Trastorno de la alimentación, sobreestimulación de la población adolescente, anorexia

El dato de una eclosión de anoréxicas en las clases pudientes, desmentido por casos excepcionales que siempre alguien encuentra en las clases bajas, nos hace pensar más en una decadencia de la clase media que en una sobre oferta de alimentos.
Los padeceres individuales del alma pueden ser comprendidos en términos intersubjetivos. Las organizaciones familiares tienen mucho que aportar, tanto en la vertiente desmentida de estas problemáticas, para las cuales no hay conciencia familiar de enfermedad, como en una suerte de perversión sostenida por el tipo de ideologización imperante en el seno de la constitución familiar.
Los circuitos autoperpetuadores de la enfermedad obtienen algún grado de justificación teórica entendiendo la relación entre flujo, estructura y función (I. Prigogine, 1993).
El flujo externo abre en la estructura nuevas funciones dispuestas a entrar en enlace con nuevas relaciones y cristalizan nuevos órdenes que tendrían, entonces, a su vez, nuevas funciones antes inexistentes.
Condiciones iniciales enfermantes autoperpetúan el sistema, una vez que eclosiona la enfermedad, y trazan, en líneas de bifurcación, nuevos padeceres, en algunos casos previamente inexistentes y, por lo tanto, impredecibles. El exceso es patrimonio del vértigo de las actuales condiciones de existencia en el mundo. La sobreestimulación de la población adolescente llevada a una sobreadaptación al mercado con mecanismos voraces buliniformes invita a una restricción ética: alexitimia, negación, anorexia, fobia social.

Pensamos la adolescencia, categoría de la modernidad reciente, como un proceso actual de reorganización de la personalidad en cuatro órdenes (Ph. Jeammet, 1994):
– Desplazamiento de las investiduras libres por el sepultamiento
de los objetos infantiles. Diferenciación de las estructuras internas de la psiquis.
– Proceso de «archivo» de las identificaciones e interiorizaciones susceptibles de asegurar la nueva autonomía del adolescente.
– El impacto de este movimiento de autonomización sobre el equilibrio narcisístico actual del adolescente, sus relaciones de objeto y la interacción entre la realidad interna y externa.
– Las crisis vitales: la adolescencia es un momento de re-estructuración del aparato psíquico de articulación entre historia, estructura y coyuntura. Transformación del cuerpo, del status y cambio de actitudes en relación con la intimidad y con las conductas de oposicionismo. Utilización
del espacio físico como una manera de medir la distancia psíquica con los objetos. La anorexia de la edad adulta hunde sus raíces en el comienzo tormentoso del desarrollo adolescente interrumpido.

La alimentación en la niñez está vinculada con la transmisión de:
– La oferta alimentaria.
– La capacidad de recursos paternos.
– La capacidad familiar de ser nucleados por la función nutricia materna.
– Gustos y valores.
– Economía y despilfarro.
La alimentación en la vida adulta, traducida por los medios de comunicación, está vinculada con la figura del consumidor.