Carta 61 (2 de mayo de 1897)
Como colegirás por lo que adjunto [Manuscrito L], mis adquisiciones
se consolidan. Por primera vez he conseguido una vislumbre cierta sobre
la estructura de una histeria. Todo desemboca en la reproducción de
escenas; unas se obtienen de manera directa y las otras siempre a
través de fantasías interpuestas. Las fantasías provienen de lo oído, entendido con posterioridad, y
desde luego son genuinas en todo su material. Son edificios
protectores, sublimaciones de los hechos, embellecimientos de ellos, y
al mismo tiempo sirven al autodescargo. Quizá tengan su origen
accidental en las fantasías onanistas. Un segundo discernimiento
importante me dice que el producto psíquico que en la histeria es
afectado por la represión no son en verdad los recuerdos, pues ningún
ser humano se entrega sin razón a una actividad mnémica, sino unos
impulsos que derivan de las escenas primordiales. ver nota.
Ahora,
en perspectiva, advierto que las tres neurosis -histeria, neurosis de
angustia y paranoiamuestran los mismos elementos (junto a idéntica
etiología), a saber: fragmentos mnémicos, impulsos (derivados del
recuerdo) y p oetizaciones protectoras; pero la
irrupción hasta la conciencia, la formación de compromiso (y por tanto
de síntoma), acontece en ellas en lugares diferentes; lo que bajo una
desfiguración de compromiso penetra en lo normal son, en la histeria,
los recuerdos, en la neurosis obsesiva, los impulsos perversos, en la
paranoia, las poetizaciones protectoras (fantasías).