Diccionario de Psicoanálisis
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PRÓLOGO DE LA EDICIÓN FRANCESA
La presente obra contiene los principales conceptos del psicoanálisis e implica cierto número de opciones:
1.a
En la medida que el psicoanálisis ha renovado la comprensión de la
mayoría de los fenómenos psicológicos y psicopatológicos, e incluso del
hombre en general, cabría la posibilidad, en un manual alfabético que se
propusiera abarcar el conjunto de las aportaciones psicoanalíticas, de tratar, no solamente de la libido y de la transferencia, sino también del amor y del sueño, de la delincuencia o del surrealismo. Pero nuestra intención ha sido del todo distinta: deliberadamente, hemos decidido analizar el aparato conceptual del psicoanálisis, es decir, el conjunto de conceptos que ha ido elaborando para explicar sus descubrimientos específicos. Este Diccionario considera, no todo lo que intenta explicar el psicoanálisis, sino más bien lo que le sirve para explicarlo.
2.a
El psicoanálisis nació hace casi tres cuartos de siglo. El
«movimiento» psicoanalítico conoció una historia larga y tormentosa; se crearon grupos de analistas en muchos países, donde inevitablemente la diversidad de los factores culturales repercutió sobre las propias
concepciones. Más que enumerar la multiplicidad, por lo menos aparente, de los empleos a través del tiempo y del espacio, hemos preferido recoger, en su propia originalidad, los conceptos a menudo desvirtuados y oscurecidos, y conceder por ello una importancia primordial al momento de su descubrimiento.
3.a
Esta decisión nos ha llevado a referirnos esencialmente a la obra
fundadora de Sigmund Freud. Una investigación, incluso parcial, efectuada a través de la inmensa literatura psicoanalítica, demuestra hasta qué punto la mayoría de los conceptos utilizados tienen su origen en los escritos freudianos. También en este sentido nuestro Diccionario difiere de una obra realizada con fines enciclopédicos.
Esta misma preocupación por encontrar las aportaciones conceptuales
fundamentales, hace que se hayan tomado en consideración otros autores además de Freud. Así, para citar sólo un ejemplo, presentamos cierto número de conceptos introducidos por Melanie Klein.
4.a
En el campo de la psicopatología, nuestra elección se ha guiado por
tres principios:
a) Definir los términos creados por el psicoanálisis, tanto si su empleo se
ha conservado (por ejemplo: neurosis de angustia) como si ha caído
en desuso (por ejemplo: histeria de retención).
b) Definir aquellos términos utilizados por el psicoanálisis en una
acepción que difiere, o ha podido diferir, de la acepción psiquiátrica
generalmente admitida (por ejemplo: paranoia, parafrenia).
c) Definir los términos que, si bien tienen la misma acepción en
psicoanálisis que en clínica psiquiátrica, poseen un valor axial en ia
nosografía analítica (por ejemplo: neurosis, psicosis, perversión). Por
lo que hemos intentado proporcionar, al menos, unos puntos de
referencia al lector poco familiarizado con la clínica.
Los artículos aparecen en orden alfabético. Para señalar las relaciones
existentes entre los diferentes conceptos, hemos recurrido a dos signos
convencionales: la expresión véase esta palabra significa que el tema
considerado es también abordado o tratado, con frecuencia de un modo más completo, en el artículo al cual se remite al lector; el asterisco * indica simplemente que el término al cual se aplica se encuentra definido en el Diccionario. De este modo desearíamos invitar al lector a establecer, por sí mismo, relaciones significativas entre los conceptos y a orientarse en las redes de asociaciones del lenguaje psicoanalítico. Con ello creemos haber evitado un doble peligro: la arbitrariedad a que podría conducir una clasificación puramente alfabética y el riesgo, más frecuente, del dogmatismo ligado a las exposiciones de tipo hipotético-deductivo.
Nuestro deseo es que, así, puedan aparecer series, relaciones internas,
«puntos nodales» distintos de aquellos en que se apoyan las descripciones sistemáticas de la doctrina freudiana.
Cada palabra es objeto de una definición y de un comentario. La
definición intenta recoger su acepción, deducida de su empleo riguroso en la teoría psicoanalítica. El comentario representa la parte crítica y lo esencial de nuestro estudio. El método que en él seguimos
podría definirse con tres términos: historia, estructura y problemática.
Historia: sin sujetarnos a un orden de presentación rigurosamente
cronológico, hemos querido indicar, para cada concepto, sus orígenes y las principales etapas de su evolución. Tal investigación del origen no tiene, a nuestro modo de ver, un interés de simple erudición: sorprende ver cómo los conceptos fundamentales se iluminan, cómo vuelven a aparecer sus aristas vivas, sus contornos, sus articulaciones recíprocas, cuando se confrontan de nuevo con las experiencias que les dieron origen, con los problemas que han jalonado y dirigido su evolución.
Esta investigación histórica, aunque se presenta aisladamente para cada
concepto, remite rápidamente a la historia del conjunto del pensamiento
psicoanalítico. Por tanto, resulta imprescindible considerar la situación de un determinado elemento en relación con la estructura en que se localiza.
A veces, esta función parece fácil de señalar, hallándose explícitamente
reconocida en la literatura psicoanalítica. Pero, con frecuencia, las
correspondencias, las oposiciones, las relaciones, aun cuando sean
indispensables para captar un concepto en su originalidad, tan sólo se
hallan implícitas: para citar algunos ejemplos bien elocuentes, la oposición entre «pulsión» e «instinto», necesaria para comprender la teoría psicoanalítica, no se halla formulada en parte alguna de la obra de Freud; la oposición entre «elección objetal anaclítica o de apoyo» y «elección objetal narcisista», si bien es recogida por la mayor parte de los autores, a menudo no la relacionan con lo que la esclarece en Freud: el «apoyo» de las «pulsiones sexuales» en las funciones de «autoconservación»; la articulación entre «narcisismo» y «autoero-tismo», indispensable para poder situar estos dos conceptos, perdió rápidamente su original claridad, y esto en el propio Freud. Finalmente, algunos fenómenos estructurales son todavía más desconcertantes: en efecto, en la teoría psicoanalítica no es excepcional que la función de ciertos conceptos o grupos de conceptos se encuentre, en una etapa ulterior, transferida a otros elementos del sistema.
Sólo una interpretación permitirá hallar de nuevo, a través de tales
permutaciones, determinadas estructuras permanentes del pensamiento y de la experiencia psicoanalíticos.
Nuestro comentario intenta, en relación con los principales conceptos,
evitar o, por lo menos, esclarecer las ambigüedades y ex-plicitar
eventualmente las contradicciones; es raro que éstas no desemboquen en una problemática que puede volver a encontrarse a nivel de la experiencia misma.
Desde un punto de vista más modesto, esta discusión nos permitió
poner en evidencia un cierto número de dificultades específicamente
terminológicas y establecer algunas propuestas destinadas a fijar la
terminología que, muy a menudo, carece de coherencia en lengua francesa.
Al principio de cada capítulo indicamos las equivalencias en lengua
alemana (AL), francesa (Fr.), inglesa (Ing.), italiana (It.) y portuguesa (P.).
Las notas figuran al final de cada voz, y las referencias y abreviaturas
bibliográficas en las primeras páginas del libro. Las llamadas a notas se
señalan por medio de letras griegas; las referencias, mediante números
entre paréntesis. La bibliografía específica, aparece al final de la obra.
Los pasajes que se citan, así como los títulos de las obras a las que se
hace referencia a lo largo del texto, han sido traducidos por los autores.
J. L. y J.-B. P.
