En este artículo nos centramos en la evaluación neuropsicológica dirigida a población adulta.
Analizamos, previamente, los ámbitos que toda evaluación neuropsicológica debe abarcar; así, nos va a permitir obtener un perfil neuropsicológico comprehensivo, incluida la dimensión cognitiva, afectiva y la personalidad.
Existe un acuerdo de cuales deben ser los ámbitos de exploración, no existiendo, así mismo, uno
sobre los instrumentos utilizados. Estos pueden ser divididos en dos clases: aquellos, no habiéndose creado con una finalidad neuropsicológica utilizados en este campo con la intención de conocer el sustrato neurológico subyacente, y las baterías de evaluación neuropsicológica propiamente dichas.
Finalizamos analizando algunos de estos instrumentos; así, como las baterías tradicionalmente utilizadas en la evaluación neuropsicológica de la población adulta.
Palabras clave: Evaluación neuropsicológica, ámbitos de evaluación neuropsicológica, capacidad
intelectual, batería Luria-DNA, escala WAIS-III.
Introducción
La evaluación neuropsicológica debe proporcionarnos una descripción válida del estado mental del paciente, tanto en el ámbito cognitivo como afectivo. Esta debe ser comprehensiva, pues representa -o debe- el punto de partida de la rehabilitación neuropsicológica.
Para el desarrollo de una evaluación neuropsicológica, pueden recurrirse a diversos
instrumentos. Según Junqué y Barroso (1994), el empleo de los tests, tanto los provenientes de la psicometría clásica como aquellos que lo hacen de la propia neuropsicología, es muy diferente
según se trate del campo de la investigación o del de la aplicación clínica. La diferencia principal se halla; por ejemplo, en los estudios de investigación, pues nunca se usan los tests
como instrumentos de medida estandarizados.
Estos constituyen, en este contexto, paradigmas conductuales y el rendimiento de los pacientes
es comparado con grupos de control de sujetos normales o de otra localización lesional. Por el
contrario, la neuropsicología clínica hace uso de los valores estándar para determinar la normalidad
o anormalidad de las funciones examinadas y su grado de afectación.
Otra característica del uso de las baterías y tests en condiciones experimentales, según los anteriores autores, es que, a menudo, sólo una parte de estos se incluye en el estudio porque los objetivos no son los mismos los cuales guiaron la configuración de la prueba; además, al experimentador puede interesarle únicamente alguno de los aspectos incluidos.
Manga y Ramos (1999), por el contrario, consideran una suposición falsa, la afirmación de
que los tests neuropsicológicos son de naturaleza diferente a los tests clínicos, educativos y vocacionales, lo que distingue a los diferentes tests es la finalidad con la cual se usan. Así, la neuropsicología ofrece un paradigma desde donde interpretar los datos de los tests individuales sirva de ejemplo las escalas de Wechsler, las cuales pueden ser utilizadas como medida de la inteligencia o con el propósito de hacer inferencias
neuropsicológicas. De este modo, en la evaluación neuropsicológica, la ausencia de un déficit no aporta necesariamente mucha información, y con un solo ítem no es suficiente, no se puede diagnosticar una lesión en una determinada parte del cerebro; se ha de investigar mediante otros ítems el resto de las habilidades dependientes de aquella área pluripotencial.
Los tests, por consiguiente, en esta metodología cognitivo – experimental, tienen por finalidad no tanto la de proporcionar puntuaciones, sino más bien la de provocar conductas observables (Benedet, 1997). Hace años, esta autora había anticipado que la alternativa a los acercamientos anteriores, el clínico y el psicométrico, habría de venir de las posibilidades donde la psicología cognitiva ofrece a la evaluación neuropsicológica. Así, hemos de ser flexibles en su utilización, pues aunque son absolutamente necesarios para una valoración apropiada de los procesos mentales debemos ir más allá. (Manga y Ramos, 1999). Así, los neuropsicólogos de la orientación de Luria, en palabras del Dr. Manga (1987), comportamentales, debemos hacer uso de tests neuropsicológicos estándar; no obstante, realizarlo de modo que la responsabilidad recaiga en el examinador y en la selección que este hace de los tests, en la observación cualitativa y en la modificación de los procedimientos estándar.
En la investigación neuropsicológica, las relaciones existentes entre los cambios en el funcionamiento cerebral y los producidos en el comportamiento de los sujetos, son analizados
recurriendo al método funcional. En este método, la variable independiente no la constituye primariamente una cerebral, sino el tipo de paradigma conductual al cual sometemos a los examinados.
En nuestra investigación, concretamente recurrimos a tres tipos de paradigmas conductuales: (1)
Paradigma conductual proveniente de la psicología experimental, ejemplo de este paradigma es el Stroop; (2) Paradigma conductual proveniente de la psicometría, son tests utilizados en neuropsicología con la finalidad de estudiar el sustrato cerebral implicado en ellos, utilizándose la Escala de Inteligencia de Wechsler (WAIS–III); (3) Los paradigmas conductuales generados como resultado de las propias necesidades de la experimentación neuropsicológica, contando para ello con la batería de evaluación neuropsicológica Luria – DNA.
Ámbitos de la exploración neuropsicológica.
Guedalia, Finkelstein, Drukker, y Frishberg (2000) consideran la necesidad de evaluar ámbitos como la capacidad intelectual, de abstracción, sensorial, memoria y las habilidades motoras para arrojar luz a los patrones de daño cerebral. Los técnicos y expertos de la Asociación Americana de Neurología (2001) recomiendan a los neuropsicólogos los siguientes ámbitos: atención, lenguaje, memoria, habilidades visoespaciales, función ejecutiva, inteligencia, habilidades motrices y considerar el nivel educativo. Strub y Black (1986) proponen como principales áreas del examen del estado mental en neurología: orientación en persona, lugar y tiempo; atención y concentración (cansancio, susceptibilidad a la distracción, flexibilidad cognitiva para cambiar de una tarea a otra); lenguaje oral (comprensión y expresión, articulación, fluencia, capacidad fonética, léxica y sintáctica, ecolalias, perseveraciones, etc); lenguaje escrito (lectura y comprensión lectora, aspectos motores de la escritura y contenido); memoria (capacidad para el relato de los rasgos fundamentales de su biografía, repetición de dígitos, recuerdo inmediato y diferido de palabras, imágenes e historietas); capacidad constructiva (copia de modelos y dibujos simples); capacidad intelectual (cálculo elemental, explicación de refranes y semejanzas, riqueza de vocabulario y capacidad de razonamiento); pensamiento (confusión mental, pobreza, coherencia del discurso, trastornos formales del pensamiento); y estado emocional (control emocional, expresión de afecto, habilidad emocional: quejas y preocupaciones, tendencia obsesiva, suspicacia o episodios de despersonalización y conciencia de su propio estado).
Además, deben evaluarse los trastornos emocionales y de comportamiento (depresión,
agitación, labilidad emocional, dificultades en el control y regulación de la conducta, entre otros),
pues estos no sólo muestran el ajuste del paciente a su vida personal, sino deben tenerse en cuenta para interpretar los resultados de la ejecución de las pruebas cognitivas (Benton, 1987). Los resultados de esta evaluación se deben poner en relación con las características de la lesión (focal o difusa, edad de esta, carácter evolutivo o no, edad del paciente etc.) (Benedet, 1986).
Instrumentos de evaluación neuropsicológica.
A pesar de la diversidad de instrumentos utilizados en la exploración neuropsicológica
(Borowska, Lemancewicz, Tarasow, Urban, Urban, Walecki et al., 2003; Capilla, Fernández,
Campo, Maestú, Fernández, Mulas y Ortiz, 2004; Levine, Barnes, Madsen, Abbot, Metha y
Edelman, 1999), sí existe un considerable acuerdo entre quienes practican la evaluación neuropsicológica respecto a qué capacidades deben evaluarse para lograr un perfil neuropsicológico comprehensivo (Manga y Ramos, 1999).
En el contexto de diagnóstico de la disciplina neurología, es frecuente recurrir a diversas
técnicas, (Bigler, 1994), de registro de la actividad eléctrica, como son la Electroencefalografía
(EEG) y la Magnetoencefalografía (MEG) y de carácter metabólico, como la Tomografía por
Emisión de Positrones (TEP), la Tomografía Computarizada por Emisión de Fotones Simples
(SPECT) y la Resonancia Magnética Funcional (RMF). Las técnicas más modernas son clasificadas
por Muñoz y Tirapu (2001) en dos grandes grupos, en función del tipo de información
que ofrecen: (i) estudio de la anatomía y estructura cerebral (Neuroimagen Estructural):
TAV (Tomografía Axial Computarizada) y RMN (Resonancia Magnética Nuclear) y (ii) estudio
de la fisiología y función cerebral (Neuroimagen Funcional): SPECT (Tomografía por Emisión
de Fotón Único), PET (Tomografía por Emisión de Positrones), RMNF (Resonancia Magnética
Nuclear Funcional) y Magnetoencefalografía.
Las técnicas de neuroimagen estructural son de gran utilidad para la detección y localización de
la lesión (por ejemplo, tumores cerebrales), al mismo tiempo que promocionan una línea base
la cual permite comparar y controlar diferentes trastornos patológicos agudos y subagudos.
En el contexto de la neuropsicología, nuestro objetivo va dirigido a otros instrumentos, los cuales pueden agruparse en dos grandes grupos: pruebas específicas de evaluación
neuropsicológica y baterías generales de evaluación neuropsicológica.
Baterías generales de evaluación neuropsicológica. Dos de las baterías neuropsicológicas más avanzadas para determinar si hay un daño orgánico y las cuales permiten determinar de manera más precisa la ubicación del problema son la Batería Neuropsicológica de Luria–Nebraska
(LNNB) y la Batería Neuropsicológica Halstead – Reitan (HRNTB) (Horton y Puente, 1989;
Lynch, 1990). La Batería Luria Nebraska es una batería neuropsicológica basada esencialmente
en la teoría de los sistemas funcionales de Luria, esta surge como alternativa a la batería
dominante, en los años 70, la Batería Halstead– Reitan (Manga y Ramos, 2001). Según Fields
(1987), a pesar de las diferentes orientaciones de las mismas, ambas baterías son eficaces
en el proceso de detección de daño cerebral, para ello puede verse el estudio comparativo
desarrollado por Golden, Kane, Sweet, Moses, Cardelino, Templeton, Vicente y Graber, 1981y
el de Matarazo, 1976. No obstante, entre estas dos baterías, los psicólogos de servicios de
neuropsicológicos americanos prefieren un 51% la batería HRNTB frente a un 23% quienes prefieren la LNNB, por razones fundamentalmente clínicas, prácticas y de experiencia (Asociación
Americana de Neurología, 2001).
Algunas de las baterías más comúnmente utilizadas se exponen a continuación, siendo
como hemos comentado, la batería Luria– Nebraska (LNNB) y la Batería Halstead–Reitan
(HRNTB), dos de las baterías que frecuentemente han sido utilizadas en la evaluación neuropsicológica de adultos.
El Test de Luria.
El test de Luria, muy conocido en el mundo occidental, fue publicado por primera
vez en inglés, en 1975, por Christensen. Basado,
aproximadamente, en 35 años de investigación
realizada por Luria y sus colaboradores de la
Unión Soviética, probablemente es la batería
más completa disponible, según Kolb y Whishaw
(1986); caracterizándose como se ha apuntado
anteriormente por su naturaleza no psicométrica.
Las principales ventajas de la batería de Luria,
resumidas por los anteriores autores, son las
siguientes: (1) Está basada en principios teóricos
del funcionamiento neuropsicológico, haciendo
la interpretación una conclusión lógica de
la teoría. (2) Es completa, económica, fácil de
administrarse, flexible y breve, se tarda cerca
de una hora en administrarse. (3) Mide el comportamiento
real del sujeto más que los procesos
cognoscitivos deducidos, haciendo; por lo tanto,
una interpretación más sencilla. Sin embargo,
también existen desventajas del procedimiento
de Luria: (a) El tanteo es subjetivo y esta basado
en la experiencia clínica. Por un lado, es poco
probable que un novato para la neuropsicología
o para la neurología pueda dominar fácilmente
la interpretación sin un aprendizaje extenso. Por
otro lado, los neuropsicólogos o los neurólogos
experimentados deben encontrar la batería fácil
de aprender. (b) Debido a que el manual acompañante
de la batería no ofrece ningún estudio
de validación, debe confiarse en la medida de
los tests. Esta crítica es la más seria, pues es probable
que la mayoría de neuropsicólogos occidentales
continúen utilizando los instrumentos
de valoración psicométrica dando cuenta de los
estudios de validación.
Batería de Halstead-Reitan:
Fue desarrollada por Halstead, modificada
y ampliada por Reitan (cit. por Manga y
Ramos, 1999). Está basada, en esencia, en una
serie de tests ideados inicialmente por Halstead
a finales de los años cuarenta. Es una de las
baterías más utilizadas en Estados Unidos, tanto
en investigación como en práctica clínica. A
partir de la modificación de Reitan paso a llamarse
Halstead-Reitan; sirve para la detección
de muchos hallazgos relativos a las funciones
cerebrales discretas que se alteraban en casos
con daño cerebral diferente; además, ha sido
instrumento fundamental en la evaluación neuropsicológica
durante bastantes años.
Es una de las primeras baterías neuropsicológicas
dirigida a la discriminación de la
organicidad. Desde su creación, ha sido utilizado
para detectar diferentes desórdenes neurológicos
y psiquiátricos, y un análisis profundo de funciones
particulares como el aprendizaje (Bowers,
1993) y la memoria, así como en la evaluación
de habilidades verbales, espaciales, secuenciales,
manipuladoras y del desempeño personal del
individuo. Es una prueba neuropsicológica usada
para determinar la ubicación y los efectos de
lesiones cerebrales específicas, y, de forma más
específica, poder discriminar a pacientes con
lesiones en el lóbulo frontal. No obstante, empezó
con siete tests seleccionados para discriminar
entre pacientes con lesiones del lóbulo frontal y
de controles normales.
La versión actual de esta batería está formada
por unos diez tests básicos (ver Fernández,
1995; Kolb y Whishaw, 1986): Test de Categorías,
Test de Ejecución Táctil (modificación del tablero
de Goddard-Seguin), Test de Ritmo de Seashore,
Test de Percepción de Palabras sin Sentido, Test
de Golpeteo, Test de Afasia Indiana-Reitan,
Examen Senso-Perceptivo. Dominancia Lateral,
Test de Trazado y Test auxiliares. Los siguientes
tests están incluidos en la Batería; sin embargo,
no siempre son administrados: (1) El test
de Apertura de Caminos requiere de sujetos
quienes dibujen líneas que conecten números
o letras consecutivas esparcidas al azar en una
página y en una segunda parte alterne entre las
dos secuencias (es decir A-1, B-2, C-3...). (2)
El Test de la Afasia es una versión alterada del
Test de Wepman de la Afasia, y (3) el Inventario
Multifásico de Personalidad de Minnesota es
un cuestionario autodescriptivo muy utilizado
el cual pretende diagnosticar las anomalías psiquiátricas.
Una gran variedad de funciones son puestas
a prueba en esta batería: concepto, abstracción
y agudeza visual; memoria espacial, percepción
auditiva, atención y concentración, percepción de
los sonidos del habla, percepción visual, sentido
del tiempo, estimulación sensorial, asterognosia
y percepción táctil.
Una vez que todas las pruebas han sido
administradas, se calcula el índice de deterioro,
valor computado a partir de las siete puntuaciones
derivadas de los cinco tests de la batería: categorías,
ejecución táctil (tiempo, localización y
memoria), percepción de palabras sin sentido,
test de ritmo Seashore y test de golpeteo.
Esta batería tiene entre sus principales
ventajas ser fácilmente aplicable, cuantificable,
discrimina pacientes con lesión frontal y los contenidos
son fácilmente adaptables a diferentes
edades. Ha sido criticada básicamente porque
sus estándares de medida son cuantitativos y
estrictos, incluso para la población americana;
por lo tanto, puede resultar poco adecuada para
otro tipo de poblaciones, sobre todo aquellas
con desventajas educativas y socioculturales. A
pesar de que es muy utilizada y de constituir un
importante esfuerzo inicial en la valoración neuropsicológica,
está sujeta a numerosas críticas,
recogidas por Kolb y Whishaw (1986), una de
esas críticas va dirigida a su carácter ateórico.
Debido a las limitaciones de la batería inicial de
Halstead–Reitan, ha habido numerosos intentos
de modificarla para poblaciones específicas (v.g.
Lezak, 1995). Muchos clínicos han añadido sus
propios tests, especialmente tests de la memoria
para completar la batería básica. Sin embargo, lo
necesario es una revisión minuciosa de esta con
normas actualizadas y ampliadas, y estudios de
validación acerca de sujetos con lesiones verificadas,
incorporando muchas de las mejoras realizadas
para diferentes poblaciones específicas.
Muchos estudios han tratado de conocer
la validez concurrente entre la Batería
Luria–Nebraska y la Batería de Halstead–Reitan
(Milstein, 1992; Moses, Pritchard y Adams,
1997). Berg (1984) encontró una concordancia
entre ambas, en el proceso de identificación
de disfunción cerebral de un 87%. Bryson,
Silverstein, Nathan y Stephen (1993), por su
parte, encontraron una concordancia de 65.2%
en pacientes con daño cerebral y de un 67.5%
con desórdenes afectivos. La batería Halstead–
Reitan y la Escala de Memoria Wechsler han
proporcionando apoyo adicional a la validez
de constructo de la Batería Luria – Nebraska
(Bradley, Teichmer, Crum y Golden, 2000; Mall,
2000). Boyle (1986) en su estudio, con una forma
abreviada de la Halstead, obtuvo correlaciones
inversamente proporcionales y significativas a la
inteligencia, medida a través del WAIS (r= -.65,
p <.01), no existiendo; por consiguiente, una alta
redundancia entre ambas baterías. Los trabajos
más actuales de Reitan se realizan con la batería
revisada (ver Reitan y Wolfson, 1993, 1996).
Batería Luria – Nebraska.
Fue desarrollada por Golden y colaboradores
mediante la tipificación de los tests de
Luria por medio de un enfoque de evaluación
clínica, constituyendo un segundo intento de
sistematización de la metodología básicamente
cualitativa de Luria, después de que Christensen
realizara el primer intento (1987). Este intento de
estandarizar los procedimientos de tests Luria no
debe considerase un sustituto de la investigación
neuropsicológica de Luria o con la metodología
de Luria (Matarazzo, 1976). A pesar de que la
idea de estandarizar los tests es razonable, al
hacerlo se ha producido una batería muy distinta
de la utilizada por Luria. Consecuentemente, la
incorporación de los aspectos extraídos a partir
del trabajo de Luria en un test estandarizado
no significa que el test es una puesta en funcionamiento
o una estandarización del método de
Luria (Spiers, 1981).
Boget, Hernández y Marcos (1988) lo
consideran un instrumento útil y válido para la
exploración neuropsicológica con un enfoque
mixto, cuantitativo y cualitativo, ambos necesarios
para el estudio, seguimiento y propuestas de
planes de rehabilitación de funciones cognitivas
superiores según el modelo de Luria. Es por
ello, según Manga (1987), que es un instrumento
híbrido y diferente de la mayoría de los tests tradicionales,
elicíta una rica variedad de conductas
siendo apropiadas para la evaluación individual
del análisis cualitativo, al mismo tiempo, es un
test con la posibilidad de ser empíricamente
estudiado y validado como procedimiento estandarizado.
Los principios teóricos y empíricos los
cuales han guiado su desarrollado, su historia,
fiabilidad, validez, consistencia interna y la
utilidad de esta batería han sido ampliamente
descritas por diversos autores. Con objeto de
no alargar esta descripción, remitimos al lector
interesado a su consulta (Golden, Freshwater y
Vayalakkara, 2000; Teichner y colaboradores,
2000). La versión castellana de esta batería es
descrita por Boget et al. (1988).
Esta constituida por 269 ítems los cuales
pueden ser administrados en unas dos horas y
media, aproximadamente, a diferencia de la de
Halstead – Reitan, esta suele durar de seis a ocho
horas. Evalúa todas las áreas las cuales Benton
indicó como necesarias para un examen neuropsicológico
completo; así, permite abarcar desde
problemas motores hasta problemas de memoria e
inteligencia (v.g Fernández, 1995). Presenta once
apartados, los mismos propuestos por Christensen;
sin embargo, separa escritura de lectura, incluye;
además, una selección de preguntas y materiales
ya descritos por Christensen (1987).
Representa, en palabras de Golden et al.
(1980), un buen instrumento, adecuadamente
validado para la población preadolescente, adolescente
y adultos. Dispone de dos formas de la
versión dirigidas a la población adulta: LNNB-1
y LNNB–2 (v.g. Sink y Harrington, 1994) y
al igual que otras muchas baterías, también,
tiene una versión infantil: Luria – Nebraska
Neuropsychological Battery – Children’s Revision
(LNNB-CR) (v.g. Hartlage y Golden, 1990).
Ha sido utilizada en campos muy diversos
del diagnóstico clínico y sobre todo en el
ámbito del estudio del funcionamiento intelectual,
siendo frecuentes los estudios que tratan
de hallar perfiles neuropsicológicos (Goldstein,
Katz, Slomka y Kelly, 1993; Teichner, Golden,
Crum, Azrin, Donohue y Van Hasset, 2000), lo
cual permite no solo establecer un diagnóstico
diferencial, sino, y más importante, establecer un
plan de intervención neuropsicológico. A continuación
exponemos algunos estudios.
Se ha investigado la habilidad de esta
batería para predecir el estatus de funcionamiento
de la vida diaria en población neuropsiquiátrica.
Faustman, Moses, Ringo y Newcomer
(1991), Horsfall (2001), por su parte, la emplearon
en el proceso de diagnóstico entre desórdenes
esquizoafectivos y la esquizofrenia.
Miller, Faustman, Moses y Csernansky (1991) la
aplicaron a pacientes con trastornos depresivos.
Mendozzi, Pugnetti, Sacanni y Motta (1993) la
administraron en un estudio con pacientes con esclerosis múltiple.
Es frecuente su aplicación en el ámbito de
las dificultades de aprendizaje (Lewis, Hutchens
y Garland, 1993), en concreto dificultades de lectura
(Myers, Sweet, Deysach y Myers, 1989).
Ha sido manejada en pacientes con daño
cerebral (Burns, Kappenberg, McKenna y Wood,
1994; García, 1996; Sink y Harrington, 1994) y
accidentes cerebrovasculares (Robbins, 1998).
El aspecto más criticado de esta es la
confusión entre funciones y sistemas funcionales,
pues suma en una misma escala resultados
de pruebas los cuales implican distintos estratos
funcionales. Según Peña, Hernández y Jarne
(1997), su organización práctica no sigue la
conceptualización de Luria. Por esto, no ha sido
muy aceptada por los neuropsicólogos. Según
Lezak (1995):
Una brecha considerable separa las evaluaciones de esta
batería de las realizadas por Golden y sus colaboradores,
de las realizadas por neuropsicólogos que no están afiliados
a ellas. Golden y su grupo, ofrecen datos que apoyan sus
afirmaciones de que esta batería es un instrumento eficiente
para el diagnóstico. Otros neuropsicólogos han extraído la
conclusión de que la batería no es fidedigna.
En esta misma línea, se pronuncian Kolb
y Whishaw (1986) quienes consideran que la
utilidad y la validez dista mucho de ser demostrada,
aconsejando la utilización de la versión
de Christensen, los procedimientos de Luria o
baterías compuestas, más que la batería Luria- Nebraska.
Programa integrado de exploración neuropsicológica – Test Barcelona.
El Programa integrado de exploración
neuropsicológica–Test Barcelona (Peña, 1990),
existiendo actualmente una versión revisada
(Peña, 2005), puede utilizarse, según Peña,
Hernández y Jarne (1997) de forma distinta
dentro de la exploración neuropsicológica; por
ejemplo, como “prueba de detección general”
(screening test) en una primera fase de exploración
o como prueba categorial para evaluar el
lenguaje. No es un instrumento para discriminar
entre “lesionados” y no “lesionados” cerebrales,
sino para realizar una exploración más detallada
del comportamiento del paciente en diversas
tareas las cuales implican diversas funciones
mentales superiores. Contribuye al conocimiento
de cada paciente y permite el diseño de programas
de rehabilitación individualizada.
Se compone de una selección de pruebas
organizadas de manera que permiten realizar
una exploración neuropsicológica sistematizada
(Peña, 1990). Su objetivo es la exploración de las
funciones mentales superiores y tiene en cuenta
los principios de idoneidad, factibilidad y utilidad,
necesarios para el mejor funcionamiento
(Lezak, 1995). Considera la complejidad de las
funciones mentales superiores y evita una aproximación global.
Las pruebas o tareas de las cuales consta
(Peña, 1990), permite evaluar diversas áreas:
orientación, atención y concentración, lenguaje
(oral, escritura y lectura), praxias, gnosias,
memoria, abstracción, cálculo y solución de problemas.
Busca no exceder el tiempo “razonable”
para realizar una exploración completa. Su aplicación
dura entre dos y tres horas. No obstante
y dada la longitud de este programa, existe una
versión abreviada de la misma (Peña, Guardia,
Bertrán, Manero y Jarne, 1997; Peña, Guardia,
Bertrán, Manero, Espel, Martín, Böhm, Blesa y Guradía, 1997).
Esta batería, también, ha sido relacionada
con las escalas de Inteligencia Wechsler, así
Martínez, Guardia y Peña (1996) desarrollaron
un estudio el cual tenía por objeto la validación
concurrente del conjunto de subpruebas del Test
Barcelona más relacionadas con tareas abstractas
y paralelas al WAIS, afirmando que el primero
incluye unos subtests que evalúan capacidades
abstractas en el contexto del resto de capacidades
neuropsicológicas (lenguaje, praxis, memoria,
etc.) y estos subtests presentan una alta correlación
con los homónimos del WAIS.
Conclusiones.
Concluimos afirmando: (1) existe un acuerdo
sobre cuales deben ser las áreas de exploración
neuropsicológica entre los diversos profesionales.
(2) Entre los ámbitos de exploración neuropsicológica
debe incluirse la evaluación de la capacidad
intelectual. (3) La evaluación neuropsicológica
debe proporcionarnos un perfil comprehensivo del
estado tanto mental como afectivo del paciente. (4)
Existe una pluralidad de instrumentos utilizados
en la evaluación neuropsicológica. (5) Disponemos
de instrumentos no creados con una finalidad
neuropsicológica; no obstante, su uso puede ser
aplicado en este contexto, véanse las tradicionales
escalas de inteligencia de Wechsler (WAIS-III). (6)
Las baterías de evaluación enuropsicológica son
diversas, atendiendo al marco teórico en el cual se
apoyan (con gran base teórica, las que se apoyan
en el modelo propuesto por Luria) o atéoricas
(la batería Halstead –Reitan). (7) Es decisión del
especialista y profesional la selección de aquellos
instrumentos los cuales mejor se ajusten a las
características de cada paciente y permitan obtener
una información lo más comprehensiva posible
en un tiempo reducido. (8) Actualmente existe
una tendencia a validar la aplicación conjunta de
baterías de evaluación neuropsicológica (p. ej.
batería Luria-DNA) con las tradicionales escalas
de inteligencia de Wechsler en población adulta
(v.g. Bausela, 2005).
Referencias bibliográficas:
American Academy of Neurology (Asociación
Americana de Neurología) (2001).
Assessment: Neuropsychological testing
of adults. Considerations for neurologists.
Archives of Clinical Neuropsychology,
16, 255-269.
Barroso, J. M., A. Nieto, T. Olivares, T. Wollmann
y M. A. Hernández. (1998). Evaluación
neuropsicológica en la esclerosis múltiple.
Actas del I Congreso Virtual
Iberoamericano de Neurología.
Bausela, E. (2005). Estudio de validación de la
batería Luria-DNA frente a las escalas
de inteligencia de Wechsler (WAIS-III) en
estudiantes universitarios. Tesis Doctoral
Inédita, Universidad de León, León.
Benedet, M. J. (1986). Evaluación neuropsicológica.
Bilbao: Desclée de Brouwer.
Benedet, M. J. (1997). Evaluación neuropsicológica.
En A. Cordero (Coord.). La evaluación
psicológica en el año 2000 (pp.
135– 147). Madrid: TEA
Benton, A. L. (1987). Thoughts on the application
of neuropsychological test. En
H.S. Levin, J. Grafman y H.M. Eisenberg
(Eds.), Neurobehavioral recovery from
head injury (pp. 111 – 115). Nueva York:
Oxford University Press.
Berg, R. A. (1984). Comparative diagnostic
accuracy of the Halstead–Reitan and
Luria–Nebraska neuropsychological
adult and children batteries. International
Journal of Clinical Neuropsychology, 6
(3), 200 – 204.
Bigler, E. D. (1994). Neuroimaging in neuropsychology.
En R.E. Kelly (Ed.), Functional
neuroimaging. (Ch.7, pp. 121-137)
Armonk: Futura Publishing Company.
Boget, T., E. Hernández y T. Marcos. (1988).
Versión castellana de la batería
Neuropsicológica Luria–Nebraska.
Revista de Psiquiatría de la Facultad de
Medicina de Barcelona, 15 (3), 121 – 132.
Borowska, K., K. Matwwiejezuk, A. Lemancewicz,
E. Tarasow, J. Urban, R. Urban, J. Walecki,
et al. (2003). Assessment of fetal distress
based on magnetic resonance examination.
Academic Radiology, 10, 1274– 1282.
Bowers, T. G. (1993). Evaluation of learning
disorders with neuropsychological
test. En L. VandeCreek y S. Knapp,
Innovations in clinical practice: A source
book (Vol. 12, pp. 227-238). Sarasota:
Professional Press/Professional Resource
Exchange.
Boyle, G. J. (1986). Clinical Neuropsychological
assessment abbreviating the Halstead category
test of brain dysfunction. Journal of
Clinical Psychology, 42 (4), 615 – 625.
Bradely, J., G. Teichner, T. A. Crum y C. J. Golden.
(2000). Concurrent validity and analysis
of learning curves on the memory scales of
the Luria–Nebraska Neuropsychological
Battery-Third Edition. International
Journal of Neuroscience, 103, 115-127.
Bryson, G. J., M. L. Silverstein, A. Nathan y L.
Stephen. (1993). Differential rate of neuropsychological
dysfunction in psychiatric
disorders: Comparison between the
Halstead – Reitan and Luria-Nebraska
batteries. Perceptual and Motor Skills, 76
(1), 305-306.
Burns, S., R. Kappenberg, A. McKenna y C.
Wood. (1994). Brain injury: Personality,
psychopatology and neuropsychology.
Brain injury, 8 (5), 413– 427.
Capilla, A., S. Fernández, P. Campo, F. Maestú,
A. Fernández, F. Mulas y T. Ortiz. (2004).
La magnetoenecefalografía en los trastornos
cognitivos del lóbulo frontal. Revista
de Neurología, 39 (2), 183 – 188.
Christensen, A. L. (1987). El diagnóstico neuropsicológico
de Luria. Madrid: Visor.
Faustman, W. O., J. A. Moses, D. L. Ringo y J.
W. Newcomer. (1991). Left–handedness in
male schizophrenic patients is associated
with increased impairment on the Luria–
Nebraska neuropsychological battery.
Biological Psychiatry, 30 (4), 326 – 334.
Fernández, R. (Ed.). (1995). Evaluación de
Programas. Una guía práctica en ámbitos
sociales, educativos y de salud. Madrid:
Síntesis.
Fields, F.R. (1987). Brain dysfunction: Relative
discrimination accuracy of Halstead–
Reitan and Luria–Nebraska neuropsychological
test batteries. Neuropsychology, 1
(1), 9-12.
García, J. (1996). Valoración de la eficacia
discriminativa de una versión Española
de la Batería Neuropsicológica Luria–
Nebraska. Tesis Doctoral Inédita,
Universidad de Granada, Granada.
Golden, C. J., S. Freshwater y J. Vayalakkara.
(2000). The Luria – Nebraska. En G.
Groth, Neurospychological assessment in
clinical practice: A guide to test interpretation
and integration (pp. 263 – 289).
Nueva York: John Wiley and Sons.
Golden, C. J., T. A. Hammeke y A. D. Purisch.
(1980). Manual for the Luria–Nebraska
Neuropsychological Battery. Los Ángeles:
Western Psychological Services.
Golden, C. J., R. K. Kane, J. Sweet, J. A. Moses,
J. P. Cardelino, R. Templeton, P. Vicente
y B. Graber. (1981). Relationship of the
Halstead–Reitan Neuropsychological
Battery to the Luria-Nebraska
Neuropsychological Battery. Journal of
Consulting and Clinical Psychology, 49
(3), 410-417.
Goldstein, G., L. Katz, G. T. Slomka y M. A.
Kelly. (1993). Relationship among academic,
neuropsychological, and intelligence
status in subtypes of adults with
learning disability. Archives of Clinical
Neuropsychology, 8 (1), 41 – 53.
Guedalia, J., Y. Finkelstein, A. Drukker y Y.
Frishberg. (2002). The use of Luria’s
method for the neurobehavioral assessment
of encephalopathy in an adolescent:
Application in a rehabilitation setting.
Archives of Clinical Neuropsychology, 15
(2), 177 – 184.
Hartlage, L. C. y C. J. Golden. (1990).
Neuropsychological assesment techniques.
En T.B. Gutkin y C.R. Reynolds,
The handbook of school psychology (2ª
Ed., pp. 431–457). Oxford: John Wiley
and Sons.
Horsfall, J. I. (2001). Schizophrenia syndrome
analysis with the Luria – Nebraska
Neurospchological Battery (LNNB):
Use of selected clinical and orthogonal
factor scales. Dissertation Abstracts
International: Section B: The Sciences
and Engineering, 62 (5 – B), 2485.
Horton, A. M. y A. E. Puente. (1989).
Neuropsychological considerations. En
M. Hersen, Innovations in child behaviour
therapy. Springer series on behavior
therapy and behaviral medicine (Vol. 21,
pp. 105 – 133). Nueva York: Springer
Publishing.
Junqué, C. y J. Barroso. (1994). Neuropsicología.
Madrid: Síntesis.
Kolb, B. y I. Q. Whishaw. (1986). Fundamentos
de neuropsicología humana. Barcelona:
Labor.
León-Carrión, J. (1995). Manual de neuropsicología
humana. Madrid. Siglo XXI.
Levine, D., P.D. Barnes, J. R. Madsen, J. Abbot,
T. Metha y R. R. Edelman. (1999). Central
nervous system abnormalities assesment
with prenatal magnetic resonance
imaging. Journal of Obstectrics and
Gynecology, 94, 1011-1019.
Lewis, R.D., T. A. Hutchens y B. L. Garland.
(1993). Cross–validation of the discriminative
effectiveness of the Luria–Nebraska
Neuropsychological Battery for learning
disabled adolescents. Archives of Clinical
Neuropsychology, 8 (5), 437 – 447.
Lezak, M.D. (1995). Neuropsychological
Assessment (3ª Ed.). Oxford: Oxford
University Press. (Original work published
1976).
Lynch, W.J. (1990). Neuropsychological
assessment. En M. Rosenthal, M.R. Bond
et al., Rehabilitation of the adult and child
with traumatic brain injury (2ª Ed.) (pp.
310 - 326). Philadelphia: F.A. Davis.
Mall, H.J. (2000). Effects o perceived memory
functions in mild brain injured adult
as comapred with non brain injured
adults: A comparison of the Wechsler
Memory Scale III and the Luria Nebraska
Neuropsychological Test Battery,
memory subtest. Dissertation Abstracts
International: Section B: The Sciences
and Engineering, 60 (7 – B), 3571.
Manga, D. (1987). Evaluación cualitativa en
neuropsicología clínica: Historia reciente.
En A.L. Christensen, El diagnóstico
neuropsicológico de Luria (pp. 13–17 y
207). Madrid: Visor
Manga, D. y F. Ramos. (1999). Evaluación
neuropsicológica. Clínica y Salud, 3, pp.
331– 376.
Manga, D. y F. Ramos. (2001). Evaluación de los
síndromes neuropsicológicos infantiles.
Revista de Neurología, 32 (7), 664–675.
Martínez, J. A., J. Guardia y J. Peña. (1996).
Validación de las subpruebas del test
Barcelona relacionadas con subtests de
la escala de inteligencia de Wechsler
para adultos. Neuropsychology Latina
(Barc), 2 (1), 10–14.
Matarazzo, J. D. (1976). WAIS. Medida y valoración
de la inteligencia del adulto.
Barcelona: Salvat.
Mendozzi, L., L. Pugnetti, M. Scaccany y A.
Motta. (1993). Frontal lobe dysfunction in
multiple sclerosis as assessed by means of
Luria task. Effect of age at onset. Journal
of the Neurological Sciences, 115 (1), pp.
42 – 50.
Miller, L.S., W. O. Faustman, J. A. Moses y J. G.
Csernansky. (1991). Evaluating cognitive
impairment in depression with the Luria–
Nebraska Neuropsychological Battery:
Severity correlates and comparisons
with nonpsychiatric controls. Psychiatric
Research, 37 (3), pp. 219 – 227.
Milstein, J. C. (1992). Comparison of the Halstead
– Reitan Neuropsychologial Test Battery
and Luria – Nebraska Neuropsychological
Test Battery in a psychiatric in patient
population. Dissertation Abstracts
International, 52, (12-A), pp. 4226-4227.
Moses, J.A. (1997). The Luria – Nebraska
Neuropsychological Battery; Advances
in interpretation. En A.M. Horton,
D.Wedding et al., The neuropsychology
handbook. Vol. 1: Foundations and assessment
(2nd ed, pp. 255–289). New York,
US: Springer Publishing Co.
Moses, J.A., D. A. Pritchard y R. L. Adams
(1997). Neuropsychological information
in the Wechsler Adult Intelligence
Scale–Revised. Archives of Clinical
Neuropsychology, 12 (2), pp. 97–109.
Muñoz, J. M. y J. Tirapu. (2004). Rehabilitación
de las funciones ejecutivas. Revista de
Neurología, 38 (7), 656 – 663.
Myers, D., J. J. Sweet, R. Deysach y F. C. Myers.
(1989). Utility of the Luria – Nebraska
Neuropsychological Battery – Children’s
Revision in the evaluation of reading
disabled children. Archives of Clinical
Neuropsychology, 4 (3), 201 – 215.
Peña, J. (1990). Programa Integrado de exploración
neuropsicológica “Test Barcelona”.
Manual. Barcelona: Masson.
Peña, J. (2005). Programa integrado de exploración
neuropsicológica. Barcelona:
Masson.
Peña, J., J. Guardia, I. Beltrán, R. M. Manero y
A. Jarne. (1997). Versión abreviada del
Test Barcelona. I: Substests y perfiles
normales. Neurología, 12 (3), 99 – 111.
Peña, J., J. Guardia, I. Beltrán, R. M. Manero,
G. Espel, A. Martín, P. Böhm, R. Blesa
y J. Guardia. (1997). Versión abreviada
del Test Barcelona III: Validez de criterio
con el ADS – COG. Neurología, 12 (3),
117 – 119.
Peña, J., M. T. Hernández y A. Jarne. (1997).
Técnicas neuropsicológicas. En G. Buela
y J.C. Sierra (Eds.), Manual de Evaluación
Psicológica. Fundamentos, Técnicas y
Aplicación (pp. 421 – 454). Madrid: Siglo
XXI.
Perea, V. (1998). Evaluación del deterioro
cognitivo en sujetos con déficits sensomotores.
Actas del I Congreso Virtual
Iberoamericano de Neurología.
Reitan, R. M. y D. Wolfson. (1993). The
Halstead-Reitan Neuropsychological
Test Battery: Theory and clinical interpretation.
Tucson: Neuropsychology
Press.
Reitan, R. M. y D. Wolfson. (1996). Differential
relationships of age and education to
WAIS subtest scores among brain damaged
and control groups. Archives of
Clinical Neuropsychology, 11 (4), 303-
311.
Robins, E.W. (1998). Dissociating executive
functions of the prefrontal cortex. En A.C.
Roberts, T.W., Robbins y L.Weiskrantz,
The Prefrontal Cortex Executive and
Cognitive Functions. Oxford: Oxford
University Press.
Sink, C.A. y D. E. Harrington. (1994).
Comparisons among neo – Luria assessment
measures of brain injured adults.
Psychological Reports, 74 (3 – 1), 975
– 978.
Spiers, P.A. (1981). Have they come to praise Luria
or to bury him: The Luria – Nebraska
controversy. Journal of Consulting and
Clinical Pychology, 49, 331 – 341.
Spreen, O. y E. Straus. (1991). A compendium
of neuropsychological tests. Nueva York:
Oxford University Press.
Strub, R.L. y F. W. Black. (1986). The mental
status examination in neurology (2ª ed).
Philadelphia: FA Davis Company.
Teichner, G., C. J. Golden, T. A. Crum, N. H.
Azrin, B. Donohue y V. B. Van Hasset.
(2000). Identification of neuropsychological
subtypes in a sample of delinquent
adolescents. Journal of Psychiatry
Research, 34 (2), 129 – 132.
Esperanza Bausela Herrera* (Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de San Luís Potosí
(México)
esperanzabh@yahoo.es