try another color:
try another fontsize: 60% 70% 80% 90%
Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra C Castración (complejo de)


Diccionario de Psicología, letra C Castración (complejo de)

Los retoques sucesivos a los que ha dado motivo el concepto de
castración han repercutido sobre las redistribuciones teóricas mas
generales impresas por Freud y después de Freud a las orientaciones y
conceptos fundamentales del psicoanálisis; esas redistribuciones, por
lo demás, son solidarias de comentarios interdisciplinarios
progresivamente ampliados, acerca de la represión del incesto, la
puesta en evidencia de la función fálica, la elaboración del principio
de realidad, la génesis del superyó. Además, en oportunidad de la
primera ilustración clínica del concepto en 1909, el propio Freud
señaló sus, diferentes fuentes: «A la edad de tres años y medio -dice
de Hans- es sorprendido por la madre con la mano en el pene. Ella
amenaza: "Si haces eso, haré venir al doctor A., que te cortará tu
'hace pipí'. ¿Con qué harás pipí entonces?". Hans responde sin
sentimiento de culpa, pero entra en esa ocasión en el «complejo de
castración» que con tanta frecuencia hay que inferir en los análisis de
neurópatas, mientras ellos se defienden muy violentamente contra su
reconocimiento». «Habría muchas cosas importantes que decir sobre la
significación de este elemento de la historia infantil -continúa
Freud-. El "complejo de castración" ha dejado huellas palpables en los
mitos -y no solamente en los mitos griegos- En mi Interpretación de los
sueños, y también en otros escritos, he aludido al papel que
desempeña.» (Se trata de la 2a. edición, de 1909.) De hecho, la
significación y el alcance del concepto traducirán la articulación, por
etapas, de esos diferentes aportes. Se observará en primer lugar que el
tema de la sofocación del incesto es formulado inicialmente sin ninguna
referencia a la castración, en una carta del 31 de mayo de 1897, en la
cual sólo se evoca a modo de explicación el carácter antisocial del
incesto, en el mismo sentido, en 1905, en los Tres ensayos de teoría
sexual. A la inversa, cuando aparece en el análisis de Hans la
referencia a la organización edípica, el tema de la castración no está
en ninguna parte relacionado con la prohibición del incesto. Sólo se lo
vincula al autoerotismo; la amenaza de castración respalda la censura
por la madre de los tocamientos del niño. Y el hecho de que Freud haya
querido señalar el alcance general del «complejo de castración» (2'
edición de La interpretación de los sueños) no hace más que subrayar
que por entonces no advertía el vínculo entre la castración y el Edipo.
En efecto, en esa época aún no se han adquirido los elementos
indispensables para el desarrollo ulterior de la noción de castración:
la teoría de la culpa, la importancia reconocida en el desarrollo a la
fase fálica. Y sin duda no habrá que subestimar en el origen de ese
desarrollo el impulso de Jung y su artículo «El papel del padre en el
destino del individuo», texto elogiado por el propio Freud en una carta
a Abraham. «Hasta ahora -escribió- hemos tomado casi exclusivamente en
consideración el papel de la madre. El trabajo de Jung tiene la
originalidad de dirigir nuestra atención hacia el padre.» La
interpretación de Schreber y el comentario que aporta al respecto Tótem
y tabú, consagran el alcance de esta observación; el tema se situará en
adelante en el corazón del pensamiento Freudiano. Antes de ese giro
fundamental, el artículo «Sobre las teorías sexuales infantiles» (1908)
ratifica las posiciones del análisis de Hans: «El niño, principalmente
dominado por la excitación del pene, ha tomado la costumbre de
procurarse placer excitándolo con su mano. Ha sido sorprendido por los
padres o las personas que se ocupan de él, y la amenaza de que se le va
a cortar el miembro lo ha llenado de terror. El efecto de esta "amenaza
de castración" corresponde exactamente al valor acordado a esa parte
del cuerpo: es por lo tanto extraordinariamente profundo y duradero.
Las leyendas y los mitos atestiguan la revuelta que conmociona la vida
afectiva del niño, el terror ligado al complejo de castración; en esa
medida, más tarde, la conciencia repugnará incluso recordarlo». En
adelante, la noción se elaborará en dos planos. a) La primacía del
falo. En lo que concierne a la castración, significa que la
reivindicación genital (fálica) sucumbe a la investidura del pene
amenazado (organización genital infantil). b) La fuente de lo
interdicto: la prohibición del incesto por el padre. El artículo «El
sepultamiento del complejo de Edipo» (1923) sistematiza en los
siguientes términos las adquisiciones anteriores: «El complejo de Edipo
ofrecía al niño dos posibilidades de satisfacción, una activa y otra
pasiva. En el modo masculino, él pudo ponerse en el lugar del padre y,
como éste, tener comercio con la madre, con lo cual el padre fue pronto
sentido como un obstáculo; o bien el niño quiso reemplazar a la madre y
hacerse amar por el padre, con lo cual la madre se volvió superflua. En
cuanto a saber en qué consiste el comercio amoroso que aporta
satisfacción, el niño sólo debe tener de él representaciones muy
imprecisas; pero lo seguro es que el pene desempeñó un papel, pues lo
atestiguan sus sensaciones de órgano. No había tenido aún la ocasión de
dudar de la existencia del pene en la mujer. La aceptación de la
posibilidad de la castración, la idea de que la mujer está castrada,
ponía entonces término a las dos posibilidades de satisfacción
derivadas del complejo de Edipo. En efecto, las dos suponían la pérdida
del pene: una, la masculina, como consecuencia del castigo; la otra, la
femenina, como premisa». No obstante, en la época a la que corresponde
este artículo se introduce, con la segunda tópica, la noción del
superyó, apta para someter a esos datos de la observación apenas
elaborados a un primer intento de explicación: «En otro texto -continúa
Freud- he explicado en detalle de qué manera sucede esto. Las
investiduras de objeto son abandonadas y reemplazadas por una
identificación. La autoridad del padre o de los padres, introyectada en
el yo, forma el núcleo del superyó, el cual toma el rigor del padre,
perpetúa la prohibición del incesto y, de tal modo, asegura al yo
contra el retorno de la investidura libidinal de objeto. Las
aspiraciones libidinales pertenecientes al complejo de Edipo son en
parte desexualizadas y sublimadas, lo que presumiblemente sucede en el
momento de toda trasposición en identificación, y en parte son
inhibidas en cuanto a la meta y convertidas en mociones de ternura. El
proceso, en su conjunto, por un lado ha salvado al órgano genital, ha
desviado de él el peligro de la pérdida y, por otro lado, lo ha
paralizado, ha cancelado su funcionamiento. Con este paso comienza el
tiempo de latencia, que interrumpe el desarrollo sexual del niño». El
tema de la castración se propondrá entonces bajo dos aspectos: desde el
punto de vista del superyó, es decir, de la ley bajo cuyo imperio se
interioriza la prohibición paterna, y desde el punto de vista del
corte, del cual el fantasma ilustra la amenaza de castración. La
segunda tópica, en los términos que acabamos de citar, aporta su
comentario a la omnipotencia del verbo. Al segundo aspecto de la
castración, Freud le consagrará el desarrollo esencial de Inhibición,
síntoma y angustia (1927), criticando la interpretación generalizada de
la castración atribuida a Rank, como experiencia común a toda
separación, derivada en última instancia del trauma del nacimiento. En
efecto, Freud recusa esa asimilación, para reemplazarla por la noción
de una incapacidad para «ligar» las excitaciones excesivas, resultantes
de la ruptura de las «barreras de defensa» orgánicas. La función
asignada por Lacan al-significante aclara esta construcción
especulativa, refiriéndola a la organización fálica. Desde esta
perspectiva, la castración corresponde a la incapacidad del sujeto para
asegurar en el Otro la garantía de un goce, reservada como está al
padre en su precedencia simbólica junto a la madre. En el pensamiento
de Lacan, el Otro ocupa, en tanto que en lugar de los significantes, la
misma posición que la fuente exterior de las excitaciones emanadas del
ambiente, en la exposición biológica de Freud. La ventaja de la
formulación de Lacan consiste en que articula el estatuto de la
operación castración -supresión del órgano- y el de su objeto. Desde
esta perspectiva (seminario sobre la relación de objeto, 1959) se apela
a su determinación respectiva bajo las categorías de lo imaginario, lo
simbólico y lo real: la frustración, imaginaria, se da un objeto real
(frustración femenina del pene); la privación, real, se da un objeto
simbólico (objeto sustraído); la castración será considerada como
simbólica de un objeto imaginario; en este último caso entendemos que
la castración constituye la representación simbólica de una
emasculación que recae en un objeto imaginario, el falo absoluto del
padre omnipotente. Observemos no obstante que, si bien esta noción de
la castración explicita el atolladero estructural del que darán
testimonio la experiencia y la angustia de castración, no basta para
fundar en su generalidad una lógica (en este caso, una lógica
«ampliada») de la sexualidad. El seminario Aun (1972) se ocupa de ella
en la medida en que toma por tema la «imposibilidad» de la relación
sexual, por lo cual se entiende la imposibilidad de una «escritura»
lógica de la sexualidad de sujeto hablante. Es en esta perspectiva que
se plantea el principio de que «no hay relación sexual».