Teoría
Tal
y como se sugiere en su biografía, la teoría de Fromm es más bien una
combinación de Freud y Marx. Por supuesto, Freud enfatizó sobre el
inconsciente, los impulsos biológicos, la represión y demás. En otras
palabras, Freud postuló que nuestro carácter estaba determinado por la
biología. Por otro lado, Marx consideraba a las personas como
determinados por su sociedad y más especialmente por sus sistemas
económicos.
Fromm añadió a estos dos sistemas
deterministas algo bastante extraño a ellos: la idea de libertad. Él
animaba a las personas a trascender los determinismos que Freud y Marx
les atribuían. De hecho, Fromm hace de la libertad la característica
central de la naturaleza humana.
Como dice el
autor, existen ejemplos donde el determinismo opera en exclusividad. Un
buen ejemplo sería el determinismo casi puro de la biología animal, al
igual que dice Freud, por lo menos aquellas especies simples. Los
animales no están ocupados en su libertad; sus instintos se hacen cargo
de todo. La marmota, por ejemplo, no necesita un cursillo para decidir
que van a ser cuando sean mayores; ¡serán marmotas!.
Un
buen ejemplo de determinismo socio-económico (al igual que considera
Marx), es la sociedad tradicional de la Edad Media. De la misma manera
que las marmotas, pocas personas de esta etapa necesitaban consultorías
profesionales: tenían el destino; esa Gran Cadena del Ser, para
decirles qué hacer. Básicamente, si tu padre era un labrador, tú serías
labrador. Si tu padre era rey, tú también llegarías a serlo. Y si eras
una mujer, bueno, solo existía un papel para la mujer.
En
la actualidad, miramos la vida de la Edad Media o vemos la vida como un
animal y simplemente nos encogemos de miedo. Pero la verdad es que la
falta de libertad representada por el determinismo social o biológico
es fácil: tu vida tiene una estructura, un significado; no hay dudas,
no hay motivo para la búsqueda de un alma; simplemente nos adaptamos y
nunca sufrimos una crisis de identidad.
Históricamente
hablando esta simple pero dura vida empieza a perfilarse durante el
Renacimiento, donde las personas empiezan a considerar a la humanidad
como el centro del universo, en vez de Dios. En otras palabras, no
solamente nos llevamos de ir a la iglesia (o a cualquier otra
institución tradicional) para buscar el camino que vamos a seguir.
Después vino la Reforma, que introdujo la idea de cada uno de nosotros
éramos responsables individualmente de la salvación de nuestra alma. Y
luego sobrevinieron las revoluciones democráticas tales como la
Revolución Americana y la Francesa. En este momento parece que estamos
supuestos a gobernarnos a nosotros mismos. Posteriormente vino la
Revolución Industrial y en vez de trillar los cereales o de hacer cosas
con nuestras manos, teníamos que vender nuestro trabajo a cambio de
dinero. De repente, nos convertimos en empleados y consumidores. Luego
vinieron las revoluciones socialistas tales como la rusa y la china,
que introdujeron la idea de la economía participativa. Además de ser
responsable de tu manutención, tenías que preocuparte de tus empleados.
Así, tras casi 500 años, la idea del individuo, con
pensamientos, sentimientos, consciencia moral, libertad y
responsabilidad individuales, se estableció.
Pero
junto a la individualidad vino el aislamiento, la alienación y la
perplejidad. La libertad es algo difícil de lograr y cuando la tenemos
nos inclinamos a huir de ella.
Fromm describe tres
vías a través de las cuales escapamos de la libertad: Autoritarismo.
Buscamos evitar la libertad al fusionarnos con otros, volviéndonos
parte de un sistema autoritario como la sociedad de la Edad Media. Hay
dos formas de acercarse a esta postura: una es someterse al poder de
los otros, volviéndose pasivo y complaciente. La otra es convertirse
uno mismo en un autoritario. De cualquiera de las dos formas, escapamos
a una identidad separada.
Fromm se refiere a la
versión más extrema de autoritarismo como masoquismo y sadismo y nos
señala que ambos se sienten compelidos a asumir el rol individualmente,
de manera que aunque el sádico con todo su aparente poder sobre el
masoquista, no es libre de escoger sus acciones. Pero existen posturas
menos extremas de autoritarismo en cualquier lugar. En muchas clases,
por ejemplo, hay un contrato implícito entre estudiantes y profesores:
los estudiantes demandan estructura y el profesor se sujeta en sus
notas. Parece inocuo e incluso natural, pero de esta manera los
estudiantes evitan asumir cualquier responsabilidad en su aprendizaje y
el profesor puede evadirse de abordar las cuestiones verdaderamente de
interés en su campo.
Destructividad. Los
autoritarios viven una dolorosa existencia, en cierto sentido,
eliminándose a sí mismos: ¿si no existe un yo mismo, cómo algo puede
hacerme daño?. Pero otros responden al dolor volviéndolo en contra del
mundo: si destruyo al mundo, ¿cómo puede hacerme daño?. Es este escape
de la libertad lo que da cuenta de la podredumbre indiscriminada de la
vida (brutalidad, vandalismo, humillación, crimen, terrorismo…).
Fromm
añade que si el deseo de destrucción de una persona se ve bloqueado,
entonces puede redirigirlo hacia adentro de sí mismo. La forma más
obvia de auto destructividad es por supuesto, el suicidio. Pero también
podemos incluir aquí muchas enfermedades como la adicción a sustancias,
alcoholismo o incluso la tendencia al placer de entretenimientos
pasivos. Él le da una vuelta de tuerca a la pulsión de muerte de Freud:
la auto destructividad es una destructividad frustrada, no al revés.
Conformidad
autómata. Los autoritarios se escapan de su propia persecución a través
de una jerarquía autoritaria. Pero nuestra sociedad enfatiza la
igualdad.
Hay menos jerarquía en la que esconderse
que lo que parece (aunque muchas personas las mantienen y otras no).
Cuando necesitamos replegarnos, nos refugiamos en nuestra propia
cultura de masas. Cuando me visto en la mañana, ¡hay tantas decisiones
que tomar!. Pero solo necesito ver lo que tienes puesto y mis
frustraciones desaparecen. O puedo fijarme en la TV que, como un
horóscopo, me dirá rápida y efectivamente qué hacer. Si me veo como…,
si hablo como…, si pienso como…, si siento como…cualquier otro de mi
sociedad, entonces pasaré inadvertido; desapareceré en medio de la
gente y no tendré la necesidad de plantearme mi libertad o asumir
cualquier responsabilidad. Es la contraparte horizontal del
autoritarismo.
La persona que utiliza la
conformidad autómata es como un camaleón social: asume el color de su
ambiente. Ya que se ve como el resto de los demás, ya no tiene que
sentirse solo. Desde luego no estará solo, pero tampoco es él mismo. El
conformista autómata experimenta una división entre sus genuinos
sentimientos y los disfraces que presenta al mundo, muy similar a la
línea teórica de Horney.
De hecho, dado que la
“verdadera naturaleza” de la humanidad es la libertad, cualquiera de
estos escapes de la misma nos aliena de nosotros mismos. Como lo dice
Fromm: El hombre nace como una extrañeza de la naturaleza; siendo parte
de ella y al mismo tiempo trascendiéndola. Él debe hallar principios de
acción y de toma de decisiones que reemplacen a los principios
instintivos. Debe tener un marco orientativo que le permita organizar
una composición consistente del mundo como condición de acciones
consistentes. Debe luchar no solo contra los peligros de morir, pasar
hambre y lesionarse, sino también de otro peligro específicamente
humano: el de volverse loco. En otras palabras, debe protegerse a sí
mismo no solo del peligro de perder su vida, sino de perder su mente
(Fromm, 1968, p. 61, en su original en inglés. N.T.).
Yo
añadiría aquí que la libertad es de hecho una idea compleja, y que
Fromm está hablando aquí de una “verdadera” libertad personal, más que
de una libertad meramente política (usualmente llamada liberalismo): la
mayoría de nosotros, ya seamos libres o no, tendemos a acariciar la
idea de libertad política, dado que supone que podemos hacer lo que
queramos. Un buen ejemplo sería el sadismo sexual (o masoquismo) que
tiene una raíz psicológica que condiciona el comportamiento. Esta
persona no es libre en el sentido personal, pero agradecerá una
sociedad políticamente libre que diga que aquello que hace los adultos
entre ellos no es de su incumbencia. Otro ejemplo nos concierne a
muchos de nosotros en la actualidad: nosotros podemos estar peleando
por nuestra libertad (en el sentido político), y aún cuando lo
consigamos, tendemos a ser conformistas y más bien irresponsables.
¡Tenemos el voto, pero fallamos en su aplicación!. Fromm tiende mucho a
la libertad política; pero es bastante insistente en que hagamos uso de
esa libertad y ejercer la responsabilidad inherente a ella.
Familias
Escoger
la forma en la cual escapamos de la libertad tiene bastante que ver con
el tipo de familia en la que crecemos. Fromm describe dos tipos de
familias no productivas.
Familias simbióticas. La
simbiosis es la relación estrecha entre dos organismos que no pueden
vivir el uno sin el otro. En una familia simbiótica, algunos miembros
de la familia son “absorbidos” por otros miembros, de manera que no
pueden desarrollar completamente sus personalidades por sí mismos. El
ejemplo más obvio es el caso donde los padres “absorben” al hijo, de
forma que la personalidad del chico es simplemente un reflejo de los
deseos de los padres.
En muchas sociedades tradicionales, este es el caso con muchos niños, especialmente de las niñas.
El
otro ejemplo es el caso donde el niño “absorbe” a sus padres. En este
caso, el niño domina o manipula al padre, que existe esencialmente para
servir al niño. Si esto les suena extraño, déjenme asegurarles que es
bastante común, especialmente en las sociedades tradicionales y
particularmente en la relación entre el hijo y su madre. Dentro de este
contexto de cultura particular, es incluso necesario: ¿de qué otra
manera aprende el niño el arte de la autoridad que necesitará para
sobrevivir como adulto?.
En realidad, prácticamente
todo el mundo de una sociedad tradicional aprende como ser tanto
dominante como sumiso, ya que casi todo el mundo tiene a alguien por
encima o debajo de él en la jerarquía social. Obviamente, el escape
autoritario de la libertad está estructurado en tal sociedad. Pero,
obsérvese que por mucho que pueda ofender nuestros modernos estándares
de igualdad, esta es la forma en que las personas hemos vivido por
cientos de años. Es un sistema social bastante estable, que nos permite
un gran monto de amor y amistad y billones de personas lo secundan.
Familias
apartadas. De hecho, su principal característica es su gélida
indiferencia e incluso su odio helado. Aún cuando el estilo familiar de
“repliegue” ha estado siempre con nosotros, ha llegado solo a dominar
algunas sociedades en los últimos pocos cientos de años; esto es, desde
que la burguesía ( la clase comerciante) arribó a la escena con fuerza.
La versión “fría” es la más antigua de las dos,
propia del norte de Europa y partes de Asia, y en todas aquellas partes
donde los comerciantes han sido considerados como una clase formidable.
Los padres son muy exigentes con sus hijos, de los cuales se espera que
persigan los más altos estándares de vida.
Los
castigos no son cuestión de un coscorrón en la cabeza en medio de una
discusión durante la cena; es más bien un proceso formal; un ritual
completo que posiblemente envuelve romper la discusión y encontrarse en
el bosque para discutir el tema. El castigo es radical y frío, “por tu
propio bien”. De forma alternante, una cultura puede utilizar la culpa
y la retirada de afecto como castigo. De cualquiera de las maneras, los
niños de estas culturas se tornan hacia el logro en cualquiera que sea
la noción de éxito que éstas posean.
El estilo
puritano de familia defiende la huida destructiva de la libertad, lo
cual es internalizado a menos que algunas circunstancias (como la
guerra) no lo permitan. Yo añadiría aquí que este tipo de familias
propulsa una forma más rápida de perfeccionismo (viviendo según las
reglas) que es también una forma de evitar la libertad que Fromm no
menciona. Cuando las reglas son más importantes que las personas, la
destructividad es inevitable.
El segundo tipo de
familias apartadas es la familia moderna, y se puede hallar en la
mayoría de los lugares más avanzados del mundo, de manera especial en
EEUU. Los cambios en las actitudes de la crianza infantil a llevado a
muchas personas a estremecerse ante el hecho de un castigo físico y
culpa en la educación de sus hijos. La nueva idea es a criar a tus
hijos como tus iguales. Un padre debe ser el mejor “compi” de su hijo;
la madre debe ser la mejor compañera de su hija. Pero, en el proceso de
controlar sus emociones, los padres se vuelven bastante indiferentes.
Ya no son, de hecho, verdaderos padres, solo cohabitan con sus hijos.
Los hijos, ahora sin una auténtica guía adulta, se vuelven a sus
colegas y la “media” en busca de sus valores. Esta es, por tanto, ¡la
superficial y televisiva familia!.
El escape de la
libertad es particularmente obvia aquí: es una conformidad autómata.
Aunque todavía esta familia está en minoría en el mundo (salvo, por
supuesto, en la TV), esta es una de las principales preocupaciones de
Fromm. Parece ser el presagio del futuro.
¿Qué hace
a una familia buena, sana y productiva?. Fromm sugiere que ésta sería
una familia donde los padres asumen la responsabilidad de enseñar a sus
hijos a razonar en una atmósfera de amor. El crecer en este tipo de
familias permite a los niños aprender a identificar y valorar su
libertad y a tomar responsabilidades por sí mismos y finalmente por la
sociedad como un todo.
El inconsciente social
Pero
nuestras familias la mayoría de las veces sólo son un reflejo de
nuestra sociedad y cultura. Fromm enfatiza que embebemos de nuestra
sociedad con la leche de nuestra madre. Es tan cercana a nosotros que
con frecuencia olvidamos que nuestra sociedad es tan sólo una de las
múltiples vías de lidiar con las cuestiones de la vida. Muchas veces
creemos que la manera en que hacemos las cosas es la única forma; la
forma natural. Lo hemos asumido tan bien que se ha vuelto inconsciente
(el inconsciente social, para ser más precisos ? también llamado
inconsciente colectivo, aunque esta expresión está atribuida a otro
autor. N.T.). Por esta razón, en muchas ocasiones creemos que estamos
actuando en baso a nuestro propio juicio, pero sencillamente estamos
siguiendo órdenes a las que estamos tan acostumbrados que no las
notamos como tales.
Fromm cree que nuestro
inconsciente social se entiende mejor cuando examinamos nuestros
sistemas económicos. De hecho, define, e incluso nombra, cinco tipos de
personalidad, las cuales llama orientaciones en términos económicos. Si
lo desea, puede aplicarse un test de personalidad hecho a partir de los
adjetivos que Fromm usa para describir sus orientaciones.
Haga clic aquí para verlo.
La
orientación receptiva. Estas son personas que esperan conseguir lo que
necesitan; si no lo consiguen de forma inmediata, esperan. Creen que
todas las cosas buenas y provisiones provienen del exterior de sí
mismos. Este tipo es más común en las poblaciones campesinas, y también
en culturas que tienen abundantes recursos naturales, de manera que no
es necesario trabajar demasiado fuerte para alcanzar el sustento propio
(¡aún cuando la naturaleza pueda repentinamente limitar sus fuentes!).
También es fácil encontrarlo en la escala más inferior de cualquier
sociedad: esclavos, siervos, familias de empleados, trabajadores
inmigrantes…todos ellos están a merced de otros.
Esta
orientación está asociada a familias simbióticas, especialmente donde
los niños son “absorbidos” por sus padres y con la forma masoquista
(pasiva) de autoritarismo. Es similar a la postura oral pasiva de
Freud; a la “leaning-getting” de Adler (acomodada) y a la personalidad
conformista de Horney.
En su presentación extrema
puede caracterizarse por adjetivos como sumiso y anhelante. De forma
más moderada, se presenta con adjetivos como resignada y optimista.
La
orientación explotadora. Estas personas esperan conseguir lo que desean
a través de la explotación de otros. De hecho, las cosas tienen un
valor mayor cuanto sean tomadas de otros: la dicha es preferiblemente
robada, las ideas plagiadas, y el amor se consigue basándose en
coerción. Este tipo es más común en la historia de las aristocracias y
en las clases altas de los imperios coloniales. Piénsese por ejemplo en
los ingleses en la India: su posición estaba basada completamente en su
poder para arrebatar a la población indígena. Alguna de sus
características más notables es la habilidad de mantenerse muy cómodos
¡dando órdenes!. También la podemos encontrar en los bárbaros pastores
y pueblos que se apoyan en la invasión (como los Vikingos.
La
orientación explotadora está asociada al lado “chupóptero” en la
familia simbiótica y con el estilo masoquista del autoritarismo. Es el
oral agresivo de Freud, el dominante de Adler y los tipos agresivos de
Horney. En los extremos, son sujetos agresivos, seductores y engreídos.
Cuando están mezclados con cualidades más sanas, son asertivos,
orgullosos y cautivadores.
La orientación
acaparadora. Las personas que acumulan tienden a mantener consigo esas
cosas; reprimen. Consideran al mundo como posesiones y como potenciales
posesiones. Incluso los amados son personas para poseer, mantener o
comprar. Fromm, perfilando a Marx, relaciona este tipo de orientación
con la burguesía, la clase media comerciante, así como los
terratenientes ricos y los artistas. Lo asocia particularmente con la
ética laboral protestante y con grupos puritanos tales como los
nuestros.
La retención está asociada a las formas
más frías de familias apartadas y con destructividad. Yo añadiría aquí
que existe también una clara relación con el perfeccionismo. Freud
llamaría a este tipo de orientación el tipo anal retentivo; Adler
(hasta cierto punto), le llamaría el tipo evitativo y Horney (más
claramente) el tipo resignado. En su forma pura, significa que eres
terco, tacaño y poco imaginativo. Si perteneces a una forma menos
extrema, serías resolutivo, económico y práctico.
La
orientación de venta. Esta orientación espera vender. El éxito es una
cuestión de cuán bien puedo venderme; de darme a conocer. Mi familia,
mi trabajo, mi escuela, mis ropas; todo es un anuncio, y debe estar
“perfecto”. Incluso el amor es pensado como una transacción. Solo en
esta orientación se piensa en el contrato matrimonial (estamos de
acuerdo en que tú me darás esto y lo otro y yo te daré aquello y
demás). Si uno de nosotros falla en su acuerdo, el matrimonio se
anulará o se evitará (sin malos sentimientos; incluso ¡podríamos ser
muy buenos amigos!. De acuerdo con Fromm, es la orientación de la
sociedad industrial moderna. ¡Esta es nuestra orientación!.
Este
tipo moderno surge de la fría familia apartada, y tiende a utilizar la
conformidad autómata para escapar de la libertad. Adler y Horney no
tienen un equivalente en sus teorías, pero quizás Freud sí: sería por
lo menos algo cercano a la vaga personalidad fálica, el tipo que vive
sobre la base del flirteo.
En un extremo, la
persona “que se vende” es oportunista, infantil, sin tacto. En casos
más moderados, se perciben como resueltos, juveniles y sociales.
Nótese
que nuestros valores actuales se nos expresan a través de la
propaganda: moda, salud, juventud eterna, aventura, temeridad,
sexualidad, innovación…estas son las preocupaciones del “yuppie”. ¡Lo
superficial lo es todo!.
La orientación productiva.
Existe, no obstante, una personalidad más sana, a la que Fromm
ocasionalmente se refiere como la persona que no lleva máscara.
Esta
es la persona que sin evitar su naturaleza social y biológica, no se
aparta nunca de la libertad y la responsabilidad. Proviene de una
familia que ama sin sobresaturar al sujeto; que prefiere las razones a
las reglas y la libertad sobre la conformidad.
La
sociedad que permita un crecimiento de este tipo de personas no existe
aún, de acuerdo con Fromm. Por supuesto, que él tiene una idea de cómo
debería ser. Lo llama socialismo comunitario humanista, ¡menudo bocado!
Y desde luego no está compuesto por palabras que precisamente sean muy
bienvenidas en EEUU; pero déjenme explicarme: Humanista significa que
está orientado a seres humanos y no sobre otra entidad estatal superior
(en absoluto) o a algún ente divino.
Comunitario
significa compuesto de pequeñas comunidades (Gesellschaften, en
alemán), como opuesto a un gran gobierno central corporativo.
Socialismo significa que cada uno es responsable del bienestar del
vecino. Además de comprensible, ¡todo esto es muy difícil de argumentar
bajo el idealismo de Fromm.
Fromm dice que las
primeras cuatro orientaciones (a las cuales otros llaman neurótica)
viven el modo (o modelo) de tenencia. Se centran en el consumo, en
obtener, en poseer…Se definen por lo que tienen. Fromm dice que el “yo
tengo” tiende a convertirse en el “ello me tiene”, volviéndonos sujetos
manejados por nuestras posesiones.
Del otro lado,
la orientación productiva vive en el modo vivencial. Lo que eres está
definido por tus acciones en el mundo. Vives sin máscara, viviendo la
vida, relacionándote con los demás, siendo tú mismo.
Dice
que la mayoría de las personas, ya acostumbradas al modo de tenencia,
usan el verbo tener para describir sus problemas: “Doctor, tengo un
problema: tengo insomnio. Aunque tengo una bonita casa, niños
estupendos y un matrimonio feliz, tengo muchas preocupaciones.” Este
sujeto busca al terapeuta para que le quite las cosas malas y que le
deje las buenas; casi igual que pedirle a un cirujano que te quite las
piedras de tu vesícula. Lo que deberías decir es más como “estoy
confuso. Estoy felizmente casado, pero no puedo dormir…”. Al decir que
tienes un problema, estás evitando el hecho de que tú eres el problema;
una vez más estás evitando la responsabilidad de tu vida.
Tabla con 4 columnas y 6 filas
Orientación
Sociedad
Familia
Escape de la libertad
Receptivo
Sociedad campesina
Simbiótica (passiva)
Autoritario (masoquista)
Explotador
Sociedad aristocrática
Simbiótica (activa)
Autoritario (sádico)
Acaparadora
Sociedad burguesa
Apartada (puritana)
Perfeccionista a destructivo
De venta
Sociedad moderna
Apartada (infantil)
Conformista autómata
Productiva
Socialismo Comunitario Humanista
Amorosa y razonable
Libertad y responsabilidad reconociea y aceptada
Final de tabla
Maldad
Fromm
siempre estuvo interesado en tratar de comprender a las personas
verdaderamente malévolas de este mundo; no solamente a aquellas que
sencillamente eran estúpidas, estaban mal guiadas o enfermas, sino a
aquellas con total conciencia de maldad en sus actos, fuesen llevados a
cabo como fuere: Hitler, Stalin, Charles Manson, Jim Jones y así
sucesivamente; desde los menos hasta los más brutales.
Todas
las orientaciones que hemos mencionado, productivas y no productivas;
sea en el modo de tenencia o de ser, tienen una cosa en común: todas
constituyen un esfuerzo para vivir. Igual que Horney, Fromm creía que
incluso el neurótico más miserable por lo menos está intentando
adaptarse a la vida. Son, usando su palabra, biófilos, amantes de la
vida.
Pero existe otro tipo de personas que él
llama necrófilos (amantes de la muerte). Tienen una atracción pasional
de todo lo que es muerte, destrucción, podredumbre, y enfermizo; es la
pasión de transformar todo lo que está vivo en lo no-vivo; de destruir
por el solo hecho de destruir; el interés exclusivo en todo esto es
puramente mecánico. Es la pasión de “destrozar todas las estructuras
vivientes”.
Si nos trasladamos al pasado cuando
estábamos en el instituto, podemos visualizar algunos ejemplos:
aquellos que eran unos verdaderos aficionados a las películas de
terror. Estas personas podrían haber diseñado modelos y artilugios de
tortura y guillotinas y les encantaba jugar a la guerra. Les encantaba
explotar cosas con sus juegos de química y de vez en cuando torturaban
a algún pequeño animal. Les encantaban las armas y eran manitas con
todos los artilugios mecánicos. A mayor sofisticación tecnológica,
mayor era su felicidad. Beavis y Butthead (los personajes de la
televisión musical famosa) están modelados bajo este esquema.
Recuerdo
haber visto en una ocasión una entrevista en la televisión, cuando la
pequeña guerra que tuvo lugar en Nicaragua. Había un montón de
mercenarios americanos dentro de los “Contras” y uno en particular
llamó la atención del reportero. Era un experto en municiones (ése que
vuela puentes, edificios y por supuesto, ocasionalmente, soldados
enemigos). Cuando se le preguntó cómo se había involucrado en este tipo
de trabajo, sonrió y le dijo al reportero que quizás a él no le
gustaría escuchar su historia. Ya sabes, cuando era niño, le gustaba
poner petardos en la parte trasera de pequeños pájaros que había
capturado; encendía la mecha, les dejaba ir y veía como explotaban en
el aire. Este hombre era un necrofílico. (Un ejemplo adicional y
gráfico más cercano podemos verlo en el personaje de Sid en la película
Toy Story. N.T.).
Fromm hace algunas sugerencias
sobre cómo surge este tipo de sujetos. Dice que debe existir algún tipo
de influencia genética que les previene de sentir o responder a los
afectos. También añade que deben haber tenido una vida tan llena de
frustraciones que la persona se pasa el resto de su vida inmerso en la
rabia. Y finalmente, sugiere que deben haber crecido con una madre
también necrófila, de manera que el niño no ha tenido a nadie de quien
recibir amor. Es muy posible que la combinación de estos tres factores
provoque esta conducta. Aún así, subsiste la idea de que estos sujetos
son plenamente conscientes de su maldad y la mantienen. Desde luego,
son sujetos que necesitan estudiarse más profundamente.
Biófilo
Necrófilo
Modo tenencia
Receptivo
Explotador
Acaparadore
De venta
Modo vivencia
Productiva
Discusión
De
alguna forma, Fromm es una figura de transición, o si lo prefiere, un
teórico que aúna otras teorías; para nosotros, de forma eminente, une
las teorías Freudianas con las neo-Freudianas que hemos visto
(especialmente a Adler y Horney) y las teorías humanistas que
discutiremos más adelante. De hecho, está tan cerca de ser un
existencialista, que ¡casi no importa!. Creo que el interés en sus
ideas será mayor de la misma manera en que la psicología existencial
hace.
Otro aspecto de su teoría es único de él: su
interés en las raíces económicas y culturales de la personalidad. Nadie
anterior ni posteriormente a él lo ha dicho de una forma tan directa:
nuestra personalidad es hasta una extensión considerable, un reflejo de
tales cuestiones como clase social, estatus minoritario, educación,
vocación, antecedentes religiosos y filosóficos y así sucesivamente.
Esta ha sido una representación no demasiado afortunada, aunque se
puede deber a su asociación con el marxismo. Pero es, creo, inevitable
que empecemos a considerarla más y más, especialmente como una
contrapartida al incremento de la influencia de las teorías biológicas.
Referencias
Fromm es un escritor
excelente y excitante. Podemos encontrar las bases de sus teorías en
Escape from Freedom (1941) y en Man for Himself (1947). Si interesante
tratado sobre el amor en el mundo moderno es el llamado The Art of
Loving (1956). Mi libro favorito de todos es The Sane Society (1955),
el cual debió de hecho haberse llamado “la sociedad insana” ya que
prácticamente en su totalidad está dirigido a demostrar cuán loco está
nuestro mundo actualmente, y como esto nos lleva a dificultades
psicológicas. También ha escrito “el libro” sobre la agresión, The
Anatomy of Human Destructiveness (1973), que incluye sus ideas sobre
necrofilia. Ha escrito muchos otros grandes libros, incluyendo algunos
sobre la Cristiandad, el Marxismo y el Budismo Zen.
Todos
estos libros se encuentran traducidos al castellano como sigue: “El
Escape de la Libertad”; “Hombre por Sí Mismo”; “El Arte de Amar”; “La
Sociedad Sana”; “La Anatomía de la Destructividad Humana”. Para mayor
información, existen cerca de 2950 referencias a Fromm y su teoría en
castellano en Internet; tan solo teclee en cualquier buscador la
palabra “Fromm”.N.T.