XII Sueño de un químico [1909]
Silberer ha mostrado con buenos ejemplos que los fragmentos
finales del contenido manifiesto de muchos sueños a los que sigue inmediatamente el despertar
no figuran sino el designio o el proceso del despertar mismo. Sirven a este propósito: atravesar
un umbral («simbolismo del umbral»), abandonar una habitación para entrar en otra, partir,
volver a casa, separarse de un acompañante, zambullirse en el agua, etc. En todo caso, no
puedo dejar de observar que en mis propios sueños y en los de las personas analizadas por mí
he hallado elementos referibles al simbolismo del umbral con frecuencia muchísimo menor que
la esperable según las comunicaciones de Silberer.
En modo alguno es inconcebible o inverosímil que este simbolismo del umbral pueda tener valor
esclarecedor respecto de muchos elementos en medio de la trama de un sueño, por ejemplo en
lugares en que están en juego oscilaciones en la profundidad del dormir y la tendencia a
interrumpir el sueño. Empero, todavía no se han aportado ejemplos ciertos de este hecho. Con
mayor frecuencia parece presentarse el caso de la sobredeterminación, a saber, que un pasaje
del sueño que recibe su contenido material de la ensambladura de los pensamientos oníricos
sea usado además para figurar algo atinente al estado de la actividad anímica.
El muy interesante fenómeno funcional de Silberer ha dado lugar a muchos abusos (aunque de
esto no tiene la culpa su descubridor), pues la vieja tendencia a la interpretación simbólica y
abstracta de los sueños halló apuntalamiento en él. La primacía otorgada a la «categoría
funcional» llega en muchos tan lejos, que hablan de fenómeno funcional dondequiera que en el
contenido de los pensamientos oníricos aparezcan actividades intelectuales o procesos
afectivos, cuando en verdad este material no tiene ni más ni menos derecho que otros a entrar
en el sueño en calidad de resto diurno.
Admitimos que los fenómenos de Silberer configuran una segunda contribución a la formación
del sueño de parte del pensamiento de vigilia, si bien menos constante y menos importante que
la primera, introducida bajo el nombre de «elaboración secundaria». Había quedado demostrado
que una parte de la atención activa durante el día permanece volcada también al sueño en el
estado del dormir, lo controla, lo critica y se reserva el poder de interrumpirlo. Ello nos sugirió
reconocer en esa instancia anímica que se mantiene despierta desde la vigilia al censor
que ejerce una influencia restrictiva tan fuerte sobre la plasmación del sueño. Lo que agregan
las observaciones de Silberer es el hecho de que en ciertas circunstancias está activa también
una suerte de observación de sí que brinda su contribución al contenido del sueño. Acerca de
las relaciones probables entre esta instancia de observación de sí, quizá particularmente activa
en mentes filosóficas, y la percepción endopsíquica, el delirio de ser notado, la conc iencia
moral y el censor del sueño convendrá ocuparse en otro Sitio.
Me propongo ahora resumir estas extensas elucidaciones acerca del trabajo del sueño. Nos
habíamos encontrado con este problema: en la formación del sueño, ¿usa el alma todas sus
capacidades en un despliegue no inhibido, o sólo una parte de ellas inhibida en su operación?
Nuestras investigaciones nos llevan a desestimar totalmente ese problema por inadecuado en
su planteo. Si en la respuesta hubiéramos de mantenernos en el mismo terreno desde el cual
se nos hace la pregunta, deberíamos afirmar ambas concepciones, que al parecer se excluyen
entre sí por ser opuestas. El trabajo del alma en la formación del sueño se descompone en dos
operaciones: la producción de los pensamientos oníricos y su trasmudación en el contenido del
sueño. Los pensamientos oníricos se forman de modo enteramente correcto y con todo el gasto
:psíquico de que somos capaces; pertenecen a nuestro pensar no devenido conciente, del cual
por una cierta trasposición surgen también los pensamientos concientes. Muy interesantes y
enigmáticos pueden ser los problemas que ellos plantean, pero tales enigmas no tienen relación
particular con el sueño y no merecen ser tratados entre los problemas de este.
En cambio, el otro trabajo, el que muda los pensamientos inconcientes en el contenido del
sueño, es propio de la vida onírica y característico de ella. Ahora bien, este trabajo específico del
sueño se aleja del modelo del pensamiento despierto mucho más de lo que sospecharon aun
los más decididos denostadores del rendimiento psíquico en la formación del sueño. No se trata
de que sea más descuidado, incorrecto, olvidadizo o incompleto que el pensamiento de vigilia;
es algo que cualitativamente difiere por entero de él y, por tanto, en principio no puede
comparársele. No piensa ni calcula ni en general juzga, sino que se limita a remodelar
pensamientos, cálculos y juicios. Se lo puede describir exhaustivamente si se tienen presentes
las condiciones que su producto ha de satisfacer. Este producto, el sueño, debe sustraerse
ante todo a la censura, y para este fin el trabajo del sueño se sirve del desplazamiento de las
intensidades psíquicas hasta llegar a la subversión de todos los valores psíquicos; los
pensamientos deben reflejarse exclusiva o predominantemente dentro del material de huellas
mnémicas visuales o acústicas, y este requisito engendra para el trabajo del sueño el
miramiento por la figurabilidad, al que él responde mediante nuevos desplazamientos. Deben
(probablemente) producirse intensidades mayores que aquellas de que. por la noche se dispone
dentro de los pensamientos oníricos, y a este fin sirve la vasta condensación emprendida con
los componentes de los pensamientos oníricos. Por las relaciones lógicas del material de
pensamientos se tiene poco miramiento; ellas finalmente hallan una figuración escondida en
ciertas propiedades formales de los sueños. Los afectos de los pensamientos oníricos sufren
alteraciones menores que su contenido de representaciones. Por regla general son sofocados;
donde se conservan, son desasidos de las representaciones [a que en propiedad pertenecen] y
compuestos según su homogeneidad. Sólo un fragmento del trabajo del sueño, de magnitud
inconstante, el retrabajo realizado por el pensamiento de vigilia parcialmente despierto, se ajusta
a la concepción que los autores querrían válida para toda la actividad de la formación del sueño.