try another color:
try another fontsize: 60% 70% 80% 90%
Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra E Estadio


Diccionario de Psicología, letra E Estadio

s. m. (fr. stade; ingl. stage; al. Stufe, Phase). Cada
uno de los grados de organización libidinal en el desarrollo del ser
humano que tienen un carácter topográfico (zonas erógenas) y un
carácter objetal (elección de objeto). Es en 1915, en la 39 edición de
los Tres ensayos de teoría sexual, cuando S. Freud
establece de manera sistemática la noción de estadios en psicoanálisis.
Contrariamente a las perspectivas de la psicología del niño elaboradas
por Wallon y Piaget, continuando los primeros trabajos de W. T. Preyer,
E. Claparède y W. Stern, los estadios Freudianos se registran a posteriori, en
las curas de adultos. En Freud no se trata tanto de etapas genéticas
que marcarían un desarrollo observado en el niño, cuanto de grados de
organización que toman su sentido en una metapsicología. De una manera
general, la noción de estadio es empleada todavía en la psicología
contemporánea y es objeto de discusiones muy vivas: concepto esencial
para algunos, simple artificio de investigación para otros. Se tiene la
costumbre de oponer los estadios del desarrollo de la personalidad del
campo de la inteligencia a los del campo de la «afectividad». No es sin
embargo bajo este ángulo como Freud distingue los estadios. Más bien
indica que los diversos estadios de la sexualidad del niño y del
adolescente están regidos por una migración propiamente topológica de
las funciones representadas por las zonas erógenas promovidas
sucesivamente a un lugar predominante por el placer que se despierta
con su funcionamiento, observada en las diversas dialécticas de la
relación de objeto. Freud distingue dos modalidades de organización de
la libido: pregenital y genital. La fase pregenital incluye el estadio
oral y el estadio anal. El estadio oral. Se caracteriza por una
organización sexual «canibálica» en cuyo curso la actividad sexual no
está separada de la función de devorar: estas dos actividades buscan la
incorporación del objeto (prototipo de la identificación posterior), De
modo que, en este estadio, la pulsión oral se encuentra evidentemente
apoyada [ véase apoyo ] en la
función digestiva. La succión aparece entonces como un «vestigio» de
ese grado inicial del estadio, pues consagra la separación de las
actividades sexual y alimentaria, remplazando el objeto exterior por
una parte del cuerpo del sujeto: desde ese momento, este acto,
repetitivo, encargado de procurar placer, deviene autoerótico: la zona
bucolabial queda desde entonces designada como zona erótica. Freud da
una importancia capital a esta primera parte del estadio oral para la
determinación de la vida sexual futura. Sobre todo para la posterior
elección de objeto: el seno aparece así como esencialmente perdido y
«encontrar al objeto sexual no es en suma sino volver a encontrarlo».
Una segunda fase del estadio oral se caracteriza por el pasaje de la
succión a la mordedura, donde aparece combinada con la libido una
pulsión agresiva y destructiva. Esto fue puesto particularmente en
evidencia por K. Abraham y retomado por M. Klein, que sitúa en este
estadio la aparición del superyó precoz. R. Spitz divide este estadio
en tres subestadios: estadio preobjetal de indiferenciación (0-3
meses), estadio del objeto precursor (3-8 meses) y luego estadio del
objeto propiamente dicho. El estadio sádico - anal. Segundo estadio,
siguiente al estadio oral, el estadio sádico-anal está regido por la
erogeneidad de la zona anal; esta organización libidinal se liga con
las funciones de expulsión y retención, y se constituye alrededor de la
simbolización de las materias fecales, objeto separable del cuerpo del
mismo modo que el seno. Las pulsiones erótico-anal y sádica se
encuentran en esta fase pregenital de la sexualidad infantil. Las
nociones de actividad y pasividad traducen la bipolaridad de la función
anal, que apuntala las dos pulsiones parciales: la de prensión, ligada
a la musculatura, y la de pasividad, ligada a la mucosa anal. Abraham
ha descrito una subdivisión de este estadio, con relación al
comportamiento frente al objeto: la primera parte asocia a la expulsión
la destrucción; la segunda asocia la retención y la posesión. Se
instaura así una dialéctica entre el sadismo y el erotismo anal dentro
de la función esfinteriana misma: contención-dominio; relajamiento-
evacuación. A través de esta actividad que desemboca en la defecación
vienen a simbolizarse las heces en su función de regalo hecho a la
madre, en tanto su retención constituye por el contrario una posición
agresiva hacia ella. El estadio fálico. El estadio fálico es la fase
característica de la acmé y de la declinación del complejo de Edipo,
marcada esencialmente por la angustia de castración. Tanto en la niña
como en el varón, este estadio sucede a los estadios oral y anal en una
unificación de las pulsiones parciales en la región genital
representada por el falo. Para los dos sexos, tenerlo o no tenerlo es
la alternativa característica de este estadio: «En efecto, esta fase
conoce una sola especie de órgano genital, el órgano masculino». Este
establecimiento bastante tardío del estadio fálico representa para
Freud una transición respecto de su descripción inicial: falta de
organización de las pulsiones sexuales pregenitales, opuesta a la
organización genital adulta. Al estar esta fase fálica bajo el signo de
la castración, se plantea la cuestión, con relación al Edipo, de la
existencia misma de este estadio: el descubrimiento por parte de la
niña de la ausencia de pene (donde la envidia del pene viene a
determinar la asimetría. en las relaciones con los padres, entre el
varón y la niña) se puede situar tanto en una perspectiva de inter
-subjetividad como en la del acceso a un estadio. El estadio genital.
El estadio fálico se termina con el período de latencia, que separa así
el «primer empuje», que comienza entre los dos y los cinco años,
«caracterizado por la naturaleza infantil de los fines sexuales», y el
«segundo empuje», que «comienza en la pubertad y determina la forma
definitiva que tomará la vida sexual». Este rebrote en dos tiempos es
de una importancia decisiva para los trastornos en el adulto. «La
elección del niño sobrevive en sus efectos, ya sea que permanezcan con
su intensidad primera, ya sea que, durante la pubertad, tengan una
renovación»: en este período, efectivamente, se ubica la represión
secundaria. La pulsión sexual autoerótica que caracteriza a los
estadios proviene de diversas pulsiones parciales y de diversas zonas
erógenas, cada una de las cuales tiende a la satisfacción. En la
pubertad, estas pulsiones cooperan y un fin sexual nuevo aparece; las
zonas erógenas se subordinan al «primado de la zona genital». Parecería
entonces que pudieran conjugarse allí en la vida sexual la corriente
tierna y la sensual. Pero destaquemos que esta descripción del «amor
genital» plantea en sí misma problemas nada desdeñables.

 

La
determinación de concepto de estadio toma sus elementos más decisivos
de su distinción respecto de las nociones con las cuales a veces se
sentirá la tentación de compararlo, como, por ejemplo, la noción de
estrato. Semejanza y distinción tanto o más útiles cuanto que la
importancia reconocida a la idea de estrato es una consecuencia del
importante desarrollo producido en el pensamiento Freudiano con el
desplazamiento del centro de la teoría desde la neurosis hasta la
psicosis, y de¡ interés constante suscitado por los problemas del yo en
respuesta a la especificidad de la regresión psicótica. La noción de
estadio fue en efecto elaborada en la época de los Tres ensayos de
teoría sexual, cuando importaba explicar la regresión neurótica a las
etapas arcaicas del desarrollo libidinal, construcción que jalona en
una progresión lineal la aparición sucesiva de las zonas erógenas. Por
el contrario, la regresión psicótica que implica la conmoción de las
organizaciones que tienen por centro al yo determina la definición de
la noción de estrato, concebido como momento globalizante de la
organización del ello, en los términos de la segunda tópica. Por eso la
dimensión simplemente temporal en que se ordenan los estadios cede el
lugar a una visión sistemática comparable a la estratíficación
geológica, más apta para la modelización histórica de una filosofía de
la cultura basada en el principio onto-filogenético de Haeckel.
Retrospectivamente, los límites de la noción de estadio se encontrarán
marcados en tanto que la noción se inscribe en el marco de una
preformación biológica.

Estadio (oral, anal, fálico, genital)

Alemán: Stufe. Francés: Stade. Inglés: Phase. La
noción de estadio es común a la biología evolucionista, la psicología y
el psicoanálisis. En efecto, las tres disciplinas han tenido el cuidado
de diferenciar las edades de la vida, las etapas o los momentos de la
evolución. En el marco de su teoría de la libido, y en los Tres ensayos de teoría sexual, Sigmund
Freud comenzó a aportar una definición de los estadios -pregenital
(oral y anal) y genital-, en función de la evolución del sujeto y de su
relación con cuatro zonas erógenas distribuidas en cuatro regiones del
cuerpo: oral, anal, uretro-genital, mamaria. A cada zona le
corresponden una o varias actividades eróticas, entre las cuales Freud
incluye los actos más simples de la vida cotidiana de los niños:
succión del pulgar o del seno de la madre, defecación, masturbación.
Los estadios son entonces definidos como modalidades de la relación con
el objeto. Después de múltiples revisiones, Freud definió cuatro: el
estadio oral, en el que el placer sexual está ligado a la excitación de
la cavidad bucal y a la succión (comer/ser comido); el estadio anal (o
sádico-anal), en el que el erotismo se define (entre los dos y los
cuatro años) con relación a la actividad de la defecación y, según una
simbólica obsesiva de las heces, se asocia con el dar y el dinero; el
estadio fálico, en el que la unificación de las pulsiones parciales,
tanto en el varón como en la niña, se realiza bajo la primacía del
órgano genital masculino, y finalmente el estadio genital, que se
establece en la pubertad y marca el pasaje a la sexualidad adulta. La
noción de estadio fálico aparece en la obra de Freud en 1923, en un
artículo titulado "la organización genital infantil", pero el falicismo
está ya presente en 1915, en un agregado a los Tres ensayos.... lo
que le permite a Freud atribuir a la libido una esencia única de
naturaleza masculina, tanto en la niña como en el varón. Esta tesis
llamada "falocéntrica" dará origen a todos los debates ulteriores sobre
la sexualidad femenina, la diferencia de los sexos, el género, desde
Melanie Klein hasta Jacques Lacan, pasando por Karen Horney, Helen
Deutsch, Simone de Beauvoir (1908-1986), los culturalistas y las
feministas. De tal modo, Freud relacionó la evolución de la libido y la
elección de objeto, en virtud de las cuales el sujeto pasa del
autoerotismo al narcisismo, después a la elección homosexual y
finalmente a la heterosexual. La teoría de los estadios fue reformulada
muchas veces por las diveras escuelas. En 1913, Sandor Ferenczi
diferenció un estadio psíquico primario, caracterizado por una
actividad ligada al principio de placer (sueño, neurosis, fantasma) y
compartida por los niños, los animales y los "salvajes" (primitivos), y
un estadio psíquico secundario, el del hombre normal en estado de
vigilia. Karl Abraham, en el marco de una teoría de la relación de
objeto basada en el clivaje entre neurosis y psicosis, propuso en 1924
la subdivisión del estadio oral en un estadio oral precoz (succión del
seno) y un estadio sádico-oral, que corresponde a la aparición de los
dientes e implica la idea de morder o destruir el objeto. Introdujo
asimismo una distinción en el interior del estadio anal, entre una
primera fase, con el erotismo ligado a la evacuación y la destrucción
del objeto, y una segunda fase, con un erotismo caracterizado por la
retención y el deseo de poseer el objeto. El pasaje de una fase a otra
definía un progreso (impulso hacia una elección de objeto), o bien una
regresión (evolución hacia la destrucción y el repliegue sobre sí
mismo). A partir de la herencia de Abraham, Melanie Klein introdujo la
idea de posición (posición depresiva y posición esquizoparanoide) para
dar un estatuto más estructural a la idea de estadio, mientras que
Lacan conservó la palabra (con su estadio del espejo), dándole un
contenido a la vez fenomenológico y cercano a la posición en el sentido
kleiniano.