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Estudio del psicoanálisis y psicología

Hablar con el cuerpo. La crisis de las normas y la agitación de lo real: Un real bastante moderno



Hablar con el cuerpo. La crisis de las normas y la agitación de lo real

 

Fuente: Virtualia - Revista Digital de Escuela de Orientación Lacaniana - #26 - Editorial 26: “Límite”

Por Claudio Godoy

 

Un real bastante moderno

Luis Erneta

La modernidad de nuestro siglo.

“Siempre se es moderno, en toda época, desde el momento en que uno piensa poco más o menos como sus contemporáneos y de

forma un poco distinta que sus maestros”, afirma Alexandre Koyré en Estudios de historia del pensamiento científico [1].

Modulando la frase según nuestra particularidad podemos afirmar que pensamos más o menos lo mismo que algunos de nuestros

contemporáneos y no muy distinto que nuestros maestros, ubicando entre éstos a Freud y Lacan, cuya lectura practicamos muchos

años y que tomamos como guía de nuestra praxis. De ellos dos, son tributarios otros maestros que respetamos y cuya enseñanza

seguimos, a los que también rendimos tributo.

“La pulsión, tal como es construida por Freud a partir de la experiencia del inconsciente, prohibe al pensamiento psicologizante

ese recurso al instinto en el que enmascara su ignorancia por la suposición de una moral en la naturaleza” [2]. Freud utiliza la

palabra instinto (instinkt) dos o tres veces, dado que existe en la lengua alemana. Cultor de la lengua, si elige pulsión no es por

capricho o por gusto, sino porque es el término que se adecua mejor al concepto que está construyendo. No supone entonces una

moral en la naturaleza, sino algo que se esfuerza en conceptualizar, iluminando una especie de fenómenos captados en su práctica,

que requieren ser tomados en conceptos, no meramente como abstracciones, sino y sobre todo a fin de que sean operatorios en la

práctica, ya que capta que las pulsiones operan en los síntomas e incluso los determinan. Quizás valga la pena recordar que ya

en su libro sobre el Chiste (Witz) la pulsión se articula en el lenguaje; habla de los chistes que se hacen entre hombres pero agrega

que éste se refiere a una mujer, presente o ausente, lo que asegura la estructura triádica inherente al Witz; agregando que el placer

obtenido no es sino “la satisfacción de una pulsión, agresiva u hostil”; ésta fórmula será retomada por Lacan en su enseñanza,

al decir que “el goce no es sino la satisfacción de una pulsión”. Es curioso advertir como algo de ese placer circula en dichos

comunes, quasi proverbiales en nuestra lengua, en el estilo de, por ejemplo, comer con los ojos, referido de un hombre a una mujer,

o viceversa, y aún entre personas del mismo sexo. Pulsión oral vehiculizada en el ver-ser visto. Que oculta la mirada devoradora

como objeto; o, por ejemplo, comer un bocadito para engañar al estómago, suponiendo un sujeto capaz de ser engañado, o sea,

expuesto a la verdad y a la mentira. Para un órgano corporal mueve a risa y se reduce a metáfora. Este órgano es transmutado

en algo que parodia un sujeto, puesto que el lenguaje, elevando el organismo a cuerpo, oculta un real y lo torna imaginario, esto

es, reflejo de lo real del cuerpo. Y por si fuera poco adjudica a esos órganos diversas funciones que tienen poco que ver con las

instintuales. Cuando la O.M.S definía la salud como el silencio de los órganos introducía el lenguaje en el organismo; si éste habla

lo hace a través del síntoma. Por otro lado, Freud sostiene una concepción epistemológica particular e influida por cierto espíritu

científico, como podemos leerlo en la primera página del texto “Pulsiones y destinos de pulsión”: “Muchas veces hemos oído

sostener el reclamo de que toda ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad,

ninguna, ni aún la más exacta, empieza con tales definiciones”. Gastón Bachelard hubiese estado de acuerdo; según él toda ciencia

empieza con sus errores primeros y no con sus verdades primeras. Lo dicho hasta ahora para dar razón a que el concepto de

pulsión en Freud implica una ética y ninguna moral [3].

La pulsión como defensa contra lo real.

Luego de enumerar los cuatro destinos de pulsión, Freud afirma que no tiene proyectado tratar acá sobre la sublimación y que la

represión exige un capítulo aparte, y que por lo tanto sólo tratará los dos primeros puntos: trastorno hacia lo contrario y vuelta

sobre la persona misma. Sólo destacaremos una frase en este contexto: “Atendiendo a los motivos (las fuerzas) contrarrestantes

de una prosecución [¿satisfacción? -Ad. Nuestra] directa de las pulsiones, los destinos de pulsión pueden ser presentados también

como variedades de la defensa contra las pulsiones”. Que se puede complementar con lo que afirma en “La represión”: “La

represión no es un mecanismo de defensa presente desde el origen; no puede engendrarse antes que se haya establecido una

separación nítida entre actividad conciente y actividad inconciente…” “su esencia consiste en rechazar algo de la conciencia y

mantenerlo alejado de ella. Este modo de concebir la represión se complementaría con un supuesto, a saber, que antes de esa

organización del alma los otros destinos de pulsión, como la mudanza hacia lo contrario y la vuelta hacia la propia persona

propia, tenían a su exclusivo cargo la tarea de la defensa contra las mociones pulsionales” [4]. Se puede deducir que la primera

organización pulsional, que Freud ordena con el recurso al lenguaje, en este caso al orden gramatical, es ya una defensa contra

lo real pulsional, anterior al establecimiento del inconciente ya estrucurado como lenguaje. Brilla por su ausencia el sujeto, lugar

ocupado por el sujeto acéfalo de la pulsión, Lacan dixit. Dicho de otro modo, encontramos acá un real anterior al orden simbólico,

una estructura ordenada por lalangue.

“Pero en el siglo XXI se trata para el psicoanálisis de explorar otra dimensión: la de la defensa contra lo real sin ley y sin sentido.

Lacan indica esa dirección con su noción de lo real tal como lo hace Freud con su concepto mítico de pulsión” [5].

Nos permitimos poner cierto reparo en adjetivar como mítico el concepto freudiano de pulsión. Optamos por ubicarlo en el nivel

de lo real. Hacerlo así no significa, a nuestro modo de ver, pretender equiparar sus lugares ni aludir a prioridades improcedentes

en esta ímproba tarea con la que lidiamos hace años. Se trata, simplemente, de seguir las huellas a partir de las cuáles se ha ido

construyendo un camino que tiene un porvenir difícil de predecir en los años por venir. Porvenir que, como diría el Sr. Nestroy,

se irá aclarando en el curso de los acontecimientos futuros. El siglo XXI no es menos oscuro que ese real al que Lacan se esforzó en

dirigirnos. Serán necesarias otras Luces, tal vez, que refracten de otro modo sus rayos y aclaren un poco las oscuridades actuales.

Pero eso es otra historia.

Notas

1. Koyré, A., Estudios de historia del pensamiento científico, Siglo XXI editores, México, 2000.

2. Lacan, J., “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”, Escritos 2, Siglo XXI editores, pág. 830.

3. Freud, S., “Pulsiones y destinos de pulsión”, Obras Completas, Amorrortu editores, Bs.As., Tomo 14, pág. 122.

4. Freud, S., “La represión”, Obras Completas, Amorrortu editores, Bs. As,Tomo 14, pág. 142.

5. Miller, J.A., Revista lacaniana Nª13, “Lo real en el siglo XXI”, Publicación EOL, Bs. As., noviembre 2012, pág. 94.

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