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Estudio del psicoanálisis y psicología

Educación sexual en la edad preescolar



La educación de la sexualidad en la edad preescolar.
Estudiar el desarrollo de la sexualidad en la etapa inicial de la vida del ser humano, impone un análisis del desarrollo de la personalidad, por cuanto la sexualidad constituye una configuración subjetiva de esta.
La construcción y evolución de la sexualidad infantil se ha expresado en las diferentes perspectivas teóricas desde las cuales ha sido estudiado el desarrollo psíquico humano. Y, aunque estos estudios no siempre fueron acertados, sí permitieron describir las regularidades del desarrollo psicosexual en la etapa preescolar.
Ahora bien ¿Cómo educar la sexualidad de los niños y las niñas de edad preescolar?
La educación es un fenómeno social que está dirigido a la preparación del ser humano como ser social, donde este se apropia de forma personalizada de la cultura construida por las generaciones que lo antecedieron y así se capacita, se desarrolla y se prepara para insertarse exitosamente en su espacio y su tiempo. Una esfera importante en esa preparación lo constituye la sexualidad. Educar la sexualidad es una necesidad de los seres humanos; obviarla sería negar una importante esfera de la vida que, aunque no constituye el centro exclusivo del desarrollo de la personalidad, sí es una de sus configuraciones que proporciona la realización plena y la felicidad.
La educación de la sexualidad en la edad preescolar, no ha estado alejado de las tendencias que ha tenido el proceso educativo de la sexualidad  en Cuba y también en América Latina, teniendo presente que aquí  los tabúes y prejuicios son mayores porque, a pesar que en todos los documentos oficiales se hable de una educación de la sexualidad desde las edades más tempranas y muchos señalen desde el nacimiento mismo, esto no se ha concretado en la práctica pues ha estado por mucho tiempo (y aún lo está) arraigada, la concepción de equivalencia entre sexo y sexualidad. La familia y  muchos/as educadores/as  le otorgan una connotación erótica a las conductas asumidas  por niños y niñas que están relacionadas con la sexualidad.
La educación de la sexualidad Alternativa y Participativa plantea como postulado esencial el respeto  a la individualidad del ser humano y sus vivencias, sin separarlo del contexto. Esta posición  propicia el desarrollo de la libertad responsable, ofrece opciones de vida y prepara al sujeto para que pueda, responsablemente, tomar la decisión de qué camino seguir, constituye un proceso dinámico que posibilita la amplia participación del sujeto, rescata el humanismo marxista sin hiperbolizar lo social en detrimento de lo personal. Estos elementos han sido enriquecidos, por nosotros, con los postulados de la escuela histórico cultural, partiendo de que aquí ha sido muy pobremente trabajada la esfera psicosexual.
Se parte de que la educación sexual es un proceso integral que prepara al ser humano para la vida y le permite aprender a ser un ser sexuado, no preso de sus genitales, según los cuales deberá actuar fielmente so pena de ser condenados por la sociedad como exigen otros modelos, sino a personalizar la sexualidad, a desarrollar su masculinidad o femineidad,  libre de estereotipos, prejuicios; esto implica que deberán apropiarse  de nuevos valores, actitudes más flexibles, conocimientos profundos acerca de lo sexual y la sexualidad, habilidades y recursos personológicos   que les prepare paren el encuentro con su sexualidad y la de los demás, para desarrollar una sexualidad plena, responsable, sustentada en el principio de garantizar el protagonismo humano, en armonía con su yo y, a su vez, con su entorno, asumiendo responsablemente cada uno de sus actos.
La educación de la sexualidad forma parte del proceso de educación de la personalidad y en él desempeñan un papel primordial la actividad y la comunicación. La concepción que el sujeto tiene acerca de sí mismo como ser sexuado, las valoraciones sobre el otro sexo y sus relaciones, se van formando desde los primeros momentos de la vida, donde la familia como primer grupo de socialización juega un papel primordial, a partir de la interactividad y la comunicación que despliegan.
La edad preescolar tiene una particular importancia en la configuración de la sexualidad; es precisamente allí donde se sientan las bases para el desarrollo posterior y donde comienza a formarse el núcleo psicológico de esta, la identidad de género en relación sistémica con el rol y la orientación sexoerótica, estrechamente vinculado con el proceso de formación y desarrollo de la identidad del sujeto como ser humano.
La identidad de género tiene su período sensitivo en la edad preescolar mayor (3 a 5años), sin embargo su proceso de formación comienza mucho antes, cuando el niño o la niña inician el reconocimiento de su cuerpo en el primer año de vida, iniciándose un proceso de autopercepción.
Durante el segundo año de vida el hecho de alcanzar una mayor independencia del adulto, (a partir de la marcha) y tener la posibilidad de relacionarse más libremente con el mundo que lo rodea, comienzan a descubrir las relaciones entre los objetos, asimilan las funciones de estos, son capaces de identificar a partir de rasgos externos. En esa misma medida comienzan a reconocerse a sí mismos por su aspecto externo; en este proceso es capaz de identificarse como masculino o femenino por los genitales que porta, siempre que haya una adecuada orientación por parte de los adultos, que no recalquen esta condición a partir de otros atributos.
El reconocimiento de sí mismos como seres humanos sexuados se logra totalmente hacia finales del tercer año de vida, cuando comprenden que son ellos los que realizan las acciones, sobre todo, porque son capaces de prescindir del adulto. Aquí comienzan a compararse con los adultos a querer ser iguales a ellos, a realizar las mismas acciones a identificarse con los roles que realizan los adultos con su mismo sexo, a imitarlos, "soy como mamá, hago lo que hace mamá".
El hecho de distinguirse entre las demás personas, como un ser sexuado además, propicia la aparición de sentimientos de orgullo por su sexo, en la medida que adecuadamente orientados por los adultos, asimilan las funciones de mamá y papá en los procesos de reproducción, embarazo, parto y lactancia, así como en las relaciones familiares, esto los lleva a imitar las conductas asumidas por los adultos cercanos a ellos, en el juego de roles, buscando la aprobación del adulto, lo que tiene una gran significación para la formación de estos sentimientos de orgullo      
Todo este proceso de formación y desarrollo de la identidad de género y el rol de género debe ser adecuadamente orientado por la familia y los/as educadores/as. Es este precisamente un elemento distintivo de la educación de la sexualidad en la edad preescolar, el papel mediador del  adulto.
En esta edad es el adulto quien organiza y dirige la vida de los infantes, de ellos dependen y comienzan a aprender, son los adultos, y en específico el marco familiar, los que proporcionan el primer modelo de hombre o mujer, de lo masculino y lo femenino, de los que el niño o la niña se apropian. La interactividad y la comunicación en el medio familiar tienen una gran significación en la configuración psicológica de la sexualidad en los primeros momentos de la vida, lo que no quiere decir que este se pierda en períodos posteriores, pero si es necesario resaltar que en este momento su papel es vital; sobre todo si tenemos en cuenta que la afectividad es un determinante esencial en la configuración de la sexualidad, tiene en ella una profunda significación.
Los niños y las niñas desde sus primeros años de la vida van a ir formándose una valoración de los sexos y sus relaciones lo que les permitirá, a partir de la cultura de la sexualidad que sus padres y madres le transmiten en su comportamiento cotidiano como pareja y para con ellos y ellas, ir formando su identidad y su rol de género.
Con respecto a esto L. S. Vigotsky plantea: “El niño comienza a aplicar con relación a sí mismo, aquellas formas de actuación que en forma habitual  los adultos utilizan en relación con él, y esto resulta ser clave para el hecho del dominio sobre su propio comportamiento” (Vigotsky , 1987:137)
La comunicación y  la interactividad no sólo tienen una marcada significación en el marco familiar, sino en todas las formas de relaciones que establecen los infantes, lo que constituye un pilar importante para el trabajo educativo, sobre todo por el papel que desempeña en este período de la vida en la construcción de la identidad de género, configuración subjetiva que constituye el núcleo psicológico de la sexualidad, y en la que juegan un rol importante el sentido subjetivo que para el niño o la niña adquiera su padre y su madre asunto este que depende mucho, precisamente, de la comunicación y la interactividad que entre ellos y ellas se despliegue.
Es también vital, en este complejo proceso de construcción de la identidad genérica, sus relaciones de comunicación flexibles, no sexistas, personalizadas, con los niños y las niñas y con los otros adultos que están a su alrededor. Fomentar desde esta temprana edad la necesidad de interacción y comunicación equitativa con los otros, estimula la formación de cualidades que le garantizarán un mayor éxito en la vida futura, de pareja, familia y en sus relaciones personales en general, como son: ser comprensivo/a, sentir desde la perspectiva del otro, ser flexible, respetar los límites ajenos, la espontaneidad y la autenticidad en la comunicación. Es por ello que una de las funciones más importantes de los/as educadores/as  para educar una sexualidad sana, libre y responsable, es el desarrollo de la capacidad comunicativa.
La configuración psicológica de la sexualidad, al igual que el resto de las configuraciones que conforman la personalidad, se construyen a nivel psicológico pero al mismo tiempo expresan el contenido de las actividades y relaciones sociales en las que se ve involucrado el sujeto.
De ahí que se defina a la educación de la sexualidad como el proceso que conduce la formación y desarrollo de la sexualidad como configuración psicológica de la personalidad, promoviendo la apropiación activa por parte del ser humano de la cultura de la sexualidad construida en un contexto histórico – social determinado.
Este proceso debe partir del desarrollo alcanzado por los niños y las niñas, estimulando el tránsito hacia niveles superiores en correspondencia con un determinado modelo deseable de la sexualidad, de ahí su carácter clasista. En el caso de Cuba, atendiendo a las aspiraciones de su proyecto social, el modelo deseable se perfila en una sexualidad autónoma (libre, plena y responsable), sobre la base de la formación de la masculinidad y la femineidad sustentada en la equidad entre los sexos.
Todo ello permite plantear que la educación de la sexualidad en la edad preescolar tiene como elementos característicos: el papel mediador del adulto, la significación de la comunicación y la interactividad no solo en el marco familiar, sino en todas las formas de relaciones que establecen los infantes y el inicio de la configuración de la identidad de género en relación sistémica con el rol.