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Estudio del psicoanálisis y psicología

LECCION III LOS ACTOS FALLIDOS


LECCION III LOS ACTOS FALLIDOS

 

EN la lección que antecede hubimos de considerar la función fallida en sí e independientemente de su relación con la función intencional por ella perturbada. Obrando así, recibimos la impresión de que tales funciones fallidas parecían delatar, en determinados casos, un sentido propio, y nos dijimos que si esto pudiera demostrarse en gran escala, habría de resultar para nosotros mucho más interesante la investigación de dicho sentido que la de las circunstancias en las que las funciones fallidas se producen.

Pongámonos de acuerdo una vez mas sobre lo que entendemos por el <sentido> de un proceso psíquico. Con esta palabra nos referimos exclusivamente a la intención a que dicho proceso sirve y a su posición dentro de una serie psíquica. En la mayoría de nuestras investigaciones podemos, por tanto, sustituir el termino <sentido> por los de <intención> o <tendencia>. Así, pues, la primera interrogación que al llegar a este punto de nuestra labor se nos plantea es la de sí esta intención que hemos creído hallar en las funciones fallidas no es, quizás, sino una engañosa apariencia de las mismas o una pura imaginación nuestra.

Para comprobarlo, continuaremos nuestra investigación de los casos de equivocación oral, sometiendo a detenido examen un mayor numero de ejemplos de este genero. En esta parte de nuestra labor hemos de encontrar categorías enteras de casos en los que la intención o sentido de la equivocación se muestra con evidente claridad. Entre ellos tenemos, ante todo, aquellos en los que el sujeto expresa todo lo contrario de lo que se proponía. Así, aquel presidente de la Cámara austriaca que queriendo abrir la sesión la declaro levantada. No hay aquí equivoco posible. El sentido y la intención de este error oral son, desde luego, que lo que el sujeto deseaba realmente era levantar la sesión, pues incluso pudiéramos alegar que es el mismo quien con sus palabras nos revela su intención. Os ruego que no perturbéis por ahora mi conferencia presentándome la objeción de que sabemos, desde luego, que no quería cerrar la sesión, sino, por el contrario, abrirla, y que el mismo sujeto a quien en esta cuestión tenemos que reconocer como la ultima y mas elevada instancia nos confirmaría, si le interrogáramos, que su intención era la contraria de la que sus palabras revelaron. Además, presentando esta objeción, olvidaríais que hemos convenido a examinar ante todo la función fallida en si e independientemente de su relación con el propósito perturbado, relación que ya investigaremos mas adelante, y os haríais reos de una falta de lógica con la que escamotearíais el problema que precisamente hemos puesto sobre el tapete.

En otros casos en los que la equivocación oral no consiste en decir todo lo contrario de lo que se pensaba, puede, sin embargo, surgir del lapsus un sentido antitético. Así, en el ejemplo antes citado del catedrático que en su discurso de toma de posesión dijo: <No estoy inclinado (geneigt) a hacer el elogio de mí estimado predecesor>, queriendo decir: <No soy el llamado> (geeignet

); <inclinado>; pero, sin embargo, la equivocación da a la frase un sentido totalmente contrario al que el orador quería manifestar.

Podremos hallar también numerosos ejemplos en los que el lapsus añade al sentido intencional un segundo sentido, haciendo que la frase se nos muestra como una contracción, una abreviación o una condensación de varias otras. Tal es el caso de aquella señora de enérgico carácter que al ser interrogada por el dictamen que el medico había expuesto después de reconocer a su marido, dijo que este ultimo podría, sin inconveniente alguno, comer y beber lo que ella quisiera, lapsus que equivale a la confesión siguiente: <Mi marido podrá comer y beber lo que el quiera; pero el no quiere nunca mas que lo que yo le mando.>

Las equivocaciones orales se nos muestran con mucha frecuencia como abreviaciones de este mismo genero. Así, un profesor de Anatomía que después de su lección sobre la cavidad nasal pregunta a sus oyentes si le han comprendido, y tras de recibir una general respuesta afirmativa, prosigue diciendo: <No lo creo, pues las personas que comprenden verdaderamente estas cuestiones relacionadas con la anatomia de la cavidad nasal pueden contarse, aun en una gran ciudad de mas de un millon de habitantes, con un solo dedo_ perdon con los dedos de una sola mano.> La frase abreviada tiene aqui tambien su sentido: quiere decir lo que piensa realmente el profesor, esto es, que alli no hay mas que una sola persona que comprenda aquellas cuestiones.

Enfrente de estos grupos de casos en los que la funcion fallida muestra patentemente su propio sentido, aparecen otros en los que la equivocacion no presenta ningun sentido aparente y que, por tanto, contradicen nuestras esperanzas. Cuando alguien destroza, equivocandose, un nombre propio o yuxtapone una serie de sonidos desacostumbrados, cosa, por cierto, muy frecuente, parece quedar rechazada decisivamente nuestra hipotesis de que todos los actos fallidos poseen un sentido propio. Mas un detenido examen de estos ejemplos acaba por demostrarnos que tambien es posible llegar a la comprension de tales deformaciones y que la diferencia existente entre estos oscuros casos y los que anteriormente hemos expuesto no es, ni con mucho, tan grande como a primera vista parece.

En una ocasion pregunte a un amigo mio por el estado de su caballo, que se hallaba enfermo, y obtuve la siguiente respuesta: <Si, esto drurara (draut) quiza todavia un mes.> La r sobrante de dauert (durara) me parecio incomprensible, y llame la atencion de mi amigo sobre su lapsus, respondiendome que al oir mi pregunta habia pensado que aquello era una triste (traurige) historia. Asi, pues, el encuentro de las dos palabras durara y triste habia motivado el equivocado drurara.

Otra persona relataba un dia ciertos hechos que calificaba de cochinerias (Schweinereien); mas no queriendo pronunciar esta palabra, dijo: <Entonces se descubrieron determinados hechos_> Pero al pronunciar la palabra Vorschein, que aparece en esta frase, se equivoco y pronuncio Vorschwein, palabra nacida de la union de la que intentaba pronunciar con la que quedaba latente en su pensamiento.

Recordad ahora el caso de aquel joven, queriendo pedir a una senora permiso para acompanarla, formo una palabra mixta compuesta de los verbos acompanar y ofender (begleiten

y beleidigen). De estos ejemplos podeis deducir que tambien tales casos mas oscuros de la equivocacion oral pueden explicarse por el encuentro o interferencia de dos distintos propositos. La diferencia que entre ambos generos de ejemplos hallamos obedeceria exclusivamente al hecho de que la intencion latente sustituye unas veces por completo a la manifiesta, como en aquellos lapsus en los que el sujeto dice todo lo contrario de lo que se proponia, mientras que otras tiene que contentarse con deformar o modificar dicha intencion manifiesta, dando origen a creaciones mixtas que pueden resultar mas o menos plenas de sentido.

Creemos haber penetrado ahora en el secreto de un gran numero de equivocaciones, y manteniendonos dentro de este punto de vista, nos sera posible comprender otros grupos de actos fallidos que hasta el momento nos parecian enigmaticos. En la deformacion de nombres no podemos, por ejemplo, admitir que se trate siempre de una concurrencia de dos nombres a la vez semejantes y diferentes. Pero tampoco en estos casos resulta dificil descubrir la segunda intencion. Con gran frecuencia realizamos la deformacion de un nombre expresamente, sin que la misma sea debida a equivocacion ninguna, y lo que obrado asi nos proponemos es dar a dicho nombre una expresion malsonante o que nos recuerde un objeto bajo y vulgar. Es este un genero de insulto muy difundido y al que el hombre educado aprende pronto a renunciar, aunque a disgusto, pues con frecuencia lo utiliza aun para la formacion de <chistes>, claro es que del mas bajo ingenio. Podremos, pues, admitir que en las equivocaciones de esta clase existe tambien tal intencion injuriosa que se manifiesta en la deformacion del nombre. Analoga explicacion habremos de dar mas adelante a determinados casos de la equivocacion oral de efecto comico o absurdo. Recordemos aqui el conocido brindis: <Lo(s) exhorto a eructar a la salud de nuestro jefe> (en lugar de brindar: <Ich fordere Sie auf, auf das Wohl unseres Chefs aufzustoBen>), ejemplo en el que una solemne situacion queda perturbada por la irrupcion de una palabra que despierta una representacion desagradable.

Recordando la forma de ciertas frases expresamente injuriosas, tenemos que admitir que en la equivocacion del orador pugna por manifestarse una tendencia contraria al sentimiento de respeto y afecto que el mismo se proponia expresar, tendencia que pudieramos traducir, aproximadamente, como sigue: <No creais que todo esto que estoy diciendo es en serio. La prosperidad de nuestro jefe me tiene absolutamente sin cuidado.> Identica explicacion es aplicable a aquellas equivocaciones orales que convierten en obscenas frases o palabras por completo inocentes; asi, en los ejemplos de Meringer y Mayer decir Apopos en vez de A propos [`Popo', designacion dada al trasero de los ninos], y EischeiBweibchen en vez de EiweiBscheibchen [`mujercita-caga-huevos', en vez de `tajaditas de clara de huevo'].

Esta tendencia a transformar intencionadamente en obscenidades palabras inocentes se observa en muchas personas que obran asi por el placer de producir un efecto chistoso, y, por tanto, cada vez que oimos una de estas deformaciones deberemos averiguar si su autor ha querido hacer un chiste o la ha dejado escapar por equivocacion.

Asi, pues, habriamos resuelto con relativa facilidad el problema de los actos fallidos. No son casualidades, sino importantes actos psiquicos que tienen su sentido y deben su genesis a la accion conjunta o quiza, mejor dicho, a la oposicion de dos intenciones diferentes. Mas como tengo la seguridad de que en vosotros habra surgido un cumulo de interrogaciones y dudas que debere contestar y desvanecer, respectivamente, antes que podamos dejar establecido de un modo definitivo este primer resultado de nuestra labor, estoy dispuesto a discutir por orden y sucesivamente todas las objeciones que me presenteis, pues no es mi intencion impulsaros a una decision poco madurada.

De antemano conozco las interrogaciones que estais pensando plantearme: la explicacion dada a la equivocacion oral, ?se aplica a todos los casos de este genero o solo a determinado numero de ellos? Y esta misma teoria, ?podria tambien ampliarse a los numerosos generos restantes de funciones fallidas, tales como las equivocaciones en la lectura y en la escritura, los olvidos, los actos de aprehension erronea, la perdida de objetos, etcetera? ?Cual puede ser el papel que desempenan en presencia de la naturaleza psiquica de las funciones fallidas la fatiga, la excitacion, las distracciones o las perturbaciones de la atencion? Ademas, teniendo en cuenta que de las dos tendencias concurrentes de la funcion fallida una es simple patente y la otra no, ?que camino habra de seguir para adivinar esta ultima? Y una vez que creamos haberla adivinado, ?como demostrar que no solo es lo mas probable, sino la unica verdadera?

?Os queda aun algo que preguntar? Si no, continuare yo por mi cuenta esta serie de interrogaciones.

Os recordare que, realmente, las funciones fallidas nos interesan poco de por si, y que si las investigamos es con la esperanza de que su estudio nos proporcione datos para el conocimiento del psicoanalisis. Por tanto, la interrogacion que realmente debemos plantearnos es la de cuales son estos propositos o tendencias que pueden estorbar a otros de tal manera, y cuales las relaciones que existen entre las tendencias perturbadoras y las perturbadas. Vemos, pues, que cuando hemos llegado a resolver el problema que primero nos planteabamos nos hallamos aun por completo al principio de nuestra labor.

Examinaremos la primera pregunta, esto es, la de si la explicacion que hemos dado es aplicable a todos los casos de equivocacion oral. A mi juicio, si, pues para todo ejemplo de este genero que sometamos al analisis hallaremos igual solucion. Sin embargo, no es posible demostrar tampoco que la equivocacion no pueda producirse sin que en ella intervenga este mecanismo. Mas desde el punto de vista teorico, esto nos importa bien poco, pues las conclusiones que nos proponemos formular, concernientes a la introduccion al psicoanalisis, permanecen intactas, aunque -cosa desde luego inverosimil- escapara una minoria de casos de equivocacion oral a nuestra teoria explicativa. A la segunda interrogacion que nos planteamos, o sea la de si debemos extender a otras variedades de las funciones fallidas los resultados que hemos obtenido al examinar la equivocacion oral, contestaremos desde luego en sentido afirmativo. Por vosotros mismos os convencereis de mi perfecto derecho a hacerlo asi cuando lleguemos al examen de los ejemplos de equivocacion en la escritura, actos de aprehension erronea, etc. Mas, por razones tecnicas, os propongo que dilatemos esta labor hasta que hayamos profundizado algo mas en el problema de las equivocaciones orales.

Una vez admitido el mecanismo psiquico de las equivocaciones orales que acabamos de describir, la cuestion del papel que desempenan aquellos factores a los cuales han concedido los que en la investigacion de estas materias hubieron de precedernos una primordial importancia, o sea las perturbaciones circulatorias, la fatiga, la excitacion, la distraccion y los trastornos de la atencion, merece un penetrante examen. Habreis de observar que no rechazamos en absoluto la actuacion de estos factores. Ademas, no es muy frecuente que el psicoanalisis rechace lo que otros investigadores afirman, pues, generalmente, no hace mas que agregar nuevas deducciones; pero resulta a veces que aquello que antes habia pasado inadvertido y que el psicoanalisis anade es precisamente lo mas esencial de la cuestion investigada. La influencia de las disposiciones fisiologicas resultantes de la indisposicion, de los trastornos circulatorios y de los estados de agotamiento, sobre la produccion de las equivocaciones orales, debe ser reconocida sin reservas. Nuestra experiencia personal y cotidiana basta desde luego para hacer evidente tal influencia. Mas todo esto no aporta esclarecimiento alguno, pues tales estados no constituyen condicion necesaria de la funcion fallida.

La equivocacion oral se produce asimismo en plena salud y completa normalidad. Estos factores somaticos no tendran, pues, otra significacion que la de facilitar y favorecer el mecanismo particular de lapsus oral. En una obra anterior me he servido para ilustrar estas relaciones de una comparacion que reproducire aqui, pues no encuentro otra mas acertada. Supongamos que atravesando en una noche oscura un paraje desierto soy atacado por un ladron que me despoja de mi reloj y mi dinero, y supongamos que despues de haber sido robado de esta manera por un malhechor cuyo rostro no he podido ver, vaya yo a presentar una denuncia a la comisaria mas proxima, diciendo: <La soledad y la oscuridad acaban de robarme mis alhajas.> El comisario podria entonces responderme: <Me parece que hace usted mal en explicar el hecho de esa manera tan ultramecanista; mejor sera representarnos la situacion de la manera siguiente: Protegido por la oscuridad y favorecido por la soledad, un ladron desconocido le ha despojado a usted de los objetos de valor que llevaba encima. Lo que, a mi juicio, importa mas, en su caso, es volver a encontrar al ladron, y solamente entonces tendremos algunas probabilidades de recuperar los objetos robados.>

Los factores psicofisiologicos, tales como la excitacion, la distraccion y los trastornos de la atencion, nos prestan muy escasa ayuda para el esclarecimiento de las funciones fallidas, pues el problema que estas nos plantean es precisamente el de averiguar que es lo que en cada caso ha dado origen a la excitacion y a la particular desviacion de la atencion. Por otra parte, hemos de reconocer que las influencias tonales, las semejanzas verbales y las asociaciones corrientes de las palabras no dejan de poseer cierta importancia. Todos estos factores facilitan la equivocacion, indicandole el camino que debe seguir. Pero el que hallemos ante nosotros un camino, ?quiere acaso decir que hayamos de seguirlo? Nada de eso, pues sera necesario todavia un movil que nos decida a emprenderlo y una fuerza que nos impulse. Tales relaciones tonales y tales semejanzas verbales se limitan, pues, del mismo modo que las disposiciones fisicas, a favorecer la equivocacion oral, pero no constituyen desde luego una explicacion de la misma. Pensad que en la enorme mayoria de los casos nuestro discurso oral no se halla perturbado en ningun modo por el hecho de que las palabras que empleamos recuerden otras por asonancia, se hallen intimamente ligadas a sus contrarios o, por ultimo, provoquen asociaciones habituales. En rigor, podriamos decir, con el filosofo Wundt, que la equivocacion oral se produce cuando, a consecuencia de un agotamiento corporal, la tendencia a la asociacion vence todas las demas intenciones del discurso. Esta explicacion seria perfecta si no se hallara contradicha por la experiencia misma, que muestra, en una serie de casos, la ausencia de factores corporales, y en otros, la de asociaciones susceptibles de favorecer la equivocacion oral.

Entre vuestras interrogaciones encuentro particularmente interesante la que se refiere a como es posible fijar las dos tendencias interferentes. No sospechais probablemente las graves consecuencias que esta pregunta puede tener segun sea la respuesta que a ella se de. una de estas tendencias, la perturbada, es indudablemente conocida por el sujeto de la funcion fallida. Las dudas o vacilaciones no pueden, pues, nacer mas que en lo que se refiere a la otra, o sea a la tendencia perturbadora. Ahora bien: hemos dicho ya, y seguramente no lo habeis olvidado, que existe toda una serie de casos en los que esta ultima tendencia es igualmente manifiesta y nos es revelada por el efecto de la equivocacion, siempre que nos atrevamos a considerar este efecto independientemente de toda otra circunstancia. Recordemos la equivocacion en la que el presidente de la Camara dice todo lo contrario de lo que debia decir; es evidente que quiere abrir la sesion, pero no lo es menos que le agradaria levantarla. Es esto hasta tal punto inequivoco, que toda otra interpretacion resultaria superflua. Mas en otros casos, en los que la tendencia perturbadora no hace sino deformar la tendencia primitiva, sin manifestarse ella por su cuenta, ?como podremos deducirla de la deformacion producida?