El problema de la excitación sexual
Nos han quedado enteramente sin esclarecer tanto el origen como la naturaleza de la tensión
sexual que, a raíz de la satisfacción de zonas erógenas, se engendra al mismo tiempo que el
placer. La conjetura más obvia, a saber, que esta tensión resulta de algún modo
del placer mismo, no sólo es en sí muy improbable; queda invalidada por el hecho de que el
placer máximo, el unido a la expulsión de los productos genésicos, no produce tensión alguna;
al contrario, suprime toda tensión. Por tanto, placer y tensión sexual sólo pueden estar
relacionados de manera indirecta.
Papel de las sustancias sexuales.
Además del hecho de que normalmente sólo la descarga de las sustancias sexuales pone fin a
la excitación sexual, tenemos todavía otros asideros para vincular la tensión sexual con los
productos sexuales. Cuando se lleva una vida continente, el aparato genésico suele
descargarse de sus materiales por las noches en períodos variables, pero no carentes de toda
regla. Ello ocurre con una sensación de placer y en el curso de la alucinación onírica de un acto
sexual. En vista de este proceso -la polución nocturna- parece difícil dejar de entender la tensión
sexual, que sabe hallar el atajo alucinatorio en sustitución del acto, como una función de la
acumulación de semen en el reservorio para los productos genésicos. En el mismo sentido
hablan las experiencias que se hacen sobre el agotamiento del mecanismo sexual. Cuando la
reserva de semen está vacía, no sólo es imposible la ejecución del acto sexual; fracasa también
la estimulabilidad de las zonas erógenas, cuya excitación, por más que sea la apropiada, ya no
es capaz de provocar placer alguno. Al pasar, nos enteramos de que cierta medida de tensión
sexual es indispensable basta para la excitabilidad de tales zonas.
Así nos vemos llevados a una hipótesis que, si no ando equivocado, está bastante difundida: la
acumulación de los materiales sexuales crea y sostiene a la tensión sexual; ello se debe tal vez
a que la presión de estos productos sobre la pared de sus receptáculos tiene por efecto
estimular un centro espinal; el estado de este es percibido por un centro superior,
engendrándose así para la conciencia la conocida sensación de tensión. Si la excitación de
zonas erógenas aumenta la tensión sexual ello sólo puede deberse a que tienen una prefigurada
conexión anatómica con esos centros, elevan el tono mismo de la excitación y, cuando la
tensión es suficiente, ponen en marcha el acto sexual, pero cuando no lo es incitan la
producción de las sustancias genésicas.
Los puntos débiles de esta doctrina, que encontramos, por ejemplo, en la exposición que hace
Krafft-Ebing de los procesos sexuales, residen en lo siguiente: creada para explicar la actividad
genésica del hombre maduro, toma poco en cuenta tres situaciones cuyo esclarecimiento
debería brindar al mismo tiempo. Son las situaciones de los niños, de las mujeres y de los
varones castrados. En ninguno de esos tres casos puede hablarse de una acumulación de
productos genésicos en el mismo sentido que en el hombre, lo cual estorba la aplicación sin
tropiezos del esquema; empero, debe admitirse sin más que sería posible hallar ciertos
expedientes a fin de subordinarle también estos casos. De cualquier modo, queda en pie la
advertencia de que no debernos atribuir a la acumulación de productos genésicos operaciones
de las que no parece capaz.
Apreciación de las partes sexuales internas.
Las observaciones de varones castrados parecen corroborar que la excitación sexual es, en
grado notable, independiente de la producción de sustancias genésicas. Si bien la regla es que
la operación menoscabe su libido, y ese es el motivo por el cual se la practicó, en ocasiones
ello no sucede. Por otro lado, hace mucho se sabe que enfermedades que aniquilaron la
producción de las células genésicas masculinas dejaron intactas la libido y la potencia del
individuo ahora estéril. Por eso en modo alguno es tan asombroso como lo
supone C. Rieger [1900] que la pérdida de las glándulas genésicas masculinas en la madurez
pueda no tener mayor influencia sobre la conducta anímica del individuo. Es
cierto que la castración practicada a una tierna edad, antes de la pubertad, se aproxima por su
efecto a la meta de suprimir los caracteres sexuales; pero en tal caso, además de la pérdida de
las glándulas genésicas mismas, también podría ser que entrara en cuenta la inhibición del
desarrollo de otros factores, vinculada con esa pérdida.
Teoría Química.
Experiencias hechas con la extirpación de las glándulas genésicas (testículos y ovarios) en
animales, y la implantación alternativa de tales órganos en vertebrados(252), han arrojado por
fin una luz parcial sobre el origen de la excitación sexual y empujado a un plano todavía más
secundario la supuesta importancia de una acumulación de los productos celulares genésicos.
Se ha hecho posible el experimento (E. Steinach) de mudar un macho en una hembra y, a la
inversa, una hembra en un macho, en cuyo proceso la conducta psicosexual del animal varía de
acuerdo con los caracteres genésicos somáticos y juntamente con ellos. Ahora bien, esta
influencia determinante en lo sexual no debe atribuirse a la contribución de las glándulas
genésicas que producen las células específicas (espermatozoides y óvulo), sino a sus tejidos
intersticiales, que los autores han destacado por eso con el nombre de «glándulas de la
pubertad». Es muy posible que ulteriores indagaciones revelen que las glándulas de la pubertad
tienen normalmente una disposición andrógina, lo cual daría un fundamento anatómico a la
doctrina de la bisexualidad de los animales superiores. Y desde luego es probable que no sean
el único órgano que participa en la excitación y en los caracteres sexuales. Comoquiera que
fuese, este nuevo descubrimiento biológico viene a sumarse a lo que ya hemos averiguado
acerca del papel de la tiroides en la sexualidad. Estamos autorizados a pensar que en el sector
intersticial de las glándulas genésicas se producen ciertas sustancias químicas que, recogidas
por el flujo sanguíneo, cargan de tensión sexual a determinados sectores del sistema nervioso
central. En el caso de sustancias venenosas introducidas en el cuerpo desde fuera, ya
conocemos una trasposición de esa clase, de un estímulo tóxico en un particular estímulo de
órgano. En cuanto al modo en que la excitación sexual se genera por estimulación de zonas
erógenas, previa carga del aparato central, y a las combinaciones entre efectos de estímulos
puramente tóxicos y fisiológicos, que se producen a raíz de estos procesos sexuales, tales
problemas sólo pueden tratarse por vía de hipótesis y no es este el lugar para ocuparnos de
ellos. Bástenos establecer, como lo esencial de esta concepción de los procesos sexuales, la
hipótesis de que existen sustancias particulares que provienen del metabolismo sexual. En efecto, esta tesis, en apariencia arbitraria, viene sustentada por una intelección
poco tenida en cuenta, pero digna de la mayor atención. Las neurosis que admiten ser
reconducidas a perturbaciones de la vida sexual muestran la máxima semejanza clínica con los
fenómenos de la intoxicación y la abstinencia a raíz del consumo habitual de sustancias tóxicas
productoras de placer (alcaloides) .