Cuando
el joven Marx cuenta con 17 años y redacta tres ensayos escolares, para
aprobar su bachillerato, las ideas humanísticas de la revolución
francesa son las que dominan el ámbito cultural de la región Renana de
Alemania, donde nació en 1818 y donde recibió la influencia de su
padre, de sus maestros y de su futuro suegro.
En el
momento histórico en que escribe estos trabajos, el joven alemán revela
una transición de su pensamiento cristiano, debido desde la infancia, a
un pensamiento humanista revolucionario.
El primero
de estos tres escritos sobre el emperador Augusto, carece de valor,
según su biógrafo Mc Lellan y desgraciadamente no ha sido traducido a
nuestro idioma español.
El segundo, “Una
demostración, según el evangelio de San Juan, naturaleza, necesidad y
efectos de la unión de los creyentes de Cristo”, expresa todavía, la
filosofía cristiana que imperaba en el ambiente escolar.
Será
el tercer documento, “Reflexiones de un joven al elegir profesión”. El
que refleje ese cambio mental del joven, que pasó del pensamiento
religioso, a la conciencia materialista histórica y con ello al papel
revolucionario del hombre y de las masas, en la transformación de la
sociedad.
La transformación se manifiesta desde las
primeras líneas, cuando afirma que el desarrollo del ser humano es de
dos niveles, el personal y el social, y que ambos deben estar
vinculados, hasta el grado de que ninguno de ellos puede evolucionar
sin el otro.
Después de expresar algunos residuos de
la influencia religiosa y de pasar a algunos temas filosóficos
humanistas, el joven estudiante concluye con un manifiesto filosófico
que será la meta a la que dedicará toda su vida: trabajar por el bien
de la humanidad.
Franz Mehring, biógrafo de Marx,
dice que la calificación que recibió Marx reconocía que estos ensayos
se distinguían por su riqueza de ideas y su buena distribución
sistemática, aunque el alumno seguía recurriendo en el vicio, que era
peculiar, de rebuscar exageradamente hasta encontrar expresiones raras
y llenas de imágenes.
En este tercer ensayo se
percibe la extraordinaria inteligencia y las altas cualidades del
muchacho. Al elegir una carrera, Marx desdeña la vanidad, la ambición
egoísta y la búsqueda de una brillante posición económica. Guiado por
la conciencia del deber social, considera que su misión es dedicar toda
su vida al servicio de la humanidad.
Otro autor,
Rafael Jerez, escribe que este documento juvenil, resume bastante bien
la primera asimilación personal de los estímulos culturales recibidos
por el joven, en su medio social primario: la familia, la parroquia, el
instituto y los amigos, mayores y pequeños.
En
conclusión: imbuido de racionalismo crítico a sus 17 años, Marx parece
haber optado por esas altas actividades humanas que se alimentan de
verdades abstractas y exigen de uno mismo el sacrificio de la vida
misma. La elección en general estaba hecha: solo faltaba que la
experiencia biográfica la concretase .
2.- LA TESIS DOCTORAL
Con el fin de obtener un puesto de catedrático en la Universidad, Carlos marx en 1839 comenzó a trabajar en su tesis doctoral.
Durante
todo ese año y comienzos del siguiente, leyó e hizo extractos de
diversos libros. El título de estas notas fue: “La filosofía epicúrea”.
Estudió a Hegel, Aristóteles, Leibniz, Hume y Kant y otros autores. Los
temas que abordó fueron: la relación entre epicureismo y estoicismos,
el concepto de sabio en la filosofía griega, las ideas de Sócrates y
Platón sobre la religión y las perspectivas de la filosofía
pos-Hegeliana.
En su tesis doctoral titulada
“Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro”,
marx se coloca al lado de Epicuro y su ética de la libertad, en contra
del determinismo mecanicista de Demócrito.
Según
Marx, Epicuro no copió la física de Demócrito, sino introdujo la idea
de espontaneidad en el movimiento de lo átomos, agregando a la
naturaleza inanimada del mundo de Demócrito, regulado por leyes
mecánicas, un mundo de naturaleza animada en donde operaba la voluntad
humana.- Marx prefirió la visión de Epicuro, por su énfasis sobre la
autonomía absoluta del espíritu humano que liberaba a los hombres de
todas las supersticiones de objetos trascendentes y por el énfasis
sobre la libre Autoconciencia individual que mostraba una vía que podía
ir más allá del sistema de una filosofía total.
Mientras
que Demócrito aceptaba sumisa y mecánicamente, los mandatos de los
dioses, Epicuro se rebelaba y preguntaba: ¿dónde queda el libre
arbitrio, la voluntad de los seres vivos arrancada a los dioses?
Epicuro
el más grande racionalista griego, como Marx le llamaba, lucha contra
la religión que con su mirada amenazadora, aterroriza desde lo alto del
cielo a los mortales.
En esta tesis doctoral, Marx continúa en el terreno idealista de la filosofía hegeliana.
A
pesar de que el tiempo le daría la razón a Demócrito, Marx defendía a
Epicuro porque este filósofo como el mismo Marx, se alzaba contra el
peso oprimente de la religión y desafiaba a los dioses, “sin que los
rayos le aterrasen, ni los gruñidos de los dioses, ni la sorda cólera
del cielo”.
Marx apoya las palabras de Epicuro: “no
es ateo el que desprecia a los dioses del vulgo, sino quien abraza las
ideas del vulgo acerca de los dioses”.
La rebeldía
revolucionaria del joven filósofo alemán se manifiesta en su
identificación con Prometeo quien dijo: “dicho en pocas palabras, odio
a todos los dioses”.
Para Marx, Prometeo es el santo
y el mártir más sublime del calendario filosófico. La rebeldía
filosófica de Marx era la confesión sencilla y recogida del hombre que
había de ser, con el tiempo, otro Prometeo, así en la lucha como en el
martirio.
Según Stepánova, Marx defendió con
admiración la osadía de Epicuro, porque luchó contra la religión de su
época, Marx era adversario irreconciliable de todo intento de
subordinar la ciencia a la religión, así como de hacer un lado el libre
pensamiento.
Al declarar la guerra a todos los dioses,
de los cielos y de la tierra, Marx aparece no sólo como ateo, sino
también como revolucionario, valiente luchador contra el “Estado
cristiano”, la monarquía absoluta prusiana que oprimía políticamente al
pueblo alemán.
3.- LOS ARTICULOS PERIODÍSTICOS
En
1842, en el primer estudio que Marx redactó, compuesto de seis largos
artículos, analizó la publicación de los debates de la Dieta Renana
acerca de la libertad de prensa.
Poco antes de la
censura oficial prusiana, le había censurado otro extenso trabajo
periodístico, en el que el joven escritor criticaba la censura del
gobierno.
El estilo humanista de Marx se manifestaba
cuando comentaba la publicación de los debates de la Dieta Renana, en
los que no se citan los nombres de los representantes que intervinieron
en dichas discusiones. El joven alemán dice que la Dieta no soporta la
luz del día y si los lectores confiaron, al elegir a sus representantes
éstos a su vez, al ocultarse en el anonimato no confían en el juicio de
la provincia que les dio su confianza.
Cuando un
orador alemán reclamó la libertad de prensa como integrante de la
libertad de industria, Marx respondió: ¿Acaso es libre la prensa
degradada a industria?. Es innegable que el escritos tiene que ganar
con el trabajo de su pluma para existir y escribir, pero jamás existir
y escribir para ganar. La primera libertad de la prensa consiste
precisamente en no ser una industria. “Al escritor que prostituye esa
libertad de prensa, convirtiéndola en medio material, le está bien
empleada como castigo de esa esclavitud exterior de la censura; o por
mejor decir, ya su propia existencia es su castigo”.
Durante
toda su vida, Marx había de corroborar prácticamente, lo que aquí exige
de todo escritor; sus trabajos fueron siempre fin y jamás un medio,
hasta tal punto fueron, para él y cuantos le rodeaban, que llegó a
sacrificarles, siempre que fue necesario, su propia existencia.
El
segundo estudio sobre los debates de la Dieta Renana, acerca de la
“historia arzobispal”, (inédito en español), fue suprimido también por
la censura oficial.
En una carta a Arnold Ruge, del 9
de Julio de 1842, Marx le dice: “Mi segundo artículo acerca de la
Dieta, el referente a los líos eclesiásticos, ha sido tachado. En él
demostraba cómo los defensores del Estado se habían colocado en el
punto de vista clerical y los defensores de la iglesia en el punto de
vista del poder civil”.
En el tercer estudio formado
por cinco artículos, Marx analiza los debates reñidos en torno a una
ley sobre los robos de leña. Con este tema -nos dice Mehring- el autor
descendía a la tierra llana o en otras palabras, se veía sujeto a la
perplejidad de tener que tratar de intereses materiales que no estaban
previstos en sistema ideológico de Hegel.
Esta ley
trataba de la batida capitalista contra los últimos vestigios de
propiedad comunal sobre el suelo, de una cruel expropiación contra las
masas populares. De los 207,478 procesos criminales seguidos por el
Estado prusiano en 1836, unos 150,000 se referían a robo de leña y
transgresiones contra la propiedad forestal, costos de caza y
guardería.
En estos debates triunfó el interés
expoliador de la gran propiedad privada. Marx enfrentándose a ese
interés , con su crítica tajante, tomó partido “por la muchedumbre
pobre, política y socialmente desposeída”.
El
periodista pedía que a los pobres, amenazados de ruina, se les
garantizasen sus derechos consuetudinarios. Su defensa no era
económica, ni política, todavía era jurídica.
El
joven escritor denuncia las granujadas de los propietarios de extensos
terrenos y bosques, quienes al defender sus intereses particulares,
pisoteaban la razón y la lógica, la ley y el derecho, atentando
también, muy directamente, contra el interés público, para luchar a
costa de los pobres y los miserables. Para perseguir a los pobres
campesinos que atentan contra la propiedad de los terratenientes, la
Dieta no se ha contentado con romperle al derecho brazos y pierna, sino
que le ha atravesado el corazón -dice Marx-.
Mehring,
en su famosa biografía, afirma que, con este ejemplo de la ley sobre
los robos de leña, Marx demostró que los integrantes de la Dieta Renana
representaban y defendían los intereses económicos de los grandes
propietarios de la tierra en Alemania.
En este
trabajo, aunque Marx todavía estaba influido por la filosofía hegeliana
del derecho y del Estado, no reverenciaba al Estado prusiano como el
Estado ideal, como lo hacían los viejos hegelianos conservadores, sino
contrastando la realidad del Estado prusiano con la pauta del Estado
Ideal, que se desprendía de los supuestos filosóficos de que arrancaba
Hegel.
Marx veía en el estado, el gran organismo en
que debían encarnar y realizarse la libertad jurídica, la libertad
política y la libertad moral y en el que el ciudadano, súbdito suyo, al
someterse a las leyes del Estado, no hacía más que obedecer a las leyes
naturales de su propia razón, la razón humana.
Varios
autores, reconocen la importancia de este ensayo sobre los robos de
leña, en la radicalización política que experimentó el joven Marx.
Mc
Lellan, por ejemplo, asienta que en este artículo, Marx discutió las
cuestiones del robo de la leña, desde un punto de vista legal y
político, sin mucho detalle histórico y social, y el autor solicita que
el Estado defendiese la ley tradicional frente a la capacidad del rico.
Años después, el propio Marx reconoció la importancia
de ese artículo. Engels, su compañero de lucha, también dijo que por
ese trabajo, Marx se vio llevado de la política pura a las relaciones
económicas y de allí al socialismo. Lenin escribió: aquí se perfila el
paso del idealismo al materialismo y de la democracia revolucionaria al
comunismo.
4.- CRITICA DEL DERECHO DEL ESTADO DE HEGEL
En
1841, el joven Marx al leer La Esencia del Cristianismo de Feuerbach,
encuentra las armas filosóficas para poder criticar a Hegel.
En
este libro, Feuerbach demuestra que no es la religión quien hace al
hombre, sino el hombre quien hace la religión. Los seres superiores que
crea nuestra fantasía, los dioses, son producto de la proyección
fantástica de nuestro propio ser.
Marx no sólo
asimila los aspectos positivos de la filosofía de Feuerbach, sino
también crítica su aspecto negativo : En la carta a Ruge, le dice: “Los
aforismos de Feuerbach me parecen desacertados en un punto: hace
demasiado hincapié en la naturaleza, sin preocuparse en los debidos
términos de la política. Sin esta alianza, la filosofía actual no
llegará a ser nunca una verdad.
En virtud de que el
materialismo de Feuerbach no tocaba la política, será Marx quien
abordará la filosofía del Derecho del Estado, tan concienzudamente como
Feuerbach, investigó la filosofía hegeliana de la naturaleza y la
religión.
Según la filosofía política de Hegel, la
conciencia humana se manifiesta a sí misma objetivamente en las
instituciones jurídicas, morales, sociales y políticas del hombre.
Estas instituciones permiten al espíritu alcanzar plena libertad y el
logro de esta libertad se hace posible por la moralidad social presente
en los grupos sucesivos de la familia, la sociedad civil y el Estado,
La familia educa al hombre en la autonomía moral, mientras que la
sociedad civil organiza la vida económica, profesional y cultural. Sólo
el nivel supremo de la organización social -el estado- es capaz de
sintetizar los derechos particulares y la razón universal en la fase
final de la evolución del espíritu objetivo. Hegel rechazaba con ello
la idea de que el hombre fuese libre por naturaleza y que el Estado
recortaba esta libertad natural.
Hegel consideró que el Estado ideal que describía se hallaba presente en Prusia.
Marx
revisó los poderes monárquicos, ejecutivos y legislativos, en lo que
según Hegel el estado se dividía a sí mismo, mostrando que la supuesta
armonía lograda en cada caso era, de hecho, falsa.
Así
como la religión no hace al hombre, sino al contrario, la Constitución,
no hace al pueblo, sino que es el pueblo quien hace la Constitución.
Hegel
entendía por burocracia un cuerpo de funcionarios superiores que se
reclutaban entre las clases medias. A ellos venía confiada la
formulación de los intereses comunes y la tarea de mantener la unidad
del Estado. El monarca desde arriba y la presión de las corporaciones
desde abajo, impedían que sus decisiones fueran arbitrarias.
Marx
rechazaba la presunción de Hegel de que la burocracia fuese una clase
imparcial y en cuanto tal “universal”. Marx afirmó que los burócratas
habían acabado en la práctica por volver a sus propios asuntos
privados, creando un interés de grupo seccionado de la sociedad, siendo
en el interior del Estado una sociedad particular y cerrada, la
burocracia apropiándose de la conciencia, voluntad y poder des Estado
Para profundizar en su crítica a Hegel, Marx estudio las teorías de Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau y otros políticos.
Para
Hegel el hombre real que produce el Estado y la sociedad civil, se
presenta como producto de la idea o del Estado , como encarnación de la
idea del espíritu o la razón.
En la transformación de
lo condicionante en condicionado reside la mistificación o
especulación, característica de la filosofía política hegeliana.
Marx
critica a Hegel por presentar lo real como ideal, o por mostrar la
sociedad civil (esfera de los intereses particulares y de las
relaciones materiales) como una determinación de la idea. Marx denuncia
esta mistificación que consiste en hacer de lo real, de lo empírico (la
sociedad civil) un hecho ideal. Hegel pretende presentar al Estado como
es realmente, pero en realidad lo presenta como es idealmente. La
sociedad civil aparece como un atributo del Estado, cuando en verdad es
lo contrario.
Hasta aquí (1843) Marx no pudo todavía
llevar su crítica hasta las últimas consecuencias. Ignora el papel de
la producción material, de la industrial y del trabajo, así como las
relaciones que los hombres contraen en la producción, carece del
concepto de la clase social, y desconoce aún cuál es el agente
histórico fundamental o clase revolucionaria que producirá el cambio
que conduzca a la nueva sociedad.
Al criticar al
Estado debe pasar al plano de las relaciones materiales. Para salvar el
límite de su crítica de la filosofía especulativa de Hegel, tiene que
iniciar una crítica de la economía política. LA filosofía empuja hacia
la economía política.
5.- SOBRE LA CUESTION JUDIA
En
1843, Marx publicó en la revista “Anales Franco-alemanes”, dos
artículos: un comentario de dos trabajos de Bruno Bauer sobre la
cuestión judía. El primero de ellos es un resumen filosófico de la
sociedad socialista y el segundo un resumen filosófico de la lucha
proletaria de clases.
En el artículo “Sobre la
cuestión judía”, el autor investiga la diferencia entre la emancipación
humana y la emancipación política.
Los judíos se
regocijaban viendo a los nacionalistas hundir el escalpelo crítico en
el cuerpo de la religión cristiana, por ellos tan aborrecida, pero
cuando le llegaba el turno a la religión judía, ponían el grito en el
cielo, clamando traición contra la humanidad. Y reclamaban la
emancipación política de los judíos, pero no en un sentido de
equiparación de derecho, ni con la intención de renunciar a su posición
privilegiada, sino antes al contrario, atentos a reforzarla y
dispuestos en todo momento a sacrificar los principios liberales en
cuanto éstos se opusieran a sus intereses de casta.
Feuerbach
había analizado la fe judía como la religión del egoísmo: “Los judíos
se han mantenido con su fisonomía característica hasta los tiempos
actuales. Su principio, su Dios, es el principio más práctico del
mundo: El egoísmo bajo la forma de religión. El egoísmo aglutina,
concentra al hombre sobre sí mismo, pero le hace teóricamente limitado,
imbuyéndole indiferencia en cuanto no toca directamente a su propio
bienestar.
La religión judía -decía Bauer- era toda
ella astucia animal para satisfacer las necesidades de los instintos y
acusaba a los judíos de haberse opuesto desde el primer momento al
progreso histórico, creándose, en su odio a todos los pueblos, la más
aventurera y mezquina de las vidas nacionales.
Pero,
a diferencia de Feuerbach, que pretendía explicar la esencia de la
religión judaica por el carácter del pueblo judío, Bauer, a pesar de
toda la hondura, la audacia y la agudeza que Marx elogiaba en sus
estudios sobre la cuestión judía, no acertaba a enfocarla más que a
través del cristal teológico.
Los judíos rescribía
bauer -solo podrán remontarse a la libertad, igual que los cristianos,
superando su religión. El Estado cristiano no podía, por si carácter
religioso, emancipar a los judíos, ni estos podían tampoco, por su
carácter religioso, mientras no cambiasen, o ser emancipados.
Cristianos y judíos tenían que dejar de ser lo que eran por su
religión, cristianos y judíos, para convertirse en hombre libres. Y
como el judaísmo, en cuanto a religión, había sido superado por el
cristianismo, el judío tenía que recorrer el camino más largo y
espinoso que el cristianismo para llegar a la libertad.
A
juicio de Bauer, los judíos no tenían remedio que someterse a la
disciplina del cristianismo y de la filosofía hegeliana , si querían
llegar a ser libres.
Marx por su parte, replicaba que
no era suficiente investigar quién había de ser el emancipador y quien
el emancipado, sino que la crítica debía indagar de que clase de
emancipación se trataba, si de la emancipación política meramente o de
la emancipación humana.
“La emancipación política es
la reducción del hombre, de una parte, a miembro de la sociedad
burguesa, a individuo egoísta e independiente; de otra parte su
reducción a ciudadano del Estado, a persona moral. Solo cuando el
hombre individual y verdadero absorba en sí al ciudadano abstracto del
Estado, para tornarse en ser genérico como tal hombre individual, con
su vida empírica, su trabajo individual y sus condiciones individuales;
solo cuando el hombre haya reconocido y organizado sus fuerzas propias
como las fuerzas sociales, sin que, por tanto, separe ya de su persona
la fuerza social bajo la forma de fuerza política, sólo entonces,
podremos decir que la emancipación humana se ha consumado”.
Con
este artículo, Marx consiguió dos cosas, primero puso al desnudo las
raíces de las relaciones entre las sociedad y el Estado. El Estado no
es, como pretendía Hegel, la realidad de la idea moral, la razón
absoluta y el absoluto fin en sí, sino que tiene que contentarse con el
papel, mucho más modesto, de amparar la anarquía de la sociedad
burguesa, que le erige en guardián suyo.
En segundo
término, descubre que las cuestiones religiosas del día no tienen, en
el fondo, mas que una significación social. Para indagar el desarrollo
del judaísmo, no acude a la teoría religiosa, sino a la práctica
industrial y comercial, de la que la religión judía es, a su juicio, un
reflejo imaginativo. El judaísmo práctico no es más que la consumación
del mundo cristiano. En una sociedad burguesa comercial y judaizada
como la nuestra, el judío tiene un puesto de derecho propio y puede
reclamar la emancipación política, como el goce de sus derechos
generales del hombre. Pero la emancipación humana implica una nueva
organización de las fuerzas sociales, que haga al hombre dueño y señor
de sus fuentes de vida.
En trazos borrosos, Empieza a dibujarse ya, en este artículo, la imagen de la colectividad socialista.
6.- LA FILOSOFIA DEL DERECHO DE HEGEL
El
segundo artículo publicado por Marx en los “Anales Franco-alemanes”, es
el titulado “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de
Hegel”.
En este documento, Marx resume su crítica de
la filosofía judía hegeliana diciendo que la clave para la inteligencia
del proceso histórico no había que buscarla en el Estado, que tanto
ensalzaba Hegel, sino en la sociedad, que él tanto condenaba.
Marx,
en este trabajo, entronca directamente con Feuerbach, de quien dice que
ha apurado substancialmente la crítica de la religión, condición previa
de toda critica. Es el hombre quien hace la religión, no la religión
quien hace al hombre -apunta Marx- no es ningún ser abstracto, que
flote fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado,
la sociedad, que hace brotar la religión como una conciencia invertida
del mundo, al revés. Luchar contra la religión es por tanto,
indirectamente, luchar contra este mundo de que la religión es el aroma
espiritual. Y surge así como misión de la historia establecer la
verdad. Por donde la crítica de la teología es la crítica de la
política.
Este ensayo, el último de tipo netamente
filosófico, también tiene el mérito de señalarnos, no solo el paso de
la filosofía a la política y de ésta a la economía política, sino
también nos indica el paso del análisis teórico a la toma de conciencia
de la importancia de la práctica política, es decir de la importancia
de la militancia.
El arma de la crítica no puede
naturalmente, suplantar la crítica de las armas; el poder material sólo
puede derrocarse con otro poder material, pero también la teoría se
convierte en fuerza colectiva en cuanto se adueña de las masas y se
adueña de las masas pronto como se hace radical. Sin embargo una
revolución radical necesita de un elemento positivo, de una base
material; en los pueblos, la teoría no se ha realizado nunca más que en
la medida en que da realización a sus necesidades. No basta que la idea
clame por realizarse; es necesario que la realidad misma clame por la
idea.
De la imposibilidad de la revolución a medias
infiere Marx la posibilidad positiva de la revolución radical. Y
preguntándose en qué reside ésta posibilidad, contesta: “En la
formación de una clase cargada de cadenas radicales, de una clase de la
sociedad burguesa que no es clase alguna de la sociedad burguesa, es un
estamento que implica la disolución de todos los estamentos, de una
esfera a quien sus sufrimientos universales presentan un carácter
universal y que no puede reivindicar para sí ningún derecho aparte,
porque el desafuero que contra ella se comete no es ningún desafuero
específico, sino la injusticia por antonomasia; que no puede invocar
ningún título histórico, sino solamente el título humano, que no es
parcialmente incompatible, con las consecuencias, sino totalmente
incompatible con los fundamentos del Estado; de una esfera, en fin, que
no puede emanciparse sin emanciparse de todas las demás esferas de la
sociedad, emancipándolas al mismo tiempo a ellas; que presentando, en
una palabra, la total pérdida del hombre, sólo puede volver a
encontrarse a sí misma, encontrando de nuevo totalmente al hombre
perdido. Esta disolución se la sociedad es proletariado”.
Si
la filosofía encuentra en el proletariado su armas materiales, el
proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales, y tan
pronto como el rayo de la idea haya prendido en el pueblo, sonará la
hora de la emancipación humana.
La filosofía no podrá
realizarse sin la disolución del proletariado, ni el proletariado se
disolverá sin hacer realidad la filosofía.
Stepánova
nos dice, acerca de este importante artículo de Marx, que su autor, al
contrario de Hegel, llegó a la conclusión de que no es la sociedad
civil la que depende del Estado, sino viceversa, el Estado depende de
la sociedad civil, y que la anatomía de la sociedad civil hay que
buscarla en la Economía Política. A partir de esta conclusión Marx
concluyó que la propiedad privada determina el contenido del Estado y
el Derecho. De este modo Marx se acercó a su siguiente paso: la
interpretación materialista histórica del Estado como instrumento de
dominio de la clase explotadora y opresora.
7. LOS CUADERNOS DE PARIS
Desde
las primeras líneas de estos escritos económicos, que inician un largo
período de estudios de la economía, el joven Marx adopta una posición
crítica hacia la economía política clásica burguesa.
Después
de pasar revista a las tesis de algunos economistas, Marx escribe a
cerca de la enajenación al dinero, es decir al espejismo de creer que
la esencia de las relaciones entre los hombres es la relación entre los
poseedores de dinero, cuando en realidad es la relación entre los
productores de riqueza, entre seres humanos, la verdadera relación
humana, relación que se oculta detrás del intercambio de dinero, siendo
éste solo un instrumento para el cambio de mercancías.
Marx compara la comunidad humana y la sociedad comercial. El tipo de intercambio relaciona a las dos.
En
la comunidad humana la relación entre individuos, con el intercambio
complementan mutuamente la satisfacción de sus necesidades. El
intercambio corresponde aquí al verdadero ser comunitario, al a esencia
humana. En esta comunidad, que existió antes de la propiedad privada,
durante el matriarcado, no existía el dinero, ni la enajenación.
El
hombre enajenado es aquel a quien su actividad se le presenta como un
tormento, su propia creación como un poder ajeno, su riqueza como
pobreza; que el vínculo esencial que le une a los otros hombres se le
presenta como un vínculo accesorio y la separación respecto de los
hombres como su existencia verdadera; que su vida se le presenta como
un sacrificio de su vida, su producción como producción de su nada, su
poder sobre el objeto como poder del objeto sobre él; que el amo y
señor de su creación, aparece como esclavo de esta creación.
Para
Marx el intercambio en su forma comercial, lejos de ser adecuada a la
esencia humana, es su enajenación o su enajenación como ser genérico o
humano.
Desgarrando el velo ideológico de la
experiencia, Marx encuentra que al no relacionarse los hombres como
hombres con las cosas, no tienen un verdadero poder sobre los objetos,
es decir, nuestro propio producto se ha vuelto contra, pero en verdad
nosotros somos su propiedad.
Las cosas y su lenguaje
ocupan el lugar del hombre. El lenguaje enajenado de los calores
cosificados se nos presenta como si fuera lenguaje humano. Lo que
sucede es que el hombre al relacionarse sólo por medio o instrumento de
su propio objeto, se cosifica, se deshumaniza.
El intercambio, producto de la propiedad privada, desemboca en la esclavitud de los productores entre sus propios productos.
La
enajenación humana expresa en el hecho de que la relación entre los
hombres se presenta como si fuera relaciones entre objetos, entre
cosas, mismas que siendo producto y creaciones de los seres humano, se
manifiestan como si fueran cosas humanizadas o seres humanos que
dominan a sus propios creadores. Un ejemplo de ello lo tenemos en los
anuncios comerciales donde las mercancías cobran vida y toman formas
humanas.
El dinero no sólo es endiosado, sino hasta
logra sustituir a Dios: El dinero es el Dios ante el cual no puede
prevalecer legítimamente ningún otro Dios. El dinero humilla a todos
los dioses del hombre y los convierte en mercancía.
La
enajenación del dinero se manifiesta en que la relación entre el
mediador (el dinero) y los productos se invierten ideológicamente. El
dinero no vale porque representa los productos del hombre, sino que
aparentemente, estos productos solo tienen valor en la medida en que el
dinero los representa.
Todos los atributos del ser humano pasan a ser atributos del dinero son productos de su creador; el ser humano.
8.- MANUSCRITOS ECONOMICO-FILOSOFICOS
En
1844, el joven filósofo alemán inicia sus manuscritos económicos por en
análisis de las tres fuentes de ganancia: el salario, la ganancia del
capital y la renta del sueldo.
Su siguiente paso fue
llegar a la conclusión de que el punto de partida real del análisis de
estas fuentes de ganancia no es el salario sino la ganancia del
capital.
Esta conclusión tiene importancia
metodológica porque muestra que Marx, desde el principio, vio la raíz
de todos los problemas de la sociedad burguesa, en el capital y en su
naturaleza relacionada con el fenómeno peculiar de la ganancia del
capital.
El capital es trabajo acumulado. Pero no
todo trabajo acumulado es capital, sólo el que asegura a su propietario
cierto beneficio o ganancia.
Únicamente la ganancia lleva con regularidad, nuevo trabajo materializado al capital inicial.
Considerando
que el poseedor del capital no es el verdadero propietario del trabajo
acumulado, sino lo son los trabajadores que lo producen, podemos
afirmar que el capital es trabajo ajeno acumulado o, como escribe Marx,
“Propiedad privada de productos de trabajo ajeno”.
La
paradoja es que los productos del trabajo no son considerados productos
ajenos. Por el contrario, la legislación vigente el la sociedad
capitalista los considera pertenecientes al detentador del capital,
quien es un parásito.
La ley está de parte del
capitalista, en otras palabras, el capitalista es el dueño de la ley.
Junto con el capital el hombre no solo adquiere bienes, sino también el
poder de gobernar. El capitalista posee este poder de gobernar no por
sus cualidades personales o humanas, sino porque es propietario del
capital, propietario según sus propias leyes.
La
economía política burguesa considera al obrero como si fuera un caballo
que debe recibir lo que le capacite para trabajar. No tiene en cuenta
cuando no trabaja, ni lo considera ser humano, transfiere estas
apreciaciones a la ley criminal, a los médicos, a la religión, a las
tablas estadísticas, a la política y a los que vigilan a los mendigos.
Para
concluir leamos lo que el propio Marx escribió en su famosos
“manuscritos económicos-filosóficos de 1844”; “El trabajador se
empobrece más cuando más riqueza produce, cuanto más poderosa y extensa
se hace su producción.
“A medida que se valoriza el
mundo de las cosas, se desvaloriza el mundo de los hombres. El trabajo
asalariado, bajo el capitalismo, no produce solamente mercancías; se
produce a sí mismo y produce al obrero como una mercancía y hace esto,
en la misma proporción en que produce mercancías en general.
“El
objeto producido por el trabajador, su producto, se le enfrenta al
productor, como algo ajeno, como una potencia independiente del obrero.
“La realización del trabajo es su objetivación. Esta
realización del trabajo, tal como se presenta en la economía política
burguesa aparece como la desrealización del trabajador, la objetivación
se manifiesta como la pérdida y servidumbre del objeto, la apropiación
como enajenación, como alineación.
“La apropiación
del objeto se manifiesta hasta tal punto como enajenación, que cuando
más objeto produce el trabajador, menos puede poseer y más cae bajo la
independencia de su producto, del capital.
“Cuando
más se mate el obrero a trabajar, más poderoso es el mundo ajeno de
objetos creados por él en contra suya, más se empobrece él mismo y su
mundo interior, menos le pertenece éste a él como suyo propio. Lo mismo
ocurre en la religión. Cuando más pone el hombre en Dios menos se
retiene para sí mismo.
“La enajenación del trabajador
en su producto no significa solamente que su trabajador se traduce en
un objeto, en una existencia externa , sino que ésta existe fuera de
él, como algo ajeno y que adquiere frente a él un poder propio y
sustantivo; es decir que la vida infundida por él al objeto se le
enfrenta ahora como algo ajeno y hostil.
El trabajo
asalariado produce maravillas para los ricos, pero produce miseria y
desamparo para los trabajadores. Produce palacios, pero también
tugurios para los que trabajan. Produce belleza, pero también invalidez
y deformación para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas,
pero obliga a una parte de los obreros a retornar a los trabajos de la
barbarie y convierte a otros obreros en máquinas. Produce espíritu, pro
produce también estupidez y cretinidad para el trabajador.
“El
trabajo es algo exterior al trabajador, algo que no forma parte de su
esencia, el trabajador no se afirma en su trabajo sino que se niega en
él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar,
sus libres energías físicas y espirituales, sino por el contrario,
mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. El trabajador solo se siente
él mismo fuera del trabajo, y en trabajo se encuentra fuera de sí.
Cuando trabaja no es él mismo y solo cuando no trabaja cobra su
personalidad. Su trabajo no es libre, voluntario, sino obligado, es un
trabajo forzoso. No constituye la satisfacción de una necesidad, sino
simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él. Su
trabajo no le pertenece, sino pertenece a otro. Como la religión, donde
la propia actividad de la fantasía humana, del cerebro y del corazón
humanos, obra como si se tratase de una actividad independiente del
individuo, divina o diabólica, así también la actividad del obrero no
es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo”.
9.- LA SAGRADA FAMILIA
Cuando
Engels, en 18844 encuentra a Marx ocupado en criticar a Bruno Bauer y
sus seguidores de Berlín. Marx Había postergado su proyecto de redactar
el libro “Crítica de la política y de la Economía Política” y se
dedicaba a rebatir detenidamente los artículos de ese grupo de
hegelianos de derecha, convencido de la concepción de ellos acerca de
la sociedad y de la historia era idealista y reaccionaria y que
sembraba la confusión en el movimiento democrático e ignoraba la
función histórica decisiva del proletariado.
Al
coincidir Engels y Marx en su crítica a los hegelianos derechistas,
deciden redactar y publicar una obra en conjunto, cuyo título fue
“Crítica de la Crítica Crítica”, mejor conocido como “La sagrada
familia”.
En este libro, los autores a la crítica
puramente teórica de los jóvenes berlines, oponen la transformación
revolucionaria, práctica, de las condiciones materiales de la
existencia humana de los trabajadores bajo el capitalismo.
Saben
los obreros que la propiedad, el capital, el dinero, el trabajo
asalariado, etc., no son precisamente quimeras ideales de sus cerebros,
sino creaciones muy prácticas y materiales de su enajenación, que sólo
podrán ser superadas así mismo, de un modo práctico y material, para
que el hombre se convierta en hombre, no sólo en el “pensamiento”, en
la “conciencia”, sino en el “ser”, en la “vida”.
No
son las ideas, ni las élites intelectuales, las que hacen la historia,
como piensan los berlineses. Son los hombres. Como trabajadores, con
necesidades e intereses materiales muy concretos; sin actividad
práctica, las ideas resultan históricamente impotentes.
“las
ideas no pueden ejecutar nada. Para la ejecución de las ideas hacen
falta los hombres que pongan en acción una fuerza práctica”.
Son
las condiciones existentes, materiales y prácticas, de la clase
trabajadora bajo el capitalismo, las que posibilitan el desarrollo de
su conciencia de clase, con vistas precisamente a la transformación
material y práctica de dichas convicciones sociales.
Al
criticar las concepciones idealistas de Bruno Bauer y su grupo, los
autores de La Sagrada Familia , formularon una de las principales tesis
del materialismo histórico, consistente en afirmar que los auténticos
artífices de la historia no son los héroes , sino las masas populares.
Presagiaron que esas masas serían agentes inconscientes y activos de
ese proceso.
Contrariamente a los socialistas
utópicos, que veían en el proletariado unas masas impotentes y
sufridas, Marx y Engels demostraron que la clase obrera, en virtud de
su situación en la sociedad capitalista, podía y debía llevar a cabo la
transformación revolucionaria de todos los países del mundo.
10.- TESIS DE FEUERBACH.
Federico
Engels caracteriza estas tesis como notas escritas para desarrollar,
más tarde, notas a vuelo de pluma y no destinadas a ala publicación,
pero valiosas, pues son el primer documento en que se contiene el
germen genial de la nueva concepción del mundo.
Para
el maestro Ludovico Silva, estas tesis son partos súbitos de la gran
idea, la nueva idea que ve del revés todos los hechos históricos, la
idea materialista en plenas funciones y dueña de sí misma. Son una
suerte de programa intelectual que sólo será realizado con los años y
al cual pertenecerá siempre fiel Marx.
Son la ruptura
con la concepción anterior: son la concepción de la práctica como
criterio último del conocimiento: son la caracterización definitiva de
la ideología religiosa como una inversión del mundo real: son la
desmitificación de la célebre “esencia humana”; son la reducción de la
filosofía a los hechos.
Al igual que Hegel idealiza
la historia al considerarla conducida por la idea absoluta, los
economistas burgueses invierten la concepción científica acerca de la
realidad al “canonizar” la explotación de los asalariados.
También
la religión hace lo mismo que Hegel y los economistas, pues una de sus
funciones ideológicas específicas ha consistido siempre en la bendición
de la pobreza existente.
La teología divide en dos al
hombre y lo alienta para después identificar con el hombre a este ser
alienado (dividido). Es como decir: la religión divide en dos al
hombre; divide su ser mundano y ser divino ; y, luego, decreta que el
verdadero de estos dos seres es el divino.
La
religión, según Marx, surge como un recurso ideal para subsanar en el
pensamiento la impotencia del hombre ante la naturaleza. A falta de un
dominio técnico de los medios de producción, el hombre se inventa un
dominio religioso de los mismos, a través de unos dioses que,
estimulados por ritos y sacrificios, proveerán al hombre de los medios
necesarios para producir su existencia.
Dios no es
más que un predicado del hombre, una criatura de la fantasía humana. La
alineación religiosa ha puesto este orden al revés, ha convertido al
creador. Es preciso reinvertir el orden, poner sobre sus pies a la
creación; esta es la vía para la superación de la alineación religiosa.
“La coincidencia del cambio de las circunstancias con
el de la actividad humana o transformación de los hombres mismos es
algo que sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como una
práctica revolucionaria”.
Marx insiste en que la
ideología religiosa sólo puede desaparecer cuando desaparezcan las
contradicciones mundanas, sociales, que la originaron.
11.- LA IDEOLOGÍA ALEMANA
En
la ideología alemana, escrita en abril de 1846, Marx y Engels
formularon por primera vez las principales tesis sobre la
interpretación materialista de la historia.
Según
Stepánova, biógrafa de Marx, este gran descubrimiento marcó una
revolución en la filosofía, en la ciencia que estudia la sociedad y las
leyes de su desarrollo, convirtiendo la historia en una verdadera
ciencia que permite estudiar el pasado, comprender el presente y prever
el futuro.
En esta obra, que fue abandonada a la
crítica de los roedores y publicada en este siglo, los autores
fundamentan la importante tesis del materialismo histórico acerca del
papel determinante que desempeña la producción de bienes materiales en
la vida de la sociedad y en su historia.
Del modo de
producción dependen las relaciones sociales, políticas, culturales,
reales y, en definitiva, distintas formas de la conciencia social; la
filosofía, la moral, la religión, etc.
Contrariamente
a la filosofía idealista, los autores demostraron que: “no es la
conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la
conciencia”.Marx y Engels escribieron en este libro, que el proceso
histórico se basa en el desarrollo de las fuerzas productivas, es
decir, los medios de trabajo y los hombres que los ponen en movimiento.
A medida que se desarrollen las fuerzas productivas
entran en contradicción con las relaciones de producción (las
relaciones de propiedad).Las contradicciones entre las fuerzas
productivas en desarrollo y las relaciones de propiedad que las
entorpecen, se manifiestan en las luchas de clases, que debe culminar
en la revolución social y política. Resultando de esta revolución un
sistema económico social y político nuevo, sustituyendo al anterior; el
feudalismo es sustituido por el capitalismo; el capitalismo es
sustituido por el comunismo.
En pocas palabras, en la
ideología Alemana los autores sentaron las bases sobre la teoría de las
formaciones económico-sociales y la lucha de clases como fuerza motriz
del desarrollo de las sociedades clasistas, basadas en las sociedades
clasistas legalizadas por el aparato del Estado, defendidas por el
ejército de clases dominantes, justificadas por las burocracias
políticas y cimentadas por ese cemento ideológico y moral, sembrado en
la mente de las clases explotadoras y oprimidas.
Al
analizar las contradicciones de la sociedad capitalista, demuestra la
inevitable sustitución del capitalismo por el comunismo.
Esta
revolución se diferencia de las anteriores por la supresión de la
explotación de una clase por otra, por la supresión de la propiedad
social en pocas manos (propiedad privada) y con ello la desaparición de
la injusticia social, económica y política.
Para que
se lleve a cabo esta revolución (que deberá ser violenta), los
trabajadores deberán, ante todo, conquistar el poder político.
Mientras
que en las viejas sociedades los hombres se encontraban en poder de las
fuerzas y leyes del desarrollo social, en el comunismo, los
trabajadores, al frente del destino político, dominarán por primera vez
la producción, el intercambio, sus propias relaciones sociales y su
propia cultura y sexualidad.
El golpe del Estado
militar, de tres días, realizado por el ejército rojo y la policía
política stalinista en contra del reformista y traidor de Gorbachov,
demuestran que el sistema económico, social y político, de la Unión
Soviética, debido al stalinismo de los años 20, en realidad es un
capitalismo de Estado, regido por una casta parasitaria burocrática.
Al
fracasar el intento reformista de Gorbachov, que pretende restaurar el
capitalismo, el pueblo soviético, se levantará y luchará por mejores
condiciones económicas, sociales y políticas.
La
única esperanza es la organización y lucha, no solo de los trabajadores
rusos, sino de todos los proletarios del mundo por derrocar
definitivamente a lso capitalistas, burgueses, burócratas stalinistas e
imperialistas de todo el planeta.
12.- MISERIA DE LA FILOSOFIA
En
este libro, Marx crítica la concepción idealista de Proudhon, su
falseamiento de la dialéctica hegeliana y fundamenta el materialismo
histórico al escribir: las relaciones sociales están íntimamente
vinculadas a las fuerzas productivas. Al adquirir nuevas fuerzas
productivas, los hombre cambian de modo de producción, cambian la forma
de ganarse la vida y con ello, cambian sus relaciones de propiedad y
todas sus relaciones sociales. El molino movido a brazo nos da la
sociedad de los señores feudales; el molino de vapor, la sociedad de
los capitalistas industriales.
Al establecer los
hombres las relaciones sociales con arreglo al desarrollo de su
producción material, crean también los principios, las ideas y las
categorías conforme a sus relaciones sociales.
Estas
categorías no son eternas, al igual que las relaciones a las que sirven
de expresión. Son productos históricos y transitorios.
En
esta obra, Marx expuso las conclusiones a las que había llegado como
resultado de sus estudios económicos. Criticó las concepciones
económicas pequeño-burguesas de transformación pacífica del capitalismo
que planteaba Proudhon, que sustentaba la eliminación de sus aspectos
“malos” y la conservación de sus aspectos “buenos”.
Proudhon
sembraba ilusiones perniciosas de que, mediante el intercambio directo
(sin dinero) de mercancía y el crédito barato o gratuito, es posible
eliminar la explotación y las crisis inherentes al capitalismo, dejando
intacta la propiedad privada de los medios de producción; al igual que
los economistas burgueses, consideraba inmutables y eternas las
relaciones capitalistas existentes y las categorías económicas
capitalistas.
Sólo un teórico del proletariado, como
Marx, con la valentía y audacia propias de la clase obrera, era capaz
de analizar de modo científico y objetivo las tendencias del desarrollo
capitalista.
El autor de la miseria de la filosofía,
no solo aplicó la dialéctica histórica materialista a la Economía
Política, sino que también analizó las contradicciones de la sociedad
capitalista y la agudización del antagonismo entre el trabajo y el
capital, así como también, demostró que el capitalismo debe ceder lugar
a un régimen social superior: la sociedad comunista.
En
este libro que nos ocupa, Marx logró un nuevo avance en la elaboración
de la teoría de la lucha de clases y fundamentó los principios de la
táctica del proletariado.
Demostró lo nocivo de
suavizar las contradicciones de la sociedad capitalista, como la lucha
de clases. Consideró al proletariado como clase en desarrollo que
convierte de “clase en sí” que todavía no tiene conciencia histórica de
sus tareas, en clase “para sí” o sea en clase conciente de su
contraposición a la burguesía y su lucha histórica por liquidar la
esclavitud capitalista y por una conciencia comunista, sin propiedad
privada, sin clases sociales y sin explotación y opresión del hombre
pro hombre.
A diferencia de Proudhon que no estaba de
acuerdo con el sindicato y las huelgas, Marx veía en la lucha económica
por mejores salarios y condiciones sociales, no solo un medio para
defender sus intereses, sino también una condición, imprescindible para
elevar la conciencia política y la organización partidaria de la clase
obrera.
Lenin consideraba gran mérito de Marx, el
haber unido la lucha económica y la lucha política. Cuando las masas
obreras pasan de manifestaciones dispersas contra individuos burgueses,
a lucha contra toda la clase capitalista y contra el instrumento
ideológico y político de los burgueses, el Estado, la lucha económica
se convierte en lucha política.
13.- MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA
Esta
obra, escrita en diciembre de 1847 y enero del siguiente año, es el
primer documento programático del comunismo científico.
Escrita
en su mayor parte por Marx, y completada por Engels, se expone en esta
obra general, una expresión concisa, íntegra y sistematizada de los
fundamentos del materialismo histórico, así como la estrategia política
de la clase obrera en su lucra por borrar de la historia al sistema
capitalista.
Lenin escribió: Esta obra expone, son
una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo,
el materialismo comúnmente aplicado también al campo de la vida social,
la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo,
la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico
mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la
sociedad comunista”
Partiendo de los supuestos
teóricos del materialismo histórico, los autores del manifiesto
formularon una clara teoría de la lucha de clases como fuerza motriz
del desarrollo de las sociedades clasistas: “La historia (escrita) de
todas las sociedades hasta nuestros días, es la historia de la lucha de
clases”.
Explotados y explotadores, oprimidos y
opresores, “se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante,
velada unas veces y otras franca y abierta: lucha que terminó con la
transformación revolucionaria de la sociedad. La sociedad capitalista
se analiza dentro de un contexto histórico, siguiendo su nacimiento y
desarrollo y mostrando sus contradicciones internas que inevitablemente
llevarán a su desaparición.
Concentrando en las
fábricas millones de obreros, el capitalismo imprime carácter social al
progreso de producción y a este carácter social debe corresponder la
propiedad social de los medios de producción, pero éstos siguen en
manos del capital privado o del Estado capitalista. La propiedad
privada de los medios de producción se convierte en un obstáculo para
el desarrollo de las fuerzas productivas.
Las crisis
económicas son resultado de las contradicción de las mencionadas
fuerzas productivas (impulsadas por los trabajadores) y las relaciones
de propiedad (defendidas por los capitalistas).
Solo
una verdadera revolución socialista (no como la stalinista que ésta
siendo despreciada por las masas proletarias) puede impedir la
destrucción de las fuerzas productivas, salvar de las ruinas los frutos
de la civilización y abrir a la humanidad el camino de un futuro mayor.
El Estado capitalista es una junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa.
En
cierta etapa de su desarrollo, la lucha de la clase obrera debe
desembocar en una revolución, en el curso de la cual el proletariado
derrocará (por medio de la violencia y no solo por medios electorales a
la burguesía y establecerá su denominación política. Los trabajadores
son los únicos que al liberarse, liberarán a la humanidad de toda
explotación e injustucias.
Los comunistas -dice el
Manifiesto (no se refiere a los stalinistas que han traicionado el
marxismo como Gorbachov y Yelzin), los verdaderos comunistas (como
Marx, Lenin, Trotsky, etc) “son el sector más resuelto de los partidos
obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a
los demás teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la
ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los
resultados generales del movimiento proletario”.
Mientras
que en capitalismo, en sociedades seudosocialistas, el trabajo
asalariado y enajenado, sirve para enriquecer a una minoría
parasitaria, en la sociedad comunista (que hasta hoy no ha existido el
trabajo será un medio para enriquecer y aliviar la vida de los
trabajadores.
Marx y Engels, fustigan la hipócrita y
repugnante moral burguesa, que se reduce al insensible pago en “dinero
constante y sonante” y le oponen la moral humanista y libre de todo
cálculo codicioso, de una nueva sociedad comunista que substituirá el
capitalismo.
A la moral autoritaria, antivida que
produce las neurosis y psicosis, los verdaderos marxistas en la
actualidad debemos oponer una moral libre y humana que se base en los
sentimientos, en el cariño, el amor y la libertad sexual de toda la
humanidad.
Otra aportación importante del manifiesto,
es la concepción del internacionalismo proletario y la teoría de que la
revolución comunista tendrá que ser a escala mundial.
Los
trabajadores como los burgueses, no tienen patria. Los proletarios
deberán primero derrocar, por la violencia a su propia burguesía, para
luego extender, como plantea la teoría de la revolución permanente de
trotsky, la revolución en todo el planeta.
14.- TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL
Engels,
en la introducción de 1891 al folleto de Marx titulado Trabajo
asalariado y Capital, cuyo origen fueron las conferencias impartidas
por Marx en 1847 en la Asociación Obrero Alemana de Bruselas, informa
que según el texto original, el obrero vende al capitalista, a cambio
del salario, su trabajo, según el texto actual, acorde con la teoría
científica de El Capital, vende su fuerza de trabajo.
La
economía política clásica burguesa dentro de las fluctuaciones
constantes en los precios de las mercancías, que suben y bajan, se puso
a buscar el punto fijo, en torno al cual se movían estas fluctuaciones:
arrancó de los precios de las mercancías para investigar la ley
regulada de éstos el valor de las mercancías, valor que explicaría
todas las fluctuaciones de los precios y al cual podrían reducirse a
todas ellas.
Así, la economía política clásica
encontró que el valor de una mercancía lo determina el trabajo
socialmente necesario para su producción encerrado en ella.
La
fuerza de trabajo, como toda mercancía, se determina por su costo de
producción, este costo, consiste en la suma de medios de vida -o su
precio en dinero- necesario por término medio para que el obrero pueda
trabajar y mantenerse en condiciones para seguir trabajando, y para
sustituirle por un nuevo obrero (que puede ser su hijo), cuando muera,
o quede inservible por vejes o enfermedad, es decir para asegurar la
reproducción de la clase obrera.
Mientras que todas
las mercancías se venden por su valor o costo de producción, la única
mercancía que se vende por debajo de su valor, es la fuerza de trabajo.
De ahí que la plusvalía (más valor) surja del tiempo de trabajo NO
PAGADO al asalariado.
Considerando que los
trabajadores produzcan su salario en cuatro horas de su jornada de
ocho, en estas primeras cuatro horas producen el equivalente de su
salario. Las segundas cuatro constituyen la plusvalía, es decir el
tiempo de trabajo que el patrón ROBA LEGALMENTE a su asalariado.
Las
mercancías producidas por los obreros no les pertenecen a ellos, sino
al capitalista que los ha acumulado, gracias al robo legal de la fuerza
de trabajo de los asalariados.
En cuanto los patrones
se enriquecen robando y explotando a los obreros éstos al recibir una
parte de lo que producen, se hunden más y más en la miseria económica,
política y sexual.
Es por anterior por lo que la
lucha sindical por mejoras saláriales, no debe reducirse, como los
hacen los dirigentes de la sección XXII del magisterio, únicamente a
exigir aumentos de salarios, sino a luchar también por la desaparición
del sistema asalariado del trabajo, ya que de continuar las redes del
asalaramiento, los dirigentes sirven al patrón Estado, ya que las leyes
económicas capitalistas son la telaraña donde se enredan,
ideológicamente, los trabajadores asalariados y enajenados a la
ideología de clase dominante, quien tiene bajo su control los medios
masivos de información (radio, prensa y T.V. así como el sistema
electoral, para continuar por medio de su partido de Estado (PRI),
oprimiendo políticamente al pueblo trabajador mexicano. De continuar
estas situaciones, la “dictadura perfecta” priísta (con sus payasos de
“izquierda) continuarán en el poder (apoyada por el imperalismo
yanqui), otros sesenta años, por lo menos.
15.- LA REVOLUCIÓN PERMANENTE
En marzo de 1850, Marx, ayudado por Engels, redacta el Mensaje del Comité Central de la Liga de los Comunistas.
Los
autores reconocen, que durante las luchas de masas de 1848 y 1849, los
miembros de la liga, participaron en la prensa, en las barricada y en
los campos de batalla. Estos comunistas, estuvieron en la vanguardia
del proletariado, la única clase revolucionaria.
En
cambio la burguesía y la pequeña burguesía, al velar por sus intereses
se comportaron como las más reaccionarias, los más odiosos enemigos y
verdugos de los trabajadores.
Según los autores, las
tareas de los proletariados, dirigidos por los verdaderos comunistas,
deben consistir en hacer la revolución permanente , hasta que sea
descartada la dominación de las clases poseedoras hasta que el
proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de
los proletariados se desarrolle, no sólo en un país sino en todos los
países del mundo, hasta que las fuerzas mundiales estén en manos de sus
reales dueños, los trabajadores.
No se trata de
deformar la propiedad privada, sino abolirla; no se trata de paliar los
antagonismos de clase, sino de abolir las clases, no se trata de
mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.
Los
obreros y los verdaderos comunistas, deben establecer una organización
propia, un partido obrero, legal y secreto, y hacer de cada comunidad
centro y núcleo de sociedades obreras en las que los intereses y
acciones políticas del proletariado se discutan libre e
independientemente de las influencias políticas e ideológicas
burguesas.
Frente a los gobiernos burgueses (como del
PRI en México) los obreros deben constituir gobiernos obreros
revolucionarios, en forma de clubes o consejos (soviets) municipales o
comités obreros, campesinos, etc., de tal forma que los gobiernos
capitalistas, no solo pierdan el apoyo de los trabajadores, sino que se
vean vigilados y amenazados por verdaderos dirigentes de las masas
obreras.
Para poder oponerse enérgica y
amenazadoramente el partido oficial burgués, los obreros, según Marx,
deberan estar armados y tener su organización como la tuvieron los
bolcheviques rusos.
Se procederá a armar a todo el
proletariado con fusiles, carabinas, cañones y municiones. Los obreros
deberán organizarse independientemente como guardia proletaria, con
jefes y estado mayor elegidos por ellos mismos.
Bajo ningún pretexto entregarán sus armas y municiones. Todo intento de desarme será rechazado por la fuerza de las armas.
Una vez derrotado el gobierno burgués de los capitalistas. Marx plantea la elección de una asamblea nacional representativa.
A
diferencia de las elecciones controladas por la burguesía, y su
gobierno, las que se realicen convocadas por los trabajadores al frente
el Estado y el nuevo gobierno, serán verdaderamente democráticas, pues
la fuerza libre de la mayoría de la población, los trabajadores,
elegirán a sus verdaderos representantes.
Los
trabajadores, en fin, escribe Marx, con la suficiente conciencia
política de clase, independientemente de la influencia ideológica
burguesa, organizarán su partido proletario revolucionario y su grito
será LA REVOLUCIÓN PERMANENTE.
16.- LAS LUCHAS DE CLASES EN FRANCIA.
Federico
Engels en la introducción de 1895 al folleto escrito por Marx en 1850,
titulado Las luchas de clase en Francia, escribió que este es el primer
ensayo donde se explica un fragmento de la historia mediante la
concepción materialista, partiendo de la situación económica existente.
En el manifiesto comunista se había aplicado a grandes
rasgos la teoría, a toda la historia moderna y en los artículos
publicados por Marx y Engels en la nueva Gaceta Renana, esta teoría
explica los acontecimientos políticos del momento.
En
este folleto, nos dice Engels, se trataba de poner de manifiesto, a lo
largo de una evolución de varios años, tan crítica como típica para
toda Europa, el nexo causal interno; se trataba de reducir, siguiendo
la concepción e Marx, los acontecimientos políticos a efectos de
causas, en última instancia económicas.
Una vez que
Engels argumenta que en la actualidad, jamás podemos remontarnos hasta
las últimas causas económicas, por la velocidad de los acontecimientos
diarios y porque la estadística va siempre a la zaga, renqueando.
Por
lo anterior, una visión clara de conjunto, sobre la Historia Económica,
de un período dado, no puede conseguirse nunca en el momento mismo,
sino solo con posteridad, después de haber reunido los materiales.
Por
esta razón -continúa Engels- el método materialista tendrá que
limitarse con harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a
las luchas de intereses de las clases sociales y fracciones de clase
existentes determinadas por el desarrollo económico, y a poner de
manifiesto que los partidos políticos son la expresión política más o
menos adecuada de estas mismas clases y fracciones de clases.
Prueba
de la teoría materialista de la historia fue que la crisis del comercio
mundial, producida en 1847, había sido la madre de las revoluciones de
febrero y marzo, y que la prosperidad industrial, de 1849 y 1850, fue
la fuerza animadora que dio nuevos brios a la reacción europea.
Por
lo anterior, afirma Engels, citando a Marx: Una nueva revolución sólo
es posible, como consecuencia de una nueva crisis económica”.
En
el folleto de Marx que nos ocupa, proclama, por primera vez, la formula
en que unánimamente los partidos obreros de todos los países del mundo
condensan su demanda de una transformación económica: la apropiación de
los medios de producción de la sociedad.
Diez años
antes, en el prólogo a la tercera edición alemana al XVIII brumario de
Luis Bonaparte, elaborado por Marx, Engels escribió: “Fue precisamente
Marx quien descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia, la
ley según la cual todas las luchas históricas, ya se desarrollen en el
terreno ideológico cualquiera, no son, en realidad, más que la
expresión más o menos clara de luchas entre clases sociales, que la
existencia, y por lo tanto también los choques de estas clases, están
condicionados, a su vez, por el grado de desarrollo de su situación
económica, por el carácter y el modo de su producción y de su cambio,
condicionado por ésta”.
17.- LOS “GRUNDRISSE”.
Wenceslao
Roces, traductor de las obras de Marx, nos dice que los Grundrisse son
el primer borrador completo de la economía política, cimiento de
proyectos y manuscritos de años posteriores de un -genial esbozo
histórico- crítica de la economía burguesa y su literatura.
La
incursión de Marx en el terreno de la economía burguesa, a la que se
enfrentaba, proponía un enfoque revolucionario, una perspectiva
proletaria que buscaba, el desenmascaramiento de dicha economía, su
desmitificación, para denunciar su punto de vista capitalista y su
superación final por la economía política proletaria.
El
más preciado valor de los Grundrisse es su claro intento de las una
respuesta decididamente crítica de demoledora a la economía política
burguesa.
El objeto central de los borradores de
Marx, fue desnudar la economía política capitalista, que se encuentra
cubierta en sus propias mistificaciones ideológicas burguesas.
Ernest
Mandel, por su parte, en su libro: LA formación del pensamiento
económico de Marx de 1843 a la redacción de EL CAPITAL , escribe que
los Grundrisse constituyen, con la Contribución a la crítica de la
economía política, una suma enorme de análisis política.
Concebidos,
estos borradores, como los trabajos preparatorios del EL CAPITAL , o
más exactamente como un desarrollo del análisis del capitalismo en
todos sus aspectos, del que habría de nacer la obra maestra de Marx,
contiene a la vez, los materiales de construcción de todo lo que Marx
habría de desarrollar después y multitud de elementos que le sirvieron
más tarde.
De ese “esbozo”, Marx realiza una serie de
observaciones de la mayor importancia, concernientes a la propiedad de
los bienes raíces, al trabajo asalariado, al comercio, al comercio
exterior, al mercado mundial, que no se vuelven a encontrar en ninguno
de los cuatro tomo de EL CAPITAL (el cuarto tomo se tituló Teorías de
la plusvalía).
Por otra parte, el método de
exposición de los Grundrisse es más “abstracto”, más deductivo que el
de EL CAPITAL , y si hay menos materiales de ejemplificación, hay en
cambio una infinidad de digresiones, sobre todo de naturaleza
histórica, o que abren ventanas al porvenir, que fueron suprimidas para
la redacción final del EL CAPITAL, peor que poseen a veces una riqueza
incomparable, y con auténticas aportaciones complementarias a la teoría
socioeconómica marxista.
Rosdolsky, reconoce que esa
obre “nos ha introducido en el laboratorio económico de Marx, y nos ha
revelado todos los refinamientos, todos los caminos ondulantes de su
metodología”.
Stepánova, en su libro Carlos Marx,
Esbozo biográfico, escribe que los Grundrisse constituyen el primer
esbozo de EL CAPITAL y ocupan un lugar importante en la historia del
marxismo: reflejan la etapa decisiva de la formación de la teoría
económica de Marx. Precisamente en ese trabajo expone los fundamentos
de su teoría de la plusvalía.
Con la teoría de la
plusvalía (tiempo de trabajo no pagado al obrero), Marx reveló el
mecanismo de explotación de la sociedad burguesa, fundamentó desde el
punto de vista económico la misión histórica universal del
proletariado, al carácter necesario de la revolución social.
Para
concluir, los Grundrisse contienen importantes ideas de Marx sobre la
sociedad comunista, sobre la ley económica del tiempo, inherente a esa
sociedad, sobre la organización comunista del trabajo, sobre el
inaudito desarrollo de las fuerzas materiales y espirituales de dicha
sociedad y sobre el desenvolvimiento armónico y multilateral de la
personalidad, gracias al aumento del tiempo libre para todos los
individuos.
18.- EL MATERIALISMO HISTORICO
En
enero de 1859, después de redactar resúmenes y comentarios de decenas
de libros sobre economía política burguesa, (manuscritos conocidos como
los Grundrisse), Marx expone, en forma resumida, su concepción acerca
de la estructura y funcionamiento de la actual sociedad capitalista.
La
exposición de la historia del materialismo histórico, aplicado a la
sociedad burguesa contemporánea, la lleva a cabo Marx en su famoso
“Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política”.
Aún
cuando la parte esencial de este prólogo, ha sido reproducido muchas
veces, por divulgaciones del marxismo, considero que debe continuarse
su reproducción, pues no sólo sigue siendo de actualidad, sino porque
también existen muchos jóvenes lectores que no lo conocen.
Rafael
Jerez, en su libro Marx y Engels: el marxismo genuino, divide en 5
claves teóricas el pasaje más importante del citado prólogo.
1.-
En la producción de su existencia, los hombres entran en relaciones
determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas
relaciones de producción corresponden a un grado determinado de
desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.
2.-
Durante el curso de su desarrollo las fuerzas productoras de la
sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción
existentes, o lo cual no es más que su expresión jurídica con las
relaciones de propiedad en cuyo interior de ha movido hasta entonces.
De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas
relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre
una época de revolución social. El cambio que se ha producido en la
base económica trastorna, más o menos lenta o rápidamente, toda la
colosal superestructura. Una sociedad no aparece nunca antes de que
sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y
las relaciones de producción nuevas y superiores no se destruyen jamás
en ella, antes de que las condiciones materiales de existencia de esas
relaciones, hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad.
3.- El conjunto de estas relaciones de producción
constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre
la cual se levanta una superestructura jurídica y política y a la que
corresponden formas sociales determinadas de conciencia.
En otros términos: el modo de producción de la vida material, condiciona el proceso de la vida social e intelectual en general.
Lo
que quiere decir que las relaciones jurídicas, así como la forma de
Estado, no pueden explicarse ni por sí mismas, ni por la llamada
evolución general del espíritu humano... se origina más bien en las
condiciones materiales (económicas) de existencia.
No
es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el
contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.
4.-
En las épocas de revolución social, importa siempre distinguir entre el
trastorno material de las condiciones económicas de producción y las
formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en
una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres
adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven.
5.-
Por último; las relaciones burguesas de producción son la forma
antagónica del proceso de producción social, no en el sentido de un
antagonismo individual, sino de un antagonismo que nace de las
condiciones de existencia de los individuos: las fuerzas productoras
que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa, crean, al mismo
tiempo, las condiciones materiales para resolver este antagonismo: con
esta formación social (la capitalista actual) termina la prehistoria de
la sociedad humana.
19. EL SALARIO PRECIO Y GANANCIA
La
lucha sindical por el aumento salarial es, desde hace décadas, una
lucha de los obreros no sólo por un mejor pago a su fuerza de trabajo,
sino por mejores condiciones sociales, culturales y humanas.
En
1865, como resultado de una marea de huelgas por aumentos saláriales,
en el continente europeo, se levantaron voces, unas a favor de esa
demanda y otras en contra de ella.
Una posición en
contra fue la de John Weston, uno de los dirigentes del movimiento
obrero inglés y miembro del consejo general de la I Internacional
(Asociación Internacional de los trabajadores)
Este
dirigente afirmaba que la elevación de los salarios no es beneficiosa a
los obreros y por consiguiente esa lucha es nociva para ellos.
Muchos dirigentes obreros europeos predicaban conceptos similares.
El
20 y 27 de junio de 1865, Marx intervino en la sesión de la I
Internacional, con un extenso informe titulado Salario, precio y
ganancia, el cual fue preparado en respuesta a los planteamientos de
weston.
En forma asequible para los obreros, Marx
expuso en ese informe las principales tesis de su doctrina económica,
poniendo de relieve el papel y la importancia de la lucha del
proletariado por el aumento de los salarios.
Criticó
resueltamente a quienes llamaban a los obreros a la resignación a la
pasividad frente a los capitalistas, actitud que atentaban contra los
derechos vitales de los trabajadores.
Al mismo
tiempo, Marx demostró la necesidad de unir la lucha económica con la
lucha política de la clase obrera contra la clase dominante.
Borisov, comentarista ruso sobre el documento que nos ocupa, lo divide en 3 parte fundamentales:
En
la primera, se brinda un profuso análisis crítico de las teoría
burguesas y pequeño burguesas de mayor difusión sobre el salario, el
precio y la ganancia. Aquí Marx resolvió una tarea de extraordinaria
importancia, tanto para la teoría económica, como para actividad
práctica del movimiento obrero: no dejó piedra sobre piedra de todas
las elucubraciones teóricas de los economistas burgueses, tendientes a
justificar y argumentar la injusticia social del régimen capitalista y
a evitar la actuación de la clase obrera contra la explotación del
hombre por el hombre.
En la segunda parte, el autor
expuso su nuevo aporte al teoría económicas, resultante de un verdadero
viraje revolucionario realizado por él, en la economía política. Parte
esencial de ese aporte, fue la teoría de la plusvalía, teoría que
desnudó, que llevan a cabo los capitalistas al no pagarle todo su
trabajo al obrero asalariado. Gracias a esa teoría los trabajadores
pueden comprender la forma en que los patrones les roban parte de su
trabajo, la mayor parte de las riquezas producidas por ellos, que van a
dar el los bolsillos de los parásitos capitalistas.
La
parte final, está dedicada a examinar los caso más importantes de la
lucha de los obreros por la elevación de sus salarios o contra la
reducción de éstos. Aquí se fundamentan los objetivos programáticos de
la lucha de clase del proletario contra la burguesía.
En
la actualidad siguen vigentes los planteamientos de Marx, asentados en
este folleto. También hoy día, brinda a los obreros un programa claro
de lucha por sus derechos económicos, políticos y sociales, y por la
emancipación de todos los trabajadores del mundo, de la explotación
capitalista.
20.- EL CAPITAL
El
primer tomo de EL CAPITAL, el único de los 4 tomos que pulió Marx para
su redacción al público y el único que publicó en vida su autor,
dedicado a analizar, el proceso de producción del capital, pone al
desnudo las relaciones económicas más esenciales y profundas del
capitalismo o sea las relaciones entre los capitales detentadores de
los medios de producción y ladrones de plusvalía (tiempo de trabajo no
pagado al obrero) y los obreros asalariados y enajenados.
En
una carta a Engels, Marx reconoce que lo mejor de EL CAPITAL, es el
carácter doble del trabajo, que puede expresarse como valor de uso o
como valor de cambio y en análisis de la plusvalía, independientemente
de sus formas particulares: del beneficio, del interés, de la renta
sobre la tierra, etc.
Marx comienza a investigar el
modo de producción capitalista analizando la mercancía, esa “cédula
económica elemental de la sociedad burguesa”, y demostró que la
mercancía contiene el germen de todas las contradicciones del
capitalismo.
Toda mercancía, dice Marx, se compone de su utilidad y de su cambiabilidad por otras mercancías.
El
valor de uso de la mercancía es su utilidad, su capacidad para
satisfacer diversas, su capacidad para satisfacer diversas demandas del
hombre. Los valores de uso constituyen el contenido material de la
riqueza independientemente de la forma social de la misma, Por otra
parte, la mercancía es el producto del trabajo destinado para el
cambio. Es decir tiene valor de cambio.
El valor de
cambio es, ante todo, la relación cuantitativa entre dos mercancías.
Marx demostró que esta relación se basa en el trabajo invertido en la
producción de ambas mercancías.
El valor de la
mercancía se determina por el tiempo de trabajo, pero no sólo por el
tiempo individual, que necesita el productor, sino por el tiempo de
trabajo SOCIALMENTE necesario para producirla.
Después
de aclarar el carácter del trabajo (el privado y el social), encarnado
en las mercancías, Marx analizó la evolución de las formas del valor,
comenzando por la más simple, el trueque en la sociedad primitiva y
terminando por la monetaria.
Al analizar el proceso
de la conversión del dinero en capital, demostró que el dinero
participa en la circulación de mercancías según la formula M-D-M
(mercancía -dinero- mercancía), es decir, venta de una mercancía para
comprar otra.
La circulación del dinero como capital
se efectúa según otra fórmula D-M-D. En el primer caso el objetivo
consiste en adquirir una mercancía necesaria para el uso; el valor de
la mercancía vendida y el de la comprada es igual. La circulación del
dinero como capital es distinta. En la segunda fórmula el dinero
obtenido por la venta de la mercancía (D´) representa el dinero lanzado
a la circulación, más cierto INCREMENTO. Ese incremento o remanente que
queda después de cubrir el valor primitivo, es lo que Marx llama
PLUSVALÍA (que se origina en la producción de mercancía y resulta del
tiempo de trabajo no pagado al obrero). Es así como el dinero se
convierte en capital y el que lo detenta, el ladrón y parásito, en
capitalista.
Lo anterior se debe a que la única
mercancía que se vende por debajo de su valor, es la fuerza de trabajo
del obrero. El capitalista, al comprar la fuerza de trabajo, al obrero,
su poseedor, solo le paga una parte del valor de ella, la otra parte,
la no pagada, se convierte en plus-trabajo (más trabajo) y que al
vender la mercancía, preñada de esa fuerza robada legalmente, el
capitalista obtiene un plus-valor (más valor) conocido como PLUSVALÍA.
Al
descubrir el mecanismo de la explotación capitalista y el origen de la
plusvalía, Marx demostró que la aspiración de la producción
capitalista, y de los capitalistas en particular, constituye, el móvil
de la producción capitalista, pero esa insaciable sed de plus-trabajo
tropieza con la resistencia de la clase obrera.
Esta
resistencia, estudiada en el folleto Salario, precio y ganancia de
Marx, y comentado en el artículo anterior, se manifiesta en la lucha de
los obreros sindicalizados, no solo por mejoras salariales, sino por la
desaparición de la esclavitud de la sociedad capitalista y su
sustitución por la sociedad comunista.
Marx demostró
que el desarrollo del capitalismo produce la profundización y
agravamiento de su contradicción principal: entre el carácter social de
la producción y la forma capitalista privada de apropiación de los
productos del trabajo.
Con una lógica irrebatible,
Marx probó que el capitalismo mismo, en el proceso de su desarrollo,
crea las premisas materiales del socialismo y la fuerza social (del
proletariado) que desempeña el papel de sepulturero del capitalismo y
será artífice del modo de producción, y de la sociedad más avanzada y
humana, que hasta hoy no ha existido: el comunismo.
Stepánova,
de quien hemos tomado lo esencial de este resumen, del tomo I de EL
CAPITAL, nos dice, que Marx terminó su análisis de la tendencia
histórica de acumulación capitalista con una previsión genial,
confirmada cada vez más por la historia: “El monopolio del capital se
convierte en grillete del régimen de producción que ha florecido con él
y bajo él”. LA centralización de los medios de producción y la
socialización del trabajo, llegan a un punto en que son ya
incompatibles con su envoltura capitalista. Esta salta hecha añicos. LE
LLEGA LA HORA A LA PROPIEDAD CAPITALISTA: LOS EXPROPIADORES SON
EXPROPIADOS.