Psicología del desarrollo: ¿CÓMO ESTUDIAR LAS REPRESENTACIONES EMOCIONALES EN LA INFANCIA?

2- LA NATURALEZA DE LA METODOLOGÍA CUALITATIVA
En palabras de Lincoln y Denzin (1994) podemos decir que:
La investigación cualitativa es un campo interdisciplinar, transdiciplinar
y en muchas ocasiones contradisciplinar. Atraviesa
las humanidades, las ciencias sociales y las físicas. La investigación
cualitativa es muchas cosas al mismo tiempo. Es multiparadigmática
en su enfoque. Los que la practican son sensibles
al valor del enfoque multimetódico. Están sometidos a la
perspectiva naturalista y a la comprensión interpretativa de la
experiencia humana. Al mismo tiempo, el campo es inherentemente
político y construido por múltiples posiciones éticas y
políticas. El investigador cualitativo se somete a una doble
tensión simultáneamente. Por una parte, es atraído por una
amplia sensibilidad, interpretativa, postmoderna, feminista y
critica. Por otra, puede serlo por unas concepciones más positivistas.
postpositivistas, humanistas y naturalistas de la experiencia
humana y su análisis (p. 576).
Desde el nivel ontológico se la define por considerar la realidad
como dinámica, global y construida en un proceso de interacción
con la misma. Desde el plano epistemológico por lo
general, la investigación cualitativa asume una vía inductiva.
Parte de la realidad concreta y los datos que ésta le aporta
para llegar a una teorización posterior. En un plano metodológico
se sitúan las cuestiones, referidas a las distintas vías o
formas de investigación en torno a la realidad. Desde este nivel
los diseños de investigación seguidos en la investigación
cualitativa tendrán un carácter emergente, construyéndose a
medida que se avanza en el proceso de investigación, a través
del cual se puedan recabar las distintas concepciones y perspectivas
de los participantes. Desde un nivel técnico este abordaje,
interesado por las técnicas, instrumentos y estrategias
de recogida de información, se caracteriza por la utilización de
instrumentos que permitan recabar datos que informen de la
particularidad de las situaciones, permitiendo una descripción
exhaustiva y densa de la realidad concreta objeto de investigación
(Anguera. 1995). Por último, desde el nivel de contenido,
el paradigma cualitativo cruza todas las disciplinas de tal forma
que se desarrolla y aplica en distintos campos de las ciencias
sociales (Hayes, 1997; Banister, 1994; Burman, 1997; Silverman,
2001; Ruiz e Ispizua 1989; Wainwright 1997; Willig, 2001). Con
respecto a la confiabilidad de los resultados cualitativos se respalda,
según Ruiz e Ispizua (1989) y también Ward-Schofield
(1993), en criterios como la credibilidad y la transferibilidad
(validez interna-externa), con respecto al valor de verdad y
aplicabilidad de sus resultados. La credibilidad se logra por la
observación intensiva y la triangulación; y la transferibilidad
por un muestreo intensivo (teórico-intencional) y por la descripción espesa. La confirmabilidad en la investigación cualitativa
depende de un investigador externo que la audite y de la
negociación de los resultados como parte de la necesaria interdependencia
entre investigador e investigado.

3- LAS EMOCIONES Y EL PARADIGMA DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES
Son varios los autores que consideran que las emociones juegan
un papel mediador en la construcción de las representaciones
sociales, que la emocionalidad matiza y es matizada
por las representaciones del mundo que tenemos, así como
por el mecanismo mismo de selección y de construcción de la
representación de los objetos. Numerosos estudios (Banchs,
1997; Galano, 1995; Holzkamp-OsterKamp, 1991; Lane, 1995;
Spink, 1993) confirman la tesis de que las representaciones
sociales se construyen en el proceso de interacción social, que
se producen, se recrean y se modifican en el curso de las interacciones
y las prácticas sociales. Ejercen un rol determinante
en la selección de informaciones y del posicionamiento a favor
o en contra tanto frente aquello que se considera un objeto de
representación como en la construcción de ese objeto mediante
un discurso que le confiere realidad objetiva (objetivación) y
lo ancla en una red de significados (anclaje). Se infiere de lo
anterior que las emociones, las representaciones y las acciones
componen un conjunto que no se puede separar, ni entre
ellos mismos ni de las circunstancias del contexto global ni del
contexto histórico particular – el trasfondo cultural- en el cual se
producen. Por ello proponen abordarlas como una espiralidad
cruzada, como un conjunto borroso a la manera que propone
la teoría del caos (Banchs et al., 2000). En un minucioso análisis
del estado del arte sobre las emociones y el paradigma de
las representaciones sociales la autora venezolana Banchs
(1997) sostiene que a pesar de reconocer el hecho de que las
personas afrontamos las interacciones de la vida cotidiana expresándonos
a través de emociones o bien defendiéndonos de
ellas el papel de las mismas en la construcción de las representaciones
sociales aún no ha sido definido ni estudiado lo
suficiente. No es que la teoría ignore o niegue la importancia
de las emociones sino que se trata de estipular los abordajes
teóricos y metodológicos que den cuenta de la complejidad del
proceso. Si bien utilizan mayoritariamente aproximaciones
cualitativas existen controversias en el uso de las técnicas de
recolección y análisis de datos tales como: entrevistas en profundidad,
cuestionarios, resolución de problemas hipotéticos o
reales,, relatos, historias, gráficos, escalas, análisis del discurso,
etc. (Di Giacomo, 1981,1987; Spink, 1993; Flick, 1992;
Sotirakopoulou y Breakwell, 1993; de Rosa, 1993; Potter y
Billlig, 1992; Almeida y del Barrio, 1999; Olweus, 1977, 1993;
Banchs, 2000). Destaca al respecto tres fuentes de información:
a-La obra compilada por Echebarría y Paez (1989) sobre
Emociones y Perspectivas psicosociales; b- El texto compilado
por Lane y Sawaia (1995) en el que se plantea la necesidad de
incluir las emociones como categoría de análisis de la psicología
social; c- La producción de Ute Holkamp-Osterkam referida
a la interrelación entre emoción- cognición-potencial de
acción. La primera contiene trabajos que se centran en estudiar
cómo los individuos procesan la información sobre los
afectos, o cómo la afectividad influye en los procesos cognitivos
(Paez, Echebarría y Villarreal, 1989). Para algunos de
ellos, que utilizan modelos de procesamiento de la información,
las reacciones afectivas se co-ensamblan con los sistemas
cognitivos y amplifican su acción. Para otros las emociones
estarían asociadas a esquemas cognitivos o serían ellas
mismas esquemas cognitivos. La segunda fuente proviene la
denominada «Escuela de Sao Paolo», en la cual Lane y Spink
aportan una reflexión crítica de la psicología social hegemónica.
Desarrollaron un enfoque materialista-histórico orientado
hacia la Investigación-Acción-Participativa, asumiendo la estrecha
vinculación de su enfoque con la tradición hermenéutica
y con los presupuestos epistemológicos construccionistas.
La tercera línea se centra en un nexo más comprehensivo entre
cognición-emocionalidad y acción y destaca que la representación
emocional de las condiciones ambientales subyace
a toda actividad en la vida constituyendo la base y el primer
paso de todo proceso cognitivo, del pensar y actuar.
La mayoría de estos estudios sobre emociones en la infancia
se han centrado en la comprensión de las emociones primarias:
felicidad, tristeza, enojo, sorpresa, etc. (Borke, 1971;
Harris, 1992). Sin embargo, se ha prestado una más escasa
atención a un tipo de emociones cuya aparición tiene mucho
que ver con el carácter social y grupal del ser humano: las
emociones secundarias (Fredrickson, 1998; Güell y Múñoz,
2000, Salovey et al., 2000; Seligman y Csikszentmihalyi, 2000;
Villanueva Badenes, Clemente Estevan y Adrián Serrano
1997; Bennet y Matthews, 2000). Flavell y Miller (1998) afirman
que la comprensión de las emociones resulta fundamental
ya que promueve las relaciones positivas con los demás y
el logro de adecuados intercambios interpersonales.