Perspectivas: El tiempo no espera a nadie. Conferencia de Diego Golombek

El tiempo no espera a nadie. Conferencia de Diego Golombek

    Rubén Muzio    

Resumen

Nuestro comportamiento y fisiología se organizan no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. Así, hay múltiples escalas temporales que afectan el funcionamiento del cuerpo y los aspectos cognitivo/psicológicos del sistema nervioso. Más allá de escalas rápidas (micro y milisegundos) o lentas (lunares, estacionales), la charla se centró en dos ejes temporales: la escala de segundos a minutos («interval timing) y de alrededor de 24 horas (ritmos circadianos).

El «interval timing» es el mecanismo responsable de la estimación subjetiva del tiempo, fundamental para diversos procesos neurocognitivos sensoriales, motores, mnésicos y de producción de lenguaje, entre otros. Está modulado por el sistema corticoestriatal y es afectado por farmacología dopaminérgica, así como por variables metabólicas, anímicas y de desarrollo.

Los ritmos circadianos se originan en un reloj central localizado en los núcleos supraquiasmáticos (NSQ) del hipotálamo, que representan osciladores autónomos con un período de aproximadamente 24 horas. Esta oscilación debe ser sincronizada diariamente, y el sincronizador (zeitgeber) principal es el ciclo luz-oscuridad del ambiente. Existe una vía retinohipotalámica responsable de la sincronización, y vías de salida de los NSQ hacia el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino. Asimismo, existen diversos relojes «periféricos» en el organismo, en general responsables de oscilaciones locales. La falta de sincronía entre estos relojes, o entre el sistema circadiano y el ambiente, conlleva diversos trastornos para la salud y es objeto de investigaciones en psicología, medicina, ergonomía e incluso en lo que refiere al planeamiento de actividades educativas.

En resumen, el tiempo es un factor preponderante en la organización fisio-cognitiva, y debe ser tenido en cuenta en las investigaciones biomédicas y psicológicas. El tiempo no espera a nadie.

Reseña (por Rubén N. Muzio)

En las Jornadas de Investigación 2013 de nuestra Facultad tuvimos el honor de recibir a Diego Golombek, uno de los  científicos más destacados de Argentina. Diego Golombek es Dr. en Ciencias Biológicas de la UBA, profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes (donde dirige el Laboratorio de Cronobiología) e Investigador Principal del CONICET. Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Ciencias «Bernardo Houssay», el Premio Konex, el Premio IgNobel, el Premio CEDIQUIFA y la beca Guggenheim. Además de su actividad como investigador, desarrolla tareas de comunicación pública de la ciencia en diversos medios gráficos y televisivos. Su versatilidad para explicar o describir un tema complejo y técnico, usando términos y expresiones que una persona sin formación profesional puede entender con facilidad, lo llevó a dedicarse a la divulgación científica. Así, dirige la colección «Ciencia que Ladra» y conduce el programa «Proyecto G» en canal Encuentro.

La conferencia que nos brindó tuvo un título que se las trae: “El tiempo no espera a nadie”. Allí, nos presentó de manera muy amena (y con participación del público asistente) las distintas formas de ver el tiempo (¡y sus circunstancias!).

Nos explicó que el tiempo puede ser considerado como cíclico y que en este caso se trata de “buscar el tiempo del lado de adentro”.

Hay muchas formas de buscar ese tiempo del lado de adentro. Podemos pensar el tiempo: como una escala (cuánto dura ese tiempo del lado de adentro), como un sentido (¿hay un sentido del tiempo… parecido a la audición, la visión o el olfato?), como un aprendizaje (¿se puede aprender el tiempo?), como un lugar en el cerebro (¿hay un órgano de los sentidos que mide el paso del tiempo en el cerebro?), como cultura (en tanto hay ‘tempos’ biológicos en las distintas culturas), y por supuesto el tiempo tiene que ver con ciclos que nos ocurren adentro.

Con esta presentación, Diego Golombek nos introdujo a la noción de que hay muchas dimensiones y escalas del tiempo. En la charla abundó sobre el ejemplo del tiempo como ciclo. Así, nos habló de ciclos de tiempo que van de escalas muy cortas (de micro o milisegundos), que nos permiten saber de dónde proviene un sonido, hasta ciclos largos (de años o estacionales), que regulan la renovación de tejidos o la reproducción. Nos habló de los ciclos medios, los “circadianos” (que duran alrededor de un día), que son los que experimentamos muy a menudo (cuando estamos dormidos, despiertos, con los cambios de ánimo, etc.). Asoció los ritmos circadianos a historias y mitologías antiguas. Como la de Clítie, una mujer que admiraba al Sol -el dios Febo- y que por mirarlo permanentemente se transformó en girasol… (ohhh!). Este ejemplo corresponde a un ciclo fijado por algo que proviene “de afuera” (es decir, un ciclo exógeno).

Pero en el estudio de la conducta es más interesante conocer acerca de los ciclos que provienen “del lado de adentro”: los ciclos endógenos. O sea, aquellos ciclos que le permiten a un individuo medir el tiempo. Surge así la idea de “reloj biológico”. En realidad, nos planteó que los ritmos biológicos tienen patrones generales: existen en todos los animales, pues estamos en un planeta que gira (y todos nosotros, a un ritmo de aproximadamente 24 horas por día). Este hecho, nos ha impreso evolutivamente y ha generado un proceso de selección natural en los individuos que giran con el planeta. Por lo tanto, los ritmos biológicos que siguen las bacterias en una colonia, un animal que vive en las profundidades del mar o cualquier animal subterráneo, aunque no ve el sol, todos tienen 24 horas.

El plato fuerte lo sirvió al explicar que los ritmos se originan en un reloj central localizado en el hipotálamo cerebral (en los núcleos supraquiasmáticos, NSQ). Y que éstos representan osciladores autónomos con un período que (¡oh, sorpresa!), también son de aproximadamente 24 horas… Esta oscilación debe sincronizarse diariamente (un reloj que atrasa o adelanta no sirve), y esta sincronización se hace mediante un “dador de tiempo” (zeitgeber), que es ni más ni menos que el ciclo luz-oscuridad del ambiente. Para eso existe una vía que es responsable de la sincronización y que va de la retina directamente al hipotálamo, y vías de salida de los NSQ al resto del sistema nervioso. Si no hay sincronía entre estos relojes, o entre ese “sistema central” hipotalámico y el ambiente, se pueden generar diversos trastornos de salud.

La charla de Diego Golombek nos llevó a entender que el tiempo es un factor preponderante en el ordenamiento y la organización de un individuo, tanto a nivel fisiológico como cognitivo. Y que debe ser considerado a la hora de llevar adelante investigaciones biomédicas o psicológicas. ¿Por qué? Porque el tiempo no espera a nadie…