Los efectos de la enfermedad depresiva en ambos progenitores o en uno de ellos (1958)
En el capítulo anterior examin algunos de los factores, inherentes tanto a los padres como a los hijos, que
promueven la desorganización de la vida familiar. Me propongo continuar con este tema general en los tres
capítulos siguientes, refiriéndome a la desintegración de la familia que puede ser el resultado de una
enfermedad psiquiátrica. Cuando se recurre a nosotros en situaciones en que la dinámica familiar
evidentemente ha fracasado, tratamos de comprender los factores subyacentes a las dificultades que se nos
describen, a fin de que nuestra ayuda sea más eficaz. No nos incumbe emitir juicios morales en estas
cuestiones, y tampoco me referir al problema económico, que rara vez constituye la nica fuente de las
dificultades.
Aquí examinar las consecuencias que la enfermedad depresiva tiene para la familia en ambos progenitores o
en uno de ellos. En primer lugar, me referir brevemente a las caractersticas de ciertas formas de enfermedad
psiquiátrica.
Clasificación de los trastornos psiquitricos
La enfermedad psiquiátrica puede dividirse artificialmente en dos clases: psiconeurosis y psicosis. Esta última
tiene que ver con la locura o con un elemento de insana oculto en la personalidad. La psiconeurosis utiliza el
mismo patrón que las defensas organizadas en la personalidad intacta, evitando o manejando la ansiedad
originada en la fantasía o en las relaciones interpersonales. El trastorno psiconeurótico del padre o la madre
significa una complicación para el niño, pero la psicosis configura una amenaza más sutil para el desarrollo
sano.
Por psicosis (1) entiendo una línea más profunda de defensa, los cambios que tienen lugar en la personalidad
del individuo frente a tensiones que superan su capacidad para manejarlas mediante los mecanismos
defensivos habituales, quizás porque dicha tensión y el patrón correspondiente a ella surgieron antes de tiempo.
El extremo de la psicosis es el individuo que debe ser internado en un hospital psiquiátrico. Un derrumbe
psicótico muy serio se parece a una dolencia física, en el sentido de que es fácil reconocerlo como enfermedad,
y los médicos saben cómo asumir su responsabilidad frente a un trastorno tan evidente.
La depresión, el tema que tratar aquí, es un trastorno afectivo o anímico, pero existen dos estados especiales
que quisiera describir ahora.
Uno de ellos corresponde a la personalidad psicopática, y aquí nos interesan sobre todo el padre, mientras que
la depresión afecta en particular a las madres. El psicópata es un adulto que no ha dejado atrás la delincuencia
de la infancia, la cual, en la historia del individuo, representó originalmente una tendencia antisocial en un niño
depravado. Al comienzo, la deprivación fue real y como tal la percibió el niño; significó la pérdida de algo que
era bueno, y pienso que algo sucedió en la realidad, después de lo cual nada volvi a ser igual. Por lo tanto, la
tendencia antisocial constituyó una compulsión a obligar a la realidad externa a aumentar el trauma original
que, desde luego, fue rápidamente olvidado, lo cual impidió que una simple reversión solucionara el problema.
En el psicópata, esa compulsión a obligar a la realidad a compensarlo persiste en la vida adulta, y a menudo
nos vemos llamados a solucionar los problemas que esta compulsión, en un progenitor o en ambos, crea en el
marco familiar.
El otro estado especial es el matiz particular que puede acompañar a la depresión o la tendencia antisocial, y
que tiene que ver con el delirio de persecución o la suspicacia. La tendencia a sentirse perseguido es una
complicación de la depresión, y en general hace que esta última resulte menos evidente como tal, porque esta
especie de locura (el delirio de persecución) sirve como un desvo que permite canalizar el sentimiento de
culpa que caracteriza a los melancólicos y los depresivos. Quienes padecen de este tipo de enfermedad oscilan
entre un absurdo sentimiento de maldad personal y la sensación irracional de que se los maltrata. En cualquiera
de los dos casos, podemos encontrarnos con que no estamos en condiciones de hacer nada para solucionar el
problema y debemos limitarnos a aceptar la enfermedad. El panorama es más optimista cuando la depresión no
est complicada por la suspicacia y el delirio de persecución, pues en estos casos más normales, el individuo
manifiesta cierta flexibilidad y una alternación más fácil entre el estado de nimo depresivo y el sentimiento de
que algo en el mundo externo constituye una mala influencia o un perseguidor.
La depresión en la madre o el padre
Voy a considerar ahora el tema de la depresión, que resulta de particular inters dada su más estrecha relación
con la vida corriente pues, aunque en un extremo de la escala ubicamos a la melancola, en el otro est la
depresión, un trastorno común a todos los seres humanos integrados. Cuando Keats dice, refirindose al
mundo: Where hit to think is to be full of sorrow and leaden-eyed despair, no quiere dar a entender que él
mismo careca de valores o que estaba mentalmente enfermo. Se trata aquí de un individuo que corrió el riesgo
de sentir las cosas profundamente y de asumir la responsabilidad. En un extremo, por lo tanto, están los
melancólicos, que se sienten responsables por todos los males del mundo, en particular los que a todas luces
nada tienen que ver con ellos, y en el otro, las personas verdaderamente responsables del mundo, las que
aceptan la realidad de su propio odio, su mezquindad, su crueldad, que coexisten con su capacidad para amar y
construir. A veces el sentimiento de su propia maldad las sume en profundo abatimiento.
Si consideramos la depresión en esta forma, entendemos que son las personas realmente valiosas de este
mundo las que se deprimen, incluyendo a los padres y las madres. quizás sea una pena que sufran de
depresión, pero peor aún es la imposibilidad de dudar o experimentar desaliento. Y la forzada alegra que
indica negación de la depresión se hace tediosa al cabo de un cierto tiempo, incluso durante una fiesta o una
celebración.
No existe una clara línea divisoria entre la desesperanza de una madre y un padre con respecto a un hijo y la
duda generalizada con respecto a la vida y el sentido de la vida. En la práctica, observamos la oscilación entre
la preocupación y la desesperanza, y a veces basta una pequeña ayuda de un amigo o de un médico para que un
individuo pase de la desesperanza a la esperanza, por lo menos momentáneamente. quizás este planteo vincule
la depresión común con la experiencia corriente de la vida. S que la depresión puede ser una enfermedad
paralizante, que requiere tratamiento, pero, por lo común es lo que todos nosotros sentimos cada tanto. No
queremos que nadie intente con bromas o consejos, "levantarnos el nimo", pero un verdadero amigo nos
tolera, nos ayuda un poco y espera.
He tenido oportunidad de observar la depresión en madres y padres porque tengo mi propio consultorio
externo en un hospital de niños desde hace treinta años. Miles de madres han acudido a él y allí hemos
examinado niños con todo tipo de trastornos, fsicos y psicolgicos. A menudo el niño no est enfermo, pero la
madre est preocupada hoy por su hijo; quizás maana no lo est, aunque las circunstancias lo justifiquen. No
tardó en aprender a pensar en mi consultorio como en una sección para el manejo de la hipocondría materna y
paterna. (Naturalmente, aunque en general eran las madres las que traían a los chicos, a veces lo hacían
también los padres, pero no me refiero aquí a ellos por motivos de orden práctico.)
Para las madres es importante poder llevar a sus hijos al médico cuando se sienten algo deprimidas. Desde
luego, a veces acuden a un consultorio para adultos y expresan su preocupación por el funcionamiento de sus
órganos internos o de alguna parte de su organismo que no está completamente sana. también puede ocurrir
que visiten a un psiquiatra para hablar abiertamente de su depresión; otras veces consultan a un sacerdote por
sus dudas con respecto a su propia bondad, o recurren a un charlatán o un curandero. El hecho es que el
sentimiento de duda está muy cerca de su opuesto, esto es, la creencia, y de un sentido de los valores, as como
del sentimiento de que hay cosas que vale la pena preservar.
Por lo tanto, al llamar la atención sobre la depresión, me refiero no slo a una seria enfermedad psiquiátrica,
sino también a un fenmeno casi universal entre personas sanas, estrechamente vinculado con su capacidad,
cuando no estn deprimidas, para cumplir una buena tarea.
Una de esas tareas consiste en formar y conservar una familia, por lo cual sta es una de las cosas que pueden
peligrar cuando el marido o la mujer est deprimido. Permtaseme ofrecer un ejemplo:
Una madre trae a su hijo al consultorio externo porque observa que ha adelgazado durante la semana anterior.
Me resulta evidente que se trata de una mujer crnicamente deprimida, y doy por sentado que, por el momento,
la preocupación por su hijo le proporciona cierto alivio, ya que habitualmente se preocupa algo vagamente por
s misma. A travs de mi contacto con el niño descubro que su enfermedad comenz con uno de los habituales
choques entre el padre y la madre, ocasin en que el padre pregunt de improviso a los dos hijos: "Quieren
vivir conmigo o con mam?", dando a entender que pensaban separarse. En realidad, el marido maltrata a su
esposa constantemente; es un hombre inmaduro e irresponsable, que se siente completamente feliz. Pero aquí
me interesa la madre y su estado depresivo crnico.
cómo manejo la preocupación de esta mujer con respecto a la prdida de peso de su hijo? En mi consultorio
externo el tratamiento no consiste en manejar la depresión de la madre por medio de la psicoterapia, sino en
examinar al niño. Por lo común no encuentro enfermedad alguna. Elijo este caso porque se trata de un niño que
haba comenzado a desarrollar diabetes. Un examen objetivo de su estado de salud y el consiguiente
tratamiento eran lo que la madre necesitaba. Su marido seguir maltratndola; ella continuar con su depresión
crnica y, a veces, se sentir profundamente deprimida. Pero, dentro de los lmites del problema, logr aliviar
su angustia. Naturalmente, además de un tratamiento para la diabetes, se ayud al niño a comprender la
situación hogarea. Con todo, no me sorprende comprobar que lo que hago no resuelve el problema más grave,
es decir, la depresión crnica de la madre.
La responsabilidad limitada en el trabajo social
En muchos casos resulta factible manejar eficazmente la depresión de una madre examinando el problema que
la preocupa y tratando de resolverlo. Por ejemplo, su manejo de la casa puede ser catico, y quizás haya
contrado inadvertidamente algunas deudas, a pesar de que desaprueba la deshonestidad; o tal vez su marido se
haya quedado sin empleo y ella no puede pagar las cuotas del aparato de televisin.
Otra madre me trae a su hijita, por motivos que no resultan muy claros; casi se dira que los sntomas que me
describe dependen de la sala del hospital que haya elegido. Si se tratara de un otorrinolaringlogo le
preguntara si es necesario operar a la nia de las amgdalas; si fuera un oculista, querra saber si la pequeña ve
bien. Puede anticiparse a las expectativas de un médico y describir cualquier sntoma que parezca interesarle.
Gracias a que logro redactar una cuidadosa historia clnica, la madre puede darse cuenta de sus propias
fluctuaciones en lo que respecta a su actitud para con la nia y comprobar que, en general, su hija se desarrolla
bien a pesar de las preocupaciones que experimenta cada tanto con respecto a ella. En realidad, la nia presenta
algunos sntomas, que incluyen una cierta prdida del apetito.
En este caso, decido que mi tarea consiste en decir a la madre algo parecido a esto: "Hizo usted muy bien en
traerme a la nia cuando empez a preocuparse por ella; para eso estamos. En mi opinin, la nia se encuentra
muy sana en este momento, y estoy dispuesto a reconsiderar mi opinin la semana que viene o cuando usted
quiera volver".
Aquí la madre ha recibido la reaseguración que necesita gracias a que he examinado a la nia y he tornado en
serio todos sus comentarios. Le resulta difícil creer que la nia est bien, pero quizás maana habr olvidado
su ansiedad. Sera totalmente absurdo que un médico le dijera a una madre de este tipo que est haciendo un
alboroto por nada, sobre todo cuando ello es absolutamente cierto.
Además, es importante recordar que cuando los padres padecen una enfermedad psiquiátrica, si queremos ser
un apoyo para la familia debemos estar dispuestos a mantenernos "del lado del hogar contra" la autoridad, o
cualquier otro factor que se haya convertido en un anatema para la madre o el padre.
A veces nos preguntamos por qu personas como las que he descrito no logran obtener ayuda por medios
naturales, con lo cual la acumulación de caos y desesperanza se convierte en parlisis. En la vida corriente, un
amigo habra hecho lo misma que nosotros en nuestra relación profesional. Pero algunas personas no hacen
amigos con facilidad. A menudo las personas con las que trabajamos son desconfiadas y se muestran retradas
o indiferentes; otras veces sucede que se han mudado de un barrio a otro, y carecen de la tcnica necesaria para
establecer contacto con los vecinos. Por lo común la gente es capaz de resolver las dificultades pequeñas, pero
un fracaso puede activar fácilmente una depresión latente, y el mero hecho de no poder pagar una cuota de un
crdito puede bastar para que surja la desesperanza con respecto a la vida y al sentido de la vida. Se ha
desencadenado algo que tiene que ver con cuestiones mucho más profundas que la adquisición de un aparato
de televisin.
Resulta claro que nuestra tarea no apunta tan slo a solucionar los problemas a medida que van surgiendo da a
da, pero dicho manejo es uno de los mtodos que las personas emplean en su lucha contra la depresión. El
manejo eficaz de un solo da de la vida significa esperanza; pero basta una pequeña dificultad para que surja la
amenaza de un estado completamente catico del que no habr recuperación posible.
La asistencia social como terapia
En buena parte de nuestra labor profesional actuamos como psicoterapeutas, aunque no hagamos
interpretaciones del inconsciente. Tratamos las depresiones, prevenirnos depresiones y ayudamos a la gente a
salir de ellas. Somos enfermeros mentales. En los hospitales para enfermos mentales, la dificultad de las
enfermeras radica en que resulta muy difícil tener xito, aunque, por fortuna, nosotros a menudo contamos con
la oportunidad de lograrlo. Lo que se exige de una enfermera en este tipo de instituciones es la tolerancia frente
al fracaso, que forma parte integral de su trabajo. Sin duda, ella debe envidiarnos por la oportunidad que
tenemos de triunfar debido a que nuestro contacto con la depresión tiene lugar en el extremo de la escala donde
existe una tendencia a la autocuración que a menudo podemos reforzar a travs de nuestra labor. Al mismo
tiempo, debemos reconocer que también nosotros encontramos a veces casos graves y debemos tolerar el
fracaso y, sin duda, tenemos que aprender a esperar antes de estar seguro de que se ha obtenido algn
resultado. Como psicoanalista, he tenido un excelente adiestramiento en lo que se refiere a esperar
interminablemente. también hay otros resultados exitosos que no lo parecen en el papel: cuando nos sentimos
seguros de que lo que hicimos vali la pena, aunque quizás el individuo en cuestin termine por volver a la
crcel, o una mujer se haya suicidado, o los niños hayan quedado bajo custodia judicial.
Cul es la diferencia entre una enferma depresiva internada en un hospital y la depresión que a menudo
podemos aliviar? No existe una diferencia esencial en cuanto a la psicologa de los dos casos. La paciente
melanclica hospitalizada, incapaz de hacer nada durante meses o incluso años, se golpea el pecho con los
puos y dice: "Desdichada de mi!"; es incapaz de preocuparse por nada en particular porque no puede
acercarse siquiera a la verdadera causa. En cambio, siente una culpa sin lmite y sufre interminablemente, y al
final, todos sufrimos a causa de su padecimiento. A veces afirma que ha matado a alguien que amaba, o que
por su culpa se produjo un accidente ferroviario en el Japn. No tiene sentido discutir con ella: nada lograr
convencerla.
Por otro lado, los casos más promisorios son aquellos en que la mujer que est deprimida puede deprimirse por
algo, algo que tiene sentido. Se preocupa porque no puede mantener su casa limpia, y aquí podemos
comprender que la realidad est entretejida con la fantasía; la depresión le impide cumplir con esa tarea, lo
cual, a su vez, la deprime.
Si la depresión asume la forma de una preocupación por algo, hay esperanzas, tenemos un camino de acceso.
Nuestra tarea no consiste en tratar de ayudar a la mujer a llegar a la verdadera fuente de su sentimiento de
culpa, como podra hacerse en un tratamiento psicoanaltico de varios años, pero s en ayudarla durante un
período de tiempo precisamente allí donde el individuo habla de fracaso, e infundirle as alguna esperanza.
Lo que quiero decir es que cuando la depresión de una madre se expresa en trminos de preocupación o
confusin contamos con una manera de tratar la depresión, ya que podemos referirnos a la preocupación o la
situación catica concreta. Por lo común, no resolveremos la depresión en esta forma, y a menudo lo más que
podemos lograr es romper un crculo vicioso en el que el caos o la desatención de los hijos refuerza la
depresión. En defensa de nuestra propia cordura, debemos tener siempre presente que el problema radica en la
depresión y no en la preocupación concreta que se nos plantea. A menudo vemos que la depresión desaparece
y que la madre puede entonces manejar detalles o pequeos inconvenientes que durante muchas semanas o
incluso meses le resultaron insuperables, o bien comienza a recurrir una vez más a la ayuda de sus amigos.
Y cuando la depresión desaparece, la mujer nos dice que todo se debi a una constipación, de la que se cur
tomando unas yerbas que le recomend la esposa del almacenero. No debemos preocuparnos por ello; sabemos
que hemos cumplido nuestro papel, influyendo indirectamente sobre la enfermedad de esta mujer y ayudndola
a resolver el conflicto interno que la sumerga tanto en el inconsciente.
Ejemplos clnicos
Una joven acude a m para solicitar tratamiento analtico. (No me referir aquí al prolongado anlisis de su
tendencia a la depresión.) Ahora ya ha salido del hospital en el que permaneci durante un ao, ha vuelto a
trabajar y tiene cierta tendencia a pasar por breves fases depresivas. Hace poco lleg muy deprimida por algo
que tena que ver con la calefacción de su nuevo departamento. Habra tratado de arreglar la instalación
antigua para ahorrar dinero, y ahora se encontraba con que deba adquirir artefactos nuevos. cómo podra
llegar a ganar lo suficiente para vivir? No vea nada alentador en su futuro, tan slo una batalla perdida de
antemano y una vida solitaria. Llor durante toda la sesin.
Cuando regres a su casa se encontr con que el problema de la calefacción ya estaba resuelto y con que
alguien le haba enviado algn dinero. Con todo, lo importante para nosotros es que su depresión desapareci
antes de llegar a su casa y enterarse de que ambos problemas ya no existan. Cuando lo comprob, ya se senta
llena de esperanzas, y aunque su situación real en el mundo no haba cambiado en absoluto, no abrigaba dudas
en el sentido de que poda ganarse la vida y yo haba compartido su fase de desesperanza.
Pienso que nuestra tarea se vuelve inteligible y gratificadora si tenemos presente el tremendo peso de la
depresión que debe disiparse dentro de la persona deprimida, mientras tratamos de ayudarla con su problema
inmediato, cualquiera sea ste. Hay un aspecto económico en nuestra tarea, y podemos llevarla a cabo si
hacemos lo adecuado en el momento propicio; pero si intentamos lograr lo imposible, el resultado es que
también nosotros nos deprimimos y el paciente no cambia.
Permtaseme ofrecer ahora otros dos ejemplos:
Se trata de excelentes personas que me consultaron en forma privada. Constituyen una familia tradicional y
viven en una hermosa casa rodeada de un amplio parque con toda clase de comodidades materiales. Me traen a
uno de sus hijos, pues piensan que su desarrollo sigue un camino falso. El muchacho tiene modales perfectos,
pero de alguna manera u otra, lo que ha perdido es su infancia.
Lo que quiero sealar es que, después de haber entrevistado en varias oportunidades a los dos hijos, descubr
gradualmente que era necesario que estuvieran a cargo de alguien que no fuera su madre, quien estaba pasando
por un período muy depresivo. Sigue un tratamiento y no cabe duda de que resolver el problema, pero mi
labor con sus hijos, que hasta ahora ha tenido bastante xito, ha hecho que la madre experimente una tremenda
sensación de fracaso. Le ha resultado traumtico tener que permitir que otra persona cuide de ellos. Lo que
hace ahora es preocuparse por su hija, que es absolutamente normal. Me pide que trate a la nia y es
importante que le haga saber cada tanto que la he estudiado desde todo los puntos de vista posibles y estoy
dispuesto a reconsiderar el caso, pero que por el momento, la considero una nia normal. Cualquier duda que
yo pudiera expresar sera entendida por la madre como una confirmación de su propia ansiedad en el sentido
de que es un fracaso como madre. Desde luego, se trata de una excelente persona, y ella y su marido han
logrado construir un hogar que perdurar y podr velar por los hijos hasta que hayan dejado atrás la
adolescencia y alcanzado esa independencia que comenzamos a llamar vida adulta. Tuve oportunidad de
entrevistarme con esta madre después de haber escrito estas lneas. Se est tratando v se siente mucho menos
deprimida que antes. Me dijo: "Hemos arreglado la casa y eso significa que ha desaparecido una grieta que
haba en el cielo raso de una de las habitaciones". Mi hija entr y dijo: "Qu suerte que esa grieta ya no est
más". (Sola sentir terror cuando la vea.) Le respond: "Evidentemente, su hija ha notado que usted est
mejor".
Uno de mis colegas se resisti durante mucho tiempo a aceptar todo lo relacionado con la psicologa. Era
cirujano, y creo que él mismo se sorprendi cuando me dijo un da que quera que examinara a sus hijos
porque le pareca que estaban plagados de sntomas. Lo que encontr fue una vida familiar sana, con mucha
tensión entre los padres pero suficiente estabilidad. Los sntomas de los niños eran normales para su edad, y
sabemos qu enorme cantidad de sntomas pueden presentar los niños cuando tienen dos, tres, y cuatro años.
Estuve a punto de pasar por alto lo más importante, esto es, la depresión de un colega, que asuma la forma de
dudas acerca de su capacidad como esposo y padre. Por fortuna, me di cuenta a tiempo y le dije: "Estos chicos
son lo que yo llamo normales". Su alivio fue enorme y duradero, v la familia ha seguido creciendo y
prosperando. Hubiera sido desastroso que, después de ver las ansiedades y dificultades en la vida de esos niños
y en la relación entre los padres, yo hubiera intentado resolverlas. Mi tarea era limitada y creo que en este caso
actu con eficacia, pero era necesario hacerlo inmediatamente, sin demora alguna y con tranquila certeza.
Pienso que incluso un test de inteligencia, o cualquier expresin de duda por mi parte, habra transformado este
caso en un problema muy difícil de manejar durante un largo período de tiempo. S que la esposa de mi colega
me habra odiado si yo hubiera sugerido que los niños necesitaban psicoterapia.
Quisiera ahora llamar la atención sobre el grado de depresión que un individuo puede soportar, sin daar
seriamente a los demás. He aquí un caso que servir como ilustración:
Se trata de una mujer particularmente brillante en el campo intelectual y que sin duda habra podido ocupar un
cargo de gran responsabilidad en la esfera de la educación. Con todo, prefiri casarse y ha criado tres hijos,
que ya estn casados; tiene ahora ocho nietos. Se podra decir que su vida ha sido notablemente exitosa, sobre
todo en lo que se refiere a la educación de los hijos y la formación de una familia. Pudo soportar la muerte
prematura del esposo, y logr no apoyarse excesivamente en los hijos, cuando siendo ya viuda, se vio obligada
a trabajar a fin de canalizar sus energas y ganarse la vida. Pude enterarme de que esta mujer padece desde
hace muchos años un severo episodio depresivo todas las maanas. Desde que despierta hasta que toma el
desayuno y se arregla, experimenta una muy profunda depresión que no slo la lleva a llorar sino también a
veces a experimentar impulsos suicidas.
Creo que esta mujer es tan enferma, desde que se levanta hasta que toma el desayuno, como muchos
melancólicos internados en hospitales psiquitricos. Ha sufrido intensamente, y, sin duda, su familia habra
llevado una vida aún más feliz s ella no hubiera tenido que luchar contra esta enfermedad. No obstante, en este
caso, como en el de tantas otras personas, la depresión se ha mantenido dentro de ciertos lmites, sin afectar
mayormente a los demás. En la medida de lo posible esta mujer ha llegado a aceptar que as es la vida para
ella. Durante el resto del da, lo nico que podra decirse es que se trata de una persona muy valiosa y que su
sentido de la responsabilidad es precisamente lo que los niños necesitan para sentirse seguros.
Con todo, estas personas bastantes normales que padecen depresiones tienen amigos, amigos que los conocen,
los quieren y los valoran, por lo que pueden proporcionarles el apoyo adecuado cuando ello resulta necesario.
Pero, qu ocurre con los individuos que además tienen dificultades para hacer amigos y recurrir a los vecinos?
Esta es la complicación que hace necesaria nuestra intervención, en forma profesional, a fin de ofrecer el
mismo tipo de ayuda que puede proporcionar un amigo, pero de manera profesional y con ciertas limitaciones.
La misma desconfianza que le impide hacer amistades entorpecer la capacidad de una persona para utilizarnos
en el terreno profesional. O bien puede ocurrir que se nos acepte como amigos y se nos idealice, de modo que
permanentemente omos hablar mal de alguna otra persona, sea una asistente social, las autoridades locales, el
comit para la vivienda, la familia de negros que vive en la planta baja, o los suegros. Este es un sistema
paranoide, dentro del cual lo bueno y lo malo estn separados por una ntida línea divisoria. Cuando por algn
motivo se nos ubica del lado de lo malo, quedamos excluidos.
Psicologa de la depresión
Concluir con una breve descripción de la psicologa de la depresión. ste constituye, sin duda, un tema
sumamente complejo, sobre todo porque hay varios tipos de depresión:
melancola severa; depresión que alterna con mana; depresión que se manifiesta como negación de la
depresión (estado hipomanaco); depresión crnica, con ansiedad más o menos paranoide; fases depresivas en
personas normales; depresión reactiva, relacionada con el duelo.
Todos estos estados clnicos presentan ciertos rasgos comunes. Lo más importante es que la depresión indica
que el individuo acepta la responsabilidad por los elementos agresivos y destructivos en la naturaleza humana.
Significa que la persona deprimida tiene la capacidad de soportar una cierta cantidad de culpa acerca de
cuestiones que son en general inconscientes, lo cual permite la bsqueda de una oportunidad para la actividad
constructiva.
La depresión constituye un signo de crecimiento y salud en el desarrollo emocional del individuo. Cuando las
etapas tempranas del desarrollo emocional no se han cumplido en forma satisfactoria, el individuo no llega a
sentirse deprimido. quizás esto resultar más claro si me refiero al desarrollo de un sentimiento de
preocupación. Si el crecimiento individual es normal, y solo en ese caso, en algn momento el niño comienza a
preocuparse por s mismo y por los resultados de su amor. Amar no significa tan slo un contacto afectuoso,
sino que debe reunir en s mismo las urgencias instintivas que tienen un origen biolgico, y la relación que se
desarrolla entre un niño y una madre (o el padre u alguna otra persona) contiene ideas destructivas. No es
posible amar libre y plenamente sin tener ideas que son destructivas. El surgimiento de un sentimiento de culpa
por esas ideas y urgencias destructivas que son inherentes al hecho de amar est seguido de la necesidad de dar
y reparar, y de amar en forma más adulta. (Desde luego, "amar" es paralelo a "ser amado".) La oportunidad
para la actividad constructiva forma parte integral del proceso del crecimiento y est ntimamente relacionada
con la capacidad para experimentar culpa y duda, y para deprimirse.
Con todo, gran parte de todo esto siempre es inconsciente, y la depresión como estado de nimo refleja
precisamente este hecho. Cuando la agresin y la destructividad que forman parte de la naturaleza humana, y la
ambivalencia, como se la llama a veces, en las relaciones humanas, se han alcanzado en el desarrollo personal,
pero han sido profundamente reprimidas y se han vuelto inaccesibles, entonces la melancola se presenta como
una enfermedad, una enfermedad en la que el sentimiento de culpa que es el agente paralizador ya carece de
sentido, y ste solo puede recuperarse a travs de un largo y profundo tratamiento psicoanaltico.
Con todo, conviene recordar que puesto que hay un poco de salud allí donde hay depresión, sta tiende a
curarse por s misma, y a menudo una pequeña ayuda exterior constituye el factor determinante de su
desaparición. La base para esta ayuda es la aceptación de la depresión y no la urgencia de curarla. Es
precisamente cuando el individuo puede dejarnos donde podemos proporcionarle ayuda, que tenemos nuestra
oportunidad para ofrecrsela en forma indirecta, recordando que lo que en realidad hacemos es actuar como
enfermeros mentales en un caso de depresión. NOTAS:
(1) El efecto de las psicosis en la vida familiar es tratado en los Caps. 8 y 9.