Diccionario de Psicología, letra M Mito de los orígenes
Definición Etimología: Mito: tomado del griego "Fábula, leyenda". Origen: tomado del latín Origo, derivado de oriri, "salir
(los astros)", "ser oriundo ... ... término que aparece usado tanto
como femenino como masculino ... originario, "que está saliendo (sol)",
orientador... (Grimal). El mito es un relato que intenta explicar
determinados aspectos de la existencia: origen del mundo, de los
hombres y animales, de la vida y la muerte, de los acontecimientos
primordiales por los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es: un
ser mortal, sexuado, inserto en una sociedad. Relata cómo algo ha
comenzado a "ser", se ha originado, habitualmente como algo fabuloso
que se supone acontecido en un pasado remoto y casi siempre impreciso.
Cristaliza significaciones, teniendo el doble carácter de encubrir y
señalar el camino de acceso a lo inconsciente. Posee un rol fundante de
la condición humana, en tanto organizador de la realidad. Para
Berenstein, I. y Puget, J. es una de las producciones significantes de
toda configuración vincular, en el anudamiento de lo intersubjetivo,
intrasubjetivo y transubjetivo. Para Berenstein (1991) cada conjunto de
personas que se dice pertenecer a una familia tiene una historia de la
cual inconscientemente se siente parte, tiene una versión compartida
que con las represiones individuales y también la de los otros de la
familia constituye una historia sobre la fundación de ese conjunto
(relato fundante). La historia se toma coherente en forma de relato
acerca de los orígenes y es transmitido sea mediante acciones, sea a
través de un relato. Son los mitos de los orígenes que se transforman
en mitos constitutivos cuando se cree depender de ellos para la
organización o el funcionamiento de la familia. Los mitos familiares,
así como los mitos universales, dan (a diferencia del pensamiento
científico, que plantea preguntas, respuestas certeras) certeza e
irracionalidad; intentan evitar enfrentarse con un otro no transparente
y no de¡ todo cognoscible. El mito de los orígenes u originario es un
relato verosímil acerca de cómo algo ha comenzado, encontrándose
múltiples versiones que comparten elementos recurrentes, en un sistema
de referencia multidisciplinario. Origen e historia del término El
concepto de mito remite a una zona de significado compartida entre
otros aportes por la religión, la antropología, la sociología, la
filosofía, el arte y el psicoanálisis. En algunas de sus habituales
acepciones es lo opuesto a "historia", a "ciencia" a "filosofía" a
"alegoría" a "verdad". En la época contemporánea se los considera
"verdades históricas". Estudiándolos a través del análisis
epistemológico y su función en la conciencia y en la cultura pueden ser
considerados como supuestos culturales. Cuando el mito es tomado
alegóricamente tiene dos aspectos: lo ficticio y lo real. Si bien el
hecho real no ha ocurrido, de algún modo lo que dice el relato mítico
responde a la realidad. No son del orden de la verdad sino de lo
verosímil. El intento primario y básico de ordenar el caos y responder
a las incógnitas ha dado, a través de los mitos, una formulación de la
aprehensión del mundo y de la realidad que se mantiene, se repite y
tolera hasta cierto punto los cambios. La figura del andrógino, por
ejemplo, aparece en los relatos míticos del origen del hombre, en
diferentes religiones o culturas, desde los babilónicos, griegos,
judeocristianos, africanos hasta los latinoamericanos. Los símbolos
hindúes se refieren, no sólo a la androginia, sino al retorno final a
esta indistinción, a esta unidad. Platón recuerda el mito del Andrógino
en "El Banquete". Los mitos que utilizan Freud y Lacan serían recursos
epistemológicos, de la misma manera en que fueron utilizados por la
filosofía griega y sobre todo por Platón. Así es posible continuar a lo
largo de la historia y del tiempo. "El descubrimiento inaugural del
psicoanálisis se hace a través de un mito: El complejo de Edipo". Freud
recurre a temas de la literatura para formular y crear mitos: el de
Edipo (1905) y el de Narciso (1914), de "la horda primitiva" (acerca de
los orígenes) (1912-13) y el de las pulsiones de vida y muerte (1920).
Levi-Strauss (1968) descubre la lógica interna del mito, proponiendo un
funcionamiento estructural. Describe las unidades significantes, los
mitemas, y la operación o articulación que han de poseer para que el
relato tenga estructura mítica. Además de su uso explicativo, tiene
como función principal la de clasificar y ordenar. En este sentido para
este autor, el mito es una forma en que el hombre "pone en estructura".
Para Mircea Eliade (1992), "El mito cuenta una historia sagrada, relata
un acontecimiento primordial, el tiempo fabuloso de los "comienzos".
Este tiempo no es algo del pasado, sino del origen, que se reactualiza
a través de los ritos. Estos transmiten y sostienen el mito
(Levi-Strauss, 1968). Son las costumbres cristalizadas en el manejo del
espacio y el tiempo, ritmos, celebraciones, que necesitan ser
mantenidas sin explicación y cuyo incumplimiento "los descompensa",
creando un código propio e incuestionable. Gil, D. (1992) tomando ideas
de R. Barthes habla del mito en un sentido más amplio relato o
narración que da cuenta de los orígenes, del universo, de la cultura
del sujeto en general, o de acontecimientos particulares de la vida del
sujeto, dichos en un lenguaje atravesado por la gran escritura mítica,
que más que ser dicha parece decirse y que no dicen ni ocultan, sólo
indican por medio de signos, parafraseando a Heráclito cuando define el
Oráculo". Lacan (1976) en "El mito individual del neurótico" se refiere
a cómo el registro simbólico se puede poner al servicio de lo
imaginario para evitar enfrentarse a la muerte y la castración. Desarrollo desde la perspectiva vincular Tomando
en un sentido restringido, como "mito del origen vincular", referido al
origen del sujeto, de las parejas, de las familias, de los grupos o
instituciones, es el momento de encuentro real que después, por après
coup, es registrado como momento mítico fundante. Pensar en términos de
inconsciente vincular, supone concebir una representación de un
encuentro fundante, idealizado. Cada nuevo encuentro intentará
recrearlo, "nunca fue y nunca será y sin embargo es irrenunciable"
(Puget, 1991). Es aquél de los orígenes, de la fundación que remite
siempre a otro momento, a otro nivel explicativo, éste representa para
la intersubjetividad el lugar que el deseo ocupa para lo intrapsíquico.
Puget, J. (1988) propone que "el sujeto se va constituyendo
simultáneamente sobre la base de tres pilares". Admitir una relación
entre diferentes estructuras vinculares, tales como
sociedad-familia-pareja-sujeto, sin establecer un orden cronológico de
aparición, nos permite una mayor comprensión del anudamiento entre
estos diferentes contextos. En los comienzos de un grupo y en los de
una pareja predominan fantasías originarias de fusión. Anzieu lo
describe como el momento de ilusión grupal; en la pareja sería el
enamoramiento. Dichas fantasías, (escena originaria, seducción,
castración y retorno al seno materno) ya descritas por Freud en 1915,
serían como guiones Universales, mediante las cuales se inscribe el
devenir fantasmático del sujeto. Para Kaës (1995) (16) la
estructuración del psiquismo está dada dentro de una tópica
intersubjetiva, priorizando el vínculo madre-hijo, inserto en un
contexto que lo posibilita. Esta tópica intersubjetiva constituye la
situación originaria; la represión originaria marcaría una línea
divisoria, fundante de la separación consciente-inconsciente y
posibilita el surgimiento de la subjetividad, en etapas sucesivas. La
temática fundamental de esta tópica intersubjetiva es el
desprendimiento, la fusión-discriminación, el reconocimiento de las
diferencias. Los mitos intentan explicar a modo de relato, estos
momentos primordiales de fusión y elaborar la separación. M. Bernard
(1996), tomando conceptos de R. Kaës considera que las fantasías
originarias son categorías, estructuras sin contenidos (adentro-afuera
que con el lenguaje deviene en escena primaria; antes-después que
devendría en la escena de seducción y lo mismo-lo diferente devendría
en la escena de castración). Las fantasías de los orígenes por lo tanto
se van a llenar de contenido a partir del lenguaje. Para Rojas, C.
(1989) (14) el mito corresponde al orden de la fantasía. Los fantasmas
de los sujetos que integran un grupo familiar, articulados como efecto
de las leyes estructurales (interfantasmatización), producirían el mito
común que ya no reconoce autor individual. Agrega Rojas: el mito es
transindividual, precede al sujeto en la cultura. "La fantasmática
individual ligada a la singularidad del deseo se construye sobre las
fantasías originarias"...y propone "presentar al conjunto denominado
estructura familiar inconsciente como mediador de las fantasías
originarias y el sujeto mismo". Las fantasías originarias, en tanto
intersubjetivas y estructurales, serían el sustento originario, del
mito estrictamente vincular. Las fantasías de origen se toman en el
mito de origen, cuando se intenta responder a la incógnita del porqué,
cómo o cuándo de la elección mutua, y lleva al análisis de los orígenes
del vínculo, que contiene representaciones para siempre inconscientes.
Para Berenstein, I. y Puget, J. el mito de los orígenes del vínculo, a
nivel de familias o parejas, es una de las producciones significantes,
sea de la Estructura Familiar Inconsciente o del zócalo inconsciente
respectivamente, al igual que los nombres propios, las creencias, el
espacio y el tiempo compartidos. Es anónimo, tiene su apoyo en lo
socio-cultural (transubjetivo); es una producción de la trama
interfantasmática, en este sentido es intersubjetivo; condiciona y
posibilita la tramitación de la fantasía inconsciente en cada sujeto,
lo intrasubjetivo. En este anudamiento, encontramos una cierta
continuidad que trasciende lo individual, dándose una transmisión de
las significaciones, tanto desde el contexto familiar como
socio-cultural, inter y transgeneracional. Para Puget, J. (1995) la
tragedia se interroga acerca de la función de¡ hombre en el Universo.
Lewkowicz (1992) citado por Puget considera que una tragedia puede ser
definida, desde el punto de vista de un historiador, como una escena
donde un relato mítico adquiere un nuevo valor simbólico, Ambos otorgan
al mito la cualidad de ser una estructura que provee explicaciones y
cierra el modelo explicativo proponiendo cadenas causales claras. La
tragedia interroga, el mito cristaliza. Gomel, S. (1989) introduce las
nociones de trama identificatoria familiar y espejo familiar, y las
vicisitudes de estas redes de significación, tejido de identificaciones
imaginarias y simbólicas, que se entrecruzan y superponen, creando un
campo imaginario libidinal específico "desde un texto familiar mítico e
ignorado". El espejo familiar es transgeneracional y va circulando a
través de las diferentes generaciones de una familia, constituyéndose
en nexo entre pasado y futuro. El mito se refiere a un pasado, pero
este pasado forma parte de una estructura permanente. Simultáneamente
entran en ella una dimensión histórica y ahistórica. Para Labos, E.
(1986) narcisismo, identificación y mito tienen un valor estructurante
de los vínculos familiares . la posibilidad de una identificación
narcisista grupal, en un tiempo de pasividad individual, sería la base
esencial sobre la cual se asentaría el posterior desarrollo estructural
que llevaría a los individuos a la adquisición de un nivel de identidad
individual". "Este nivel último involucra la instauración de una
temporalidad histórica-generacional con la consecuente
desestructuración y desidentificación de los mitos familiares". La
historia familiar es ese relato histórico-mítico donde presente, pasado
y futuro confluyen. En la interfantasmatización de la familia, puede
surgir la fantasía de restablecer una supuesta unidad mítica
idealizada, de "Paraíso Perdido", fuente de toda satisfacción y
completud, vínculo de fusión y amparo. Lo "no sido" es míticamente
construido como un "haber sido" y busca tanáticamente su repetición
(Rojas, C. 1991). Berenstein, I. (1976) hace una diferenciación entre
tiempo cronológico, crónico y mítico. El tiempo crónico sería la
modalidad de repetición de la familia. Si un mito familiar se
constituye como una verdad incuestionable; cuando algún miembro lo
denuncia o cuestiona generalmente provoca sufrimiento vincular. Pero el
no hacerlo, lleva al encierro endogámico, a lo tanático, a la
repetición. Se hace a costa del no conocer, no aprender, no pensar. El
trabajo específico de la adolescencia (Aulagnier, P. 1991) es la puesta
"en memoria y en historia". Sólo se logra interrogando las certezas del
mito familiar, "adquiriendo lo heredado para poseerlo". Construyendo
una "historia nueva" en la que el tiempo se descongela, dando lugar a
la resignificación. El trabajo psíquico de historización puede ser
distorsionado por la desmentida, que lleva a identificaciones
alienantes. Durante el proceso analítico, en una pareja, pueden
elaborarse distintas versiones de los momentos originarios como el de
la constitución de la pareja conyugal (Grassano, E. y col. 1992).
Berenstein, I. y Puget, J. (1997) hablan de la posibilidad de
elaboración del mito fundante. La puesta en palabras de un conflicto
(que forma parte de lo no incluido en el conjunto de acuerdos que
dieron origen al vínculo y constituyen el mito fundante) "suscita
ansiedad, ya que se tiene el registro de la posible disolución del
vínculo al "modificarse" el mito...". Modificación como opuesto a
repetición. Gasparí, R. y Gutman, J. (1986) analizan el mito del Origen
según el Génesis. Sostienen que éste opera cotidianamente en cada
familia generando una "deuda con el origen", absoluta, relativa o
prospectiva, según el registro particular, produciendo a su vez
diferentes significaciones. El adscribirse a un mito está relacionado
con sentimientos de identidad y pertenencia. Permite sostener la
ilusión de la certidumbre en los puntos donde la marca de castración
hace que aquella fracase: origen y fin. Entre estos dos imposibles
transcurre el tiempo del mito. Problemáticas conexas Frente
al surgimiento de nuevos paradigmas que cuestionan y conmueven
ideologías, creencias e ideales, se torna más difícil nuestro lugar y
función como analistas. Ante la precariedad y fugacidad como valores
vigentes en nuestra cultura, la banalización de la violencia en
diferentes contextos, la valoración de la apariencia y de lo externo en
desmedro de lo "interno" del desamparo, ¿cómo lograr en el proceso de
la cura ese difícil equilibrio entre cierto nivel de cuestionamiento y
la preservación de los aspectos del mito que posibilitan identidad y
pertenencia? Difícil dialéctica entre las certezas que cristalizan
significaciones y congelan el tiempo (otorgando ilusoria seguridad) y
la incertidumbre del devenir, promesa de lo nuevo, de lo creativo, de
la resignificación.