Sueños típicos contin.2

Sueños típicos

 

Desde luego, no puede ser sino la vida anímica del propio creador la que nos sale al paso en Hamlet; de la obra de Georg Brandes sobre Shakespeare ( 1896) tomo la noticia de que el drama fue escrito inmediatamente después de la muerte de su padre (en 1601), y por tanto en pleno duelo, en la revivencia -tenemos derecho a suponerlo- de los sentimientos infantiles referidos a l. también es sabido que un hijo de Shakespeare muerto prematuramente llevaba el nombre de Hamnet (idéntico a Hamlet). Si Hamlet trata de la relación del hijo con los padres, Macbeth, escrito por esa misma poca, aborda el tema de la esterilidad. As como cualquier síntoma neurótico, y También el sueño, son susceptibles de sobreinterpretación -y aun esta es indispensable para una comprensión plena-, de igual modo toda genuina creación literaria surgir en el alma del poeta por más de un motivo o incitación y admitir más de una interpretación. Aquí Sólo he ensayado interpretar el estrato más profundo de las mociones que se agitaban en el alma del creador. No puedo dar por terminado el estudio de los sueños típicos de la muerte de deudos queridos sin aclarar todavía con algunas palabras su significación para la teoría del sueño en general. Ejemplifican un caso harto infrecuente: en ellos el pensamiento onírico formado por el deseo reprimido escapa de toda censura y se presenta inalterado en el sueño. Tiene que haber particulares condiciones que posibiliten ese destino. Descubro dos factores que favorecen estos sueños: En primer lugar, no hay deseo del que nos creamos más lejos que de este; nos parece que ni en sueños podrá ocurrírsenos desear eso, por lo cual la censura onírica está desarmada frente a esa enormidad; algo semejante ocurra, por ejemplo, con la legislación de Solón, que no supo establecer ningún castigo para el asesinato del padre. En segundo lugar, con ese deseo reprimido y cuya existencia no se sospecha transige con particular frecuencia un resto diurno en la figura de un cuidado por la vida de la persona querida. Esta preocupación no puede registrarse en el sueño como no sea sirviéndose del deseo homólogo; ahora bien, el deseo puede enmascararse tras el cuidado que se engendró durante el día. Si se opina que las cosas son más simples, a saber, que durante la noche y en el sueño no se hace sino proseguir lo que se urdí durante el día, se resta a los sueños de la muerte de personas queridas todo nexo con la explicación de los sueños y se mantiene un inútil enigma, que en verdad puede resolverse. también es instructivo estudiar la relación de estos sueños con los sueños de angustia. En los sueños sobre la muerte de personas queridas el deseo reprimido ha descubierto un camino que le permite sustraerse de la censura (y de la desfiguración condicionada por ella). Un fenómeno concomitante infaltable es, entonces, que se tengan en el sueño sentimientos doloridos. De igual modo, el sueño de angustia Sólo sobreviene cuando la censura es avasallada por completo o en parte, y por otro lado el avasallamiento de la censura se facilita cuando la angustia ya está dada como sensación actual proveniente de fuentes somáticas. [Cf. p gs. 247 y sigs.] Es patente, pues, la tendencia con que la censura desempeña su oficio y ejerce la desfiguración onírica; lo hace para preservar del desarrollo de angustia o de otras formas de afecto penoso. En lo que precede he hablado del egoísmo del alma infantil, y ahora vuelvo sobre ello con el objeto de que se vislumbre aquí una continuidad: los sueños han conservado también ese carácter. Todos ellos son absolutamente egoístas, en todos emerge el querido yo, aunque disfrazado. Los deseos que en ellos se cumplen son por lo general deseos de ese yo; que algún sueño pueda engendrarse por un interés hacia otro no es sino una ilusión engañadora. Someter a análisis algunos ejemplos que parecen contradecir esta afirmación. Un ni o que aún no ha cumplido cuatro años cuenta: Ha visto una gran fuente en la que haba un gran trozo de carne asada con guarnición de verduras, y el trozo era comido de un solo bocado, sin cortarlo. No ha visto a la persona que lo Comió. Quién será el desconocido con cuyo op paro almuerzo de carne so nuestro pequeño? D as pasados el médico le había prescrito una dicta láctea; ahora bien, la tarde del d a del sueño se portó mal y en castigo le privaron de la cena. Ya una vez haba debido soportar parecida cura por hambre y la había sobrellevado con mucha valentía. Sabía que no le darían nada, pero tampoco dejó escapar una. Palabra que confesase su hambre. La educación empieza a operar en l; ya se exterioriza en el sueño, que muestra un esbozo de desfiguración onírica. No hay duda de que él mismo es la persona que desea una comida tan rica, y por cierto de carne asada. Pero como sabe que la tiene prohibida, no osa ponerse a comer l mismo, como suelen hacerlo en sueños los niño con hambre. La persona permanece anónima. II Cierta vez so que en el escaparate de una librera veja una nueva entrega de esa colección que yo suelo comprar (son monografías sobre grandes artistas, historia universal, monumentos de arte, etc.). La nueva colección se llama Oradores (o discursos) famosos y su primer cuaderno lleva el nombre del doctor Lecher. En el análisis me pareció inverosímil que en sueños me ocupase la fama del doctor Lecher, el resistente orador de los obstruccionistas [nacionalistas] alemanes del Parlamento. Las cosas en realidad fueron as: d as antes había tomado nuevos pacientes en tratamiento psíquico y me vi obligado a hablar entre diez y once horas por da. Yo mismo soy entonces el orador resistente. III Otra vez so que un profesor a quien yo conozco decía en nuestra universidad: Mi hijo, el miope. Después sigue un di logo que consiste en dichos y réplicas breves. Y a continuación, un tercer fragmento onírico en el que aparecemos yo y mis hijos; para el contenido latente del sueño, el profesor M. y su hijo no son sino hombres de paja que nos ocultan a m y a mi primogénito. Más adelante volver a referirme a este sueño, a causa de otra particularidad que presenta. IV El siguiente sueño brinda un ejemplo de sentimientos egoístas realmente desdeñables, que se ocultan tras un tierno cuidado. Mi amigo Otto se ve malo, tiene la tez oscura y los ojos desorbitados. Otto es el médico de mi casa; le (..estoy eternamente agradecido porque desde hace años vigila la salud de mis hijos, los trata con éxito cuando caen enfermos, y encima de ello aprovecha cuanta ocasión puede servirle de pretexto para hacerles regalos. El da del sueño haba estado de visita, y mi mujer observó que se lo vea cansado y abatido. Por la noche sobrevino mi sueño y le atribuyo algunos signos de la enfermedad de Basedow. Quien deseche mis reglas para la interpretación de los sueños lo entender en el sentido de que yo me preocupo por la salud de mi amigo y realizo en el sueño esa preocupación. Ello no Sólo contradirá la tesis de que el sueño es cumplimiento de deseo, sino también la tesis según la cual sólo admite mociones egoístas. Pero quien tal interpretase debería responder a esto: Por qué temo que Otto tenga la enfermedad de Basedow, siendo que su aspecto no ofrece el menor motivo para tal diagnóstico? En cambio, mi análisis brinda el siguiente material, tomado de un hecho ocurrido hace seis años. Unos pocos conocidos, entre los que se encontraba el profesor R., viajábamos por el bosque de N., a unas horas de distancia de nuestra residencia veraniega. Era noche cerrada. El cochero, no del todo sobrio, nos después con el vehículo por una cuesta, y fue milagro que saliésemos sanos. Pero nos vimos precisados a pernoctar en la posada más próxima, donde la noticia de nuestro accidente nos valió gran simpatía. Un señor, que mostraba signos inequívocos del morbus basedowii – por lo demás, exactamente como en mi sueño, sólo la piel del rostro oscurecida y los ojos salientes, pero no papada-, se pusoña nuestra entera disposición y nos preguntó qué poda hacer por nosotros. El profesor R., con el modo que le es característico, respondí: Nada, si no es que me preste usted un camisón de dormir. Y a eso respondí el noble caballero: Por desgracia no puedo hacerlo, y se alejó de nosotros. En la continuación del análisis se me ocurre que Basedow no es sólo el nombre de un médico, sino también el de un famoso pedagogo. (Ahora, en la vigilia, no me siento del todo seguro de este conocimiento.) Ahora bien, mi amigo Otto es la persona a quien he pedido que en caso de sucederme a mí alguna desgracia vigile la educación corporal de mis hijos, en especial en la pubertad (de ahí el camisón de dormir). Y puesto que en el sueño veo a mi amigo Otto con los síntomas patológicos de aquel noble auxiliador, es manifiesto que quiero decir: Si me sucediese una desgracia, le importar tan poco de mis hijos como le importó a aquel barn de L. a pesar de sus gentiles ofrecimientos. Bien se descubre el sesgo egoísta del sueño. Pero, donde se oculta aquí el cumplimiento de deseo? No en la venganza contra mi amigo Otto, cuyo destino es otra vez que yo lo maltrate en mis sueños, sino en la siguiente relación: figurando a Otto en el sueño como el barn de L., al mismo tiempo identifico mi persona con otra, a saber, la del profesor R., pues yo demando algo a Otto como el profesor R. demandó en aquella ocasión algo al bar n de L. Eso es, entonces. El profesor R., con quien en la realidad no osara yo compararme, ha seguido, como yo lo he hecho, su propio camino con independencia de cualquier carrera académica, y sólo tardíamente obtuvo el título que desde mucho antes merecía. Por tanto, otra vez quiero ser profesor! Y aun el tardamente es un cumplimiento de deseo, pues significa que he de vivir lo bastante para guiar yo mismo a mis hijos en la pubertad. ( g ) Otros sueños típicos. De otros sueños típicos en los que se vuela gozoso o se cae con sentimientos de angustia nada s por experiencia propia, y todo lo que tengo que decir sobre esto lo debo a los psicoanálisis. De los datos que estos nos proporcionan es preciso inferir que También tales sueños repiten impresiones de la infancia: se relacionan con los juegos de movimiento, tan singularmente atractivos para los niños. No hay to que no haya hecho volar a su sobrinito tomándolo con sus brazos extendidos y corriendo por la habitación, o jugado a que lo deja caer, balanceándolo sobre las rodillas y estirando de pronto una pierna, o lanzándolo al aire y haciendo como si no fuese a sostenerlo. Los niños dan entonces gritos de alegra y no se cansan de pedir la repetición, en particular cuando va en ello algo de susto o de vértigo; andando el tiempo, se procuran en el sueño esa repetición, pero ahora faltan las manos que los sujetaban y por eso flotan o caen libremente. Conocida es la preferencia de todos los niños pequeños por esos juegos, como la hamaca y el subibaja; cuando después ven acrobacias en el circo, el recuerdo se renueva. En muchos varones el ataque histórico no consiste sino en reproducciones de tales acrobacias, que ejecutan con gran habilidad. No es raro que estos juegos de movimiento, en s inocentes, despierten sensaciones sexuales. Para decirlo con una palabra usual entre nosotros, que abarca todos estos manejos: el corretear {Hetzen} de la infancia, que repiten {retoman} los sueños de volar, caer, tener vértigo, etc., es aquel cuyo sentimiento de placer se tuerce ahora simétricamente {verkehren} en angustia. Y toda madre sabe que el corretear de los niños con harta frecuencia termina en querellas y lgrimas. Por eso tengo buenas razones para rechazar la explicación según la cual el estado de nuestra sensibilidad cut nea mientras dormimos, las sensaciones del movimiento pulmonar, etc., provocan los sueños de volar o caer. Veo que estas sensaciones mismas son reproducidas {reproduzieren} a partir del recuerdo a que el sueño se refiere, y por tanto son contenido de este y no sus fuentes. No se me escapa que para esta serie de sueños típicos no puedo aportar una explicación completa. Precisamente aquí , mi material me ha dejado en la estacada. He de limitarme a refirmar el punto de vista general según el cual todas las sensaciones cut neas y de movimiento de estos sueños típicos son convocadas tan pronto como un motivo psíquico cualquiera necesita de ellas, y pueden ser desde adas si una necesidad tal no las solicita. Por los indicios que he recogido en el análisis de psiconeuróticos, paréceme También segura la relación con las vivencias infantiles. Pero no s indicar los otros significados a los que en el curso de la vida pueda haberse enlazado el recuerdo de aquellas sensaciones (quizá varíen con las personas, a pesar de que tales sueños son un fenómeno típico); mucho me gustar a poder compensar esta laguna mediante análisis cuidadosos de buenos ejemplos. Si alguien se asombra de que pese a la frecuencia con que sobrevienen precisamente estos sueños de vuelo, de cada, de extracción de un diente, etc., me queje yo de falta de material, debo explicarle que no he tenido sueños de esa índole desde que presto atención al tema de la interpretación de los sueños, En cuanto a los sueños de neuróticos, de que dispongo, no todos ellos son interpretables y a menudo no lo son hasta el final de su prop sito oculto; un cierto poder psíquico que participó en la edificación de la neurosis, y que en la resolución de esta alcanza de nuevo eficacia, estorba que podamos interpretarlos hasta su último enigma. [ d ] El sueño de examen. Todos los que han dado cima a sus estudios de la escuela media con el examen de suficiencia se quejan de ser insistentemente perseguidos por el sueño de angustia de que fracasaron en l y deben repetir el curso, etc. En quienes Poseen un título universitario, ese sueño típico es remplazado por otro: se ven reprobados en el examen de doctorado, y en vano alegan, dormidos, que ya tienen sus años de práctica, que son profesores auxiliares o han puesto bufete. Son los recuerdos imborrables de los castigos que sufrimos en. la niñez por las faltas que cometimos los que de nuevo despiertan en nuestra interioridad en esos dos puntos críticos de nuestros estudios, en el dies irae, dies illade los exámenes rigurosos. También la angustia de examen del neurótico encuentra su refuerzo en esta angustia infantil. después que dejamos de ser alumnos, no son ya -como antes- los padres, los maestros o los profesores universitarios quienes cuidan de castigarnos; el inexorable encadenamiento causal de la vida ha tomado en lo sucesivo a su cargo nuestra educación, y ahora soñamos con el examen de suficiencia o el de doctorado -y quien no temí en esas ocasiones ser reprobado?- cada vez que tememos el fracaso porque no hemos hecho bien algo o no lo hemos dispuesto como se debe, cada vez que sentimos la presión de una responsabilidad. Otro esclarecimiento sobre los sueños de examen lo debo a una observación de un versado colega [Stekel], quien, en un coloquio científico, puso de relieve que por lo que él sabía el sueño del examen de suficiencia Sólo sobreviene en personas que pasaron bien ese amen, y nunca en quienes fracasaron. El sueño angustioso de examen, que, como se confirma cada vez más, surge cuando al día siguiente nos espera un desempeño que compromete nuestra responsabilidad y conlleva la posibilidad de ser reprobado, rebuscara entonces en el pasado una ocasión en que la gran angustia resultó injustificada y fue contradicha por el desenlace. Ser a este un ejemplo muy llamativo de malentendido del contenido onírico por parte de la instancia vigilante. La objeción que oponemos al sueño, Pero es que ya soy doctor, etc., ser a en realidad el consuelo que el sueño nos dispensa y que podríamos formular as: No temas el mañana; mira la angustia que tuviste antes del examen de suficiencia, y después nada malo te sucedió. Hoy ya eres doctor, etc… Ahora bien, la angustia que imputamos al sueño proveen a de restos diurnos. Las pruebas de esta explicación que pude recoger en m y en otros, aunque insuficientes en número, fueron coincidentes. Por ejemplo, fui reprobado en el examen final de medicina legal; nunca este tema se abrió paso en mis sueños, mientras que hartas veces so que me tomaban examen de botánica, zoología o química, disciplinas en que fui al examen con fundada angustia, pero el favor del destino o el del examinador me libraron del castigo. En los sueños de ex menes de la escuela media por lo general rindo historia, prueba que pasó brillantemente, pero Sólo porque [en el examen oral] mi amable profesor (el médico tuerto de otro sueño), haba reparado en que en la hoja de examen que yo le devolví había tachado con la u a la segunda de las tres preguntas, como aviso de que no deba insistir sobre ella. Uno de mis pacientes, que desistió de presentarse al examen final de la escuela media pero lo aprobó después, y que más tarde fracasó en el examen de la Academia Militar y no pudo ser oficial, me cuenta que a menudo sueña con el primero de esos ex menes, pero nunca con el segundo. Los sueños de examen oponen a la interpretación, desde luego, aquella dificultad que antes indiqué como característica en la mayoría de los sueños típicos. Rara vez basta, para alcanzar aquella, el material de asociaciones de que el soñante dispone. La mejor inteligencia de esos sueños se obtiene reuniendo una serie mayor de ejemplos. No hace mucho llegué a la suposición segura de que la objeción Ya eres doctor, etc. no sólo oculta un consuelo; También indica un reproche. Podríamos formularlo as : Adulto ya y habiendo vivido tanto, sigues haciendo semejantes estupideces y niñeras. Parece que esta mezcla de autocrítica y de consuelo responder a al contenido latente de los sueños de examen. No sería asombroso, entonces, que los reproches de haber cometido estupideces y niñeras se refiriesen, en los ejemplos analizados en último término, a la repetición de actos sexuales objetados. W. Stekel a quien debemos la primera interpretación del sueño de suficiencia, opina que por regla general este alude a la prueba y la madurez sexuales. Mi experiencia ha podido corroborarlo muchas veces.