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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra F Fase libidinosa


Diccionario de Psicología, letra F Fase libidinosa

Al.: Libidostufe (o -phase). Fr.: stade libidinal. Ing.: libidinal stage (o phase). It.: fase libidica. Por.: fase libidinal. Etapa
del desarrollo del niño caracterizada por una organización, más o menos
marcada, de la libido bajo la primacía de una zona erógena y por el
predominio de un modo de relación de objeto. En psicoanálisis se ha
dado una mayor extensión a la noción de fase, al intentar definir las
fases de la evolución del yo. Cuando se habla de fase en psicoanálisis,
se alude generalmente a las fases de la evolución libidinosa. Pero se
observará que, ya antes de que comenzara a destacarse el concepto de
organización de la libido, se manifestó la preocupación de Freud por
diferenciar «edades de la vida», «épocas», «períodos del desarrollo»;
ello corre parejas con el descubrimiento de que las distintas
afecciones psiconeuróticas tienen su origen en la infancia. Así,
alrededor de los años 1896-1897, Freud, en su correspondencia con W.
Fliess, de quien es sabido que elaboró una teoría de los períodos,
intenta establecer una sucesión de épocas, en la infancia y la
pubertad, cuyas fechas pueden fijarse con mayor o menor precisión; este
intento se halla en íntima relación con el concepto de posterioridad y
con la teoría de la seducción, que fue entonces elaborada por Freud. En
efecto, algunas de las épocas consideradas («época del acontecimiento»,
Ereigniszeiten) son aquellas en las que se producen las «escenas sexuales», mientras que otras son «épocas de represión» (Verdrängungszeiten). Freud
relaciona la «elección de la neurosis» con esta sucesión: «Las
diferentes neurosis hallan sus condiciones temporales en las escenas
sexuales [...]. Las épocas de represión son indiferentes para la
elección de la neurosis, las épocas del acontecimiento son decisivas».
Por último, el paso de una época a otra es puesto en relación con la
diferenciación del aparato psíquico en sistemas de «inscripciones», y
el paso de una época a otra y de un sistema a otro se compara a una
«traducción» que puede efectuarse con mayor o menor éxito. Pronto surge
la idea de relacionar la sucesión de estos diversos períodos con el
predominio y el abandono de «zonas sexuales» o «zonas erógenas»
determinadas (región anal, región buco-faríngea y, en la niña, región
clitorídea); Freud lleva bastante lejos esta tentativa teórica, como lo
demuestra la carta del 14-XI-1897: el proceso de la represión llamado
normal se pone en estrecha relación con el abandono de una zona por
otra, la «declinación» de una determinada zona sexual. Tales
concepciones anticipan en muchos puntos lo que habría de ser, en su
forma más completa, la teoría de las fases libidinosas. Pero resulta
sorprendente comprobar que, después de la primera exposición efectuada
por Freud de la evolución de la sexualidad, desaparecen para ser
redescubiertas y precisadas ulteriormente. En la edición de 1905 de los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie), la
principal oposición se sitúa entre la sexualidad puberal y adulta, por
una parte, organizada bajo la primacía genital, y la sexualidad
infantil, por otra, cuyas metas sexuales son múltiples, al igual que
las zonas erógenas que les sirven de soporte, sin que se instaure en
modo alguno la primacía de una de ellas o una elección de objeto. Sin
duda, Freud acentúa especialmente esta oposición, debido al carácter
didáctico que ofrece la obra en cuestión y también por la originalidad
de la tesis que defiende: el carácter originalmente perverso y
polimorfo de la sexualidad (véase: Sexualidad;
Autoerotismo). Progresivamente, entre 1913 y 1923, esta tesis es
modificada por la introducción del concepto de fases pregenitales que
preceden a la instauración de la fase genital: fase oral, anal, fálica.
Lo que caracteriza estas fases es un determinado modo de organización
de la vida sexual. El concepto de la primacía de una zona erógena
no es suficiente para explicar lo que hay de estructurante y de
normativo en el concepto de fase: ésta tiene su fundamento en un tipo
de actividad, ligada ciertamente a una zona erógena, pero que puede
reconocerse a diferentes niveles de la relación de objeto. Así, la
incorporación, característica de la fase oral, sería un esquema que se
encontraría también en muchos fantasmas subyacentes a actividades
distintas de la nutrición (por ejemplo, «comer con los ojos»). Si el
concepto de fase ha encontrado, en psicoanálisis, su modelo en el
registro de la evolución de la actividad libidinal, se observará que se
han bosquejado también otras varias líneas evolutivas: 1.ª Freud indicó
una sucesión temporal en cuanto al acceso al objeto libidinal, pasando
el sujeto sucesivamente por el autoerotismo, el narcisismo, la elección
homosexual y la elección heterosexual; 2.ª otra dirección conduce a
reconocer distintas etapas en la evolución que desemboca en un
predominio del principio de realidad sobre el principio de placer. Un
ensayo sistemático en este sentido lo efectuó Ferenczi; 3.ª algunos
autores estiman que sólo la formación del yo puede explicar el paso del
principio de placer al principio de realidad. El yo « [...] entra en el
proceso como una variable independiente». El desarrollo del yo es el
que permite la diferenciación entre sí mismo y el mundo exterior, el
aplazamiento de la satisfacción, el control relativo sobre los
estímulos pulsionales, etc. Freud, aunque indicó el interés que tendría
determinar con precisión la evolución y las fases del yo, no trabajó en
esta dirección. Por lo demás, señalemos que, cuando evoca el problema,
por ejemplo, en La predisposición a la neurosis obsesiva (Die Disposition zur Zwangsneurose, 1913), el concepto de yo todavía no ha sido delimitado en el sentido tópico preciso que adquirirá en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923).
Freud supone que es preciso introducir « en la predisposición a la
neurosis obsesiva un matiz temporal en el desarrollo del yo con
respecto al desarrollo de la libido»; pero indica que «[...] hasta
ahora es muy poco lo que sabemos acerca de las fases del desarrollo de
las pulsiones del yo». Asimismo se observará que Anna Freud, en El Yo y los mecanismos de defensa (Das Ich und die Abwehrmechanismen, 1936),
renuncia a establecer una sucesión temporal en la aparición de los
mecanismos de defensa del yo. ¿Qué visión de conjunto se puede lograr
acerca de estas distintas líneas de pensamiento? La tentativa más
comprensiva de establecer una correspondencia entre estos diversos
tipos de fases fue la de Abraham (Ensayo de historia del desarrollo de la libido basada en el psicoanálisis de los trastornos psíquicos [Versuch einer Entwick1unggeschichte der Libido auf Grund der Psychoanalyse seelischer Störungen, 1924]);
Robert Fliess completó el cuadro propuesto por Abraham. Conviene
subrayar que Freud no se ocupó de elaborar una teoría holística de las
fases que agrupara, no sólo la evolución de la libido, sino también la
de las defensas, del yo, etc.; una teoría de este tipo, presidida por
el concepto de relación de objeto, termina por englobar, dentro de una
sola línea genética, la evolución del conjunto de la personalidad. A
nuestro modo de ver, no se trata aquí simplemente de que el pensamiento
de Freud quedara incompleto, sino que para él, de hecho, el desfasaje y
la posibilidad de una dialéctica entre estas distintas líneas
evolutivas son fundamentales en el determinismo de la neurosis. En este
sentido, incluso aunque la teoría Freudiana sea una de las que, en la
historia de la psicología, más ha contribuido a promover el concepto de
fase, al parecer no utiliza, en su inspiración fundamental, esta
palabra en el sentido que le atribuye la psicología genética, al
postular, en cada nivel de evolución, una estructura de conjunto de
carácter integrativo.