de la cadena significante, en
lo que viene a romper el hilo del enunciado, entendido como
comunicación de una información. Bien puede manifestarse, entonces, en
una «elisión de significante». Lacan se refiere aquí a un sueño
relatado por Freud. El soñante había soñado simplemente que su padre,
muerto en la realidad después de una larga enfermedad, volvía a
encontrarse con él. En su sueño, su padre había muerto pero
no lo sabía. Ese sueño, dice Freud, sólo se comprende si se agrega,
después de «su padre había muerto», de acuerdo con su deseo, que
corresponde al deseo que había tenido el soñante de ver abreviados los
sufrimientos de su padre; palabras que deben permanecer elididas,
porque se asocian con un deseo infantil edípico, un deseo de muerte
respecto del padre.