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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de Psicología, letra H Huella mnémica


Diccionario de Psicología, letra H Huella mnémica

(fr. trace mnésique; ingl. mnemic trace: al. Erinnerungsspur o Erinnerungsrest). Forma
bajo la cual los acontecimientos o, más simplemente, el objeto de las
percepciones, se inscriben en la memoria, en diversos puntos del
aparato psíquico. La teoría psicoanalítica de las neurosis supone una
atención particular a la manera en que los acontecimientos vividos por
el sujeto, acontecimientos eventualmente traumáticos (véase trauma), pueden
subsistir en él («los histéricos sufren de reminiscencias»). De ahí la
necesidad de concebir lo que sucede con las huellas mnémicas,
inscripciones de los acontecimientos que pueden subsistir en el
preconciente o el inconciente y ser reactivadas desde el momento en que
son investidas. Si todas las huellas de la excitación subsistieran
efectivamente en la conciencia, esto limitaría rápidamente la capacidad
del sistema para recibir nuevas excitaciones: memoria y conciencia se
excluyen. En cuanto a lo reprimido propiamente dicho, es necesario que
subsista bajo forma de huella mnémica puesto que retorna en el sueño o
en el síntoma. A pesar de algunas formulaciones ambiguas de Freud, la
huella mnémica no es una imagen de la cosa sino un simple signo, que no
tiene una cualidad sensorial particular y que puede ser comparado por
lo tanto con un elemento de un sistema de escritura, con una letra.

Huella mnémica

Al.: Erinnerungsspur o Erinnerungsrest. Fr.: trace mnésique. Ing.: mnemictrace o memory trace. It.: traccia mnemonica. Por.: traço o vestígio mnêmico. Término
utilizado, por Freud, a lo largo de toda su obra, para designar la
forma en que se Inscriben los acontecimientos en la memoria. Las
huellas mnémicas se depositan, según Freud, en diferentes sistemas;
persisten de un modo permanente, pero sólo son reactivadas una vez
catectizadas. El concepto psicofisiológico de huella mnémica, de
constante empleo en los textos metapsicológicos, implica una concepción
de la memoria que Freud nunca expuso de un modo global. Es por ello que
se presta a interpretaciones erróneas: un término como el de huella
mnémica no sería otra cosa que el heredero de un pensamiento
neurofisiológico periclitado. Sin pretender exponer aquí una teoría
freudiana de la memoria, recordaremos las exigencias de principio que
se hallan subyacentes al hecho de que Freud tomase este término de
huella mnémica: Freud se propone situar la memoria dentro de una tópica
y explicar su funcionamiento en términos económicos. La necesidad de
definir todo sistema psíquico por una función y hacer de la
Percepción-Conciencia la función de un sistema particular (véase: Conciencia)
conduce al postulado de una incompatibilidad entre la conciencia y la
memoria: «No nos resulta fácil creer que persistan huellas duraderas de
la excitación también en el sistema Percepción-Conciencia. Si
permanecieran siempre conscientes, limitarían pronto la capacidad del
sistema de recibir nuevas excitaciones; pero si, por el contrario, se
volvieran inconscientes, nos hallaríamos en la obligación de explicar
la existencia de procesos inconscientes en un sistema cuyo
funcionamiento se acompaña, por otra parte, del fenómeno de la
conciencia. Por así decirlo, nada habríamos cambiado ni ganado con
nuestra hipótesis que localiza el hecho de volverse consciente en un
sistema particular». Es ésta una idea que se remonta a los orígenes del
psicoanálisis. Breuer la expresa por vez primera en los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895):
«Resulta imposible que un solo y único órgano cumpla estas dos
condiciones contradictorias. El espejo de un telescopio de reflexión no
puede al mismo tiempo ser una placa fotográfica». Freud intentó
ilustrar esta concepción tópica mediante comparación con el
funcionamiento de un «bloc de notas mágico». Freud introduce
distinciones tópicas en el seno de la misma memoria. Un acontecimiento
determinado es inscrito en diferentes «sistemas mnémicos». Freud
propuso varios modelos, más o menos figurados, de esta estratificación
de la memoria en sistemas. En los Estudios sobre la histeria, compara
la organización de la memoria con complicados archivos en los que se
ordenan los recuerdos según distintos modos de clasificación: orden
cronológico, ligazón en cadenas asociativas, grado de accesibilidad a
la conciencia. En la carta a W. Fliess del 6-XII-1896 y en el capítulo
VII de La inetrpretación de los sueños (Die Trauindeutung, 1900),
se vuelve a exponer, en una forma más doctrinal, esta concepción de una
sucesión ordenada de inscripciones en sistemas mnémicos: la distinción
entre preconsciente e inconsciente se asimila a una distinción entre
dos sistemas mnémicos. Todos los sistemas mnémicos son inconscientes en
sentido «descriptivo», pero las huellas del sistema Ics son incapaces
de llegar como tales a la conciencia, mientras que los recuerdos
preconscientes (la memoria, en el sentido usual del término) pueden
actualizarse en una determinada conducta. 3) La concepción freudiana de
la amnesia infantil puede aclarar la teoría metapsicológica de las
huellas mnémicas. Ya es sabido que, para Freud, si no recordamos los
acontecimientos de los primeros años de la vida, ello no es debido a
una falta de fijación, sino a la represión. En general, todos los
recuerdos quedarían inscritos, pero su evocación dependería de la forma
en que actúan sobre ellos las catexis, contracatexis y retiro de las
catexis. Esta concepción se basa en la distinción, evidenciada por la
clínica, entre la representación y el quantum de afecto: «En las
funciones psíquicas, está justificado diferenciar algo (quantum de
afecto, suma de excitación) [...] que puede aumentar, disminuir,
desplazarse, descargarse y que se extiende sobre las huellas mnémicas
de las representaciones en forma comparable a como lo hace una carga
eléctrica en la superficie de los cuerpos». Como puede verse, la
concepción freudiana de la huella mnémica difiere claramente de una
concepción empirista del engrama definido como impresión que se asemeja
a la realidad. En efecto: 1.° La huella mnémica se inscribe siempre en
sistemas, en relación con otras huellas. Freud intentó incluso
distinguir los diferentes sistemas en los que un mismo objeto inscribe
sus huellas, según los tipos de asociaciones (por simultaneidad,
causalidad, etc.) . Por lo que respecta a la
evocación, un recuerdo puede ser reactualizado dentro de un determinado
contexto asociativo, mientras que, tomado en otro contexto, resultará
inaccesible a la conciencia (véase: Complejo). 2.°
Freud tiende incluso a negar a las huellas mnémicas toda cualidad
sensorial: «Cuando los recuerdos vuelven a ser conscientes, no
comportan cualidad sensorial, o muy poca en comparación con las
percepciones» . En el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895).
cuya orientación neurofisiológica justificaría, en apariencia, la
asimilación de la huella mnémica a la imagen «simulacro», es donde se
patentizaría mejor la originalidad de la teoría freudiana de la
memoria. En efecto, en dicho texto Freud intenta explicar la
inscripción del recuerdo en el aparato neuronal sin recurrir a una
semejanza entre las huellas y los objetos. La huella mnémica no es más
que una disposición especial de facilitaciones que hacen que una
determinada vía sea seguida con preferencia a otra. Tal funcionamiento
de la memoria podría relacionarse con lo que se llama «memoria» en la
teoría de las máquinas cibernéticas, construidas según el principio de
oposiciones binarias, de igual modo que el aparato neurónico, según
Freud, se caracteriza por bifurcaciones sucesivas. Conviene señalar,
sin embargo, que la forma en que Freud, en sus escritos ulteriores,
habla de las huellas mnémicas (utilizando a menudo como sinónimo el
término «imagen mnémica») muestra que se vio inducido, cuando no aludía
al proceso de su formación, a hablar de ellas como de reproducciones de
las cosas en el sentido de una psicología empirista.