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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra F Fantasía


Diccionario de Psicología, letra F Fantasía

Al.: Phantasie. Fr.: fantasme. Ing.: fantasy o phantasy. It.: fantasia. Por.: fantasia. Guión
imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en
forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización
de un deseo y, en último término, de un deseo Inconsciente. La fantasía
se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños
diurnos, fantasías Inconscientes que descubre el análisis como
estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías
originarias. I. La palabra alemana Phantasie designa la imaginación. No tanto la facultad de imaginar en el sentido filosófico del término (Einbildungskraft), como el mundo imaginario, sus contenidos, la actividad creadora que lo anima (das Phantasieren). Freud recogió estos diferentes usos de la lengua alemana. En francés, el término fantasme ha
sido utilizado de nuevo por el psicoanálisis y, en consecuencia, está
más cargado de resonancias psicoanalíticas que su homólogo alemán. Por
otra parte, no corresponde exactamente al término alemán, pues su
extensión es menor. Designa una determinada formación imaginaria y no
el mundo de las fantasías, la actividad imaginativa en general. Daniel
Lagache ha propuesto volver a utilizar en su antiguo sentido el término
«fantaisie», que tiene la ventaja de designar tanto la
actividad creadora como sus producciones, pero que, para la conciencia
lingüística contemporánea, es muy difícil que no sugiera los matices de
capricho, originalidad, falta de seriedad, etc. II. Los términos
«fantasía» «actividad fantaseadora», sugieren inevitablemente la
oposición entre imaginación y realidad (percepción). Si se hace de esta
oposición un eje de referencia fundamental del psicoanálisis, habrá que
definir la fantasía como una producción puramente ilusoria que no
resistiría a una aprehensión correctora de lo real. Algunos textos de
Freud parecen justificar tal orientación. En las Formulaciones sobre los dos principios del funcionamiento psíquico (Formulierungen über die zwei Prinzipen des psychischen Geschehens, 1911), Freud
contrapone al mundo interior, que tiende a la satisfacción por ilusión,
un mundo exterior que impone progresivamente al sujeto, por mediación
del sistema perceptivo, el principio de realidad. En igual sentido se
invoca a menudo la forma como Freud descubrió la importancia de las
fantasías en la etiología de las neurosis: Freud, que en un principio
admitió la realidad de las escenas infantiles patógenas halladas en el
curso del análisis, habría abandonado definitivamente esta primera
convicción, denunciando su «error»: la realidad aparentemente material
de estas escenas no era más que «realidad psíquica(14)». Pero conviene
subrayar aquí que la expresión «realidad psíquica» no es simplemente
sinónima de mundo interior, campo psicológico, etc. Tomada por Freud en
su sentido más fundamental, designa un núcleo, heterogéneo en este
campo, resistente, el único verdaderamente «real» en comparación con la
mayoría de los fenómenos psíquicos. «¿Es preciso atribuir una realidad a
los deseos inconscientes? No sabría decirlo. Naturalmente, debe
negárseles a todos los pensamientos de transición y de ligazón. Cuando
nos encontramos ante deseos inconscientes llevados a su última y más
verdadera expresión, nos vemos obligados a decir que la realidad psíquica constituye una forma de existencia particular que es imposible confundir con la realidad material». El
esfuerzo de Freud y de toda la reflexión psicoanalítica consiste
precisamente en intentar explicar la estabilidad, la eficacia y el
carácter relativamente organizado de la vida de fantasía del sujeto.
Dentro de esta perspectiva, Freud, desde que centró el interés sobre
las fantasías, destacó modalidades típicas de guiones fantaseados,
como, por ejemplo, la «novela familiar». Rehusa dejarse encerrar en la
oposición entre una concepción que considera la fantasía como un
derivado deformado del recuerdo de acontecimientos reales fortuitos, y
otra que no atribuiría realidad propia a la fantasía, viendo en ella
únicamente una expresión imaginaria destinada a enmascarar la realidad
de la dinámica pulsional. Las fantasías típicas halladas por el
psicoanálisis condujeron a Freud a postular la existencia de esquemas
inconscientes que trascienden lo vivido individual y se transmitirían
hereditariamente: las «fantasías originarias ». III. La palabra
«fantasía» se utiliza muy extensamente en psicoanálisis. Según algunos
autores, esta utilización tendría el inconveniente de no precisar la
situación tópica (consciente, preconsciente o inconsciente) de la formación que se considera. Para comprender el concepto Freudiano de Phantasie, conviene distinguir diversos niveles: 1.° Lo que Freud denomina Phantasien son
ante todo los sueños diurnos, escenas, episodios, novelas, ficciones
que el sujeto forja y se narra a sí mismo en estado de vigilia. En los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), Breuer
y Freud mostraron la frecuencia y la importancia de esta actividad
fantaseadora en el histérico y la describieron como frecuentemente
«inconsciente», es decir, produciéndose durante estados de ausencia o
estados hipnoides. En La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900) todavía
describe Freud las fantasías basándose en el modelo de los sueños
diurnos. Las analiza como formaciones de compromiso y muestra que su
estructura es comparable a la del sueño. Estas fantasías o sueños
diurnos son utilizados por la elaboración secundaria, factor del
trabajo del sueño que se aproxima mucho a la actividad en vigilia. 2.°
Freud utiliza a menudo la expresión «fantasía inconsciente», sin que
implique siempre una posición metapsicológica bien establecida. Con
ella parece designar a veces un ensueño subliminal, preconciente, al
cual se entrega el sujeto y del que tomará o no conciencia
reflexivamente. En el artículo Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (Hysterische Phantasien und ihre Beziehung zur Bisexualität, 1908), las
fantasías « inconscientes », consideradas precursoras de los síntomas
histéricos, se describen como hallándose en íntima conexión con los
sueños diurnos. 3.° Dentro de una línea de pensamiento distinta, la
fantasía aparece en una relación mucho más íntima con el inconsciente.
En el capítulo VII de La interpretación de los sueños, Freud
sitúa a un nivel inconsciente, en el sentido tópico de esta palabra,
ciertas fantasías, las ligadas al deseo inconsciente y que se hallan en
el punto de partida del proceso metapsicológico de formación del sueño:
la primera parte del «trayecto» que conduce al sueño «[...] va, de
forma progresiva, desde las escenas o fantasías inconscientes hasta el
preconsciente». 4.° Por consiguiente, aunque Freud no lo hace
explícitamente, se podrían distinguir en su obra varios niveles de la
fantasía: consciente, subliminal, inconsciente (ver nota(15)). Pero
Freud parece preocupado no tanto en establecer esta distinción, como en
recalcar los lazos existentes entre estos diversos aspectos: a) En
el sueño, los ensueños diurnos utilizados por la elaboración secundaria
pueden estar en conexión directa con la fantasía inconsciente que
constituye el «núcleo del sueño»: «Las fantasías de deseo que el
analista descubre en los sueños nocturnos muestran a menudo ser
repeticiones y recomposiciones de escenas infantiles; así, en más de un
sueño, su fachada nos indica inmediatamente el verdadero núcleo del
sueño, que se encuentra deformado porque aparece mezclado con otro
material». Por consiguiente, en el trabajo del sueño, la fantasía se
halla presente en los dos extremos del proceso: por una parte, está
ligada al deseo inconsciente más profundo, al «capitalista» del sueño;
por otra, en el otro extremo, se halla presente en la elaboración
secundaria. Los dos extremos del sueño y las dos modalidades de
fantasías que en él se encuentran parecen, si no juntarse, por lo menos
comunicarse interiormente y simbolizarse entre sí. b) Freud encuentra
en la fantasía un punto privilegiado donde podría captarse, a lo vivo, el proceso de paso entre
los diferentes sistemas psíquicos: represión o retorno de lo reprimido.
Las fantasías «[...] se aproximan mucho a la conciencia y permanecen
allí sin ser perturbadas mientras no posean una catexis intensa, pero
cuando sobrepasan un cierto nivel de catexis son nuevamente alejadas» . c)
En la definición metapsicológica más completa que dio Freud, conecta
entre sí los aspectos de la fantasía aparentemente más distantes:
«Ellas [las fantasías] se hallan, por una parte, altamente organizadas,
no son contradictorias, han aprovechado todas las ventajas del sistema
Cs, y nuestro juicio difícilmente las distinguiría de las formaciones
de este sistema; por otra parte, son inconscientes e incapaces de
volverse conscientes. Su origen [inconsciente] es lo decisivo para su
destino. Podrían compararse a los mestizos, que en conjunto se parecen
a los blancos, pero cuyo color de origen se delata por alguna señal
sorprendente y que por este hecho permanecen excluidos de la sociedad y
no gozan de ninguno de los privilegios reservados a los blancos».
Parece, pues, que la problemática Freudiana de la fantasía no solamente
no permite efectuar una distinción de naturaleza entre
fantasía inconsciente y fantasía consciente, sino que tiende más bien a
señalar sus analogías, sus estrechas relaciones, los pasos entre ellas:
«Las fantasías claramente conscientes de los perversos (que, en
circunstancias favorables, pueden transformarse en comportamientos
«organizados»), los temores delirantes de los paranoicos (que son
proyectados sobre otros con un sentido hostil), las fantasías
inconscientes de los histéricos (que el psicoanálisis descubre detrás
de sus síntomas), todas estas formaciones coinciden en su contenido
hasta en los menores detalles». En formaciones imaginarias y
estructuras psicopatológicas tan diversas como las que aquí cita Freud,
pueden encontrarse una misma organización, un mismo arreglo, tanto si
son conscientes como inconscientes, realizadas o imaginadas, asumidas
por el sujeto o proyectadas sobre otro. Asimismo, en la cura, el
psicoanalista se dedica a descubrir la fantasía subyacente, tras las
producciones del inconsciente, como el sueño, el síntoma, el actuar,
las conductas repetitivas, etc. El progreso de la investigación hace
aparecer incluso aspectos de la conducta muy alejados de la actividad
imaginativa v, a primera vista, gobernados por las solas exigencias de
la realidad, como emanaciones, «derivados» de fantasías inconscientes.
Desde esta perspectiva, todo el conjunto de la vida del sujeto aparece
como modelado, organizado por lo que podría denominarse, para subrayar
su carácter estructurante, una actividad fantaseadora. Esta
no debe concebirse únicamente como una temática, aunque estuviera
marcada para cada individuo por rasgos eminentemente singulares, sino
que comporta un dinamismo propio, en virtud del cual las estructuras
fantaseadas intentan expresarse, encontrar una salida hacia la
conciencia y la acción, atrayendo constantemente hacia ellas un nuevo
material. IV. La fantasía guarda la más estrecha relación con el deseo;
un término Freudiano lo atestigua: Wunschphantasie, o fantasía de deseo. ¿Cómo concebir esta relación? Sabemos que, para Freud, el deseo tiene su origen y su modelo en la experiencia de satisfacción: «El primer desear [Wünschen] parece
haber sido una catexis alucinatoria del recuerdo de la satisfacción».
¿Equivale esto a decir que las fantasías más primitivas son aquellas
que tienden a encontrar de nuevo los objetos alucinatorios ligados a
todas las primeras experiencias de aumento y resolución de la tensión
interna? ¿Puede decirse que las primeras fantasías son fantasías de
objeto, de los objetos fantaseados a los que tendería el deseo como la
necesidad tiende a su objeto natural? A nuestro modo de ver, la
relación entre la fantasía y el deseo es más compleja. Incluso en sus
formas menos elaboradas, la fantasía aparece como irreductible a una
mira intencional del sujeto que desea: 1.° se trata de guiones, aunque
se enuncien en una sola frase, de escenas organizadas, susceptibles de
ser dramatizadas en forma casi siempre visual; 2.° el sujeto está
siempre presente en tales escenas; incluso en la «escena originaria»,
de la que puede parecer excluido, figura de hecho, no sólo como
observador, sino como participante que viene, por ejemplo, a perturbar
el coito de los padres; 3.° lo representado no es un objeto al cual
tiende el sujeto, sino una secuencia de la que forma parte el propio
sujeto y en la cual son posibles las permutaciones de papeles y de
atribución (véase especialmente el análisis que Freud hizo de la
fantasía Pegan a un niño (Ein Kind wird gesch1agen, 1919) y a los cambios sintácticos que experimenta esta frase; véanse también las transformaciones de la fantasía homosexual en el Caso Schreber); 4.°
en la medida en que el deseo se articula así en la fantasía, ésta es
también asiento de operaciones defensivas; da lugar a los procesos de
defensa más primitivos, como la vuelta hacia su propia persona, la
transformación en lo contrario, la negación, la proyección; 5.° tales
defensas, a su vez, se hallan indisolublemente ligadas a la función
primaria de la fantasía (la escenificación del deseo), escenificación
en la que lo prohibido se encuentra siempre presente en la posición misma del deseo.