Fragmentos concernientes a algunas variedades de confusión clínica, 1956
Fechado el 13 y 22 de febrero de 1956.
Una característica importante de la conducta obsesiva es que
implica confusión. ¿Por qué razón en el estado de salud puede
ponerse orden en cualquier embrollo, mientras que en la
enfermedad el orden compulsivo es también fútil?
La clave: En la enfermedad obsesiva la confusión es una defensa
organizada. Se mantiene inconscientemente un cierto grado de
confusión para ocultar este hecho muy simple: el triunfo de lo
malo sobre lo bueno, del odio sobre el amor, de la agresión sobre la
capacidad para la preservación, etc.
De este modo, nunca se logra imponer orden. Pero puede existir
un embrollamiento casi consciente cuando parecería que se lo
logra.
¡Cuántas idas y vueltas da el amante que corteja!
Clínicamente nos encontramos con esto: la confusión como
defensa, organizada, sólo se altera merced al análisis del sadismo
oral, que a su vez altera el balance interior de las fuerzas, de modo
que disminuye el simple hecho de la desesperanza que la
confusión debe esconder. En el curso de este proceso, puede
ayudárselo al paciente si se le informa que su confusión es una
defensa. Esto le permite aceptar mejor la utilidad de las obsesiones;
que, no obstante, no se "curan" por ello.
La relación entre depresión y obsesión es de este tipo: a) Las
personas deprimidas y las obsesivas no se toleran unas a otras. b)
Un paciente pasa de la depresión a la obsesión y viceversa; en
general, se siente más real en el estado depresivo, pero sus fatuas
obsesiones le pueden proporcionar un alivio temporario de ese
estado de ánimo.
La pregunta que se plantea es: ¿qué es lo que hace que un paciente
deprimido pueda de vez en cuando ser obsesivo, o que un paciente
obsesivo se deprima temporariamente, en tanto que. hay otros
individuos que permanecen siempre en un a u otra categoría
diagnóstica?
Esta pregunta pone de relieve que la depresión, como estado
clínico, no es la "posición depresiva": La posición depresiva y la
imposibilidad del paciente para alcanzarla subyacen por igual en
los estados de depresión y de obsesión.
Lo que nos interesa es la capacidad del paciente para tolerar el
estado de ánimo. El temor a las defensas antidepresivas puede
contribuir a que se adopten técnicas obsesivas, pues cuando la
depresión, como estado de ánimo, es severa, lo opuesto a ella no es
la defensa maníaca sino la manía. ("Severa como modalidad"
quiere decir que hay un alto grado de represión de la agresión o de
amor cruel.)
El depresivo desprecia al obsesivo porque éste huye de sus propios
sentimientos. El obsesivo no soporta la capacidad que tiene el
depresivo para mantener su estado de ánimo; mantener un estado
de ánimo implica esperanza, y de hecho el ánimo depresivo tiende
a irse espontáneamente con el tiempo. Sin embargo, cuando él
individuo se encuentra en el punto más bajo de la fase depresiva,
es necesario preservarlo del suicidio.
La depresión implica, entonces, esperanza. ¿Qué clase de
esperanza? Sugiero lo siguiente: la esperanza de recibir sostén
durante un período, mientras tiene lugar la reelaboración, vale
decir, una recomposición o reordenamiento interno, en el llamado
mundo interior. Sólo en este caso la recomposición deja de ser fútil.
En el caso de la posición depresiva, habrá una acumulación de
"recuerdos" de un, buen quehacer materno en la época de los
primeros logros. En el caso del obsesivo habrá en cambio una
acumulación de "recuerdos" de adiestramientos, enseñanzas,
inculcación de la moral. La comparación de estos dos estados nos
lleva, me parece, a contrastar dos tipos de quehacer materno
temprano.
Un terna colateral a éste es la complicación que el analista debe
reconocer cabalmente cuando se presenta, a saber: el hecho de que
la confusión organizada sea un estado de la madre,
correspondiente a las defensas organizadas contra la depresión
sobre las que he escrito en otro lugar (1).
Es preciso analizar la confusión como defensa organizada si se
pretende que el paciente llegue hasta aquello que se encuentra
siempre en el centro del individuo, un caos primario a partir del
cual se organizan las muestras de la autoexpresión individual. En
términos de las etapas iniciales del desarrollo se trata del estado
primario de no-integración, sobre el cual ha llamado nuestra
atención Glover con su teoría de los núcleos yoicos (2).
Encontramos gran alivio en nuestra labor cuando al despejarse la
confusión como defensa organizada el paciente puede alcanzar
este caos primario central. Por supuesto, esto sólo puede lograrse
en un ambiente de una clase especial, al que he denominado
"preocupación maternal primaria", cuando la madre que sostiene
está en alto grado identificada con el bebé que es sostenido. En este
punto del análisis. algunos pacientes parecen necesitar que. se los
sostenga efectivamente, de alguna manera simbólica, con una
cuota de contacto físico. La falla ambiental en estas circunstancias
implica que el self no integrado caiga para siempre, y el afecto que
a ello corresponde es una angustia de intensidad psicótica. Aquí,
más que en cualquier otra fase del análisis, el paciente debe correr
un riesgo para avanzar hacia la integración.
Al escribir estas notas paso deliberadamente de un extremo al otro,
describiendo la confusión organizada, compleja y comparándola
con el estado de no-integración primario. Las confusiones
intermedias tienen su importancia. Ejemplo de ello es la que puede
sobrevenir en cualquier etapa si se le plantea a la actividad mental
del individuo una demanda que sobrepasa sus alcances en ese
momento, ya sea porque tiene al mismo tiempo otros múltiples
problemas o porque la tarea trasciende lo que es acorde al estado
de desarrollo y organización de su yo.
II
Hace mucho que estoy interesado en la relación entre el concepto
de posición depresiva, el estado de ánimo depresivo y las
emociones denominadas pesar; tristeza; sentimiento de pérdida.
Fue una paciente la que me enfrentó con este problema. El cuadro
clínico era el siguiente: la paciente no se hallaba en ese momento
en la posición depresiva aunque estaba cerca, vale decir, no había
una experiencia integradora de una persona total relacionada con
un objeto parcial y un objeto total, a los que se reconociera
relacionados entre sí.
El análisis había llegado a un punto en que la paciente se encontró
con el estado de confusión original correspondiente a la nointegración;
lo cual implica un grado considerable de confianza en
el factor ambientad; o sea; el analista en la transferencia. Una
enfermedad de mi esposa motivó que en ese momento se
interrumpiera el análisis. Al principio la paciente abordó la
situación con una falsa benevolencia, pero después de dos días
esto se vino a pique y ella entró en confusión; que esta vez fue una
confusión desintegrada o incluso un estado confusional
organizado, y no el-estado de-confusión primario propio de la nointegración:
Al retornar tras un intervalo de cuatro días, no pudo
en un principio reiniciar él análisis; estaba muy preocupada por la
situación real. Sólo al final de la sesión ella llegó a la etapa en que
el análisis pudo continuar según los viejos cánones. Al día
siguiente le volvió gradualmente la confianza y esto la llevó a un
fragmento de actuación que la sorprendió a ella misma, durante la
cual ocurrieron ciertas cosas que me mostraron que ella tenía el
recuerdo corporal de ser repentinamente defraudada. Sufrió una
angustia sumamente aguda, y cuando pasó, admitió que era una
reacción tardía frente a mi abandono de cuatro días atrás, una
reacción que le habría sido imposible tener a ella por sí misma. Al
día siguiente su confianza se había restaurado por completo y se
repitió la actuación en el transcurso de la sesión.
Debe repararse en que en la actuación del día anterior no había
habido rigidez, que es la reacción mas primitiva; lo que hubo fue
una no integración que pasó a ser desintegración. En la segunda
oportunidad, la reacción fue mucho mas madura. Bajo la influencia
de procesos inconscientes, la paciente mostró con suma claridad
que era una bebita acongojada, que extendía sus brazos y
experimentaba un sentimiento de pérdida. No llegó a sentir pesar,
aunque estuvo cerca. El sentimiento de pérdida estuvo por cierto
agudamente presente y sustituyó a la angustia. Tras recobrarse,
volvió a la confiada relación conmigo que había hecho posible este
fragmento de actuación. En este caso pudo avanzar en su
descubrimiento y en la reacción frente a mi repliegue. Lo
importante es que en un momento de mi repliegue ella pudo
reaccionar con un sentimiento de pérdida, lo cual podía
compararse con el estado de repliegue de su madre, el cual en
ningún momento posibilitó dicha reacción. En la relación con la
madre, había habido simplemente un estado de repliegue
distribuido en forma mas o menos uniforme mientras que conmigo
había experimentado mi repliegue en cierto momento y había
reaccionado con un agudo sentimiento de pérdida.
Allí, entonces, estuvo cerca del pesar. Al mismo tiempo, recuerdo
que esta paciente no es hallaba en un estado de desarrollo yoico
que hiciera posible la experiencia cabal de la posición depresiva.
Sin duda, la experiencia del pesar dependía en alguna medida no
sólo de mi conducta sino también de la conformación, en el interior
de la paciente, de la idea de un objeto bueno. Esto se vinculaba
estrechamente con su capacidad para sostener por un momento la
idea de la madre cuando ésta se había replegado, permitiendo así
que el sentimiento de pérdida cobrara realidad.
Notas:
(1) Me, Manic Defence. (1935) y "Reparation in Respect of Mother's Organised Defence againat
Depresión" (1948), en Collected Papers: Through Paediatrics to Psycho-Analysis, Londres, Tavistock,
1958; Nueva York, Basic Books, 1975; Rogarth Presa, 1975.
(2) E. Glover, On the. Early Development of the Mind, Londres, Imago, 1956.