Noty Psi – Una mirada sobre los efectos subjetivos y el psicoanálisis frente a la pandemia

Una mirada sobre los efectos subjetivos y el psicoanálisis frente a la pandemia – Muñoz, Pablo

Autor: PABLO D. MUÑOZ

Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA ) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

En primer lugar, huelga subrayar a esta altura el carácter inédito a nivel mundial de este evento que afecta al planeta. La consecuencia inmediata es la incertidumbre que genera en cuanto a sus consecuencias globales y, por ende, mucho más aún sus consecuencias subjetivas, particulares. En cuanto a estas, si entendemos la subjetividad como el conjunto de hábitos, costumbres, creencias, prácticas, saberes, ideales y deseos que nos habitan, estamos asistiendo a una conmoción en este registro, que afecta la salud pública en general y la salud mental en especial, pues estadísticamente puede conjeturarse que será mucha más la gente afectada psicológicamente por los efectos de la pandemia y las medidas de confinamiento tomadas al respecto, que la que se verá directamente afectada por el virus.

En psicoanálisis, cuando nos referimos a lo subjetivo no apuntamos a un objeto o hecho en sí, sino a la lectura que alguien tiene sobre ese hecho (la pandemia actual en nuestro caso), lectura que se expresa por medio del lenguaje; de allí la consideración del efecto sujeto como marca nominal de la enunciación. La conclusión será relativa, es decir, estará afectada por el contexto de quien la interpreta y el universo de sus intereses. Por eso, cada persona, una por una, responderá ante esto de diversos modos. En este sentido, hay un límite para hacer afirmaciones universales al respecto.

No obstante, estamos observando respuestas singulares, que impiden la comparación de unos con otros, pero sobre la base de un elemento universal que nos comprende a todos. Los seres humanos somos hablantes y el lenguaje -como diría Lacan– es una estructura que nos modifica, altera nuestra naturaleza, condicionando todo lo que podría ser del orden del instinto y lo natural. Uno de los efectos fundamentales del lenguaje sobre los seres humanos es que nos hace seres sociales y culturales. Podría objetarse que hay animales que viven en sociedad (las hormigas, por ejemplo) pero cabe señalar que carecen de la dimensión cultural que implica el lenguaje, el significante. Para los hablantes cuentan ambas dimensiones. Hablamos a otros y cuando otro habla sentimos que nos habla, o nos buscamos en su discurso a ver qué lugar nos reserva. Necesitamos imperiosamente hablar a otros, con otros y de otros. Incluso cuando hablamos con nosotros mismos somos dos, el que habla y a quien se habla.

A casi 70 días de encierro y distanciamiento social, y con un crecimiento notable del número de contagios, es factible decir sin temor a errar que el sentimiento de incertidumbre y la angustia se han generalizado. Cuando las coordenadas cambian tan abrupta y radicalmente, el tiempo subjetivo de elaboración -variable de persona a persona- puede infinitizarse y, mientras tanto, el padecimiento incrementarse, pasando del miedo inicial -esperable-, a la inhibición, el impedimento y el embarazo: experiencia de la castración que puede derivar en una angustia desregulada, que exige una intervención directa.

La angustia es un afecto muy particular que se distingue de otros afectos porque constituye una respuesta ante una situación de pérdida de las referencias, de desorientación respecto de una realidad que cambió bruscamente. Cuando alguien se siente desamparado y desvalido, puede desencadenarse una angustia sin representación, ante la que pueden faltar los recursos para enfrentarla. Me refiero, no solo a recursos económicos, sino a recursos subjetivos. Las circunstancias que estamos transitando, en medio de una pandemia y de una cuarentena, implican una crisis de sentido donde a mucha gente se le ha desdibujado el horizonte, el futuro, hacia dónde iba y se proyectaba y quedó detenido entre lo que era antes de la pandemia y lo que iba ser. Este tiempo de suspensión, se vive como sinsentido y se traduce en angustia:

“la angustia, en esa relación tan extraordinariamente evanescente en la que se nos manifiesta, surge en cada ocasión cuando el sujeto se encuentra, aunque sea de forma insensible, despegado de su existencia […] En resumen, la angustia es correlativa del momento de suspensión del sujeto, en un tiempo en el que ya no sabe dónde está, hacia un tiempo en el que va a ser algo en lo que ya nunca podrá reconocerse”[1].

Esto lo estamos verificando hoy en la situación de encierro obligatorio. La angustia se está volviendo pandémica y si bien es cierto que la cuarentena es una medida epidemiológicamente correcta, es imperioso que sus efectos psíquicos sean tratados. Si la angustia es el único afecto que no engaña[2], es índice de que algo está mal. Y nadie soporta vivir mucho tiempo inmerso en la angustia, a punto que indefectiblemente derivará en algo peor si no se lo trata adecuadamente y a tiempo. Por eso, no deberían subestimarse sus efectos. Pues puede ser un factor causante de enfermedades, psicológicas u orgánicas, tales como depresión, hipocondría, ataques de pánico, síntomas corporales y desencadenamiento de enfermedades orgánicas que estaban “latentes”, pero también de nuevos conflictos vinculares e incluso accidentes domésticos. En un extremo, pasajes al acto pueden ser motivados por una intensa angustia sin tramitación.

El tratamiento psicoanalítico de la angustia entraña poder empezar a poner palabras esa angustia, mediatizándola con representaciones que permitan al sujeto reconstruir el entramado simbólico en el que sostener una realidad vivible y soportable aún en tiempos de pandemia. El lazo analítico, la transferencia, es el operador central en este tratamiento, pues hablar es considerar al otro, es discurso, es lazo social, y esto es lo que nos mantiene vivos y nos hace, fundamentalmente, humanos. Eso permitirá salir de ese tiempo de suspensión y sinsentido para que el deseo vuelva a ser una orientación para la acción que le permita proyectarse, imaginarse en un futuro menos incierto. Lacan decía: hay que dosificar la angustia. De ese modo, progresivamente, la angustia desorganizante, respuesta ante lo traumático, podrá ir transformándose en otra cosa. Una angustia “operativa” que reinstale el deseo y su causa, aplastada por el encierro, la soledad y la distancia de los lazos afectivos.

Hoy por hoy, en la actual situación, el “ciberanálisis” u otros tipos de “teleterapia” (terapia a distancia) son un recurso válido. Y lo estamos haciendo, muchos analistas estamos atendiendo por teléfono, redes sociales y aplicaciones digitales. Pero hay casos en que esto ya no alcanza. Cuando estos recursos tecnológicos no alcanzan para aliviar el sufrimiento psíquico de un paciente y su terapeuta evalúa que su salud en general se pone en riesgo, es necesario el tratamiento presencial. Por ello, es imperioso empezar a habilitar la atención psicológica en consultorios particulares de los pacientes que efectivamente lo necesiten, por supuesto respetando un estricto protocolo de seguridad, higiene y distanciamiento, que no ponga en riesgo la salud médica.

Se han hecho habituales recientemente una multiplicidad de recomendaciones y sugerencias de distinta índole y diverso origen, que son muy válidas, pero siempre y cuando se tenga presente que cuando ese recurso ya no alcanza, se debe recurrir a los profesionales que nos ocupamos de la salud mental. Gracias a la formación en la Universidad pública y gratuita, el psicoanálisis está instalado en nuestra sociedad como una respuesta a la mano de cualquiera para responder a su sufrimiento. Tanto a nivel privado como a nivel público: infinidad de psicólogos de planta de todo el país trabajando en servicios de salud mental y psicopatología, concurrentes y residentes, los colman atendiendo a todo y todos, en condiciones a veces difíciles, haciéndose cargo de la salud mental de la mayoría de la población, sobre todo de escasos recursos. Están en la primera línea y se los debemos agradecer, pues han sabido enfrentar situaciones críticas desde siempre. Y por eso, profesionalmente están capacitados para responder ante lo que nos toca vivir.

El uso frecuente de metáforas bélicas para calificar la actualidad me hizo recordar que Lacan decía que, si tomamos la dirección de la cura como una guerra, debemos ser absolutamente libres a la hora de intervenir, y que eso está supeditado a los fines, a dónde queremos llegar. Pues bien, hoy a lo que queremos llegar es a que cada paciente encuentre su modo de lidiar con los efectos subjetivos que esta situación le trae.[3] Estemos dispuestos al diálogo, a escuchar, a responder a las demandas, a modularlas cuando sean impracticables, a soportar la angustia del que nos llama con desesperación. Tenemos que estar dispuestos a adaptar nuestro marco teórico y nuestro dispositivo a la situación actual. Eso es lo que Lacan pregonaba cuando decía que el analista ha de unir su horizonte a la subjetividad de la época. Lo que este momento nos exige es responder. El contexto actual exige que seamos abiertos y renunciemos a dogmatismos. Como decía Lacan: “hagan como yo, no me imiten”.

[1] Lacan, J. (1956-57/1994). El Seminario. Libro 4: Las relaciones de objeto. Barcelona: Paidós, pág. 228.

[2] Lacan, J. (1962-63/2006). El Seminario. Libro 10: La angustia. Buenos Aires: Paidós.

[3] Un desarrollo al respecto se encuentra en la reciente publicación gratuita de la Revista Imago Agenda. Cf. Muñoz, P. (2020). Ciberanálisis. El dispositivo analítico en tiempos de coronavirus. En eBook: El deseo en cuarentena. El psicoanálisis después de la pandemia. Libro 1. Buenos Aires: Letra Viva, 2020, pp. 111-134. Link: https://letravivalibros.publica.la/library/publication/imago-agenda-libro-1-el-deseo-en-cuarentena-numero-especial-1588955862?require_login=1

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=818:efectos-subjetivos-psicologicos-pandemia&catid=9:perspectivas&Itemid=1

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Noty Psi: Aspectos psicosociales de las personas mayores en cuarentena

Aspectos psicosociales de las personas mayores en cuarentena. Intersecciones Psi

Aspectos Psicosociales de las personas mayores en cuarentena- Intersecciones Psi

Autores: RICARDO IACUB, CHRISTIAN ARIAS, ANA KASS, BÁRBARA HERRMANN, SOLANGE VAL, LUCIANA SLIPAKOFF, Y MARIANA GIL DE MUR

Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

Las personas mayores han sido identificadas, en el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio, debido al COVID 19, como uno de los grupos en riesgo. Razón que motivó desde la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la U.B.A, a indagar de qué modo, y en qué aspectos psicosociales, esta situación les afecta. De esta manera, se proyectó una encuesta en la que se investigaron aspectos anímicos, emocionales, conductuales, cognitivos, de apoyo social e instrumental, así como modos de enfrentar la pandemia. Para desde allí dar cuenta de la situación actual, de manera de poder diseñar abordajes que prioricen las necesidades, en este contexto tan particular y sin antecedentes.

El instrumento de recolección de datos es un cuestionario diseñado ad-hoc por especialistas en la temática. Fue administrado por alumnos e integrantes de la Cátedra, previa capacitación sobre su administración.

Se aplicó, de manera voluntaria, a personas mayores de 60 años que residen en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La entrevista fue administrada telefónicamente, previo consentimiento informado.

OBJETIVOS

  • Identificar posibles cambios de hábitos y rutinas de la vida cotidiana en las personas mayores a partir del inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio.
  • Conocer los estados de ánimo y preocupaciones que prevalecen en esta franja etaria durante el período de cuarentena.
  • Registrar los principales aspectos que favorecen y que dificultan atravesar esta situación.
  • Indagar si las personas mayores cuentan con redes de apoyo durante este período particular y sobre las formas de comunicación que establecieron.

CARACTERÍSTICAS DE LA MUESTRA

La muestra quedó conformada por 758 personas mayores de 60 años, residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Compuesta por el 70.4% de mujeres y el 29.6% de varones.

El 67,9% tiene entre 60 y 74 años y el 32,1% tiene 75 años y más.

Los niveles educativos quedaron conformados por: hasta primaria completa 13,9%, secundaria incompleta 12,8%, secundaria completa- terciario- universitario incompleto 37%, y terciario- universitario completo y más 36,1%.

El 41,1% de las personas encuestadas vive sola, el 15,8% con una persona, el 25,6% con dos personas, el 10,7% con tres y el 7% con más de tres personas.

El 67,1% está jubilada y retirada, el 22,1% trabaja y el 10,8% está jubilada, retirada y trabaja.

Las variables que se tomaron para el análisis de los datos fueron: género, edad (60-74 años y 75 años y más), actividad (jubilado – pensionado; trabajador activo, y jubilado pensionado laboralmente activo) y nivel educativo.

Las categorías, en las que se incluyeron los códigos, fueron definidas de este modo:

  • Hábitos y rutinas de la vida cotidiana: se describen los cambios percibidos relativos a las actividades de la vida diaria, tales como dormir, alimentarse, tiempo acostado, limpieza e higiene, salidas, actividad sexual. A su vez, se indaga sobre los cambios en consumos, potencialmente problemáticos, tales como benzodiacepinas, alcohol, drogas y tabaco.
  • Aspectos emocionales y psicológicos: se investigan las emociones emergentes en este contexto particular, tales como ansiedad, tristeza, irritabilidad, miedo, las preocupaciones por el factor económico y temor a la muerte. Se indagan los niveles de aburrimiento y diversión alcanzados y los recursos psicológicos de afrontamiento.
  • Comunicación y compañía: se describen las formas de contacto que se produjeron durante la cuarentena, los mecanismos que se utilizaron, la efectividad de los intercambios afectivos e instrumentales, y los cambios y conflictos en función de la convivencia en cuarentena.
  • Actividades recreativas y de desarrollo personal: se refiere a las actividades físicas, culinarias, literarias y cognitivas que implementaron las personas mayores en este contexto de cuarentena. También se indaga sobre los aprendizajes adquiridos durante este período, tanto de actividades como de recursos internos.

Hábitos y rutinas de la vida cotidiana:

En términos generales se observan pocos cambios de hábitos en las personas mayores encuestadas, lo cual se asociaría al factor ajuste requerido ante el nuevo contexto. Este grupo etario, por estar mayormente jubilados, suelen estar más acostumbrados que otros a pasar más tiempo en sus casas.

En relación al cuidado de la calidad de vida y de las rutinas, los cambios fueron más relevantes en los niveles educativos medios y altos.

De acuerdo a los datos recabados en la encuesta en relación al modo de alimentarse y del sueño, más de la mitad de los encuestados no refieren que haya habido cambios a causa de la cuarentena. Alrededor del 40% manifiesta “pocos cambios” y sólo un porcentaje mínimo refiere “cambios importantes”.

Según el género como variable, hay más cambios en las mujeres que en los varones respecto de la alimentación, y más cambios en los varones respecto del sueño.

Según la edad, los menores de 75 años identificaron más cambios negativos sobre la forma de alimentación que los mayores de esa edad. Con respecto a las horas de sueño, se incrementaron más en los entrevistados mayores de 75 años.

Al consultar sobre el tiempo que pasan acostados (no necesariamente durmiendo) los encuestados con menor nivel de formación informaron que pasan más tiempo acostados y, según el género, son los varones quienes lo hacen más.

Respecto de los cuidados higiénicos y la limpieza del hogar, se observa un cambio más significativo en todos, ya que la cuarentena modificó la cotidianeidad, pero son los menores de 75 años quienes se preocupan más por dichos cuidados (63,9% a 48,1%). Y según el género tanto a varones como a mujeres la higiene les preocupa “mucho”.

La reorganización de los hábitos dentro del hogar fue más simple para las mujeres, ya que suelen tener allí más actividades que los varones; y fue más sencillo en los niveles educativos más altos en tanto encuentran más intereses para desarrollar, adaptándose mejor a la situación.

Respecto de las salidas, el 70% de los encuestados salió para comprar, el 48.2% para ir al banco, y el 26.2% para atenderse por salud, incluyendo en este código la salida para vacunarse, y solo el 15.5% no salió de la casa.

Según el género, son los varones quienes más salieron; sobre todo para ir al banco y para comprar. Son también los varones con menor nivel educativo quienes salieron más que las mujeres (71% a 31,7%) y a medida que aumentan los niveles educativos se equiparan los porcentajes de salidas.

Según la edad, los mayores de 75 años salen menos a comprar que los de 60 a 74, pero salen más a realizar pagos. Solo un 16,9% de los mayores de 75 no salieron nunca, mientras que los menores de 75 años solo un 4% no salió.

En relación con la sexualidad, más allá de que los cambios referidos tienen un índice bajo, son los varones, los menores de 75 años y los encuestados con mayor nivel educativo quienes más expresan diferencias en este aspecto.

Con relación al consumo de psicofármacos, tabaco y alcohol no se observan cambios con la cuarentena.

Aspectos emocionales y psicológicos:

Con relación a los aspectos emocionales y psicológicos se observa que la tristeza aparece mayoritariamente entre “un poco” (59,2%) y “nada” (32,7%). Las mujeres y los mayores de 75 años lo expresaron algo más (62% de las mujeres manifiestan sentirse algo tristes mientras que los varones sólo en el 51% de los casos)

La mayoría (60% de las personas encuestadas) encuentra cambios moderados con respecto a la ansiedad (definida por “nervios, preocupación y temor”), manifestándose más en las mujeres, aunque la diferencia no es significativa en relación a la población general. Los niveles educativos más altos y los mayores de 75 años cuentan con más recursos frente a esta emoción.

La preocupación por lo económico aparece destacado en los jubilados, especialmente en relación al bienestar de los seres queridos (10% lo refiere por el bienestar de los seres queridos como principal preocupación) y, en los que aún trabajan, dicha preocupación se expresa en términos personales (23,4% de las personas mayores que trabajan manifiestan esta preocupación mientras que en el resto de la muestra el porcentaje desciende a 16,2%).

Cuando se pregunta por el miedo (lo que implicaría un sucedáneo aumentado de las preguntas anteriores) las respuestas de “nada” (38,5%) y “poco” (51,2%) aumentan notoriamente, lo que indica un mayor control psicológico frente a la pandemia.

Observamos que los encuestados que presentan más ansiedad, también muestran miedo (las mujeres, las personas con niveles educativos más bajos y los más jóvenes), aunque en valores notoriamente menores.

Las respuestas que aluden a la irritabilidad y la dificultad en la concentración aparecen entre una mayoría que no percibe ningún cambio, y un porcentaje mediano que señala “un poco”. La irritabilidad aparece más entre los más jóvenes y en varones, y la dificultad en la concentración entre los niveles con mayor formación educativa, las mujeres y los más jóvenes.

El aburrimiento y el divertirse son consonantes, ya que la muestra encuestada parece mantener una vivencia positiva de “poco” o “nada” aburrimiento (45,5% y 40,5% respectivamente) y “poco” o “mucho” divertimento (73,3% y 20,7%). Las mujeres se divierten más que los varones (indican divertirse mucho un 22,8 % de las mujeres mientras los varones en un 15,7%), quienes encontrarían más divertimento en el salir; y en los niveles educativos más bajos aparece más el aburrimiento, ya que tendrían menos recursos para entretenerse en la casa.

Si relacionamos este apartado con las preguntas abiertas sobre facilitadores y aprendizajes se desprende que hubo un aprendizaje de un desarrollo emocional asociado con paciencia, tolerancia y altruismo.

Comunicación y compañía:

En términos generales, la gente se encuentra conforme con la comunicación que mantiene tanto con su familia como con compañeros y amigos, siendo las mujeres quienes expresan mayores niveles de conformidad.

Indagar sobre la comunicación y la conformidad respecto a la misma, son cuestiones que se imponen como centrales, dado que incluso al preguntar sobre aquellos aspectos que facilitan el atravesamiento de la cuarentena, la comunicación en términos de “mantenerse comunicados”, se presenta como un dato significativo. Un 20% de los encuestados identifican como facilitador el hecho de mantenerse comunicados con sus allegados, señalando el uso de herramientas tecnológicas como claros medios para lograr sus objetivos de intercambio social, con el sentimiento de bienestar que éste produce.

Un porcentaje significativo de personas mayores han logrado aprendizajes, no solo en el uso de las herramientas propiamente dichas, si no en la capacidad de desarrollar vías alternativas de comunicación para mantenerse conectados a otros, ya sea en el entorno familiar, como en el plano social. Tal es así, que un 18% de los encuestados identificó como principal aprendizaje el uso herramientas tecnológicas, ubicándose éste como el mayor aprendizaje señalado.

En línea con lo antedicho, al indagar sobre los cambios que perciben las personas mayores sobre el uso de internet y redes sociales, encontramos que el 37,4% de las personas encuestadas percibe cambios moderados en su acceso a estos medios y un 46,3% cambios altos. Quienes mayores niveles educativos alcanzaron manifiestan haber modificado más su acceso a estas tecnologías. Cabe destacar que el uso de internet, redes sociales y plataformas virtuales pueden darse con objetivos diferentes, ya sea para la comunicación propiamente dicha, así como también con fines de entretenimiento, de encuentro y otros objetivos en el plano educacional, como ser un curso virtual.

Si observamos los resultados obtenidos con relación a la percepción de compañías por parte de las personas mayores, encontramos que los medios de comunicación clásicos, como la radio y la tv, proveen compañía y son utilizados para recibir información sobre la pandemia. Las personas de menores niveles educativos son quienes más manifiestan sentir “mucha” compañía por estos medios.

En relación a los vínculos con las personas con quienes conviven las personas mayores, se han identificado niveles bajos de conflictividad. Un 73,3% manifiesta no haber notado cambios, un 24,3% refiere cambios moderados y sólo un 2,3% manifiesta cambios altos. La presencia de conflictos queda mayormente asociada a la población de entre 60 y 74 años, pero cabe destacar que en los mayores de 75 años encontramos un porcentaje significativamente mayor de personas que viven solas.

Otra pregunta destacada, a la hora de indagar sobre la comunicación y la compañía, se expresó en términos de: “a quién recurre en caso de necesitar ayuda”. Así se ha identificado que las personas mayores encuentran en el entorno familiar la principal fuente de apoyo (siendo los/as hijos/as quienes se ubican en primer lugar, luego la pareja y posteriormente otros vínculos familiares). Otro dato a destacar, que resulta un reflejo también de las redes de apoyo construidas por las personas mayores en la Ciudad de Buenos Aires, es la aparición de la figura del “encargado de edificio” como una fuente de apoyo válida. Un 2% de los encuestados lo identifican como principal figura a la cual recurren en caso de necesitar ayuda.

En línea con la importancia que las personas mayores le otorgan a la comunicación y la compañía en este período, se pudo identificar como una de las dificultades más relevantes el encierro y el sentimiento de soledad con la falta de contacto cercano (por ej.: abrazar), que no puede ser reemplazado por otras formas de contactos, siendo lo que más se extraña el estar con otros.

Actividades de desarrollo personal:

En este apartado se describen los diversos tipos de actividades que las personas mayores realizan, ya sean físicas, de estimulación cognitiva, recreativas o aquellas otras actividades significativas de desarrollo personal. En términos generales las puntuaciones indican que hubo pocos cambios en relación al período anterior a la cuarentena, lo cual representaría un dato positivo al reflejar que no se han abandonado las prácticas ya adquiridas y que, incluso, se han incorporado nuevas.

La mayoría de las personas mayores de 60 años se encuentran realizando actividad física en sus casas. Un 52,4% de las personas refiere realizar “un poco” y un 11,1% “mucha” actividad. En este punto no se evidencian diferencias significativas en relación al género o la edad de las personas pero sí en cuanto al nivel educativo alcanzado. Las personas de mayor nivel educativo son quienes más actividad física realizan.

Al indagar sobre la realización de actividades de estimulación cognitiva se observa que las personas mayores ejercitan estas funciones “un poco” en un 48,4% de los casos y “mucho” en un 17,7% mientras que el 33,9% restante no realiza este tipo de actividades. Esta tendencia sólo se ve afectada por el nivel educativo alcanzado por las personas. En el caso de quienes cuentan con menores niveles educativos, un 48,5% de las personas mayores que no realizan ninguna actividad de estimulación cognitiva mientras que, en los niveles educativos más altos, se observan porcentajes cercanos a la media general (50% realiza “un poco” de actividad y 20% “mucho”, tanto en los niveles medios como en los altos).

Se han identificado, también, otro tipo de actividades significativas de desarrollo personal ante la pregunta que indaga sobre los principales aprendizajes en la cuarentena. El 15% de los encuestados refirió dedicarse a las actividades culinarias, otro 15% mencionó actividades ligadas al desarrollo de la paciencia, la tolerancia, el altruismo (sobre todo en quienes no se encuentran trabajando actualmente), y un 8.4% refirió actividades creativas y reflexivas. Estos datos dan cuenta de la importancia del desarrollo de aspectos psicológicos internos como la calma, la creatividad, el buen humor, destacando cómo las personas mayores se apoyaron sobre éstos y, al mismo tiempo, los cultivaron.

Cabe señalar que los encuestados de bajo nivel educativo respondieron en un 37% no haber aprendido nada, con diferencias significativas frente a los otros niveles (24% nivel medio y 15,3% el nivel alto). Así como también, los mayores de 75 años son quienes más refieren no percibir aprendizajes en este período de tiempo.

Por otro lado, se destaca que el hecho de permanecer activos ha sido identificado como uno de los principales facilitadores para atravesar la cuarentena, siendo que un 20% de los encuestados lo ha referido.

Además, es posible identificar la importancia de estar en actividad en las respuestas sobre lo que las personas más extrañan, ocupando las salidas, tanto recreativas como paseos programados, el segundo lugar con un 29% de respuestas (el primer lugar, con un 47% de respuestas, se ubicó el contacto con los seres queridos). Son las personas mayores de 75 años quienes más extrañan las salidas (35,4% frente al 26,1% de las personas de entre 60 y 64 años).

Conclusiones generales

Esta encuesta muestra datos positivos con relación a los modos de vivenciar esta etapa, presentando pocos cambios de hábitos. El factor ajuste ante los nuevos contextos explica, en buena medida, por qué los hábitos no parecen haber cambiado notoriamente, más que nada en mujeres, personas más viejas, jubilados que no trabajan y aquellos que no son jubilados.

Existen factores que podrían explicar la mayor expresión emocional, tanto positiva como negativa, asociables con narrativas de género en esta generación.

Los niveles educativos aparecen como una de las variables de mayor peso en la determinación de los recursos emocionales, la satisfacción con la comunicación y el control de los hábitos saludables.

La edad se presenta como una variable más compleja en la que los niveles de ocupación laboral se entrecruzan fuertemente, y donde los más jóvenes cuentan con más actividades, aprendizajes, salidas pero con más preocupaciones que los de 75 años y más.

Es posible, a partir de los datos relevados, inferir una mejor regulación emocional que permite una moderación en las emociones negativas. Aun cuando se presente un aumento en la ansiedad, disminuye la intensidad cuando la pregunta aborda los miedos o los pensamientos recurrentes sobre la muerte.

Se destaca, entre los facilitadores para atravesar la cuarentena, un fuerte apoyo en recursos internos como la tolerancia, la paciencia, mantener el buen humor, tener capacidad de adaptación, mantener la calma y ser creativos. Todo esto indicaría un control secundario, es decir la capacidad de postergar lo que no se puede realizar o realizarlo a través de otros o simplemente modificar el deseo, cuando no se encuentra la posibilidad de efectivizarlo.

Estas observaciones podrían explicarse por la teoría propuesta por Heckhausen y Schulz`s (1995) sobre el intento de control personal, en el que se diferencian: «el primario, referido a los intentos de lograr efectos en el ambiente inmediato a través de la influencia directa sobre el mundo externo; y el secundario, focalizado en el sí mismo, que busca modificar aquellos intereses que no estén al alcance de la influencia directa sobre el ambiente inmediato». El primero de ellos es más importante hasta la mediana edad; mientras que el secundario tiene un incremento más tardío, que se evidencia en la vejez. Este cambio se corresponde con una pérdida del control directo y un progresivo incremento de la atención a los procesos emocionales, lo cual explica el desarrollo en este aspecto que se puede encontrar en este tiempo de adversidad.

Por otro lado, sería posible asociarlo con el efecto de positividad (Carstensen & Mikels, 2005) definido como «el cambio de la selección de la información negativa hacia la positiva que se produce en la edad avanzada» que implicaría la «priorización de las gratificaciones emocionales actuales llevando a que los adultos mayores sean más sensibles a la información positiva y menos a la negativa, o a buscar evitarla» (Iacub, 2013).

Todo esto constituiría un sostén al concepto de la paradoja de la vejez (Mrozek y Kolarz, 1998), que muestra que, más allá de tener más pérdidas biológicas, psicológicas y sociales, el nivel de bienestar suele ser alto.

Es importante tener en cuenta que estos mecanismos resultan posibles en escenarios medianamente controlables como los que hasta el momento estamos observando. Sin embargo, la encuesta no nos brinda más que una lectura actual de este escenario de pandemia y cuarentena y no es posible saber en qué medida puede sostenerse si se agravan los escenarios o se extienden por períodos más prolongados.

Bibliografía:

Birditt, K.S., Fingerman, K.L. & Almeida, D.M. (2005). Age differences in exposure and reactions to interpersonal tensions: A daily diary study. Psychology and Aging, 20, 330340.

Blanchard-Fields, F. (2007). Solución diaria de problemas y emociones: una perspectiva de desarrollo para adultos. Direcciones actuales en ciencia psicológica, 16, 26-31.

Carstensen, L.L. & Mikels, J.A. (2005). At the intersection of emotion and cognition: Aging and the positivity effect. Current Directions in PsychologicalScience, 14, 117-121.

Mrozek, DK y CM Kolarz: 1998, ‘El efecto de la edad sobre el afecto positivo y negativo: una perspectiva de desarrollo sobre la felicidad’, Journal of Personality and Social Psychology 75, pp. 1333-1349.

Iacub, R. (2013) Identidad y envejecimiento. Paidós: Buenos Aires.

Iacub, R. (2013) Las emociones en el curso de la vida. Un marco conceptual. Revista Temática Kairós―Las emociones a través del curso vital y la Vejez‖, pp.15-39. Online ISSN

Stawski, RS, Sliwinski, MJ, Almeida, DM y Smyth, JM (2008). Exposición reportada y reactividad emocional a los estresores diarios: los roles de la edad adulta y el estrés global percibido. Psicología y envejecimiento, 23, 52-61.

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Noty Psi – Deshabitar los hábitos: sujetos a prueba. Las prácticas de los psicólogos en época de covid-19

Autor: MARCELO FERRARO
Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

Deshabilitar los hábitos: Sujetos a Prueba. Las prácticas de los psicólogos en época de Covid-19

No es desde un solo dispositivo de pensamiento, un discurso, que podemos pensar la novedad mundial de este suceso. Escenas de la actualidad nos remiten a situaciones de la guerra, las cuales Freud vivió, pensó y recorremos parte de esa escritura. Conceptos que nos sirven, pero no alcanzan. La amenaza y la incertidumbre pesan sobre nuestra comunidad. ¿Cuál es el lugar del Estado y sus gobernantes? ¿Cómo se tensa hoy el ejercicio del derecho a la salud? ¿Cómo se entrelaza esta dimensión política con las instituciones de salud? Hoy el protagonista social, es el equipo de salud y nosotros, los psicólogos, formamos parte de él. ¿Cómo quedan hoy trastocadas las versiones de las existencias singulares? El contexto cambia el texto. Y también los modos de nuestra escucha. ¿Cuáles serán los modos de intervención posibles?

El presidente argentino, al hablar de la pandemia mundial de coronavirus y la situación local, lo hizo diciendo “guerra”, “enemigo invisible”. Después presentó la estrategia de aislamiento social obligatorio.

Parecía mucho…pero no lo es.

Efectivamente, hay elementos de la guerra, hay un enemigo y una comunidad amenazada. Fundamentalmente: hay miedos. Existe el factor sorpresa dado por el contagio de la enfermedad y aún no existen las suficientes “armas” para enfrentarla con contundencia y vencerla, llámese (y parece lejos) vacuna, por ejemplo. Hay quienes deben mantenerse “encerrados”, “guardados” y otros que por su hacer y saber deben salir al frente, a “pelear”. Todo esto sucede en un marco de incertidumbre por el futuro.

Cuando Freud era interpelado por Einstein acerca de la guerra, le respondía que la cultura, esa operación que nos hace humanos, generaba la posibilidad del pasaje de la violencia al derecho “…a través del hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión de varios débiles. “L´union fait la forcé” (Freud 1933, 189).

Las actuales medidas de cuidado, de prevención sanitaria, como la cuarentena que vamos transitando, instalan al Estado en su función de ejercer una prohibición, pero no solamente eso. Se requiere generar un convencimiento social, un fuerte consenso extendido que permita, que hagamos propia la declinación de todas nuestras prácticas habituales en pos de un aislamiento preventivo de días, de semanas, frente a un tiempo futuro todavía impreciso.

Freud nos decía que la unión es lo que logra quebrar a la violencia de la guerra. Podemos arriesgar nosotros, de la pandemia.

En su lectura, Freud, hace una operación más: nos dice que el derecho se constituye a partir de esa unión, del poder que representa y que genera esa unión. “Vemos que el derecho es el poder de una comunidad” (Freud 1933, 189) frente a esa amenaza, a ese real que se cuela, que se contagia, de modos nuevos, demasiado simples, (¿violentos?) y abrumadores.

Hasta aquí nos ayuda a leer varios datos que vemos suceder: el reverdecer de los estados nacionales, con sus fronteras, con sus decisiones “para todos”, obligatorias, frente a una enfermedad que todos podemos contraer y si no, transmitir.

Parafraseando a Freud, cualquier guerra se libra en el campo social y se gana, si se gana la paz. Eso se logra si se es capaz de conseguir unidades cada vez mayores. Al responderle Freud a Einstein sobre su pregunta ¿por qué de la guerra? Ambos coinciden en que la forma de prevenirla es lograr que los seres humanos acuerden que una institución sea la encargada de resolver los conflictos.

En nuestro caso, observamos un gobierno que, desde el Estado, decide ir estableciendo “excepciones,” conjuntos de personas que salen del aislamiento, y con ese riesgo, sostienen actividades para el funcionamiento del conjunto de la comunidad.

El Estado enfrenta como problema político, al decir de Badiou, la responsabilidad de localizar al enemigo, de controlarlo. Son los gobiernos, su ideología y sus actos, los que dan sentido, los que definen cuál, qué, quién, cómo y cuándo.

En ese reverdecer -por ideología propia y/o por las circunstancias- el gobierno tensa y dialoga con otros modos del poder, con otros productores de gobernabilidad, productores de discursos y hegemonías. Diversos poderes yuxtapuestos, más o menos enfrentados, en la globalidad y vigencia de un capitalismo en su modalidad neoliberal.

¿Y de qué se está hablando?

De los derechos, tácitos para algunos, ninguneados para otros, el Derecho a la salud, a proteger la vida de los ciudadanos: desde el Estado, desde el otro, desde uno mismo y viceversa: se vuelve eje, dirección del dialogo y de la puja social.

Esto no es sencillo, Freud señalaba que podía resultar que el derecho “se convierte en la expresión de las desiguales relaciones de poder que imperan en su seno; las leyes son hechas por los dominadores y para ellos, y son escasos los derechos concedidos a los sometidos”. (Freud 1933, 189/190)

La potencia activa de un derecho está siempre en relación con otros estamentos de la sociedad, es decir no hay derecho puro: esas leyes, medidas y decretos, etc., se imbrican con otros poderes, hasta lograr encarnarse -cuando sucede- en la vida de los sujetos.

Frente a esta “guerra” el gobierno, asumiendo responsabilidades de Estado, ha planteado “salvar vidas”, ganar tiempo, achatar la curva y seguir. No perder ciudadanos (los menos posibles) en las batallas, quedarse en casa (lo más posible) para controlar la situación, una estrategia que debe lidiar, además con una historia de desigualdades previas y una economía que no debe ahogarse.

Gobierno y comunidad venimos, hasta hoy, revalorizando la vida. Basta ver imágenes de otros lugares del mundo, es decir, revalorizar la vida en una sociedad es sabernos iguales en tanto mortales.

Siguiendo a Foucault, este panorama actual nos invita a pensar en una concepción del poder: hablamos de Estado, gobierno y de sus instituciones ya no solo para connotar su condición represiva, sino el poder que conllevan como una verdadera tecnología de construcción de sujetos, desde los regímenes de enunciación que modelan sus prácticas.

Las subjetividades, también se construyen desde las instituciones públicas de salud: el valor de la vida, del cuidado de sí, de existir entre otros. De hacer, de decir, de manejarse, son las formas invisibles y evidentes en que también desde las instituciones, se conforman las subjetividades.

Equipo de salud mental y pandemia

El sistema de salud pasa a ocupar la centralidad en cuanto a actor social de esta época. Se espera de él y mucho.

Las instituciones sanitarias y sus protagonistas los médicos en sus revalorizadas figuras ya no están solos, en esta versión del siglo XXI las coordenadas sanitarias tienen un protagonista grupal: el equipo de salud. Sus integrantes son aquellos que no permanecen encuarentenados, concurren a hospitales, a centros de salud y se enfrentan a eso para lo cual nadie queda exento. Entre ellos están los “psi”, el equipo de salud mental.

Cuántas veces oímos decir y también dijimos “no hay salud, sin salud mental” o que “para hablar de salud tenemos que hablar de salud integral” y por eso el Equipo de salud.

En los ámbitos de las instituciones públicas esos discursos, sus prácticas y saberes, viven en permanente tensión y convivencia con otros, de corte más simple y biologicista. No basta con “viralizar”, eso es reducir la cuestión, eso favorece la exclusión y la ineficacia de nuestras prácticas. No se trata solo de combatir el virus sino del cuidado de las personas en tanto sujetos, en tanto las múltiples implicancias psicosociales que tiene una pandemia y el cumplimiento de las medidas de prevención. Se trata de sostener una concepción de sujeto y encontrar otra eficacia, otra calidad al momento de abordarla.

¿Cómo hacemos ahora?

En principio esto significa, ¿cómo, desde los equipos de salud mental y específicamente desde nuestro rol de psicólogos, pensamos esta nueva situación?

Impensada y sin memoria entre contemporáneos, se desarrolla en un escenario de imprevisibilidades, con algunos riesgos y sin certezas pero en la creciente sospecha que esta clínica en salud mental de hoy, inédita y creativa, es transitoria pero viene también a modificar, en buena medida, nuestras prácticas anteriores para siempre.

Nos toca a nosotros pensar los efectos subjetivos de este virus, de estos aislamientos, cuarentenas, encierros visibles frente al “enemigo” que no se ve, detalle no menor: no ver para darle formas al miedo.

Días y semanas o meses, en que nuestros pacientes o personas que conforman grupos de riesgo “subjetivo” pasan en sus casas, como pueden y con quién viven, si es que no están solos.

Todo esto pone también en crisis nuestro hacer y, a la vez, el camino que lleva a pensar qué podemos hacer de manera diferente, frente al padecimiento subjetivo, frente al deshabitar los hábitos de la inmensa mayoría de las personas. Tarea nunca sencilla, subvertir esos ordenadores con que cada uno contamos, de tiempo, espacio y recorridos libidinales.

Dejar la previsibilidad que nos nombra como espejo diario, que un día se sustrae por voluntad colectiva, pero con consecuencias singulares en cada vida.

Autonomía y lazo social, dos indicadores de salud mental para todas las corrientes teóricas, quedan cuestionados en un tiempo paradojal: hoy, aislarse físicamente protege la salud. Que ese aislamiento no sea subjetivo es, en muchos casos, un desafío de nuestra clínica de hoy.

Nos toca a nosotros encarar nuevos dispositivos, cuyos fundamentos ni siquiera son los que se consideran válidos en otras situaciones de desastres humanos y/o naturales. Nuevas estrategias y tácticas, hacia afuera, con nuestros pacientes, con la comunidad, pero hacia adentro también, con los demás integrantes del equipo, con la “vanguardia” frente a la enfermedad, ayudándolos a qué hacer con sus temores, sus nuevos hábitos y viejas prácticas, con sus omnipotencias. Todo esto sucediendo en un marco inédito, con mucha cercanía y poca perspectiva, porque nosotros también estamos involucrados.

El contexto cambia el texto. Somos llamados a pensar nuevos encuadres que incorporen tecnología remota, donde las transferencias corran por fibra óptica, donde la demanda parecerá quedar de nuestro lado, si no entendemos que para hacer lugar también, a veces, debemos tener la iniciativa. Estar, distintos, pero estar.

Dice el refrán: “el hábito no hace al monje”, sin embargo, es allí donde cualquier sujeto puede reconocerse, incluso nosotros, los “psi”. En nuestros “hábitos profesionales” nos reconocemos, acomodados en los hábitos de lo que sabemos hacer en la práctica que ejercemos. Frente a lo inédito, lo excepcional, es preciso que el hábito no haga al monje, que lo haga su convicción.

Frente a las pérdidas, los obstáculos, los fantasmas y los miedos, seguimos proponiendo a nuestros consultantes, a quien le haga falta, la experiencia del sujeto: cómo recobrar algún otro sentido, cómo encontrarse.

Bibliografía

Badiou, A. (2004) Circunstancias. Buenos Aires: Libros del Zorzal

Foucault, M. (1990). Tecnologías del yo. Barcelona, Buenos Aires: Editorial Paidós. 2008

Freud, S. (1933) ¿Por qué la guerra? En Obras Completas Vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu.

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=816:deshabitar-habitos-sujetos-prueba-practicas-psicologos-epocas-covid19&catid=9:perspectivas&Itemid=1

SATISFACCIÓN CONYUGAL: VARIABLES DETERMINANTES

Relaciones vinculares, Salud, Artículos Psi

Compartir Satisfacción Conyugal: Variables determinantes

Autores: AILÉN LUCARELLI Y VALERIA WITTNER
Fuente Intersecciones Psi (revista electrónica dela facultad de Psicología – UBA)

AÑO 10 – NÚMERO 34 – MARZO 2020

En el presente trabajo se realiza una recopilación de las investigaciones de los últimos diez años en torno al concepto de satisfacción conyugal, el cual constituye un importante predictor de la salud mental y física de las personas. Se enumeran y caracterizan las variables más relevantes que se encontraron en la bibliografía relacionadas con la satisfacción conyugal (contexto cultural; hábitat; nivel educativo; ámbito económico-laboral; género; salud; personalidad; estilo de apego; grado de diferenciación del self; creencias, normas y valores; sentido del humor; expresión del afecto, tiempo libre compartido; comunicación; sexualidad; compromiso; estrategias de mantenimiento; resolución de conflictos; presencia de hijos; edad y paso del tiempo).

La red social de las personas, que representa la suma de todas las relaciones que un individuo percibe como significativas, puede cumplir las funciones de compañía social, apoyo emocional, guía cognitiva y consejos, regulación social, ayuda material y servicios y acceso a nuevos contactos (Sluzki, 1996). Dentro de ella, la familia nuclear y fundamentalmente la pareja conyugal son quienes suelen cumplir mayores funciones, constituyendo los vínculos más importantes para el individuo. El deterioro de estos vínculos puede generar serias dificultades en la salud física y mental, y es por esto que la satisfacción en la relación de pareja es una dimensión muy importante en la vida de las personas.

Diversas investigaciones alrededor del mundo han hallado que la satisfacción conyugal predice la felicidad global, por encima y más allá de otros tipos de satisfacción; predice también el bienestar psicológico y la salud física, y puede servir de amortiguador para los acontecimientos vitales estresantes (Acevedo & Aron, 2009). Además, se ha comprobado que la falta de satisfacción en la relación tiene consecuencias adversas en la calidad de vida de las personas, tales como dificultades económicas, sociales, familiares y personales (Oropeza, Armenta, García, Padilla & Díaz, 2010). Todo esto se ve reflejado a su vez desde el punto de vista clínico, en donde se ha encontrado que uno de los motivos principales por la cual las personas buscan ayuda psicológica es por problemas de pareja (Oropeza et. Al, 2010). Entonces, el estudio de la satisfacción conyugal se torna de vital importancia para los profesionales de la salud mental, debido al decisivo impacto que tiene sobre la calidad de vida en general de las personas.

RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS PARA AFRONTAR LA PANDEMIA

Facultad de Psicología – UBA

GUIA BÁSICA
Desde la Facultad de Psicología de la UBA se ha elaborado la siguiente guía básica para conducirse en esta emergencia: cómo protegerse y cómo afrontar esta situación desde el punto de vista psicológico.

Compartir «Recomendaciones Psicológicas para Afrontar la Pandemia» – UBA

SENTIMIENTOS Y PENSAMIENTOS ASOCIADOS AL CORONAVIRUS:
La situación nueva de pandemia dispara estados de ansiedad. El elevado nivel de incertidumbre que acompaña esta situación precipita y mantiene un estado de captación ansiosa que constituye la preparación frente a una amenaza nueva y desconocida.
La situación vinculada con la pandemia es un estresor que puede incidir en nuestra calidad de vida. Algunas de las emociones que podemos estar sintiendo ante esta situación son:
Miedo: a perder la salud, a las posibles consecuencias de la enfermedad, a la falta de recursos, a la falta de insumos básicos. Es posible sentir miedo ante una situación que se percibe como nueva y amenazante. Es posible que pensamientos como “me puede pasar a mi” o “puedo contagiar a mi familia”, emerjan. Frente a ello pueden aparecer pensamientos negativos asociados a la muerte propia o de la familia, así como también temor a contagiar a los seres queridos y provocarles un daño. Estos sentimientos pueden generar tanto reacciones funcionales como disfuncionales.
Dentro de las reacciones funcionales es posible que aparezcan conductas creativas, actividades formativas o recreativas. En el caso de las reacciones disfuncionales que pueden incrementarse -aquellas conductas que implementamos para regular nuestras emociones negativas-, encontramos como ejemplo consumir noticias compulsivamente, entre otras.
• Frustración: esta situación puede provocar una sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales. Puede haber pensamientos del tipo “no puedo hacer lo que hago siempre”, “no
puedo terminar mi trabajo”, “quiero salir y no puedo”. Frente a esta situación novedosa estamos obligados a ser pacientes y debemos generar nuevos hábitos.
Enojo: suele ocurrir cuando experimentamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto. Puede haber pensamientos del tipo de “el gobierno tendría que haber cerrado antes, esto no es mi culpa” u “otras personas no respetan la cuarentena y se aprovechan”. Lo que puede provocar conductas irresponsables como salir de casa o iniciar
pleitos. Es importante recordar la importancia de realizar las denuncias por los medios oficiales y no exponerse a situaciones violentas.
• Ambivalencia: es posible sentir alivio por estar en casa pero también emociones como miedo, frustración o enojo. Puede suscitarse en pensamientos del tipo “ahora puedo hacer lo que nunca hago. Aunque quisiera saber
cuándo terminará todo esto”.
• Desorganización: el hecho de no poder continuar con la propia rutina es un factor que desorganiza nuestra estructura; ya que perdemos la sensación de control. Es importante recordar la capacidad que tenemos para
reorganizar una nueva estructura.
• Aburrimiento: el aislamiento provoca que nuestra posibilidad de vincularnos para compartir tiempo con otros se reduzca significativamente; con lo cual nuestras actividades de ocio y esparcimiento disminuyen significativamente. En
este sentido, pueden aparecer pensamientos del tipo “¿ahora qué hago?”, “¿cuándo podré salir a divertirme?”. Es importante utilizar los medios digitales que tenemos a nuestro alcance para seguir manteniéndose en contacto. Tenga
presente que es una situación transitoria y la conducta de respetar las indicaciones es en sí misma una acción muy valiosa para usted y toda la comunidad.
• Tristeza: esta situación puede darse por la ruptura de la cotidianeidad. También puede agravarse con el aislamiento y por tener contacto reiterado con noticias negativas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “no tengo ganas de
hacer nada”. Tenga en cuenta que es una situación transitoria y que el propio esfuerzo por respetar las regulaciones es lo que permitirá que finalice lo antes posible. No deje de compartir estos sentimientos con las personas con las que
comparte su hogar o con otros a través de medios virtuales.
• Sentimiento de soledad: la falta de vinculación puede provocar una sensación de soledad y agravarse especialmente en aquellas personas que viven solas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “me siento solo”, «qué hago si
me pasa algo». Es importante tener en cuenta que otros están pasando la misma situación y que puede ser posible establecer nuevas formas para vincularnos. Quizás con personas a nuestro alrededor (vecinos, comerciantes de la
zona, etc.) con las que no solemos relacionarnos o también a través de medios virtuales que hasta ahora no habíamos utilizado.
• Sensación de encierro: el aislamiento puede hacernos sentir encerrados y agobiados. Pueden aparecer pensamientos del tipo “quiero salir a la calle y juntarme con gente”. Recordar lo transitorio de esta situación y la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar es importante para utilizar recreativa y productivamente el tiempo.
• Ansiedad: la situación puede provocar sensaciones desagradables en relación a la incertidumbre. A su vez, pueden aparecer conductas y pensamientos que busquen huir de la realidad. Pueden aparecer pensamientos del tipo
“voy a dormir hasta que termine esto”. Es importante intentar mantener una rutina, establecer una serie de actividades para realizar durante el día y separar un espacio del mismo para el esparcimiento.

Estas emociones pueden tramitarse identificándolas, aceptando y cambiando aquellas conductas que interfieren con el afrontamiento de esta situación.

Identificar implica observar y comprender nuestros pensamientos y emociones.

RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS PARA AFRONTAR LA PANDEMIAFacultad de Psicología – UBA

UNO PUEDE TENDER A TENER PENSAMIENTOS COMO LOS SIGUIENTES:

  • No pasa nada, esto no me va a afectar, estan exagerando.

Estos pensamientos, que pueden calmar a una persona lo llevaran a tomar conductas de riesgo, exponiéndose a sí mismo y otros. La conducta también modula las emociones.

  • Es catastrófico, no lo van a poder controlar, estamos totalmente desprotegidos.

La emoción es la desesperanza y su aparición dificulta que nuestra conducta se mantenga estable, ya que si nada sirve no tiene sentido hacer nada. Es importante identificar esta emoción para comprender que la misma nos hará más difícil generar una nueva rutina y respetar las normas sociales.

  • Debo aprovechar esta situacion para hacer todo lo que tengo pendiente, debo ganar tiempo.

La emoción suscitada es la ansiedad de que algo se está perdiendo. Es probable que nos lleve a estar hiperactivos, al agotamiento y al sentimiento de fracaso. Establecer metas resulta una buena estrategia en esta situación, pero es esencial que éstas sean realistas; ya que imponer metas muy exigentes contribuirá a generar un sentimiento de que uno no rinde lo que debería.

Monitorear constantemente el número de infectados y fallecidos confirmará un sesgo negativo que incrementará nuestro malestar y hará más difícil que podamos mantenernos regulados. La aceptación de esta situación implica tomar estos fenómenos imponderables como parte de la naturaleza y estar más en contacto con el presente sin hacer proyecciones a las posibles consecuencias de esta situación.

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Gráfico de los 5 niveles de la pirámide de Maslow

Compartir Niveles de la Pirámide de Maslow

Pirámide de Maslow
  • Necesidades básicas o fisiológicas: Son las únicas inherentes en toda persona, básicas para la supervivencia del individuo. Respirar, alimentarse, hidratarse, vestirse, sexo, etc.
  • Necesidades de seguridad: Se busca crear y mantener una situación de orden y seguridad en la vida. Una seguridad física (salud), económica (ingresos), necesidad de vivienda, etc.
  • Necesidades sociales: Implican el sentimiento de pertenencia a un grupo social, familia, amigos, pareja, compañeros del trabajo, etc.
  • Necesidades de estima o reconocimiento: Son las necesidades de reconocimiento como la confianza, la independencia personal, la reputación o las metas financieras.
  • Necesidades de autorrealización: Este quinto nivel y el más alto solo puede ser satisfecho una vez todas las demás necesidades han sido suficientemente alcanzadas. Es la sensación de haber llegado al éxito personal.

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Fuente: Economipedia – https://economipedia.com/definiciones/piramide-de-maslow.html

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mundo Psi

Encontrarás material sobre las ciencias Psi y todas aquellas relacionadas con el conocimiento del ser humano; su relación con el mundo, los otros y consigo mismo.

Marcela E. Maldonado
Marcela E. Maldonado

Desde 2006, Psicopsi ha sido pionera en divulgación de material de estudio gratuito. Material que no se limita a la psicología, una de mis pasiones, sino a todo material que se dedique al estudio del Ser Humano y todo lo que se relacione con él. Sin tomar a una ciencia, disciplina o teoría como única. Hoy, en los tiempos en que hay mucha información y acceso de material de estudio, Psicopsi sigue siendo fiel a sus principios: Que no haya límites para el conocimiento y el acceso a él, no tomar una voz como verdad y dar el espacio para la publicación gratuita.

Definición de Salud Pública

¿Qué es la salud pública? Podemos definir la salud pública como salud colectiva, como un campo de prácticas sociales, conductas y el sentido como esas conductas se inscriben. No es sólo una acción. toda acción se produce desde una lógica de sentido y produce un sentido.- 24 de Octubre de 2008

¿Qué es la salud pública?

Podemos definir la salud pública como salud colectiva, como un campo de prácticas sociales, conductas y el sentido como esas conductas se inscriben. No es sólo una acción. toda acción se produce desde una lógica de sentido y produce un sentido. Es imposible separar las prácticas del sentido. Los sujetos están producidos por instituciones de salud. Como conjunto de  políticas que buscan garantizar la salud de la población por medio de acciones dirigidas a la colectividad y al individuo,  siendo uno de los componentes e indicador de las mejores condiciones de vida y bienestar del desarrollo del país bajo la  rectoría del Estado y la participación responsable de todos lo sectores y la comunidad. Para lograr la garantía efectiva de  este derecho universal, la sociedad con la rectoría del estado y la participación organizada de todos los sectores debe  desarrollar el conjunto tanto de conocimientos como de políticas requeridas para: La comprensión de los problemas que alteran  el bienestar; La detección, prevención y control de las enfermedades; El acceso a los servicios de atención, tratamiento y rehabilitación de la enfermedad y problemas de la salud; El control de vectores y factores de riesgo ambientales para la  salud. como misión de la salud pública es satisfacer el interés de la sociedad en garantizar las condiciones que permiten a las personas tener salud. La concepción de la salud y la enfermedad así como la concepción de la población ha ido cambiando  y evolucionado históricamente respondiendo a los cambios políticos y sociales, por lo tanto, produciéndose un cambio  respecto a las disciplinas que se incluyen respondiendo a la concepción de la salud. Teniendo la salud pública la función de  protección de la salud; prevención de las enfermedades; promoción de la salud; restauración de la salud y la vigilancia de la  epidemiología.
Alicia Stolkiner en su texto ¨salud pública-salud mental¨ (teórico número 1, 26 de abril de 1989) sostiene que el primer gran  equívoco es el término salud pública que encierra el peso que hay por detrás de la conceptualización acerca de lo público y lo  privado. Sosteniendo que el subsector privado del sistema de salud es público, siendo que el término privado hace hincapié  fundamentalmente al acceso, que es del público pero no de cualquier público, y a la financiación aun así no puede afirmarse  que que una prestación en salud o un problema en salud sea ¨privado¨ en cuanto a la forma de atanción que recibe. Este sector   no es ajeno ala jurisdicción estatal. La autora también sostiene que el campo de la salud en cuanto práctica social, es un campo no homogéneo, en tanto espacio de debate ideológico y epistemológico. Adheriendo a una corriente cuya temática es  fundamentalmente social (no bio-médica). Considerando «salud» una noción a construir permanentemente junto con sus  prácticas, ya que no existe una definición científica para la salud, considerando la definición de salud como una definición  teórico-ideológico-político, como definición historizada. 

La definición más conocida de salud pública, señala que es ésta una rama de la medicina cuyo interés fundamental es la preocupación por los fenómenos de salud en una perspectiva colectiva, vale decir, de aquellas situaciones que, por diferentes circunstancias, pueden adoptar patrones masivos en su desarrollo. En 1920, Winslow definió la salud pública en los siguientes términos:«la salud pública es la ciencia y el arte de prevenir las enfermedades, prolongar la vida y fomentar  la salud y la eficiencia física mediante esfuerzos organizados de la comunidad para sanear el medio ambiente, controlar las infecciones de la comunidad y educar al individuo en cuanto a los principios de la higiene personal; organizar servicios médicos y de enfermer?a para el diagnóstico precoz y el tratamiento preventivo de las enfermedades, as? como desarrollar la maquinaria social que le asegure a cada individuo de la comunidad un nivel de vida adecuado para el mantenimiento de la salud» (Posteriormente, Winslow cambió el término «salud física» por el de «salud física y mental»).

Marcela E. Maldonado (Estudiante de la UBA, Facultad de psicología)

Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud

¿Qué es la OPS?

Organización Panamericana de la Salud y Organización de la Salud

¿Qué es la OPS?

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) es un organismo internacional de salud pública con 100 años de experiencia dedicados a mejorar la salud y las condiciones de vida de los pueblos de las Américas. Goza de reconocimiento internacional como parte del Sistema de las Naciones Unidas, y actúa como Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud. Dentro del Sistema Interamericano, es el organismo especializado en salud. La Oficina Sanitaria Panamericana es la Secretaría de la Organización Panamericana de la Salud. Su misión es cooperar técnicamente con los Países Miembros y estimular la cooperación entre ellos para que, a la vez que conserva un ambiente saludable y avanza hacia el desarrollo humano sostenible, la población de las Américas alcance la Salud para Todos y por Todos. La Constitución de la Organización Mundial de la Salud fue adoptada el 22 de julio de 1946 y establece, de conformidad con la carta de las Naciones Unidas, que los siguientes principios son básicos para la felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos: La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. El goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social. La salud de todos los pueblos es una condición fundamental para lograr la paz y la seguridad, y depende de la más amplia cooperación de las personas y de los Estados. Los resultados alcanzados por cada Estado en el fomento y protección de la salud son valiosos para todos. La desigualdad de los diversos países, en lo relativo al fomento de la salud y el control de las enfermedades, sobre todo las transmisibles, constituye un peligro común. El desarrollo saludable del niño es de importancia fundamental; la capacidad de vivir en armonía en un mundo que cambia constantemente es indispensable para este desarrollo. La extensión a todos los pueblos de los beneficios de los conocimientos médicos, psicológicos y afines es esencial para alcanzar en más alto grado de salud. Una opinión pública bien informada y una cooperación activa por parte del público son de importancia capital para el mejoramiento de la salud del pueblo. Los gobiernos tienen responsabilidad en la salud de sus pueblos, la cual solo puede ser cumplida mediante la adopción de medidas sanitarias y sociales adecuadas.» La OPS/OMS lleva a cabo su misión en colaboración con los ministerios de salud, quienes pueden delegar la realización de iniciativas a otros organismos gubernamentales e internacionales, organizaciones no gubernamentales, universidades, organismos de seguridad social, grupos comunitarios y muchos otros.
¿Que es la O.M.S.?

La organización Mundial de la Salud: Fue establecido en 1948 para lograr el nivel de salud más alto posible por medio de la promoción de la cooperación técnica en materia de salud entre las naciones,la aplicación de programas para combatir y erradicar las enfermedades,la mejora de la calidad de la vida.Sus objetivos son: Reducir el exceso de mortalidad, morbilidad y discapacidad con especial énfasis en las poblaciones pobres y marginadas,promover estilos de vida saludables y reducir los riesgos para la salud,desarrollar sistemas de salud más justos y eficaces que sean financieramente más equitativos. La Asamblea Mundial de la Salud es el órgano que dirige las actividades de la OMS y está formado por 191 miembros que se reúnen anualmente. Además,la OMS cuenta con un Consejo Ejecutivo integrado por 32 expertos de la salud.

El psicólogo y su papel en la salud

La función del psicólogo en el campo de la salud, teniedo en cuenta la complejidad del objeto, no se restringe a atender lo convencionalmente definido como ¨enfemedades o patologías mentales¨ sino trabajar la demensión subjetiva en los diversos abordajes del proceso salud/enfermedad/ atención.

El psicólogo y su papel en la salud

La función del psicólogo en el campo de la salud, teniendo en cuenta la complejidad del objeto, no se restringe a atender lo convencionalmente definido como ¨enfermedades o patologías mentales¨ sino trabajar la dimensión subjetiva en los diversos abordajes del proceso salud/enfermedad/ atención. Definiendo el campo de las prácticas en salud y dentro de él las de salud mental es, en tanto espacio de prácticas sociales, ámbito de debate epistemológico. Concluyendo en las diversas teorías, concepciones y propuestas ideologías, cuerpos conceptuales y políticas. Entendiendo esta última como propuestas generales acerca de la forma en que una sociedad debe encarar su presente, su futuro y las relaciones de poder entre sus actores. operando en ellas determinaciones e intereses diversos.

Entendiendo la salud como un proceso que hace la vida y la muerte de sujetos individuales y de colectivos humanos, en una dinámica que enlaza indefectiblemente lo particular con lo genérico y lo biológico con lo social y lo subjetivo. Proceso que implica representaciones y prácticas configurando un campo. Entendiendo salud como un derecho humano y social que se encuentra en discusión y que determina la fijación de políticas( políticas de salud). Planteándose distintos modelos de definición del rol de Estado, el Mercado y la Sociedad Civil en ellas. La salud como una de las más importantes ¨industrias¨ del mundo, pertenecientes al sector servicios, en la que se invierten capitales a nivel internacional y que, por ende, es territorio de lucha de intereses económicos, corporativos y sociales. 

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