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Noty Psi – Una mirada sobre los efectos subjetivos y el psicoanálisis frente a la pandemia

Una mirada sobre los efectos subjetivos y el psicoanálisis frente a la pandemia – Muñoz, Pablo

Autor: PABLO D. MUÑOZ

Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA ) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

En primer lugar, huelga subrayar a esta altura el carácter inédito a nivel mundial de este evento que afecta al planeta. La consecuencia inmediata es la incertidumbre que genera en cuanto a sus consecuencias globales y, por ende, mucho más aún sus consecuencias subjetivas, particulares. En cuanto a estas, si entendemos la subjetividad como el conjunto de hábitos, costumbres, creencias, prácticas, saberes, ideales y deseos que nos habitan, estamos asistiendo a una conmoción en este registro, que afecta la salud pública en general y la salud mental en especial, pues estadísticamente puede conjeturarse que será mucha más la gente afectada psicológicamente por los efectos de la pandemia y las medidas de confinamiento tomadas al respecto, que la que se verá directamente afectada por el virus.

En psicoanálisis, cuando nos referimos a lo subjetivo no apuntamos a un objeto o hecho en sí, sino a la lectura que alguien tiene sobre ese hecho (la pandemia actual en nuestro caso), lectura que se expresa por medio del lenguaje; de allí la consideración del efecto sujeto como marca nominal de la enunciación. La conclusión será relativa, es decir, estará afectada por el contexto de quien la interpreta y el universo de sus intereses. Por eso, cada persona, una por una, responderá ante esto de diversos modos. En este sentido, hay un límite para hacer afirmaciones universales al respecto.

No obstante, estamos observando respuestas singulares, que impiden la comparación de unos con otros, pero sobre la base de un elemento universal que nos comprende a todos. Los seres humanos somos hablantes y el lenguaje -como diría Lacan– es una estructura que nos modifica, altera nuestra naturaleza, condicionando todo lo que podría ser del orden del instinto y lo natural. Uno de los efectos fundamentales del lenguaje sobre los seres humanos es que nos hace seres sociales y culturales. Podría objetarse que hay animales que viven en sociedad (las hormigas, por ejemplo) pero cabe señalar que carecen de la dimensión cultural que implica el lenguaje, el significante. Para los hablantes cuentan ambas dimensiones. Hablamos a otros y cuando otro habla sentimos que nos habla, o nos buscamos en su discurso a ver qué lugar nos reserva. Necesitamos imperiosamente hablar a otros, con otros y de otros. Incluso cuando hablamos con nosotros mismos somos dos, el que habla y a quien se habla.

A casi 70 días de encierro y distanciamiento social, y con un crecimiento notable del número de contagios, es factible decir sin temor a errar que el sentimiento de incertidumbre y la angustia se han generalizado. Cuando las coordenadas cambian tan abrupta y radicalmente, el tiempo subjetivo de elaboración -variable de persona a persona- puede infinitizarse y, mientras tanto, el padecimiento incrementarse, pasando del miedo inicial -esperable-, a la inhibición, el impedimento y el embarazo: experiencia de la castración que puede derivar en una angustia desregulada, que exige una intervención directa.

La angustia es un afecto muy particular que se distingue de otros afectos porque constituye una respuesta ante una situación de pérdida de las referencias, de desorientación respecto de una realidad que cambió bruscamente. Cuando alguien se siente desamparado y desvalido, puede desencadenarse una angustia sin representación, ante la que pueden faltar los recursos para enfrentarla. Me refiero, no solo a recursos económicos, sino a recursos subjetivos. Las circunstancias que estamos transitando, en medio de una pandemia y de una cuarentena, implican una crisis de sentido donde a mucha gente se le ha desdibujado el horizonte, el futuro, hacia dónde iba y se proyectaba y quedó detenido entre lo que era antes de la pandemia y lo que iba ser. Este tiempo de suspensión, se vive como sinsentido y se traduce en angustia:

“la angustia, en esa relación tan extraordinariamente evanescente en la que se nos manifiesta, surge en cada ocasión cuando el sujeto se encuentra, aunque sea de forma insensible, despegado de su existencia […] En resumen, la angustia es correlativa del momento de suspensión del sujeto, en un tiempo en el que ya no sabe dónde está, hacia un tiempo en el que va a ser algo en lo que ya nunca podrá reconocerse”[1].

Esto lo estamos verificando hoy en la situación de encierro obligatorio. La angustia se está volviendo pandémica y si bien es cierto que la cuarentena es una medida epidemiológicamente correcta, es imperioso que sus efectos psíquicos sean tratados. Si la angustia es el único afecto que no engaña[2], es índice de que algo está mal. Y nadie soporta vivir mucho tiempo inmerso en la angustia, a punto que indefectiblemente derivará en algo peor si no se lo trata adecuadamente y a tiempo. Por eso, no deberían subestimarse sus efectos. Pues puede ser un factor causante de enfermedades, psicológicas u orgánicas, tales como depresión, hipocondría, ataques de pánico, síntomas corporales y desencadenamiento de enfermedades orgánicas que estaban “latentes”, pero también de nuevos conflictos vinculares e incluso accidentes domésticos. En un extremo, pasajes al acto pueden ser motivados por una intensa angustia sin tramitación.

El tratamiento psicoanalítico de la angustia entraña poder empezar a poner palabras esa angustia, mediatizándola con representaciones que permitan al sujeto reconstruir el entramado simbólico en el que sostener una realidad vivible y soportable aún en tiempos de pandemia. El lazo analítico, la transferencia, es el operador central en este tratamiento, pues hablar es considerar al otro, es discurso, es lazo social, y esto es lo que nos mantiene vivos y nos hace, fundamentalmente, humanos. Eso permitirá salir de ese tiempo de suspensión y sinsentido para que el deseo vuelva a ser una orientación para la acción que le permita proyectarse, imaginarse en un futuro menos incierto. Lacan decía: hay que dosificar la angustia. De ese modo, progresivamente, la angustia desorganizante, respuesta ante lo traumático, podrá ir transformándose en otra cosa. Una angustia “operativa” que reinstale el deseo y su causa, aplastada por el encierro, la soledad y la distancia de los lazos afectivos.

Hoy por hoy, en la actual situación, el “ciberanálisis” u otros tipos de “teleterapia” (terapia a distancia) son un recurso válido. Y lo estamos haciendo, muchos analistas estamos atendiendo por teléfono, redes sociales y aplicaciones digitales. Pero hay casos en que esto ya no alcanza. Cuando estos recursos tecnológicos no alcanzan para aliviar el sufrimiento psíquico de un paciente y su terapeuta evalúa que su salud en general se pone en riesgo, es necesario el tratamiento presencial. Por ello, es imperioso empezar a habilitar la atención psicológica en consultorios particulares de los pacientes que efectivamente lo necesiten, por supuesto respetando un estricto protocolo de seguridad, higiene y distanciamiento, que no ponga en riesgo la salud médica.

Se han hecho habituales recientemente una multiplicidad de recomendaciones y sugerencias de distinta índole y diverso origen, que son muy válidas, pero siempre y cuando se tenga presente que cuando ese recurso ya no alcanza, se debe recurrir a los profesionales que nos ocupamos de la salud mental. Gracias a la formación en la Universidad pública y gratuita, el psicoanálisis está instalado en nuestra sociedad como una respuesta a la mano de cualquiera para responder a su sufrimiento. Tanto a nivel privado como a nivel público: infinidad de psicólogos de planta de todo el país trabajando en servicios de salud mental y psicopatología, concurrentes y residentes, los colman atendiendo a todo y todos, en condiciones a veces difíciles, haciéndose cargo de la salud mental de la mayoría de la población, sobre todo de escasos recursos. Están en la primera línea y se los debemos agradecer, pues han sabido enfrentar situaciones críticas desde siempre. Y por eso, profesionalmente están capacitados para responder ante lo que nos toca vivir.

El uso frecuente de metáforas bélicas para calificar la actualidad me hizo recordar que Lacan decía que, si tomamos la dirección de la cura como una guerra, debemos ser absolutamente libres a la hora de intervenir, y que eso está supeditado a los fines, a dónde queremos llegar. Pues bien, hoy a lo que queremos llegar es a que cada paciente encuentre su modo de lidiar con los efectos subjetivos que esta situación le trae.[3] Estemos dispuestos al diálogo, a escuchar, a responder a las demandas, a modularlas cuando sean impracticables, a soportar la angustia del que nos llama con desesperación. Tenemos que estar dispuestos a adaptar nuestro marco teórico y nuestro dispositivo a la situación actual. Eso es lo que Lacan pregonaba cuando decía que el analista ha de unir su horizonte a la subjetividad de la época. Lo que este momento nos exige es responder. El contexto actual exige que seamos abiertos y renunciemos a dogmatismos. Como decía Lacan: “hagan como yo, no me imiten”.

[1] Lacan, J. (1956-57/1994). El Seminario. Libro 4: Las relaciones de objeto. Barcelona: Paidós, pág. 228.

[2] Lacan, J. (1962-63/2006). El Seminario. Libro 10: La angustia. Buenos Aires: Paidós.

[3] Un desarrollo al respecto se encuentra en la reciente publicación gratuita de la Revista Imago Agenda. Cf. Muñoz, P. (2020). Ciberanálisis. El dispositivo analítico en tiempos de coronavirus. En eBook: El deseo en cuarentena. El psicoanálisis después de la pandemia. Libro 1. Buenos Aires: Letra Viva, 2020, pp. 111-134. Link: https://letravivalibros.publica.la/library/publication/imago-agenda-libro-1-el-deseo-en-cuarentena-numero-especial-1588955862?require_login=1

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=818:efectos-subjetivos-psicologicos-pandemia&catid=9:perspectivas&Itemid=1

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Noty Psi: Aspectos psicosociales de las personas mayores en cuarentena

Aspectos psicosociales de las personas mayores en cuarentena. Intersecciones Psi

Aspectos Psicosociales de las personas mayores en cuarentena- Intersecciones Psi

Autores: RICARDO IACUB, CHRISTIAN ARIAS, ANA KASS, BÁRBARA HERRMANN, SOLANGE VAL, LUCIANA SLIPAKOFF, Y MARIANA GIL DE MUR

Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

Las personas mayores han sido identificadas, en el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio, debido al COVID 19, como uno de los grupos en riesgo. Razón que motivó desde la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la U.B.A, a indagar de qué modo, y en qué aspectos psicosociales, esta situación les afecta. De esta manera, se proyectó una encuesta en la que se investigaron aspectos anímicos, emocionales, conductuales, cognitivos, de apoyo social e instrumental, así como modos de enfrentar la pandemia. Para desde allí dar cuenta de la situación actual, de manera de poder diseñar abordajes que prioricen las necesidades, en este contexto tan particular y sin antecedentes.

El instrumento de recolección de datos es un cuestionario diseñado ad-hoc por especialistas en la temática. Fue administrado por alumnos e integrantes de la Cátedra, previa capacitación sobre su administración.

Se aplicó, de manera voluntaria, a personas mayores de 60 años que residen en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La entrevista fue administrada telefónicamente, previo consentimiento informado.

OBJETIVOS

  • Identificar posibles cambios de hábitos y rutinas de la vida cotidiana en las personas mayores a partir del inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio.
  • Conocer los estados de ánimo y preocupaciones que prevalecen en esta franja etaria durante el período de cuarentena.
  • Registrar los principales aspectos que favorecen y que dificultan atravesar esta situación.
  • Indagar si las personas mayores cuentan con redes de apoyo durante este período particular y sobre las formas de comunicación que establecieron.

CARACTERÍSTICAS DE LA MUESTRA

La muestra quedó conformada por 758 personas mayores de 60 años, residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Compuesta por el 70.4% de mujeres y el 29.6% de varones.

El 67,9% tiene entre 60 y 74 años y el 32,1% tiene 75 años y más.

Los niveles educativos quedaron conformados por: hasta primaria completa 13,9%, secundaria incompleta 12,8%, secundaria completa- terciario- universitario incompleto 37%, y terciario- universitario completo y más 36,1%.

El 41,1% de las personas encuestadas vive sola, el 15,8% con una persona, el 25,6% con dos personas, el 10,7% con tres y el 7% con más de tres personas.

El 67,1% está jubilada y retirada, el 22,1% trabaja y el 10,8% está jubilada, retirada y trabaja.

Las variables que se tomaron para el análisis de los datos fueron: género, edad (60-74 años y 75 años y más), actividad (jubilado – pensionado; trabajador activo, y jubilado pensionado laboralmente activo) y nivel educativo.

Las categorías, en las que se incluyeron los códigos, fueron definidas de este modo:

  • Hábitos y rutinas de la vida cotidiana: se describen los cambios percibidos relativos a las actividades de la vida diaria, tales como dormir, alimentarse, tiempo acostado, limpieza e higiene, salidas, actividad sexual. A su vez, se indaga sobre los cambios en consumos, potencialmente problemáticos, tales como benzodiacepinas, alcohol, drogas y tabaco.
  • Aspectos emocionales y psicológicos: se investigan las emociones emergentes en este contexto particular, tales como ansiedad, tristeza, irritabilidad, miedo, las preocupaciones por el factor económico y temor a la muerte. Se indagan los niveles de aburrimiento y diversión alcanzados y los recursos psicológicos de afrontamiento.
  • Comunicación y compañía: se describen las formas de contacto que se produjeron durante la cuarentena, los mecanismos que se utilizaron, la efectividad de los intercambios afectivos e instrumentales, y los cambios y conflictos en función de la convivencia en cuarentena.
  • Actividades recreativas y de desarrollo personal: se refiere a las actividades físicas, culinarias, literarias y cognitivas que implementaron las personas mayores en este contexto de cuarentena. También se indaga sobre los aprendizajes adquiridos durante este período, tanto de actividades como de recursos internos.

Hábitos y rutinas de la vida cotidiana:

En términos generales se observan pocos cambios de hábitos en las personas mayores encuestadas, lo cual se asociaría al factor ajuste requerido ante el nuevo contexto. Este grupo etario, por estar mayormente jubilados, suelen estar más acostumbrados que otros a pasar más tiempo en sus casas.

En relación al cuidado de la calidad de vida y de las rutinas, los cambios fueron más relevantes en los niveles educativos medios y altos.

De acuerdo a los datos recabados en la encuesta en relación al modo de alimentarse y del sueño, más de la mitad de los encuestados no refieren que haya habido cambios a causa de la cuarentena. Alrededor del 40% manifiesta “pocos cambios” y sólo un porcentaje mínimo refiere “cambios importantes”.

Según el género como variable, hay más cambios en las mujeres que en los varones respecto de la alimentación, y más cambios en los varones respecto del sueño.

Según la edad, los menores de 75 años identificaron más cambios negativos sobre la forma de alimentación que los mayores de esa edad. Con respecto a las horas de sueño, se incrementaron más en los entrevistados mayores de 75 años.

Al consultar sobre el tiempo que pasan acostados (no necesariamente durmiendo) los encuestados con menor nivel de formación informaron que pasan más tiempo acostados y, según el género, son los varones quienes lo hacen más.

Respecto de los cuidados higiénicos y la limpieza del hogar, se observa un cambio más significativo en todos, ya que la cuarentena modificó la cotidianeidad, pero son los menores de 75 años quienes se preocupan más por dichos cuidados (63,9% a 48,1%). Y según el género tanto a varones como a mujeres la higiene les preocupa “mucho”.

La reorganización de los hábitos dentro del hogar fue más simple para las mujeres, ya que suelen tener allí más actividades que los varones; y fue más sencillo en los niveles educativos más altos en tanto encuentran más intereses para desarrollar, adaptándose mejor a la situación.

Respecto de las salidas, el 70% de los encuestados salió para comprar, el 48.2% para ir al banco, y el 26.2% para atenderse por salud, incluyendo en este código la salida para vacunarse, y solo el 15.5% no salió de la casa.

Según el género, son los varones quienes más salieron; sobre todo para ir al banco y para comprar. Son también los varones con menor nivel educativo quienes salieron más que las mujeres (71% a 31,7%) y a medida que aumentan los niveles educativos se equiparan los porcentajes de salidas.

Según la edad, los mayores de 75 años salen menos a comprar que los de 60 a 74, pero salen más a realizar pagos. Solo un 16,9% de los mayores de 75 no salieron nunca, mientras que los menores de 75 años solo un 4% no salió.

En relación con la sexualidad, más allá de que los cambios referidos tienen un índice bajo, son los varones, los menores de 75 años y los encuestados con mayor nivel educativo quienes más expresan diferencias en este aspecto.

Con relación al consumo de psicofármacos, tabaco y alcohol no se observan cambios con la cuarentena.

Aspectos emocionales y psicológicos:

Con relación a los aspectos emocionales y psicológicos se observa que la tristeza aparece mayoritariamente entre “un poco” (59,2%) y “nada” (32,7%). Las mujeres y los mayores de 75 años lo expresaron algo más (62% de las mujeres manifiestan sentirse algo tristes mientras que los varones sólo en el 51% de los casos)

La mayoría (60% de las personas encuestadas) encuentra cambios moderados con respecto a la ansiedad (definida por “nervios, preocupación y temor”), manifestándose más en las mujeres, aunque la diferencia no es significativa en relación a la población general. Los niveles educativos más altos y los mayores de 75 años cuentan con más recursos frente a esta emoción.

La preocupación por lo económico aparece destacado en los jubilados, especialmente en relación al bienestar de los seres queridos (10% lo refiere por el bienestar de los seres queridos como principal preocupación) y, en los que aún trabajan, dicha preocupación se expresa en términos personales (23,4% de las personas mayores que trabajan manifiestan esta preocupación mientras que en el resto de la muestra el porcentaje desciende a 16,2%).

Cuando se pregunta por el miedo (lo que implicaría un sucedáneo aumentado de las preguntas anteriores) las respuestas de “nada” (38,5%) y “poco” (51,2%) aumentan notoriamente, lo que indica un mayor control psicológico frente a la pandemia.

Observamos que los encuestados que presentan más ansiedad, también muestran miedo (las mujeres, las personas con niveles educativos más bajos y los más jóvenes), aunque en valores notoriamente menores.

Las respuestas que aluden a la irritabilidad y la dificultad en la concentración aparecen entre una mayoría que no percibe ningún cambio, y un porcentaje mediano que señala “un poco”. La irritabilidad aparece más entre los más jóvenes y en varones, y la dificultad en la concentración entre los niveles con mayor formación educativa, las mujeres y los más jóvenes.

El aburrimiento y el divertirse son consonantes, ya que la muestra encuestada parece mantener una vivencia positiva de “poco” o “nada” aburrimiento (45,5% y 40,5% respectivamente) y “poco” o “mucho” divertimento (73,3% y 20,7%). Las mujeres se divierten más que los varones (indican divertirse mucho un 22,8 % de las mujeres mientras los varones en un 15,7%), quienes encontrarían más divertimento en el salir; y en los niveles educativos más bajos aparece más el aburrimiento, ya que tendrían menos recursos para entretenerse en la casa.

Si relacionamos este apartado con las preguntas abiertas sobre facilitadores y aprendizajes se desprende que hubo un aprendizaje de un desarrollo emocional asociado con paciencia, tolerancia y altruismo.

Comunicación y compañía:

En términos generales, la gente se encuentra conforme con la comunicación que mantiene tanto con su familia como con compañeros y amigos, siendo las mujeres quienes expresan mayores niveles de conformidad.

Indagar sobre la comunicación y la conformidad respecto a la misma, son cuestiones que se imponen como centrales, dado que incluso al preguntar sobre aquellos aspectos que facilitan el atravesamiento de la cuarentena, la comunicación en términos de “mantenerse comunicados”, se presenta como un dato significativo. Un 20% de los encuestados identifican como facilitador el hecho de mantenerse comunicados con sus allegados, señalando el uso de herramientas tecnológicas como claros medios para lograr sus objetivos de intercambio social, con el sentimiento de bienestar que éste produce.

Un porcentaje significativo de personas mayores han logrado aprendizajes, no solo en el uso de las herramientas propiamente dichas, si no en la capacidad de desarrollar vías alternativas de comunicación para mantenerse conectados a otros, ya sea en el entorno familiar, como en el plano social. Tal es así, que un 18% de los encuestados identificó como principal aprendizaje el uso herramientas tecnológicas, ubicándose éste como el mayor aprendizaje señalado.

En línea con lo antedicho, al indagar sobre los cambios que perciben las personas mayores sobre el uso de internet y redes sociales, encontramos que el 37,4% de las personas encuestadas percibe cambios moderados en su acceso a estos medios y un 46,3% cambios altos. Quienes mayores niveles educativos alcanzaron manifiestan haber modificado más su acceso a estas tecnologías. Cabe destacar que el uso de internet, redes sociales y plataformas virtuales pueden darse con objetivos diferentes, ya sea para la comunicación propiamente dicha, así como también con fines de entretenimiento, de encuentro y otros objetivos en el plano educacional, como ser un curso virtual.

Si observamos los resultados obtenidos con relación a la percepción de compañías por parte de las personas mayores, encontramos que los medios de comunicación clásicos, como la radio y la tv, proveen compañía y son utilizados para recibir información sobre la pandemia. Las personas de menores niveles educativos son quienes más manifiestan sentir “mucha” compañía por estos medios.

En relación a los vínculos con las personas con quienes conviven las personas mayores, se han identificado niveles bajos de conflictividad. Un 73,3% manifiesta no haber notado cambios, un 24,3% refiere cambios moderados y sólo un 2,3% manifiesta cambios altos. La presencia de conflictos queda mayormente asociada a la población de entre 60 y 74 años, pero cabe destacar que en los mayores de 75 años encontramos un porcentaje significativamente mayor de personas que viven solas.

Otra pregunta destacada, a la hora de indagar sobre la comunicación y la compañía, se expresó en términos de: “a quién recurre en caso de necesitar ayuda”. Así se ha identificado que las personas mayores encuentran en el entorno familiar la principal fuente de apoyo (siendo los/as hijos/as quienes se ubican en primer lugar, luego la pareja y posteriormente otros vínculos familiares). Otro dato a destacar, que resulta un reflejo también de las redes de apoyo construidas por las personas mayores en la Ciudad de Buenos Aires, es la aparición de la figura del “encargado de edificio” como una fuente de apoyo válida. Un 2% de los encuestados lo identifican como principal figura a la cual recurren en caso de necesitar ayuda.

En línea con la importancia que las personas mayores le otorgan a la comunicación y la compañía en este período, se pudo identificar como una de las dificultades más relevantes el encierro y el sentimiento de soledad con la falta de contacto cercano (por ej.: abrazar), que no puede ser reemplazado por otras formas de contactos, siendo lo que más se extraña el estar con otros.

Actividades de desarrollo personal:

En este apartado se describen los diversos tipos de actividades que las personas mayores realizan, ya sean físicas, de estimulación cognitiva, recreativas o aquellas otras actividades significativas de desarrollo personal. En términos generales las puntuaciones indican que hubo pocos cambios en relación al período anterior a la cuarentena, lo cual representaría un dato positivo al reflejar que no se han abandonado las prácticas ya adquiridas y que, incluso, se han incorporado nuevas.

La mayoría de las personas mayores de 60 años se encuentran realizando actividad física en sus casas. Un 52,4% de las personas refiere realizar “un poco” y un 11,1% “mucha” actividad. En este punto no se evidencian diferencias significativas en relación al género o la edad de las personas pero sí en cuanto al nivel educativo alcanzado. Las personas de mayor nivel educativo son quienes más actividad física realizan.

Al indagar sobre la realización de actividades de estimulación cognitiva se observa que las personas mayores ejercitan estas funciones “un poco” en un 48,4% de los casos y “mucho” en un 17,7% mientras que el 33,9% restante no realiza este tipo de actividades. Esta tendencia sólo se ve afectada por el nivel educativo alcanzado por las personas. En el caso de quienes cuentan con menores niveles educativos, un 48,5% de las personas mayores que no realizan ninguna actividad de estimulación cognitiva mientras que, en los niveles educativos más altos, se observan porcentajes cercanos a la media general (50% realiza “un poco” de actividad y 20% “mucho”, tanto en los niveles medios como en los altos).

Se han identificado, también, otro tipo de actividades significativas de desarrollo personal ante la pregunta que indaga sobre los principales aprendizajes en la cuarentena. El 15% de los encuestados refirió dedicarse a las actividades culinarias, otro 15% mencionó actividades ligadas al desarrollo de la paciencia, la tolerancia, el altruismo (sobre todo en quienes no se encuentran trabajando actualmente), y un 8.4% refirió actividades creativas y reflexivas. Estos datos dan cuenta de la importancia del desarrollo de aspectos psicológicos internos como la calma, la creatividad, el buen humor, destacando cómo las personas mayores se apoyaron sobre éstos y, al mismo tiempo, los cultivaron.

Cabe señalar que los encuestados de bajo nivel educativo respondieron en un 37% no haber aprendido nada, con diferencias significativas frente a los otros niveles (24% nivel medio y 15,3% el nivel alto). Así como también, los mayores de 75 años son quienes más refieren no percibir aprendizajes en este período de tiempo.

Por otro lado, se destaca que el hecho de permanecer activos ha sido identificado como uno de los principales facilitadores para atravesar la cuarentena, siendo que un 20% de los encuestados lo ha referido.

Además, es posible identificar la importancia de estar en actividad en las respuestas sobre lo que las personas más extrañan, ocupando las salidas, tanto recreativas como paseos programados, el segundo lugar con un 29% de respuestas (el primer lugar, con un 47% de respuestas, se ubicó el contacto con los seres queridos). Son las personas mayores de 75 años quienes más extrañan las salidas (35,4% frente al 26,1% de las personas de entre 60 y 64 años).

Conclusiones generales

Esta encuesta muestra datos positivos con relación a los modos de vivenciar esta etapa, presentando pocos cambios de hábitos. El factor ajuste ante los nuevos contextos explica, en buena medida, por qué los hábitos no parecen haber cambiado notoriamente, más que nada en mujeres, personas más viejas, jubilados que no trabajan y aquellos que no son jubilados.

Existen factores que podrían explicar la mayor expresión emocional, tanto positiva como negativa, asociables con narrativas de género en esta generación.

Los niveles educativos aparecen como una de las variables de mayor peso en la determinación de los recursos emocionales, la satisfacción con la comunicación y el control de los hábitos saludables.

La edad se presenta como una variable más compleja en la que los niveles de ocupación laboral se entrecruzan fuertemente, y donde los más jóvenes cuentan con más actividades, aprendizajes, salidas pero con más preocupaciones que los de 75 años y más.

Es posible, a partir de los datos relevados, inferir una mejor regulación emocional que permite una moderación en las emociones negativas. Aun cuando se presente un aumento en la ansiedad, disminuye la intensidad cuando la pregunta aborda los miedos o los pensamientos recurrentes sobre la muerte.

Se destaca, entre los facilitadores para atravesar la cuarentena, un fuerte apoyo en recursos internos como la tolerancia, la paciencia, mantener el buen humor, tener capacidad de adaptación, mantener la calma y ser creativos. Todo esto indicaría un control secundario, es decir la capacidad de postergar lo que no se puede realizar o realizarlo a través de otros o simplemente modificar el deseo, cuando no se encuentra la posibilidad de efectivizarlo.

Estas observaciones podrían explicarse por la teoría propuesta por Heckhausen y Schulz`s (1995) sobre el intento de control personal, en el que se diferencian: «el primario, referido a los intentos de lograr efectos en el ambiente inmediato a través de la influencia directa sobre el mundo externo; y el secundario, focalizado en el sí mismo, que busca modificar aquellos intereses que no estén al alcance de la influencia directa sobre el ambiente inmediato». El primero de ellos es más importante hasta la mediana edad; mientras que el secundario tiene un incremento más tardío, que se evidencia en la vejez. Este cambio se corresponde con una pérdida del control directo y un progresivo incremento de la atención a los procesos emocionales, lo cual explica el desarrollo en este aspecto que se puede encontrar en este tiempo de adversidad.

Por otro lado, sería posible asociarlo con el efecto de positividad (Carstensen & Mikels, 2005) definido como «el cambio de la selección de la información negativa hacia la positiva que se produce en la edad avanzada» que implicaría la «priorización de las gratificaciones emocionales actuales llevando a que los adultos mayores sean más sensibles a la información positiva y menos a la negativa, o a buscar evitarla» (Iacub, 2013).

Todo esto constituiría un sostén al concepto de la paradoja de la vejez (Mrozek y Kolarz, 1998), que muestra que, más allá de tener más pérdidas biológicas, psicológicas y sociales, el nivel de bienestar suele ser alto.

Es importante tener en cuenta que estos mecanismos resultan posibles en escenarios medianamente controlables como los que hasta el momento estamos observando. Sin embargo, la encuesta no nos brinda más que una lectura actual de este escenario de pandemia y cuarentena y no es posible saber en qué medida puede sostenerse si se agravan los escenarios o se extienden por períodos más prolongados.

Bibliografía:

Birditt, K.S., Fingerman, K.L. & Almeida, D.M. (2005). Age differences in exposure and reactions to interpersonal tensions: A daily diary study. Psychology and Aging, 20, 330340.

Blanchard-Fields, F. (2007). Solución diaria de problemas y emociones: una perspectiva de desarrollo para adultos. Direcciones actuales en ciencia psicológica, 16, 26-31.

Carstensen, L.L. & Mikels, J.A. (2005). At the intersection of emotion and cognition: Aging and the positivity effect. Current Directions in PsychologicalScience, 14, 117-121.

Mrozek, DK y CM Kolarz: 1998, ‘El efecto de la edad sobre el afecto positivo y negativo: una perspectiva de desarrollo sobre la felicidad’, Journal of Personality and Social Psychology 75, pp. 1333-1349.

Iacub, R. (2013) Identidad y envejecimiento. Paidós: Buenos Aires.

Iacub, R. (2013) Las emociones en el curso de la vida. Un marco conceptual. Revista Temática Kairós―Las emociones a través del curso vital y la Vejez‖, pp.15-39. Online ISSN

Stawski, RS, Sliwinski, MJ, Almeida, DM y Smyth, JM (2008). Exposición reportada y reactividad emocional a los estresores diarios: los roles de la edad adulta y el estrés global percibido. Psicología y envejecimiento, 23, 52-61.

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=823:aspectos-psicosociales-de-las-personas-mayores-en-cuarentena&catid=9:perspectivas&Itemid=1

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Noty Psi – Deshabitar los hábitos: sujetos a prueba. Las prácticas de los psicólogos en época de covid-19

Autor: MARCELO FERRARO
Fuente: Intersecciones Psi (Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA) AÑO 10 – NÚMERO 35 – JUNIO 2020

Deshabilitar los hábitos: Sujetos a Prueba. Las prácticas de los psicólogos en época de Covid-19

No es desde un solo dispositivo de pensamiento, un discurso, que podemos pensar la novedad mundial de este suceso. Escenas de la actualidad nos remiten a situaciones de la guerra, las cuales Freud vivió, pensó y recorremos parte de esa escritura. Conceptos que nos sirven, pero no alcanzan. La amenaza y la incertidumbre pesan sobre nuestra comunidad. ¿Cuál es el lugar del Estado y sus gobernantes? ¿Cómo se tensa hoy el ejercicio del derecho a la salud? ¿Cómo se entrelaza esta dimensión política con las instituciones de salud? Hoy el protagonista social, es el equipo de salud y nosotros, los psicólogos, formamos parte de él. ¿Cómo quedan hoy trastocadas las versiones de las existencias singulares? El contexto cambia el texto. Y también los modos de nuestra escucha. ¿Cuáles serán los modos de intervención posibles?

El presidente argentino, al hablar de la pandemia mundial de coronavirus y la situación local, lo hizo diciendo “guerra”, “enemigo invisible”. Después presentó la estrategia de aislamiento social obligatorio.

Parecía mucho…pero no lo es.

Efectivamente, hay elementos de la guerra, hay un enemigo y una comunidad amenazada. Fundamentalmente: hay miedos. Existe el factor sorpresa dado por el contagio de la enfermedad y aún no existen las suficientes “armas” para enfrentarla con contundencia y vencerla, llámese (y parece lejos) vacuna, por ejemplo. Hay quienes deben mantenerse “encerrados”, “guardados” y otros que por su hacer y saber deben salir al frente, a “pelear”. Todo esto sucede en un marco de incertidumbre por el futuro.

Cuando Freud era interpelado por Einstein acerca de la guerra, le respondía que la cultura, esa operación que nos hace humanos, generaba la posibilidad del pasaje de la violencia al derecho “…a través del hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión de varios débiles. “L´union fait la forcé” (Freud 1933, 189).

Las actuales medidas de cuidado, de prevención sanitaria, como la cuarentena que vamos transitando, instalan al Estado en su función de ejercer una prohibición, pero no solamente eso. Se requiere generar un convencimiento social, un fuerte consenso extendido que permita, que hagamos propia la declinación de todas nuestras prácticas habituales en pos de un aislamiento preventivo de días, de semanas, frente a un tiempo futuro todavía impreciso.

Freud nos decía que la unión es lo que logra quebrar a la violencia de la guerra. Podemos arriesgar nosotros, de la pandemia.

En su lectura, Freud, hace una operación más: nos dice que el derecho se constituye a partir de esa unión, del poder que representa y que genera esa unión. “Vemos que el derecho es el poder de una comunidad” (Freud 1933, 189) frente a esa amenaza, a ese real que se cuela, que se contagia, de modos nuevos, demasiado simples, (¿violentos?) y abrumadores.

Hasta aquí nos ayuda a leer varios datos que vemos suceder: el reverdecer de los estados nacionales, con sus fronteras, con sus decisiones “para todos”, obligatorias, frente a una enfermedad que todos podemos contraer y si no, transmitir.

Parafraseando a Freud, cualquier guerra se libra en el campo social y se gana, si se gana la paz. Eso se logra si se es capaz de conseguir unidades cada vez mayores. Al responderle Freud a Einstein sobre su pregunta ¿por qué de la guerra? Ambos coinciden en que la forma de prevenirla es lograr que los seres humanos acuerden que una institución sea la encargada de resolver los conflictos.

En nuestro caso, observamos un gobierno que, desde el Estado, decide ir estableciendo “excepciones,” conjuntos de personas que salen del aislamiento, y con ese riesgo, sostienen actividades para el funcionamiento del conjunto de la comunidad.

El Estado enfrenta como problema político, al decir de Badiou, la responsabilidad de localizar al enemigo, de controlarlo. Son los gobiernos, su ideología y sus actos, los que dan sentido, los que definen cuál, qué, quién, cómo y cuándo.

En ese reverdecer -por ideología propia y/o por las circunstancias- el gobierno tensa y dialoga con otros modos del poder, con otros productores de gobernabilidad, productores de discursos y hegemonías. Diversos poderes yuxtapuestos, más o menos enfrentados, en la globalidad y vigencia de un capitalismo en su modalidad neoliberal.

¿Y de qué se está hablando?

De los derechos, tácitos para algunos, ninguneados para otros, el Derecho a la salud, a proteger la vida de los ciudadanos: desde el Estado, desde el otro, desde uno mismo y viceversa: se vuelve eje, dirección del dialogo y de la puja social.

Esto no es sencillo, Freud señalaba que podía resultar que el derecho “se convierte en la expresión de las desiguales relaciones de poder que imperan en su seno; las leyes son hechas por los dominadores y para ellos, y son escasos los derechos concedidos a los sometidos”. (Freud 1933, 189/190)

La potencia activa de un derecho está siempre en relación con otros estamentos de la sociedad, es decir no hay derecho puro: esas leyes, medidas y decretos, etc., se imbrican con otros poderes, hasta lograr encarnarse -cuando sucede- en la vida de los sujetos.

Frente a esta “guerra” el gobierno, asumiendo responsabilidades de Estado, ha planteado “salvar vidas”, ganar tiempo, achatar la curva y seguir. No perder ciudadanos (los menos posibles) en las batallas, quedarse en casa (lo más posible) para controlar la situación, una estrategia que debe lidiar, además con una historia de desigualdades previas y una economía que no debe ahogarse.

Gobierno y comunidad venimos, hasta hoy, revalorizando la vida. Basta ver imágenes de otros lugares del mundo, es decir, revalorizar la vida en una sociedad es sabernos iguales en tanto mortales.

Siguiendo a Foucault, este panorama actual nos invita a pensar en una concepción del poder: hablamos de Estado, gobierno y de sus instituciones ya no solo para connotar su condición represiva, sino el poder que conllevan como una verdadera tecnología de construcción de sujetos, desde los regímenes de enunciación que modelan sus prácticas.

Las subjetividades, también se construyen desde las instituciones públicas de salud: el valor de la vida, del cuidado de sí, de existir entre otros. De hacer, de decir, de manejarse, son las formas invisibles y evidentes en que también desde las instituciones, se conforman las subjetividades.

Equipo de salud mental y pandemia

El sistema de salud pasa a ocupar la centralidad en cuanto a actor social de esta época. Se espera de él y mucho.

Las instituciones sanitarias y sus protagonistas los médicos en sus revalorizadas figuras ya no están solos, en esta versión del siglo XXI las coordenadas sanitarias tienen un protagonista grupal: el equipo de salud. Sus integrantes son aquellos que no permanecen encuarentenados, concurren a hospitales, a centros de salud y se enfrentan a eso para lo cual nadie queda exento. Entre ellos están los “psi”, el equipo de salud mental.

Cuántas veces oímos decir y también dijimos “no hay salud, sin salud mental” o que “para hablar de salud tenemos que hablar de salud integral” y por eso el Equipo de salud.

En los ámbitos de las instituciones públicas esos discursos, sus prácticas y saberes, viven en permanente tensión y convivencia con otros, de corte más simple y biologicista. No basta con “viralizar”, eso es reducir la cuestión, eso favorece la exclusión y la ineficacia de nuestras prácticas. No se trata solo de combatir el virus sino del cuidado de las personas en tanto sujetos, en tanto las múltiples implicancias psicosociales que tiene una pandemia y el cumplimiento de las medidas de prevención. Se trata de sostener una concepción de sujeto y encontrar otra eficacia, otra calidad al momento de abordarla.

¿Cómo hacemos ahora?

En principio esto significa, ¿cómo, desde los equipos de salud mental y específicamente desde nuestro rol de psicólogos, pensamos esta nueva situación?

Impensada y sin memoria entre contemporáneos, se desarrolla en un escenario de imprevisibilidades, con algunos riesgos y sin certezas pero en la creciente sospecha que esta clínica en salud mental de hoy, inédita y creativa, es transitoria pero viene también a modificar, en buena medida, nuestras prácticas anteriores para siempre.

Nos toca a nosotros pensar los efectos subjetivos de este virus, de estos aislamientos, cuarentenas, encierros visibles frente al “enemigo” que no se ve, detalle no menor: no ver para darle formas al miedo.

Días y semanas o meses, en que nuestros pacientes o personas que conforman grupos de riesgo “subjetivo” pasan en sus casas, como pueden y con quién viven, si es que no están solos.

Todo esto pone también en crisis nuestro hacer y, a la vez, el camino que lleva a pensar qué podemos hacer de manera diferente, frente al padecimiento subjetivo, frente al deshabitar los hábitos de la inmensa mayoría de las personas. Tarea nunca sencilla, subvertir esos ordenadores con que cada uno contamos, de tiempo, espacio y recorridos libidinales.

Dejar la previsibilidad que nos nombra como espejo diario, que un día se sustrae por voluntad colectiva, pero con consecuencias singulares en cada vida.

Autonomía y lazo social, dos indicadores de salud mental para todas las corrientes teóricas, quedan cuestionados en un tiempo paradojal: hoy, aislarse físicamente protege la salud. Que ese aislamiento no sea subjetivo es, en muchos casos, un desafío de nuestra clínica de hoy.

Nos toca a nosotros encarar nuevos dispositivos, cuyos fundamentos ni siquiera son los que se consideran válidos en otras situaciones de desastres humanos y/o naturales. Nuevas estrategias y tácticas, hacia afuera, con nuestros pacientes, con la comunidad, pero hacia adentro también, con los demás integrantes del equipo, con la “vanguardia” frente a la enfermedad, ayudándolos a qué hacer con sus temores, sus nuevos hábitos y viejas prácticas, con sus omnipotencias. Todo esto sucediendo en un marco inédito, con mucha cercanía y poca perspectiva, porque nosotros también estamos involucrados.

El contexto cambia el texto. Somos llamados a pensar nuevos encuadres que incorporen tecnología remota, donde las transferencias corran por fibra óptica, donde la demanda parecerá quedar de nuestro lado, si no entendemos que para hacer lugar también, a veces, debemos tener la iniciativa. Estar, distintos, pero estar.

Dice el refrán: “el hábito no hace al monje”, sin embargo, es allí donde cualquier sujeto puede reconocerse, incluso nosotros, los “psi”. En nuestros “hábitos profesionales” nos reconocemos, acomodados en los hábitos de lo que sabemos hacer en la práctica que ejercemos. Frente a lo inédito, lo excepcional, es preciso que el hábito no haga al monje, que lo haga su convicción.

Frente a las pérdidas, los obstáculos, los fantasmas y los miedos, seguimos proponiendo a nuestros consultantes, a quien le haga falta, la experiencia del sujeto: cómo recobrar algún otro sentido, cómo encontrarse.

Bibliografía

Badiou, A. (2004) Circunstancias. Buenos Aires: Libros del Zorzal

Foucault, M. (1990). Tecnologías del yo. Barcelona, Buenos Aires: Editorial Paidós. 2008

Freud, S. (1933) ¿Por qué la guerra? En Obras Completas Vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu.

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=816:deshabitar-habitos-sujetos-prueba-practicas-psicologos-epocas-covid19&catid=9:perspectivas&Itemid=1

Percepción – La importancia de nuestra memoria – Eduard Punset

Fragmento: La importancia de nuestra memoria – Eduard Punset – CDI 2009

Eduard Punset desarrolla la idea de percepción en este fragmento:

«(…) a lo que verdad somos y si estamos preparados para hacer frente a lo que se nos viene encima, lo primero que tenemos que empezar por ver es qué idea tenemos del mundo porque mucha gente está convencida de que cuando mira el universo, cuando percibe el universo, la realidad, es precisamente como la percibe. Lo siento muchísimo decirlo pero es falso (…) cuando tenemos una percepción, una sensación del universo, de la realidad (…) pongamos la palabra perro, la palabra nunca nos haría ver de verdad aunque represente aquel animal como es la realidad porque es otra cosa totalmente distinta (…) realmente la realidad tiene un soporte físico que desconocemos casi totalmente, sobre todo en la vida cotidiana(da ejemplo del soporte físico de la percepción) Cuál es el resultado de todo eso? el resultado de todo eso es que por donde empezamos a ver el mundo, por donde empezamos a ver las cosas es una hipótesis incierta que esperamos después confirmar mediante dos pasos que son importantísimos. Uno la memoria y el segundo el aprendizaje.»

Fragmento: La importancia de nuestra memoria – Eduard Punset – CDI 2009

Percepción – Fragmento: La importancia de nuestra memoria – Eduard Punset

Video Completo:

La importancia de nuestra memoria – Eduard Punset – CDI 2009

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Autor: DIEGO A. BURASTERO

Fuente: Intersecciones Psi – Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA (AÑO 10 – NÚMERO 33 – DICIEMBRE 2019)

Ahora no puedo saber si fue un sueño, una revelación mística o una vivencia auténtica, pero fue algo así: Por un segundo se prendió la luz y yo estuve allí frente al espejo, pleno, un ser absoluto, perplejo de mí mismo, es decir, satisfecho. Un segundo más tarde la luz se apagó y me encontré confundido, desorientado. Estuve ahí en la oscuridad sin poder verme, me sentí vacío y perturbado. En tanto el tiempo fue pasando seguía sin verme, pero ese vacío poco a poco se fue llenando. Infinitos signos se incrustaron como piedras engarzadas en mi ser. Sentí dolor y sentí gozo en todas aquellas letras que se me incorporaron en el alma y en el cuerpo. Al fin ya no estaba vacío, los signos me habían ocupado, me habitaban. Allí en lo profundo se agitaban, murmuraban y otras veces vociferaban. Yo me acercaba a ese abismo preso del temor y la curiosidad. Incursionaba tierras adentro queriendo saber todo y temiendo saber de más. En este oscuro lugar todo era posible, una tierra sin tiempo y sin leyes. Cada signo estaba adherido a una imagen y un sonido, estos tenían vida propia. Se agrupaban, se confundían, se disgregaban y se confrontaban. Otros permanecían encerrados, no me era permitido verlos. Solo los escuchaba como ecos lejanos, difusos, distorsionados y reverberantes que no decían nada. En su lugar de encierro de altos muros había una ventana con el vidrio muy sucio. Intentaba ver por ella. aunque solo obtenía fracciones, imágenes difusas o caleidoscópicas. Lo que fuera que había detrás de los muros despertaba mi curiosidad, pero otra parte de mí no quería saber nada. En una de mis incursiones, siempre un poco a tientas, entre sombras, llegue a la morada del soberano. Una vez frente a él me sentí pequeño, lo reconocí mi amo. Ante su presencia me di cuenta que yo era su lacayo, un simple mortal. No me era lícito verlo ya que no tenía apariencia alguna, todo lo que recuerdo son sensaciones. Su conciencia era ancestral, cargaba él con la herencia de millones. Su memoria era infinita se recordaba hasta los umbrales de la humanidad y más. También su energía era absoluta, era el motor de todo cuanto se hacía allí y fuera de allí también. Una energía antaño animal, salvaje, aligerada por otra energía que la encauzaba, la “domesticaba”. Una fuente de recursos interminables capaz de construir un mundo entero, pero también de derribarlo acto seguido. Solo una cosa desea el soberano con sed incansable, como buen tirano solo busca su satisfacción, solo ser sí mismo.

No sólo un abismo profundo me constituía, también otros poderes se erigían. Una montaña existía y su cumbre se perdía entre las nubes. Allí otro soberano gobernaba en su trono, uno sádico y cruel que tenía dos brazos gigantes, en cada uno de ellos un poder. Con un brazo de hierro me castigaba sin piedad, sin remordimiento, cargado de ira y maldad por los errores que yo cometía; con el otro brazo me alentaba, me proponía mejores versiones de mí. Su poder me resultaba hostigante, un dilema sin respuesta, ya que todo me era posible y, al mismo tiempo, imposible según él. Mi fracaso era de antemano, un eterno castigo donde nunca alcanzaría aquello que anhelaba. Todo esto era puertas adentro, aquellos signos que se clavaron en mi cuerpo como saetas eran todo lo que yo era. Puertas afuera otro poder me constreñía, me obligaba a una constante adaptación, todo el tiempo tenía que interpretar construir interminables edificios para entender aquello que ocurría allá afuera. Todo cuanto pasaba debía ser explicado y justificado, lo desconocido abría la puerta a un vacío (el vacío de antes) por el que temía caer. El miedo al vacío era el peor de los temores, la pesadilla más despiadada. También afuera estaban los otros, otros universos indescifrables, apenas inteligibles. Estos lograban a veces calar en mi cuerpo, allí donde los signos habitaban creando un puente que unía los universos. Puentes sólidos, frágiles, a veces temporales.

En tanto observaba todo esto que me rodeaba, advertí que se había encendido la luz y yo estaba frente al espejo, pero este estaba completamente roto. Incontables trozos, fragmentos, recortes, eso era yo. Todo el tiempo trataba de encontrarme en esos pedazos sin poder hallarme o, mejor dicho, me encontraba con felicidad, pero al rato me sentía alienado, me desconocía, me dudaba, me volvía a reencontrar. Un juego de vacilaciones constantes, en busca de esa imagen completa que el espejo ya no podía presentarme. Estaba roto y con un faltante. Siempre creía encontrar ese trozo, pero en el instante mismo que colocaba la pieza, un nuevo agujero aparecía en otro lugar. Después de tanto intentar comprendí que la lógica del juego del espejo no era que encuentre el faltante, sino que lo busque. Este es el motor, lo que hace funcionar la máquina de la voluntad.

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¿Qué dice el psicoanálisis sobre el ataque de pánico?

Trabajos, Tesis, Artículos de Estudiantes y Profesionales
¿Qué dice el psicoanálisis sobre el ataque de pánico?

¿Qué dice el psicoanálisis sobre el ataque de pánico?

ARIDNAJ DE OLIVEIRA LIMA
Fuente: Intersecciones Psi – Revista Electrónica de la Facultad de Psicología – UBA (AÑO 10 – NÚMERO 33 – DICIEMBRE 2019)

Hoy más que nunca la pregunta: “¿Qué dicen los psicólogos, los psiquiatras, los psicoanalistas sobre el Ataque de Pánico?”, está en evidencia. Todos de un modo u otro han sentido algún interés por saber más sobre ese padecer, que parece ser cada vez más frecuente, o porque ya lo vivió o porque conoce a alguien que lo vivió, o porque lee y escucha sobre ese tema muy frecuentemente. La Psiquiatría y algunas Psicoterapias han desarrollado muchos estudios y métodos de tratamiento para el Pánico, pero no vemos de forma tan frecuente que se hable del Ataque de Pánico desde el Psicoanálisis. El presente artículo, está direccionado a dar una explanación breve del abordaje de lo que hoy se llama Ataque de Pánico, desde la perspectiva del Pánico como Angustia Actual. Para ello, se hará un sucinto recorrido histórico por los desarrollos de Freud sobre la angustia y también serán utilizado los aportes de Lacan, en el Seminario X, sobre la misma.

¿Por qué sería pertinente un análisis desde el abordaje psicoanalítico?

Lo que llamamos desde la psiquiatría Ataque de Pánico, es una denominación para un conjunto de síntomas que desde 1895 ya habían sido descriptos por Sigmund Freud bajo el nombre de Neurosis de Angustia, por lo tanto, si bien el nombre, es nuevo, la sintomatología no, siendo así desde el nacimiento del psicoanálisis vemos la preocupación de Freud en investigar sobre la Angustia, considerándola como una categoría clínica.

Tan antigua como el ser hablante, la Angustia fue ampliamente hablada por los filósofos, poetas y escritores de todas las épocas. El propio término Pánico tiene su origen en la mitología griega. Se dice que el dios Pan hacía apariciones repentinas en las noches, lo que causaba terror o «pánico» en las personas. Lo nuevo que introdujo Freud fue dar a la angustia un estatuto clínico al separar de la neurastenia un cierto conjunto de síntomas que tenían como base la angustia. Fue a partir de ahí que la angustia pudo ser investigada, pensada, analizada, y de ahí se podría pensar un camino hacia su tratamiento.

Actualmente, otras disciplinas han desarrollado métodos de control, de tratamiento del Ataque de Pánico, generalmente teniendo los fármacos como parte de ese proceso. Las nuevas tecnologías y medios de comunicación han divulgado miles y miles de informaciones, sobre el tema, que van desde serias investigaciones, a opiniones populares y mitos sobre el mismo. Parece que hay una preocupación mucho más grande en la eliminación de los síntomas que una búsqueda seria en las causas para, desde ahí, pensarse posibilidades de tratamiento.

Con Freud, aprendemos desde el principio de su obra que los síntomas son una brújula, que como psicoanalistas no debemos pensar en eliminarlos, los síntomas nos van a ayudar a trazar el camino para entender qué le está aconteciendo realmente a ese sujeto, considerando siempre la subjetividad de cada individuo, su historia, y las particularidades de su padecer. Freud llegó a elaborar tres teorías sobre la angustia, a saber: La angustia causada por procesos fisiológicos, la angustia como resultado de la represión, y la angustia como lo que causa la represión.

Como se sabe, las investigaciones freudianas empiezan en el campo de las neurosis, y en 1894 Freud se interesa también por el estudio de la Neurastenia. Una categoría nosológica que había sido creada por un estadounidense, George Miller Beard (1839-1883) y que fue rápidamente asimilada por la psiquiatría europea, pero había distinciones en el modo de entenderla. Reunía muchos síntomas distintos entre sí, una serie de manifestaciones diversas que no dejaba en claro de qué se trataba realmente la neurastenia y, por lo tanto, esa diversidad dificultaría el diagnostico y la planificación de un tratamiento.

Con el ya elaborado concepto de trauma psíquico y su distinción entre neurastenia y neurosis de angustia, Freud presenta al mundo de la psiquiatría europea su primera nosología: Por un lado las histerias, fobias y neurosis obsesivas (y en este momento también la paranoia) incluidas en un grupo de enfermedades en las cuales operaban mecanismos psíquicos de defensa, y que por sus observaciones de hasta entonces, tenían etiología en lo sexual de la infancia, un trauma sexual, infantil, inconsciente. A estas llamó Neuropsicosis de Defensa. Por otro lado, otro grupo de neurosis, que al contrario de las primeras no operaban un mecanismo psíquico de defensa y en las cuales no se observaba un trauma sexual infantil, y sí problemáticas de la vida sexual actual del sujeto, que son la Neurastenia (propiamente dicha) y la Neurosis de Angustia.

En esta primera teoría sobre la angustia, posicionada ahora en la condición de una psicopatología, la misma podría ser estudiada, investigada, analizada, y se podría pensar cómo tratarla. Freud postuló su sintomatología cómo: Irritabilidad general, expectativa angustiada, ataque de angustia, equivalente de ataque de angustia (espasmos del corazón, la persona siente que le falta el aire), temblores, terror nocturno, vértigo locomotor, fobias, síntomas digestivos, parestesias -el adormecimiento de la piel- pavor nocturno etc.

Además, también la relación entre angustia y miedo fue desde el principio señalada por Freud como algo importante. En Obsesiones y Fobias, de este mismo año, distingue entre el miedo fóbico y el miedo obsesivo y separa las fobias comunes (miedo a las serpientes, a la oscuridad, a la noche, etc., a las cosas que serían, de alguna forma, común que generen algún miedo) de las fobias que él llama ocasionales, angustia emergente en circunstancias especiales y da como ejemplo la agorafobia y demás fobias de locomoción.

La llegada del Pequeño Hans a la clínica de Freud, da un giro a sus investigaciones: En 1908 Freud recibe a un niño de cinco años, llevado por su padre, por presentar una fobia: el miedo de que al salir a la calle se encontrara con los caballos. Herbert Graf se tornó conocido como el “pequeño Hans” y fue la primera vez que se trató a un niño con el método freudiano. Su historia se hizo conocida como el Caso Juanito, en la traducción al español, al publicar Freud en 1909 “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”.

Aquí la historia: Cuando Juanito tenía cuatro años y estaba de paseo por el parque con la criada contempló una escena aterradora: un caballo que tiraba de un pesado carro se desplomó en la calle. A partir de ese momento padece una grave fobia hacia los caballos, y más específicamente a que los caballos con algo negro en la boca lo muerdan. El pánico es tan grande que le impide salir de casa. En un primer momento, su padre interpreta que la fobia de Juanito se debe a los excesivos cariños de su madre y al miedo al gran “hace-pipí” del animal.

Es importante destacar que, en un primer momento, Freud se ocupa en ubicar el inicio de la angustia y de la fobia, de modo de separarlas. Al preguntarse cómo se forma la fobia intenta circunscribir la angustia y, si traemos esto a la clínica del pánico, nos damos cuenta de que los miedos presentados a menudo por los pacientes, como miedo a volverse loco, miedo a perder el control o miedo a morir, no son lo que causa la irrupción de los síntomas en el cuerpo.

Tomando como modelo el caso de Juanito, Freud comienza a teorizar con respecto a la angustia. Es una teorización completamente distinta de la que había hecho en 1895, que era una angustia causada por procesos fisiológicos, aquí comienza a hablar de una angustia psíquica. Es importante notar que en este historial Freud no menciona las neurosis de angustia, ni las neurosis actuales, ni los procesos fisiológicos, pero no significa que abandona su primera teoría, al contrario, ahora empieza a pensar que la angustia puede estar relacionada también a procesos psíquicos, y sigue su línea de investigación por la idea de que el niño, por medio del mecanismo de defensa de la represión, había reprimido esa angustia que genera la castración y ahora la angustia estaba puesta en la figura del caballo que representaría al padre.

En 1926 Freud escribe Inhibición, Síntoma y Angustia y se puede notar un importante giro que da en sus concepciones de la angustia, planteando lo que viene a ser su tercera teoría de la angustia: “Es la angustia que causa la represión y no la represión que causa la angustia”, como lo había planteado anteriormente. Para ese entonces ya tenemos el Mas allá del principio de placer (1920) y el concepto de Pulsión de Muerte como lo que gobierna el aparato psíquico, también del trauma interno a la estructura y no más externo, como al principio. La angustia aparece aquí como señal, como una alarma de un peligro que ya no es externo, sino interno a la estructura.

Lo que se observa en la clínica del Pánico es que en un primero momento, hay un factor sorpresa, un terror cuya causa se desconoce, que irrumpe en el cuerpo en forma de síntomas, allí donde la angustia falla en cuanto su función de señal. En el Más allá del principio de placer, cuando Freud diferencia angustia, miedo y terror, deja claro que el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto, cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado.

Considerando el planteo de la profesora Silvia Quesada (2010), siguiendo la vía freudiana de que en la angustia traumática hay algo que protege contra el terror, y por tanto, contra la neurosis de terror, “allí le otorga valor de contrainvestidura, y la vincula de modo directo con la represión primaria” (2017, p.15). Aún por esta misma vía, argumenta que “el terror da cuenta de la irrupción y por lo tanto, del fracaso de la angustia, en su condición de protección y parapeto. Aquí es donde la terapia psicoanalítica debe rescatar la función de señal de la angustia.

Luego de una primera experiencia de Pánico o Terror, lo que sucede es que aparece el miedo al miedo, que se ve tan frecuentemente en la clínica, cuando el paciente dice que teme volver a pasar por el ataque de terror. Aquí aparece la ansiedad y esta ansiedad genera ambiente, para que, lo que el sujeto teme, se vuelva realidad, y así el circulo vicioso miedo-ansiedad-miedo lo aprisiona.

“La angustia es sin objeto”, dice Freud. Pero Lacan va más allá y sostiene que “la angustia no es sin objeto”. Cuando Freud habla de angustia como sin objeto se refiere a un objeto como representación. Cuando Lacan afirma que la angustia no es sin objeto, no hay contradicción con lo que dice Freud, pues está hablando del concepto de objeto a. El objeto a es un invento de Lacan para responder a la pregunta: ¿Cómo goza el sujeto? A pesar de que el objeto a reconoce antecedentes en el concepto de objeto parcial desarrollado por Freud, constituye un concepto original de la elaboración lacaniana, que se inscribe en el proceso de constitución del sujeto a partir del significante.

Mazzuca (2014) hace referencia a que, en los primeros seminarios de Lacan, el objeto a había sido abordado como una función de la falta en las operaciones de frustración, privación y castración y que, en el seminario X, aunque conserve el nombre del objeto, se trata de una función totalmente diferente. “Su concepto ya no coincide con el objeto del deseo, el objeto al que apunta el deseo, sino como el objeto que lo causa. Por eso Lacan dice que no está por delante, sino por detrás del deseo.” (2014, p.130)

La constitución del sujeto requiere la presencia del Otro (A), que es anterior al sujeto. En ese proceso de constitución del sujeto en el Otro, queda un resto. Cuando se agujerea el cuerpo, el “cacho de carne”, con el lenguaje, hay una pérdida. Hay algo que no queda apresado por el significante, a esto llamó Lacan objeto a y lo caracterizó como objeto perdido, del que el sujeto se separa, irreductible tanto a lo simbólico como a lo imaginario. No es que se pierde un objeto, pero el objeto es la pérdida misma. La castración es la que aporta las coordenadas de la angustia: la angustia aparece ante el deseo del Otro. La castración es del Otro. En ese momento lógico de preguntarse qué soy (como objeto) para el Otro.

Eidelberg (2014) explica que el objeto a que angustia es el que, habiendo debido permanecer como resto libidinal oculto y animador del deseo, se libera de sus paréntesis, irrumpe y perturba al imaginario, colmando la falta. “Ese estatuto del objeto a al desnudo, vehiculiza lo real de un goce que escapa a la posibilidad de simbolización.” (2014, p.424). Lacan lo va a situar como un “huésped hostil” (1962/63, p.71) y va a plantear que no alcanza la aparición angustiante de ese objeto, huésped hostil, en el campo de lo imaginario, para que la angustia se imponga al sujeto como un ataque. “Para esto será necesario que esta angustia no funcione como señal, sino que rompa las compuertas hacia escapes no operativos, para el mantenimiento de las coordenadas yoicas”.

Eidelberg plantea que “el ataque de pánico es una de esas salidas no operativas para el yo e implica el fracaso de los semblantes imaginario-simbólicos, con los que el sujeto suele mantener a raya lo real del goce. Sería un desanudamiento de la estructura, si se piensa desde las últimas enseñanzas de Lacan.”(2014, p.426)

Esto es muy importante para pensarnos el Pánico hoy, pero pensarlo contextualizando a los malestares de nuestra época. Como bien decía Freud, cada época presenta su propio malestar y, como planteó Colette Soler, la angustia se reinventa a cada época. Podríamos pensar el Pánico como una de las angustias actuales de nuestra época, entre tantas otras. Usando términos lacanianos, estamos viviendo una época caracterizada por la caída del padre, de las figuras de autoridad, de los referenciales. Freud, en Psicología de las Masas y análisis del yo, de 1921, ya había hecho referencia a que la caída del líder provoca pánico en las masas, lo que nos podría llevar a pensar sobre ¿qué nos quiere decir esa descarga de angustia en el cuerpo, percibida por el yo? ¿Qué peligro está señalando? Seguir las investigaciones hacia una mejor comprensión de su etiología y tratamiento es. sin lugar a dudas, un importante desafío para el psicoanálisis hoy, pues sabemos que, con solo eliminar los síntomas temporariamente, el problema no está del todo resuelto.

Referencias Bibliográficas:

Eidelberg, A. (2014). Lo actual del Pánico. En: Schejtman, F.(comp). Elaboraciones Freud, S. (1925), Más allá del principio de placer. O.C., XVIII, A.E., Bs. As., 1976.

Freud, S. (1926), Inhibición, síntoma y angustia, O.C., XX, A.E., Bs. As., 1976.

Freud, S. (1932), Conferencia nº32, “Angustia y vida pulsional”, O.C., XXII, A.E., Bs. As., 1976.

Lacanianas sobre la Neurosis. (pp.419-432), Buenos Aires, Grama, 2014.

Lacan, J., El seminario, libro 10 “La angustia”, Paidós, Bs. As.,2006.

Leibson, Leonardo. Desencadenamientos y Locuras en la Neurosis: En: Schejtman, F.(comp). Elaboraciones Lacanianas sobre la Neurosis. (pp.269293), Buenos Aires, Grama, 2014

Mazzuca, R. Seminario 10: El objeto y el fantasma. En: Schejtman, F.(comp). Elaboraciones Lacanianas sobre la Neurosis. (pp.129-141) Buenos Aires, Grama, 2014.

Quesada, S. (2010) Una Explicación psicoanalítica del ataque de pánico. Ed. Letra Viva. Buenos Aires. Argentina.

Link: http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=796:ique-dice-el-psicoanalisis-sobre-el-ataque-de-panico&catid=9:perspectivas&Itemid=1

Eduard Punset – El origen del amor en la tierra

Eduard Punset – CDI 2011 – El Origen del amor en la tierra

«(…) No hay otro instinto que haya permanecido tan inalterable desde el comienzo de la evolución. O sea, el amor, ese instinto de fusionarse con otro organismo para sobrevivir, estaba presente hace 3200 años, cuando la primer bacteria u organismo unicelular».
«Cuando empezaron los organismos multicelulares hace 700 millones de años (…) El cerebro se activaba para satisfacer determinadas necesidades. y estas necesidades eran muy pedestres. Eran el Hambre, el sexo, eran las enfermedades. Nos dicen que probablemente ocurrió hace aproximadamente 50 millones de años en que el cerebro activaba determinadas redes neuronales cuando aparecieron de pronto necesidades nuevas, deslumbrantes, necesidades como genéricas, psicológicas como el amor, como este sentimiento de querer fundirse con otro para mejorar la vida de los dos (…) el amor es más reciente que el deseo pero el amor y el deseo son inconfundibles. No amáis nada que no desees profundamente (…) lo bonito es ver qué es, cuando hay amor y deseo, qué atrae un organismo hacia otro organismo (…)»

Fragmento de «El origen del amor en la tierra» por Eduard Punset

Vídeo completo:

¿Cómo empezó a existir el amor en la Tierra? Eduard Punset habla acerca del orígen del amor en la Tierra y, más adelante, explica que el ser humano tiene cambios y crecimientos emocionales para intentar enamorarse de nuevo cuando tuvo una decepción.

El origen del amor en la tierra – Eduard Punset

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Biografía de Eduardo Punset (1936 – 2019)

Eduardo Punset

El exministro y divulgador científico, director y presentador del programa ‘Redes’ durante 18 años, ha fallecido a los 82 años en Barcelona.

Biografía Eduardo Punset (1936-2019)

Eduard Punset afirmaba con humor que no estaba demostrado que fuera a morirse. “¿Qué es la muerte? ¿Qué se muere cuando te mueres? Somos átomos en un 90%. Y los átomos son eternos. O sea, que yo probablemente no muera”, dijo en un programa de TV3 inspirándose en Lucrecio, el mismo autor clásico que reñía a aquellos que se indignaban con el hecho de tener que morir cuando vivieron casi muertos, desaprovechando la vida. Algo que no hizo Punset, a quien le preocupaba más la vida antes de la muerte que no si hay vida después de ella. Eduard Punset ha fallecido este miércoles víctima de un cáncer.

Profesor de Ciencia y Tecnología del Instituto Químico de Sarrià (Barcelona), Punset ha sido uno de los divulgadores científicos más populares gracias al programa Redes que dirigió y presentó en La 2 durante 18 años, de 1996 a 2014. Era capaz de explicar la ciencia con pasión y un toque de ironía. Punset entrevistó en Redes a prestigiosos científicos como los cosmólogos Lawrence Krauss, Leonard Susskind y Max Tegmark, los biólogos Richard Dawkins o Lynn Margulis o el etólogo Frans Waal. Conversaron sobre el origen del universo y la vida, la evolución, la naturaleza humana y animal o el destino del Homo sapiens, la Tierra y el cosmos.

Y lo hizo popular el que siempre pusiera por delante la curiosidad a la exhibición de conocimiento. Defendía con tesón que era posible combinar conocimiento y entretenimiento, que la sabiduría podía transmitirse sin impostación. En su programa ningún asunto se excluía del acercamiento científico. Sin desdeñar el lirismo, Punset hablaba, por ejemplo, de la química del amor, de sus factores biológicos. Con un peinado en el que podía reconocerse la imagen de Einstein, su biografía no está exenta de polémicas. Desde protagonizar en televisión un anuncio de un pan industrial, lo que es una muestra de su indudable popularidad, a deslizamientos hacia textos de autoayuda o el reconocimiento de figuras como la de Deepak Chopra, un conferenciante hindú que apoya con supuestos argumentos de la física cuántica la medicina alternativa ayurvédica.

Estas posiciones le supusieron críticas de una comunidad científica que había celebrado sus esfuerzos para romper con la impermeabilidad ciudadana al conocimiento científico, para superar la eterna separación de dos culturas, la humanista y la científica, como si fuera imposible conjugarlas. Una ciencia que Punset contemplaba cómo se agrandaba al mismo tiempo que Dios empequeñecía.

Nacido en Barcelona el 8 de noviembre de 1936, pasó su infancia en un pueblecito ampurdanés, Cistella (Girona), donde su padre ejercía de médico. Fue este quien lo envió a estudiar a Madrid a los 18 años. Licenciado en Derecho que termina siendo reconocido como un gran divulgador de la ciencia. Militante del PCE que debió exiliarse en 1958 por haber repartido octavillas en favor de un científico en el exilio y que en 1980 entró en el Gobierno de Adolfo Suárez como ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas, cargo que ejerció tras haber participado en el Gobierno catalán de Josep Tarradellas con la cartera de Economía y Finanzas. Fue diputado en el Congreso en 1982 por CiU y en 1985 se afilió al CDS de Adolfo Suárez. Elegido europarlamentario, ejerció como tal hasta 1994, desde 1991 como independiente. Presidió la delegación del Parlamento Europeo que tuteló la transformación económica de los países de Europa oriental tras la caída de la Unión Soviética. Intervino especialmente en Polonia desde una perspectiva económica liberal criticada desde sectores de izquierda.

Su carrera política se basó, entre otros méritos, en algo tan difícil —según explicaba este miércoles Federico Mayor Zaragoza— como despertar confianza, ser fiable, mostrarse como persona incapaz de una traición, convencida de la necesidad de consenso porque hasta el funcionamiento de las bacterias se basa en él. En vísperas del referéndum ilegal por la autodeterminación en Cataluña, en 2017, publicó una carta en la que defendía su celebración “por el simple derecho democrático de los ciudadanos catalanes de ejercer su voto”. De hecho, su hija Carolina, eurodiputada por Ciudadanos, rompió con el partido después de que este le abriera expediente de expulsión por haber visitado a Puigdemont en Waterloo utilizando el coche oficial para trasladarse.

Punset también fue un reconocido economista.

Máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres, fue redactor económico de la BBC, dirigió la edición para América Latina del semanario The Economist y trabajó para el Fondo Monetario Internacional en Estados Unidos y Haití. Al margen de su sólida formación en distintas disciplinas, algo que le abrió muchas puertas fue el conocimiento del inglés cuando en España la lengua extranjera que más se trataba en el bachillerato era el francés.

Entre los premios que obtuvo destacan los de la Asociación Española de Científicos (2011), el Jaume I de Periodismo de la Generalitat Valenciana (2007), el de Ciencia y Tecnología de la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas (2008) y la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat catalana (2011). En su currículo profesional figura desde la presidencia de Enher a la subdirección de Estudios Económicos y Financieros del Banco Hispano Americano o la coordinación del plan estratégico catalán para la sociedad de la información. Asesor de COTEC, una fundación para la innovación, fue profesor consejero de Marketing Internacional en ESADE y de Innovación y Tecnología del Instituto de Empresa (Madrid).

En el interminable repertorio de frases brillantes y ciertas con que Punset ilustraba cualquier pensamiento, ayer se recordaba, por ejemplo, su convicción de que la felicidad se basaba en la ausencia de miedo. Punset fue una persona que no tuvo miedo a la vida, a sus retos, a los que se enfrentó con pasión y socarronería.

Fuente: Diario Digital- El País – Barcelona 22 MAY 2019 – 15:07 ART
https://elpais.com/cultura/2019/05/22/actualidad/1558509544_301471.html

Eduard Punset – La Felicidad en Tiempos de Crisis / Vídeo oficial

El exministro y divulgador científico, director y presentador del programa ‘Redes’ durante 18 años

En la sede de la Obra Social de CajaCanarias, dentro del II Foro Científico Social.

En palabras del autor «(…) había un debate milenario, centenario entre psicólogos y neurólogos. Los neurólogos hay unas leyes que rigen un desarrollo cerebral y de ahí, sale lo que sale. Y, luego, había unos psicólogos que decían «hombre! a lo mejor es verdad seguro! pero también la experiencia individual de una persona llega a incidir directamente en la estructura cerebral, en la propias propias leyes de la estructura cerebral (…) Al final, se dieron cuenta con el experimento de ´Los Taxistas´ que es verdad, que una experiencia individual puede incidir sobre la estructura misma del cerebro. Por primera vez en la historia de la evolución sabemos que es posible cambiar… ES IMPRESIONANTE! La gente no aceptaba, hasta ahora, que se puede cambiar!»

Eduardo Punset – Biografía y Bibliografía

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