Diccionario de Psicología, letra E Estados Unidos
A la historia del psicoanálisis en los Estados Unidos se han dedicado
excelentes trabajos; entre ellos, el de Nathan G. Hale. Esta obra
monumental en dos tomos permite seguir todas las etapas de la
implantación del Freudismo en el país que de algún modo "salvó" al
psicoanálisis del nazismo, transformando radicalmente sus ideales, su
práctica, su esencia y su técnica. Sin la potencia norteamericana, sin
la emigración masiva en el período de entreguerras de la casi totalidad
de los terapeutas de Alemania, Austria (Viena), Hungría, Italia y
Europa central, nunca el Freudismo habría alcanzado tal renombre en la
historia universal. Fue en los Estados Unidos donde se desarrollaron la
mayor parte de las grandes corrientes Freudianas (Ego Psychology, annaFreudismo, Self Psychology, neoFreudismo,
culturalismo), así como todas las psicoterapias inspiradas o no en la
doctrina vienesa: la terapia guestáltica, la terapia familiar, el
análisis directo, el análisis transaccional, etcétera. A ellas hay que
añadir la corriente representada por la Escuela de Chicago, centrada en
Franz Alexander y en la medicina psicosomática. Fue también en el
continente americano donde se encontraron todos los grandes disidentes
europeos del movimiento psicoanalítico: Karen Horney, Wilhelm Reich,
Otto Rank, Erich Fromm. No sorprenderá entonces que el psicoanálisis
llamado "norteamericano" haya marcado tanto, primero a países de lengua
inglesa -Canadá y Australia-, y después al resto del mundo, en
particular Japón, así como a todas las naciones que salieron del
comunismo a partir de 1989 y se abrieron de nuevo a la práctica
psicoanalítica: Rusia, Hungría, etcétera. No obstante, tres grandes
corrientes del Freudismo han seguido extrañas a esa pujanza
norteamericana: los Independientes, el kleinismo y el lacanismo.
Símbolo de la gran fuerza clínica de la escuela inglesa (Gran Bretaña),
el kleinismo se implantó sobre todo en los países latinoamericanos
(Argentina, Brasil), mientras que los representantes del grupo de los
Independientes, desde Michael Balint hasta Donald Woods Winnicott, han
hecho fructificar en todo el mundo una tradición ejemplar: ni demasiado
enfeudada a la psiquiatría, ni demasiado extraña a la medicina, ni
demasiado centrada en el fantasma y la realidad psíquica (como el
kleinismo). En cuanto al lacanismo, nacido en Francia, ha seguido la
misma vía que el kleinismo, y sólo se ha implantado en los países
latinos y latinoamericanos. En los Estados Unidos, la obra de Jacques
Lacan se enseña fundamentalmente en la universidad, en los
departamentos de literatura. Considerablemente utilizada por las
feministas y los diferencialistas, ha insuflado un nuevo vigor, a
partir de la década de 1970, a todos los debates norteamericanos sobre
la sexualidad femenina y la diferencia de los sexos. Observemos que los
principales debates concernientes a la historiografía se han
desarrollado también en los Estados Unidos, debido a que los Archivos
Freud están depositados en la Library of Congress de Washington. Para
captar las modalidades específicas de la implantación del psicoanálisis
en el otro lado del Atlántico, hay que remontarse a fines del siglo
XVIII y comparar tres concepciones de la democracia: la francesa, la
inglesa y la norteamericana. Nacida en la Nueva Inglaterra , y fundada
por los descendientes de los puritanos, la democracia norteamericana se
basa en la Declaración de Independencia firmada por los ,.padres
fundadores- el 4 de julio de 1776, y en la creación, diez años más
tarde, de los estados federados, reunión de comunidades con un proyecto
de inspiración religiosa. De esencia filantrópica y política, la
Revolución Norteamericana tiene sus cimientos en la preeminencia de los
poderes locales, contrariamente a la Revolución Francesa , que
construyó un Estado centralizador y se quiso universalista, preocupada
por instituir una nueva organización social. A través de sus "padres
fundadores", el pueblo norteamericano se considera fundamentalmente el
nuevo intérprete de la Biblia , y heredero de la antigua alianza divina
con Israel. El advenimiento de una nueva teoría del derecho individual
permitió instituir el asilo moderno, y dar el primer impulso al
denominado tratamiento moral de la locura. Inspirándose en un ideal
filantrópico que en la misma época también se encuentra en el inglés
William Tuke (1732-1822), creador de la casa de salud en York, y en el
francés Philippe Pinel (1745-1826), reformador del asilo de Bicétre,
Benjamin Rush (1746-1813) comenzó luchando por la abolición de la
esclavitud, antes de firmar la Declaración de Independencia. Después
realizó investigaciones sobre la enfermedad mental, que lo llevaron a
fundar la psiquiatría norteamericana. Durante toda la primera mitad del
siglo XIX, la expansión de la psiquiatría coincidió con el desarrollo
de los state mental hospitals, verdadero sistema de
asistencia que se hacía cargo de los alienados indigentes, mientras se
creaban múltiples fundaciones y establecimientos privados dedicados al
tratamiento de la locura. En el relevo de Rush, Dorothée Dix
(1802-1887) se hizo célebre en Massachusetts por su piedad protestante
y su cruzada activa en favor del mejoramiento de la suerte de las
mujeres alienadas. Sus múltiples actividades desembocaron en la
creación, en 1923, de la poderosa American Psychiatric Association
(APA), que iba a desempeñar un papel importante en la organización de
los cuidados prodigados a los enfermos mentales. Entre 1870 y 1908 se
perfilaron tres grandes orientaciones que más tarde permitirían una
vasta implantación del psicoanálisis. Se trató primero de las "curas de
alma" realizadas por los pastores y practicadas espontáneamente en las
comunidades aldeanas o urbanas. Transición hacia el tratamiento
psicoanalítico, proliferaron con la moda del espiritismo; mezclaban el
canto, la plegaria y los hechizos, desembocando más tarde en la
hipnosis y la sugestión. Herederas de la técnica de la confesión, cara
a los puritanos, vehiculizaban un ideal de purificación del espíritu
que debía llevar al sujeto a dominar sus pasiones y a la adopción de
una moral basada en la tolerancia y el respeto de las diferencias. Por
otra parte, la neurología y la psicología influyeron en el desarrollo
de la psicoterapia. Mientras que el psiquiatra Edward Cowles
(1837-1907) se basaba en una concepción funcionalista de la enfermedad
mental, Morton Prince, contemporáneo de Pierre Janet y de Théodore
Flournoy, dio prioridad a la teoría asociacionista de Huglings Jackson
para imponer el "estilo somático" en el estudio de los casos de
personalidad múltiple. Atribuyó entonces a los trastornos psíquicos un
origen neurológico, y propugnó un educational treatment (tratamiento
educativo). Disciplina médica, la neurología sirvió entonces de
sustrato a un vasto despliegue de la psiquiatría dinámica. A pesar de
su antiFreudismo, Morton Prince participó en la creación de la
prestigiosa escuela bostoniana de psicoterapia, donde se elaboró, entre
1895 y 1909, en torno a William James (1877-1910), el método de
tratamiento psíquico más racional del mundo angloamericano. Fue en ese
grupo, y en particular con Stanley Grandville Hall, Josiali Royce, y
sobre todo James Jackson Putnam, donde la doctrina Freudiana fue
acogida con un entusiasmo formidable. A la manera de Eugen Bleuler, y
en línea recta con la tradición suiza de la higiene mental, Adolf Meyer
criticó el estilo somático y perpetuó el espíritu de Benjamin Rush,
introduciendo en los Estados Unidos el estudio y el tratamiento de la
esquizofrenia. En este sentido, contribuyó considerablemente, lo mismo
que Bleuler, a la extensión de la clínica psicoanalítica al dominio de
la psicosis, aunque rechazando la concepción Freudiana del
inconsciente. Con un enfoque a la vez más Freudiano y más abierto a las
cuestiones sociales, también William Alanson White (en Washington)
aplicó el psicoanálisis al tratamiento de las psicosis, subrayando la
necesidad de tomar distancia respecto de la doctrina original. Formó a
toda una generación de psiquiatras, entre ellos Smith Ely Jelliffe, así
como al culturalista antibleuleriano Harry Stack Sullivan. Todas estas
actividades, limitadas a la Costa Este , contribuyeron al florecimiento
de los métodos de psicoterapia, en seguida popularizados por los
pastores, los trabajadores de la salud mental, los médicos y los
educadores. En 1904 y 1906, Pierre Janet realizó giras de conferencias
en la Nueva Inglaterra, y obtuvo un éxito excepcional ofreciendo a los
norteamericanos el prestigio de la cultura europea. De modo que estaba
abierto el camino para que Sigmund Freud emprendiera su famoso viaje.
Acompañado por Carl Gustav Jung y Sandor Ferenczi, el maestro vienés
llegó a Nueva York a bordo del paquebote George Washington el 27 de agosto de 1909. Después de haber vacilado largo tiempo, aceptó dar cinco conferencias (Conferencias de introducciôn al psicoanálisis) en
la Clark University de Worcester, invitado por Stanley Hall. Obtuvo un
éxito enorme, pero sin llevarles la peste a los norteamericanos, como
diría más tarde Jacques Lacan. Igual que en todos los otros países, la
doctrina Freudiana de la sexualidad fue entonces asimilada a un
pansexualismo. A partir de 1910 se iniciaron en todas partes
discusiones sobre el estatuto de esa famosa libido. Siempre muy
prácticos, los norteamericanos trataron de---medir-la energía sexual,
probar mediante estadísticas la eficacia de la cura psicoanalítica y
realizar investigaciones sociológicas, para saber si los conceptos
Freudianos eran aplicables empíricamente a los problemas psíquicos de
los individuos. En esas condiciones, en América del Norte el
psicoanálisis tendió a convertirse en instrumento de una formidable
adaptación del hombre a la sociedad. La idea de que el psicoanálisis
puede ser subversivo proviene del propio Freud, quien se consideraba un
sabio spinozista que había infligido a los hombres una herida profunda.
Esa idea fue retomada por los surrealistas, quienes fueron los primeros
en hablar de la "revolución Freudiana", con referencia a la tradición
francesa de la Revolución de 1789. En los Estados Unidos, lo que
invadió el campo de la cultura y la medicina fue más bien una visión
terapéutica del psicoanálisis, que acordaba menos importancia a su
sistema de pensamiento que a su poder curativo. El psicoanálisis se
impuso entonces como un nuevo ideal de felicidad, capaz de aportar una
solución a la moral sexual de la sociedad democrática y liberal: el
hombre no está condenado al infierno de sus neurosis y sus pasiones.
Por el contrario, puede curarse de ellas. El sistema Freudiano
reemplazó así al "estilo somático" de la neurología, al punto de
colonizar todo el campo de la psiquiatría. Muy pronto, la palabra
psicoanálisis se convirtió en sinónimo de psiquiatría, en un país donde
la idea misma de análisis profano no tenía ningún significado. Entre 19
10 y 1917, el período del idealismo de Putnam dejó paso al pragmatismo
de Ernest Jones, por una parte, y sobre todo de Abraham Arden Brill. El
psicoanálisis se organizó entonces como un verdadero movimiento
profesional y corporativo en torno a varias instituciones. En 1911,
Jones fundó la American Psychoanalytic Association (APsaA); ese mismo
año, Brill, junto con Horace Frink, creó la New York Psychoanalytical
Society (NYPS); dos años más tarde, White y Jelliffe editaron la Psy choanalytic Review , primer
periódico norteamericano de difusión del Freudismo. En 1914, Putnam e
Isador Coriat crearon la Boston Psychoanalytic Society (BoPS). Los
tratados de Versailles y del Trianon, firmados en 1919 y 1920, marcaron
el derrumbamiento de la cultura austro-húngara en el movimiento
psicoanalítico internacional. En Europa, Alemania llevó aún durante
diez años la bandera del Freudismo, mientras que a los austríacos,
arruinados por la guerra y la derrota, les costaba sobrevivir. En ese
contexto, Freud, ya célebre, vio afluir a Viena a numerosos
norteamericanos deseosos de analizarse con él. A Freud no le gustaban,
los encontraba a menudo groseros e incapaces de comprender
verdaderamente sus ideas. Pero no era insensible a los grandes éxitos
logrados por su doctrina en el Nuevo Mundo. Y además necesitaba dinero
para dar de comer a su familia, y ayudar a sus amigos en dificultades.
No vaciló entonces en formar a los futuros analistas del movimiento
norteamericano que le llevaban dólares. Adolph Stern fue el primero en
llegar, en 1920. Lo siguieron Clarence Oberndorf, Horace Frink, Monroe
Meyer (1892-1939), Leonard Blumgart (1881-1959), Joseph Wortis, Abram
Kardiner, Roy Grinker, Ruth Mac-Brunswick. El ascenso al poder de Adolf
Hitler (1889-1945) aceleró un proceso de emigración ya activo, y
provocó la partida hacia el continente americano (entre 1933 y 1938) de
la casi totalidad de los pioneros del movimiento psicoanalítico
europeo. Ese exilio masivo reforzó el poder norteamericano en el seno
de la International Psychoanalytical Association (IPA). Dominada por la
APsaA , puso sus estructuras burocráticas al servicio de la definición
de las modalidades del análisis didáctico en función de criterios cada
vez más adaptativos, en todo caso muy alejados del impulso del
Freudismo original. Entre 1930 y 1951, la implantación del
psicoanálisis (sociedades e institutos) progresó de manera considerable
en el conjunto del territorio: Chicago (1931), Filadelfia (1931 y
1949), Topeka (1938), Detroit (1940), San Francisco (1941), Los Angeles
(1946), Baltimore (1946), California del Sur (1950). A cada sociedad
había ligado un instituto de formación (organizado según el modelo del
Instituto de Berlín) y a veces un "padre fundador- que había tomado la
ruta del exilio: Siegfried Berrifeld, Georg Simmel, Franz Alexander,
por ejemplo. En 1932, miembros de la NYPS , entre ellos Gregory
Zilboorg, editaron otra gran revista con el nombre de Psychoanaytic Quarterly. Mucho más liberal que el International Journal of Psychoanalysis (IJP), iba
a tener una gran audiencia y contribuyó a acentuar aún más la pujanza
del psicoanálisis en la Costa Este. A partir de 1925, la cuestión del
análisis profano dividió al movimiento psicoanalítico internacional en
el momento mismo en que se establecían en la IPA las normas del
análisis didáctico obligatorio. Brill, presidente de la NYPS , se opuso
firmemente a los europeos y al propio Freud, negando la admisión a los
no-médicos en el cuerpo profesional de los psicoanalistas. Al año
siguiente, con el procesamiento iniciado a Theodor Reik y la
publicación de. ¿ Pueden los legos ejercer el análisis?, el
conflicto adquirió una amplitud considerable. En 1929, en el Congreso
de la IPA de Oxford, se logró un acuerdo, y la NYPS aceptó la
afiliación de analistas profanos. Pero se votó una cláusula que
permitía a las sociedades norteamericanas rechazar las solicitudes de
afiliación de los psicoanalistas formados en Europa. De modo que se
obligaba a todo inmigrante, no sólo a repetir sus estudios de medicina
según las leyes en vigor en el territorio norteamericano, sino también
a reiniciar su cursus psicoanalítico. Mientras el
idioma inglés se imponía en los congresos de la IPA , las sociedades
norteamericanas, agrupadas en la APsaA , dominaban el movimiento
internacional. En 1934, en el Congreso de la IPA en Lucerna, se anuló
la cláusula de Oxford. Pero ese reconocimiento del valor del cursus
psicoanalítico europeo no impidió que continuara el proceso de
medicalización del pensamiento Freudiano. En esa época, en los Estados
Unidos, el psicoanálisis, para decirlo en los términos de Freud, se
convirtió en "la criada para todo servicio de la psiquiatría".
Elaborada por europeos ansiosos de integración (sobre todo Heinz
Hartmann), la Ego Psychology es
la corriente que mejor encarna el ideal de adaptación propio del
pragmatismo norteamericano. Sigue apegada al universalismo Freudiano, y
rompe con la terapia de la felicidad de los pioneros protestantes.
Frente a esa psicología del yo, impugnada a fines de la década de 1960
por los partidarios de la Self Psychology , el
culturalismo es al contrario portador de la disidencia y el
cuestionamiento. Critica todos los modelos dogmáticos, normativos y
adaptativos, con riesgo de disolver lo universal en lo particular. Como
en todos los lugares del mundo, la expansión del movimiento Freudiano
llevó a las sociedades psicoanalíticas a conflictos internos que se
tradujeron en una sucesión de escisiones. Se produjeron cinco entre
1941 y 1950. Las dos primeras, en el seno de la NYPS : una en torno a
Karen Horney en 1941, y la otra centrada en Sandor Rado, seis años más
tarde. Ellas dan testimonio de la fuerte posición ocupada por el
psicoanálisis en la Costa Este , gracias a la afluencia de inmigrantes
masivamente instalados en Nueva York. Dirigido al principio por Monroe
Meyer y Dorothy Ross, el Instituto de Nueva York, fundado en 1931,
alcanzaba con su enseñanza a numerosos estratos de la población:
magistrados, policías, asistentes sociales, profesores. En 1946, la
influencia de la NYPS se extendió aún más con la creación de un centro
de tratamiento (treatmen center) dependiente del
instituto, que recibió a traumatizados de guerra, y más tarde a adultos
y niños. La tercera escisión se produjo en la región de Washington,
donde predominaban a la vez la tradición de la higiene mental y la de
White, representada por Sullivan, fundador de la William Alanson White
Foundation (Nueva York). En 1914, Adolf Meyer habfa creado la
Washington Psychoanalytic Society (WPS). Diez años más tarde vio la luz
otra sociedad, la Washington Psychoanalytic Association. De pronto, en
1926, la WPS cambió de nombre, para convertirse en la Washington
Psychopathological Society. Los dos grupos rivalizaron entre sí por el
ingreso en la APsaA , y finalmente, en 1930, se creó una tercera
sociedad, mucho más amplia, la Washington-B alti more Psychoanalytic
Society, en la cual se agruparon terapeutas provenientes de Kansas y
Virginia, sin afiliación europea. En el seno de esta sociedad iban a
encontrarse, en torno a Sullivan, numerosos Freudianos disidentes o
discípulos de White que trabajaban en los tres grandes hospitales de la
región, especializados en el tratamiento de las psicosis: St.
Elizabeth, Chesnut Lodge, Sheppard-Pratt. Fue en la Washington
Baltimore Psychoanalytic Society donde, en 1947, se produjo la tercera
escisión norteamericana. De manera característica, ella puso en juego
disputas personales, intereses locales y problemas de formación. Según
Donald Burnham, el conflicto principal opuso a Sullivan con Jenny
Wälder-Hall (1898-1989), emigrada vienesa cercana a Anna Freud. Jenny
Wálder reunió a la Sociedad de Filadelfia antes de instalarse en
Florida, mientras que los partidarios de Sullivan se agruparon en la
Fundación White , que nunca sería reconocida por la IPA. Finalmente
quedaron integradas en la APsaA : dos sociedades distintas (y un
instituto que manejaban en común), la Washington Psychoanalytic Society
(WPS) y la Baltimore Psychoanalytic Society (BaPS). La cuarta escisión
afectó en 1948 a la Philadelphia Psychoanalytic Society (PPS), fundada
en 1931. Tenía que ver con la formación didáctica, y también opuso a
inmigrantes vieneses, como Robert Wälder (1900-1967), con analistas de
origen norteamericano. En 1949 se creó una segunda sociedad, la
Philadelphia Association for Psychoanalysis (PAP), integrada asimismo
en la APsaA. Finalmente, hubo una quinta escisión en California,
después de la muerte de Otto Fenichel y Ernst Simmel. Ambos habían
defendido el análisis profano en el seno de la Los Angeles
Psychoanalytic Society (LAPS). En 1950, sus alumnos se vieron obligados
a crear un nuevo grupo favorable a los no-médicos: la Society for
Psychoanalytic Medicine of Southern California, que más tarde se
convertiría en la Southerri California Psychoanalytic Society (SCPS),
integrada en la APsaA. Ella iba a formar más analistas profanos que
todos los otros grupos del país. Contrariamente a las otras sociedades,
la de Chicago, fundada por Alexander, llegó a superar sus conflictos.
Especializada en psicología psicosomática, acogió a una corriente de la
que habría de emerger, con Heinz Kohut, una clínica de los trastornos
narcisistas basada en la teoría del self. A partir de 1945, el cine de
Hollywood se apropió de la epopeya Freudiana para dar de ella una
imagen muy diferente de la que presentaban las sociedades
psicoanalíticas norteamericanas. Pero, había un elemento que acercaba a
los terapeutas y cineastas del Nuevo Mundo interesados en la doctrina
vienesa: casi todos provenían de la vieja Europa. El saber Freudiano
les servía para criticar los ideales de la sociedad norteamericana. En
este sentido, su posición respecto del psicoanálisis era diferente de
la de los profesionales practicantes, también emigrados. En efecto, del
cine de Hollywood de la posguerra no se desprende ninguna teoría de la
adaptación, y ello se debe a que, a través de las películas de Alfred
Hitchcock (1899-1980), Charlie Chaplin (1889-1977), Elia Kazan, Vicente
Minelli o Nicholas Ray (1911-1979), se despliega una representación del
Freudismo antagónica de la vehiculizada por los institutos de la APsaA:
una especie de retorno al psicoanálisis vienés. Nacido en América y
después instalado en la Irlanda de sus padres, John Huston realizó de
tal modo una película sobre el joven Freud (Freud, pasiones secretas) a
partir de un magnífico guión de Jean-Paul Sartre (1905-1980). Esta obra
profunda chocó, no obstante, con la sensibilidad de los representant~s
de la ortodoxia annaFreudiana, y Marianne Kris impidió que la actriz
Marilyn Monroe (1926-1962) desempeñara el papel de Bertha Pappenheim.
Finalmente, a partir de 1960, el despliegue de las tesis de la Self Psychology permitió
renovar el debate clínico y dio un segundo aliento al Freudismo
norteamericano. A fines de la década de 1990, la APsaA y las otras
sociedades de la IPA tenían tres mil quinientos miembros (o sea, más de
un tercio de la IPA ), repartidos en cuarenta y cuatro sociedades,
cinco grupos de estudio y veintinueve institutos. A esto se sumaban
aproximadamente ocho mil psicoanalistas Freudianos, distribuidos en
diversas asociaciones, y una cantidad importante de terapeutas
agrupados en múltiples escuelas de psicoterapia implantadas en todo el
territorio. El sociólogo francés Robert Castel, para reflejar esta
expansión de la psiquiatría dinámica, ha calificado a la sociedad
norteamericana de "sociedad psiquiátrica avanzada". Entre 1965 y 1970
se inició la declinación del psicoanálisis, tanto en la opinión pública
como en los altos niveles de difusión del saber psiquiátrico. Este
movimiento se vio acompañado por el renacimiento de un antiFreudismo
más virulento aun que el de principios de siglo. Varios factores
explican esa situación de crisis. A pesar de la fuerza inaudita de su
movimiento institucional, a pesar de la potencia terapéutica de sus
clínicos y del talento de sus representantes, inmigrantes o no, el
Freudismo norteamericano siempre padeció una fragilidad extrema: por
una parte, debida a su enfeudamiento a un saber psiquiátrico de
naturaleza empírica, y por la otra, en razón de su ideal adaptativo.
Contrariamente a Francia y Gran Bretaña, los Estados Unidos nunca
produjeron en el ámbito del psicoanálisis un sistema de pensamiento
capaz de oponer sus reglas, sus criterios y sus métodos, a los
argumentos cientificistas de las diferentes corrientes organicistas de
la psicología y la psiquiatría biológica. El psicoanálisis llamado
norteamericano no sólo siguió siendo una psicoterapia entre otras, sino
que no ha generado una teoría fuerte, comparable con el kleinismo, el
poskleinismo, los Independientes o el lacanismo. Desplegado en diversas
corrientes, ha terminado por destruir la unidad misma del pensamiento
Freudiano. En otros términos, como lo subraya Nathan G. Hale, los
partidarios del antiFreudismo norteamericano de los años 1970-1990, y
en particular el filósofo Adolf Grünbaum, no tendrían ningún
inconveniente, en nombre de un materialismo puro y duro, en recurrir a
los mismos argumentos que los Freudianos entusiastas de principios de
siglo. También propondrán evaluaciones, pruebas, encuestas: en
síntesis, un arsenal tecnológico incapaz de dar cuenta de la realidad
conceptual de la práctica y la teoría psicoanalíticas. De modo que esta
desaparición silenciosa del psicoanálisis se produjo en el país que
había sido la tierra más hospitalaria para los judíos Freudianos de
Europa. Desde luego, esto no se debió a que no existiera un Estado de
derecho, como bajo el comunismo, sino a un exceso de juridicidad y a la
psiquiatrización de los fenómenos mentales, con el telón de fondo de la
expansión de un nuevo comunitarismo. Nacido de la crítica a la
asimilación, este modelo recobró su vigor en 1985, para impugnar el
ideal de la integración, en nombre de una defensa de las minorías, de
las víctimas y de los excluidos (los negros, las mujeres, los
homosexuales). Ese ideal reduce el sujeto a sus raíces, a su grupo (el
negro a lo negro, la mujer a la mujer, y cada uno a su género). En
lugar de pensar las diferencias con una perspectiva universal, como lo
habían hecho los antropólogos Freudianos, desde Geza Roheim hasta
Georges Devereux, en lugar de vincular dialécticamente lo universal y
lo particular, vuelve a formas primitivas de psicoterapia, contra el
modelo Freudiano, considerado "imperialista" o "abusivo". De allí el
culto a las terapias menores: la hipnosis contra el psicoanálisis, la
magia contra la ciencia, las medicinas llamadas paralelas contra la medicina,
la búsqueda del trauma real (teoría de la seducción) contra la del
fantasma demasiado inasible, demasiado impalpable, demasiado diluido en
lo universal. Este fenómeno es de la misma naturaleza que el que opone
la secta a la Iglesia. En el dominio de la psiquiatría dinámica, el
comunitarismo va de la mano con el desarrollo de un nuevo organicismo,
que tiende a derivar todos los comportamientos mentales de un sustrato
genético o biológico, en el que el sujeto está excluido y reducido a un
cuerpo en busca de pharmakos (droga). Por ello las
terapias menores, en ruptura con el universalismo, se nutren del
cientificismo farmacológico. Es posible que este doble movimiento
(comunitarismo, organicismo) alcance, en el siglo XXI, a otros países
Freudianos.