Introducción Educación para la salud a través de charlas radiales, 1957
Escrito en agosto de 1957 para Mother and Child, N-°. 28,
1957.
He sido invitado a escribir este artículo. El tema de la educación
para la salud a través de charlas radiales me interesa, porque de
vez en cuando he dado charlas para los padres por este medio;
pero debo aclarar que no estoy particularmente en favor de la
educación para la salud impartida en forma masiva. Cuando el
público radial es muy amplio, hay en él muchas personas que no
escuchan con el objeto de aprender, sino por causalidad o para
entretenerse, o quizá mientras se afeitan o hacen una torta, con lo
cual no les queda ninguna mano libre para apagar la radio. En esas
condiciones, uno puede abrigar serias dudas sobre el valor de
exponer algo importante.
Cabe comparar esto con las emisiones radiales escolares en las que
chicos de cierta edad, sentados y convenientemente ocupados en
algo que no cause trastornos, están atentos y esperando recibir
instrucción amena de la radio durante un período. El que quiere
hablar sobre la salud por radio no goza de la ventaja de tener un
público especial como éste.
Me referiré a la educación para la salud en términos de la
psicología, y no a la educación sobre cuestiones de salud física o
sobre la prevención y el tratamiento de enfermedades. Sin
embargo, gran parte de lo que pueda decir es aplicable a cualquier
charla sobre temas de salud, porque a mi juicio toda educación
para la salud es psicológica. Quienes escuchan una charla sobre
reumatismo o enfermedades de la sangre no lo hacen porque
tengan un interés científico en el tema, o porque estén sedientos de
conocer los hechos; lo hacen porque les interesa, por motivos
mórbidos, las enfermedades. Creo que esto es válido para la
educación en cuestiones de salud por cualquier medio, salvo por el
hecho de que en las emisiones radiales uno debe suponer que la
gran mayoría de los escuchas o desean que se les enseñe nada, y
tan sólo esperan que siga la música. Tal vez yo esté difamando al
oyente; sea como fuere, expreso una duda que siento cada vez que
con voz optimista reconfortante un médico pronuncia una charla
sobre el factor rh, o la artritis reumatoidea, o el cáncer.
Quisiera, eso sí, hacer una sugerencia constructiva con especto a
las emisiones radiales en materia de salud: es deplorable que en
ellas se apele a cualquier tipo de propaganda, o se le diga a la
gente lo que tiene que hacer. Es un agravio adoctrinar a la gente,
por más que sea para su propio bien, si .o tienen la oportunidad de
estar presentes para reaccionar, manifestar su desaprobación o
contribuir al diálogo.
¿Queda alguna alternativa? La alternativa es tratar de captar las
cosas comunes que hace la gente y ayudarle a comprender por qué
lo hace. Esta sugerencia se basa en que muchas de las cosas que
hace la gente son realmente sensatas en las correspondientes
circunstancias. Es sorprendente hasta qué punto, después de
escuchar muchísimas veces las descripciones de las madres sobre
el modo en que manejan a sus hijos n el hogar, uno llega a sentir a
la postre que no puede decirles . estas madres lo que deben hacer;
a lo sumo, uno puede comprobar que, en esas mismas
circunstancias, habría procedido del mismo modo, o peor.
Lo que sí quiere la gente es que se le brinde comprensión .e los
problemas que aborda y se le haga tomar conciencia de que hace
intuitivamente. Se sienten inseguros al quedar librados a sus
pálpitos, a lo que les surge en el momento crítico, cuando no están
pensando en el asunto. Tal vez un padre o madre le dio al chico
una palmada, o un beso, o un abrazo, o ambos se echaron a reír.
Algo apropiado sucedió: fue lo correcto, nada podría haber sido
mejor. Nadie podría haberle dicho a ese padre o madre qué tenía
que hacer en tales circunstancias, porque las circunstancias no
podrían ser descriptas de antemano. No obstante, más tarde los
padres conversan sobre estas cosas y se preguntan, a menudo sin
tener idea de lo que hicieron, y se sienten confundidos por el
problema en sí. En tales momentos tienden a sentirse culpables y
corren hacia cualquiera que hable con autoridad, que les dé
órdenes.
La educación puede ocuparse de todas estas cosas que la gente
hace y que ha hecho en verdad, y ha hecho bien, desde que el
mundo existe y desde que tuvo seres humanos que fueron
humanos. Si uno puede verdaderamente mostrarle a la gente lo
que hace, pierde su temor, se siente más segura de sí misma, de
modo tal que cuando de veras tiene dudas o cuando de veras sabe
que ignora algo, lo que busca va a ser, no consejos, sino
información. La razón de que busque información es que comienza
a tener una idea de dónde debe ir a buscarla. Comienza a ver que
es posible adoptar un enfoque objetivo en las cuestiones de la
mente y de los sentimientos y la conducta, y se vuelve menos
suspicaz respecto de la ciencia aun cuando ésta invada territorios
que hasta hace poco fueron propiedad exclusiva de la religión.
Yo diría que hay muchísimo por hacer en esta cuestión de tomar lo
que la gente siente y piensa y, a partir de esa base, intercambiar
opiniones o enseñanzas que contribuyan a una mejor comprensión.
De esta manera puede transmitirse información sin socavar la
confianza en sí mismo del oyente. Lo difícil, para los que enseñan
de este modo, es saber en grado suficiente, y en el momento
oportuno, qué es lo que ignoran.
A veces las charlas radiales para padres dan a entender lo
siguiente: "Usted tendría que amar a su hijo; si no lo ama, él
sufrirá, se convertirá en un delincuente"; "Usted debe darle el
pecho a su bebé, señora, y debe disfrutar al hacerlo; tiene que ser el
acto más importante de su vida"; "Usted debe querer a su bebé
desde el momento en que nace; es antinatural que no lo quiera...",
etc., etc. Es muy fácil decir todo esto, pero lo cierto es que produce
efectos deplorables. Sería bueno señalarles a las madres que a
veces una mamá no ama a su bebé desde el principio, o mostrarles
por qué motivo son a menudo incapaces de darle el pecho, o
explicarles que el amor es un asunto complejo, no un mero
instinto.
Quisiera agregar lo siguiente: hablando por radio, no es posible
ocuparse de grandes anormalidades, ya sea de la madre o del hijo,
en especial las anormalidades de los progenitores. Decirles a las
personas que tienen dificultades, que están enfermas, no sirve de
nada. Si la persona enferma busca ayuda, debemos aprovechar la
oportunidad de aliviarla si es que podemos, pero si la hacemos
sentir enferma sin contar con una terapia, fácilmente podemos
provocarle dolor.
Casi todos los consejos que se dan por radio provocan dolor a
alguien. Hace poco hablé sobre la necesidad de decirles a los chicos
adoptados que lo son. Sabía, desde luego, que corría el peligro de
causar dolor. Sin duda perturbé a muchos, pero una madre en
particular, que me había escuchado, vino desde muy lejos a
decirme exactamente por qué motivo sería muy inconveniente, en
las circunstancias por las que atravesaba, contarle a su hija
adoptiva que era adoptiva. Tuve que darle la razón, aunque en
principio sé que es bueno decirles a los hijos adoptados que son
adoptados, y decírselo lo antes posible.
Si se les impone a las madres que hagan esto o aquello o lo de más
allá, pronto caen en un embrollo, y, lo que es más importante,
pierden contacto con su propia capacidad de actuar sin saber
exactamente lo que está bien y lo que está mal. No es raro que
entonces se sientan incompetentes. Si todo lo tienen que buscar en
los libros o escucharlo por la radio, siempre llegarán tarde, aunque
hagan lo correcto, porque lo correcto debe hacerse de inmediato.
Sólo es posible actuar exactamente en el momento oportuno
cuando esa acción es intuitiva o por instinto, como solemos decir.
Más tarde puede reflexionarse sobre el problema, y cuando la
gente reflexiona sobre estas cosas nuestra tarea consiste en
ayudarla. Podemos examinar con ella la clase de problemas que
enfrenta y la clase de cosas que hace, y la clase de efecto que, según
supone, tendrán sus actos. Esto no es necesariamente lo mismo que
decirle lo que tiene que hacer.
En definitiva: ¿hay cabida para una instrucción formal por radio
sobre psicología infantil? Me parece dudoso que estemos
preparados para dar este tipo de instrucción. También tengo
presente que al impartir instrucción a grupos de estudiosos (de
asistentes sociales, por ejemplo, o de médicos, o de maestros que
siguen cursos de posgrado), uno sabe que no puede hacerlo al
azar, sino dentro de un encuadre formal. Tal vez dicha instrucción
se imparta a lo largo de un período, dando a los alumnos la
oportunidad de dialogar entre sí sobre lo que se les dice, de leer,
de expresar su desacuerdo y contribuir. Aun en estas
circunstancias favorables, una proporción de los que reciben la
instrucción tendrán que vérselas con dificultades personales
provocadas por las nuevas ideas y el enfoque novedoso, así como
por la reanimación de recuerdos difíciles y de fantasías reprimidas.
Tendrán que habérselas con estas nuevas excitaciones y con esta
reestructuración de su filosofía de vida. La instrucción en
psicología no es igual a la instrucción en física o aun en biología.
Sin duda, podría impartírseles instrucción a los padres en una
situación cuidadosamente controlada, pero la que se da por radio
no entra en esa categoría. Si se la imparte, debe limitarse mucho,
debe circunscribirse a las cosas buenas que le suceden a la gente
normal. Pero dentro de estos lineamientos es mucho lo que se
puede hacer; y confiemos en que la política de la BBC seguirá
siendo prestar este servicio social dedicándole un tiempo a una
educación para la salud que tome en cuenta los inconvenientes
inherentes a las emisiones radiales.